A tres años de la desaparición física de nuestro Comandante en Jefe, recordamos con orgullo el grito de ¨Yo soy Fidel¨ que lanzaron los jóvenes cubanos.

Pasado un tiempo y superada la consternación por la ausencia del líder, amerita volver sobre esa exclamación de definición revolucionaria, que grita voz en cuello al mundo que Fidel no se ha ido porque aquí está con nosotros.

Pudiera a algunos parecer una consigna que nació en el momento del desgarrador dolor  por la pérdida. 

Sin embargo su significado tiene una profunda y robusta raíz, no solo en los sentimientos, sino en la comprensión de que el legado de Fidel está sembrado en cada uno de los cubanos de esta isla y una  gran mayoría de los que viven en el exterior; y, sin duda, con una influencia muy fuerte  en las luchas y la resistencia de los movimientos de izquierda y progresistas de mitad del siglo pasado y el presente. 

La consigna nace entre los estudiantes universitarios congregados espontáneamente en el  amanecer del 26 de noviembre, en la escalinata universitaria, a la sombra  del  Alma Mater que lo vio crecer como líder estudiantil. La consigna se expandió rápidamente y en camino por la calle G, marchando hacia la Plaza de la Revolución, los jóvenes repetían la consigna admirados por el pueblo que los observaba y se les sumaba en su marcha.

Fue una verdadera explosión de pueblo aclamando a su líder, en la cual los jóvenes fueron los  protagonistas por excelencia, con la misma pasión que en los finales de los 40 Fidel combatía desde la Universidad.   

Durante muchos años los diferentes Gobiernos de EE.UU. han insistido en subvertir la Revolución.

Los jóvenes han sido su blanco preferido, bajo el  supuesto de que con la salida de las generaciones que hicieron y vivieron los primeros años de la Revolución, la utopía de construir una sociedad nueva, alejada de los vicios que corroen a la sociedad de consumo seria abandonada por los jóvenes.

Zunzuneo, Piramideo, y otros  similares son ejemplos fehacientes de estos planes. Las sociedades neoliberales, con el mercado y el consumo como ejes de su economía tienen  su expresión  ideológica, social y cultural.  El  individualismo,  el consumismo, la banalidad, el tener  antes que el ser  como mayor  satisfacción individual son algunas de las expresiones de un modo de vida y una espiritualidad vacía que querrían instalar en nuestro país.

Como un comején  que  corroe  a la nación. No estamos hablando de una geografía, estamos hablando de nuestra nación.

Cuando de todo han hecho para  subvertir  a la juventud cubana, cuando el bloqueo arrecia su cerco financiero contra Cuba en la esperanza de verla flaquear;  en momentos en que la derecha intenta arrebatar las conquistas que los gobiernos populares y de izquierda han logrado para sus pueblos;  cuando  el fascismo se adueña de  las calles de América Latina, el grito ´Yo soy Fidel´  se oye  aún más fuerte, y que no quede duda de que no podrán doblegar a la Revolución.

¨Yo soy Fidel¨ es hoy  un grito de Continuidad, nacido del pecho y los corazones de nuestros  jóvenes.

Ante los hechos que ocurridos en nuestro continente y  el asedio despiadado contra Cuba y Venezuela, todos pensamos en Fidel.

¿Cuál sería su reflexión, cuál sería su pensamiento, cómo enfrentaría al imperio?  E intentamos leer en su legado. 

Por ello, ¨yo soy Fidel¨ es Continuidad.

Continuidad   de su  ejemplo, de la  cultura de resistencia y combate que nos enseñó para enfrentar  los más  difíciles momentos, continuidad en la construcción de   la  obra por el iniciada,  con el valor  agregado  de sus propias inspiraciones nacidas en  la  Revolución misma  y la impronta de lo realmente valioso de los  tiempos  actuales. No de las tendencias corrosivas con que el pensamiento neoliberal logra arrastrar a masas de jóvenes y no tan jóvenes,  alejándolos  de la rebeldía contra la explotación que aun impera en gran parte del mundo en que vivimos. 

Con el coraje de Maceo hay que vivir estos tiempos.

Hoy los jóvenes cubanos lamentan   el abandono de  justicia social para todos en Ecuador, se horrorizan ante  los perdigones en los ojos de los jóvenes chilenos, condenan  el fascismo, que no se apagó  en Chile y en Bolivia sumando jóvenes a la lista de mártires de la larga lucha por la emancipación. Y eso  es  expresión de la continuidad de los  valores libertarios, de  humanismo, lealtad y  justicia social que forman  parte del legado de  Martí, de Mella, de Villena, de Fidel. 

Por ultimo Continuidad de su esperanza en el ser humano, porque  no  perdemos  la certeza del triunfo,  aunque los tiempos históricos sean caprichosos  y  aplacen  el logro de las utopías.

Como dice Buena Fe,  y  Omara,  ¨Somos una música vital¨,  nunca apagarán nuestra ¨pasión de vivir¨,  ni podrán ¨apagar el candil¨.

¨Déjense de Confianza¨. Nuestros ¨gallos de pelea¨, los que estuvieron en la escalinata universitaria, los que gritan ¨Yo soy Fidel¨   tienen espuelas duras.

Nadie debe dudarlo.

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