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Los Estados Unidos se toman el derecho de hacer listas para incluir en ellas a los países que no se arrodillan a sus pies, sin embargo, son los mayores terroristas y el abrigo seguro de cientos de asesinos.

Cuba también puede confeccionar un listado de personas y entidades a sancionar en Estados Unidos por ejecutar actos criminales, acoger terroristas y apoyar a países como Israel y las dictaduras militares en los años 60 y 70 del pasado siglo XX.

Washington brindó apoyo material y político al régimen de África del Sur, cuando llevaba a cabo el despreciable sistema del Apartheid y a otras dictaduras en ese continente que reprimieron salvajemente a sus pueblos, con una carga inigualable de crímenes de lesa humanidad.

Guerras imperiales como las de Corea, Viet Nam, el lanzamiento de dos bombas nucleares sobre la población civil de Japón, son acciones históricas que por sí solas bastan para sentar a los yanquis en un tribunal internacional.  

Los actos de terrorismo de Estado Unidos contra Cuba son innumerables, van desde organizar, entrenar y financiar a terroristas asesinos, invasiones mercenarias, hasta otorgar refugio legal a miles de esbirros manchados de sangre, orientados por oficiales del FBI y la CIA.

Encabezando la lista deben estar los 12 presidentes de los últimos 62 años, porque todos han aprobado planes de corte terrorista contra el pueblo cubano.

El 23 de diciembre de 1958 el presidente Dwight Eisenhower, con apoyo del entonces director de la CIA, Allen Dulles, afirmó en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional: “Hay que evitar la victoria de Fidel Castro”.

El 1ro de enero de 1959 Estados Unidos amparó a los asesinos y torturadores del régimen del dictador Fulgencio Batista, que huyeron de la justicia cubana y a pesar de las notas diplomáticas reclamando su extradición, les concedieron el estatus de “Refugiados Políticos”.

El 28 de enero de 1959 se conformó en Miami, la primera organización contrarrevolucionaria para conspirar contra la victoriosa revolución cubana, denominada La rosa blanca, dirigida por Rafael Díaz-Balart. Tampoco condenaron al estadounidense Allen Mayer, quien procedente de Estados Unidos llegó ese mes a Cuba en una avioneta, con la intención de asesinar a Fidel Castro.

Participaron en la conocida Conspiración Trujillista, que pretendía crear una fuerza militar en las provincias centrales para derrocar al gobierno revolucionario. La misma fue conocida con antelación y desmantelada el 13 de agosto de 1959 en la ciudad de Trinidad.

Eisenhower y Allen Dulles autorizaron tres incursiones aéreas entre el 11 y 21 de octubre 1959, para bombardear centrales azucareros en la Isla, además de la ejecutada el mismo 21 de octubre sobre La Habana, por el traidor Pedro Díaz Lanz, ex jefe de la Fuerza Aérea cubana, protegido en Miami. En el bombardeo hubo un muerto y 45 heridos, situación que supo el FBI y no actuó contra el responsable.

Ese año se produjeron decenas de bombardeos sin que las autoridades yanquis tomaran medidas.

En marzo de 1960 el presidente Eisenhower le aprobó a la CIA el primer Programa de Acciones Encubiertas contra Cuba, responsable de tareas subversivas como la Operación Peter Pan, que sacó del país con apoyo de la Iglesia Católica, a 14 mil 38 niños sin acompañantes y concedió el primer financiamiento para invadir a Cuba.

El 4 de marzo la CIA hizo explotar el vapor francés La Coubre en la rada habanera, causándole la muerte a 101 personas, 200 heridos y mutilados.

John F. Kennedy, el 20 de octubre de 1960 solicitó ayuda para los “luchadores por la libertad de Cuba”, la congelación de todos los activos cubanos en Estados Unidos y una acción colectiva contra el comunismo, cuando ya sabía de los preparativos de la invasión a la Isla; además a finales de enero 1960 Richard Bissel, jefe de operaciones encubiertas de la CIA, informó oficialmente a McGeorge Bundy, asesor para la Seguridad Nacional de J.F. Kennedy, y a Sidney Gottlieh, nuevo jefe de la división de servicios técnicos de la CIA a cargo del programa de experimentación con drogas, sobre los planes para asesinar a Fidel Castro.

Prueba del terrorismo de Estados Unidos contra Cuba fue la entrega, en febrero 1961 a uno de los asesinos seleccionados, de una caja de tabacos preferidos por Fidel, contaminados con la toxina mortal, botulina. Paralelamente el Coronel Sheffind de la CIA, le proporcionaba al mafioso John Rosselli, varias píldoras envenenadas con similar objetivo.

El 22 de febrero es asesinado el maestro voluntario Pedro Morejón, por elementos terroristas financiados por la CIA. En ese período la CIA incrementó los actos terroristas en Cuba, como fue la quema de centros comerciales, cines, ataques piratas contra las centrales eléctricas y las refinerías de petróleo.

17 de abril de 1961 se produce la invasión y es derrocada en sólo 67 horas. Kennedy asume el fracaso y destituye al director de la CIA, al vice director General Charles P. Cabell y Richard Bissel, jefe de operaciones encubiertas.

Es nombrado como nuevo director John Alex McCone, quien recibe la orden de Kennedy de confeccionar la conocida Operación Mangosta, el más abarcador programa subversivo contra Cuba, que contemplaba una invasión con el ejército yanqui, y oficializó la guerra económica, comercial y financiera, junto con la aplicación de la Ley que prohíbe el Comercio con el enemigo, de 1919. Ambas se mantienen.

Bajo el gobierno de Kennedy se planificaron múltiples planes de asesinato a Fidel y Raúl Castro, incluso en junio de 1963 Kennedy le aprobó a la CIA, un nuevo Programa de Acciones Encubiertas, con actos terroristas contra la economía, el cual afirma:

“Solamente después que los efectos de la represalia económica y de las acciones de sabotaje, se sientan profundamente en la población y en los grupos de élite, puede esperarse convertir la desafección en las fuerzas armadas y otros centros de poder del régimen, en revueltas activas contra el séquito Castro-comunista”.

Esto es solo una muestra, del por qué las administraciones sucesivas conservan idéntica línea de trabajo, lo que desborda en argumentos legales las acusaciones para incluir a Estados Unidos en la lista cubana, donde deben aparecer miles personas, entidades gubernamentales y privadas, para ser sancionadas por sus delitos de sangre contra el pueblo de Cuba.

Exacto fue José Martí cuando dijo:

“No hay nada más justo que dejar en punto de verdad las cosas de la historia”

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