“Para los niños trabajamos, porque son los que saben querer, porque ellos son la esperanza del mundo”.

Esta premisa del Apóstol José Martí preside cada materialización a favor de ese segmento poblacional, que disfruta de una atención prioritaria en nuestro país bloqueado y asediado por sucesivas administraciones norteamericanas.

Tal vez el mérito más grande de la Revolución cubana radica precisamente en que los derechos de los niños y jóvenes constituyen una verdadera prioridad para el Estado, el que se ha ocupado de ofrecer a estos garantías de todo tipo.

Las garantías jurídicas quedan refrendadas en la Constitución y legislación vigente, pero las materiales, que son las más importantes, se pueden palpar en las miles de escuelas, en los cientos de miles de estudiantes y graduados universitarios, en la gratuidad de la educación y la Salud Pública; así como en las instalaciones deportivas y culturales y en la atención especializadas a los menores con discapacidades físicas y mentales.

Asegurar las futuras generaciones para la construcción de un mundo mejor sobre la base de valores y principios humanistas, garantizar los medios para el disfrute de una infancia y juventud felices, así como propiciar el desarrollo de capacidades deportivas culturales y científicas, hacen de Cuba un ejemplo para el resto del mundo.

Los cubanos viven orgullosos de sus niños y jóvenes, ellos son la esperanza del mundo y de la patria.

Tras el triunfo del Primero de Enero de 1959, los niños cubanos han recibido una atención especial.

Sucede que una verdadera revolución cambia todo cuanto tenga que ser cambiado y esta, en Cuba, liderada por nuestro invicto Comandante en Jefe Fidel Castro, se propuso transformar el panorama terrible heredado de los gobiernos anteriores: cientos de miles de niños sin atención médica,decenas de miles viviendo en la más espantosa indigencia, 600 mil niños sin escuelas y diez mil maestros sin trabajo, un millón de analfabetos absolutos y una cantidad, algo superior a esa, calificada como de semianalfabetos.

La historia de la construcción del socialismo en Cuba es pues la del desarrollo progresivo del individuo, desde su más temprana edad, del aumento de su actividad política, de la ampliación de su horizonte intelectual, del perfeccionamiento de sus hábitos y capacidades, de la creación de sus nuevos valores morales.

El objetivo de la formación de las nuevas generaciones es crear hombres y mujeres integralmente desarrollados para vivir en la sociedad y participar en su construcción y avance ulterior.

Dentro de la sociedad creada en 1959, el niño pasó de inmediato a ocupar el lugar prioritario en la atención de la sociedad en conjunto, pues ninguna otra edad en la vida del hombre es más vulnerable a las agresiones del medio, más susceptible a sus secuelas y cicatrices que los primeros años de la existencia. A partir de esto, el esfuerzo se ha dirigido de forma permanente y sistemática a incrementar las fuerzas y avances en el campo de la salud, la educación, la nutrición y todos los demás servicios básicos necesarios para la vida.

Los indicadores que describen la situación de la infancia cubana hacen a la nación comparable con países más industrializados y ricos del mundo.

El compromiso político del Gobierno y la movilización social de todo el pueblo en beneficio de las niñas, niños y adolescentes, unido a la responsabilidad compartida y la participación de todos/as de manera multisectorial y descentralizada, se destacan como las premisas fundamentales que han permitido y permitirán responder a las metas propuestas y dar atención al buen desenvolvimiento de los derechos de niñas y niños.

La Observancia en Cuba de la Convención sobre los Derechos del Niño

Al respecto es necesario recordar que el 20 de noviembre de 1959, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó por unanimidad la Declaración de los Derechos del Niño. Los diez principios que conforman la Declaración recuerdan los cuidados y protección que merecen y que necesitan los niños.

Ya en 1924, personalidades de todo el mundo se reunieron en Ginebra con ese propósito. En 1952, educadores, juristas, sociólogos lo hicieron en Viena, donde se proclamó la dedicación de un día al año para celebrar la Jornada Internacional de la Infancia y se declaró como tal el primero de junio. Estas iniciativas culminaron en la declaración de 1959.

A tenor de lo reflejado en la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en noviembre de 1989, la Isla implementó estrategias políticas a nivel de Estado que abarcan todo el abanico de derechos humanos, civiles, culturales, económicos, políticos y sociales a favor de los menores de 18 años de edad.

Para ello, se consagran los principios generales de este instrumento internacional y en particular, los que aparecen en los artículos 2, 3, 6 y 12: no discriminación; los intereses superiores del niño; el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo; así como el respeto a sus opiniones.

Contrario  a lo que ocurre en otros confines del planeta, a partir del triunfo de la Revolución Cubana, se establecieron garantías constitucionales y políticas prácticas a favor de la infancia, que antecedieron y sobrepasaron, en muchos casos, el límite de las disposiciones aprobadas por la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El bienestar de los niños y niñas es un propósito inherente al proyecto social cubano, y el respeto y la atención a sus derechos constituyen una línea consciente y planificada, por lo que su cumplimiento cabal se evalúa mediante el diseño, la ejecución y la evaluación de políticas sociales, programas y proyectos en las áreas de la salud, la educación, la seguridad social y otras.

Cuba refrendó la Convención sobre los Derechos del Niño el 26 de enero de 1990, y procedió a su ratificación el 21 de agosto de 1991, con lo que se convirtió en uno de los primeros países en hacerlo.

Su entrada en vigor tuvo lugar el 20 de septiembre de ese mismo año. Además, el 13 de octubre del 2 000, suscribió el Protocolo Facultativo de la Convención, relativo a la participación de los niños en los conflictos armados.

Asimismo,  en el año 2001 el país caribeño ratificó el Protocolo Facultativo de la Convención relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía.

De conformidad con lo expuesto, el Estado cubano protege los derechos de la infancia mediante la Constitución de la República, así como a través de los diferentes códigos, leyes y decretos leyes que la complementan.

Los esfuerzos del pueblo cubano por hacer cumplir los derechos de la infancia no son sólo a nivel nacional, sino también a nivel internacional.

En este sentido, Cuba alza su voz en favor de la infancia cuando defiende los derechos de los niños y niñas cubanos y de otros países -en especial los del Tercer Mundo- en múltiples tribunas internacionales y cuando además denuncia el brutal bloqueo económico de los Estados Unidos de Norteamérica contra Cuba por más de cuatro décadas.

Así por ejemplo además de suscribir la Convención Internacional de los Derechos del Niño:

  • Respondió a los acuerdos de la Cumbre Mundial a Favor de la Infancia con un Programa Nacional de Acción que apoya los programas que se desarrollan en la nación y cuya evaluación y seguimiento sistemático muestra el cumplimiento del país con los compromisos, metas y objetivos propuestos en beneficio de la infancia; y,
  • Proclama la defensa de los derechos de la infancia cubana y del mundo mediante su participación en citas internacionales relacionadas con el tema. (Espín; 1998).

Resumiendo lo expuesto, podemos afirmar que en Cuba existe una situación muy favorable para el desarrollo de la infancia y la adolescencia como resultado de la política llevada a cabo por la Revolución, centrada en la justicia social y la equidad.

El bienestar de los niños y niñas es un propósito inherente al proyecto social cubano.

El respeto y la atención a sus derechos constituye una estrategia que, de manera consciente y planificada, permite la proyección de acciones en favor de la infancia.

El Gobierno revolucionario de Cuba garantiza los derechos fundamentales de los niños y los jóvenes tal y como se proclama en la Constitución de la República, al asegurarles la posibilidad de desarrollar libre y creadoramente su personalidad, sus aptitudes y capacidades, así como el disfrute de una vida plena y feliz.

Ese esfuerzo no es en vano, pues ¡los niños y los jóvenes son el futuro del país!

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