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Con su habitual postura mentirosa, el Secretario General de la OEA  continúa destilando su feroz odio contra las naciones de América Latina y particularmente contra Cuba y Venezuela

¿En qué anda el actual secretario general de la OEA, Luis Almagro? Pues en lo de siempre: en su habitual postura mentirosa y destilando su feroz odio contra las naciones de América Latina, curiosamente, las que se supone defienda y ayude la institución que dirige.

A groso modo, abordemos solo algunas de sus últimas comparecencias. En ninguna de ellas usó una palabra para condenar lo sufrido por el pueblo ecuatoriano y, mucho menos, el «paquetazo» neoliberal impuesto.

El mismo día en que se conoció el balance de ocho personas muertas y 1 340 heridos, según reporte de la Defensoría del Pueblo de Ecuador, el personaje Luis Almagro llamaba en Costa Rica a «aplicar sanciones más fuertes contra Venezuela».

En el evento World Business Forum, de empresarios latinoamericanos, donde participaba, profirió un discurso que se centró en la «libertad y la democracia en la región».

Vale en este caso aquello de que «el papel aguanta todo lo que le escriben», aunque no leí noticia alguna sobre si el auditorio prestó atención, o se resistió a tantas mentiras por parte del invitado.

En las fotos del encuentro en Costa Rica a Almagro se le ve más demacrado y desencajado. Y es lógico, su carrera de los últimos meses en busca de votos para reelegirse como secretario general de la OEA no marcha como desearía.

Me imagino la «preocupación» ante la posibilidad de que a sus bolsillos les llegue la hora de no seguir recibiendo los cientos de miles de dólares que atesora por cumplir con la tarea asignada por Estados Unidos para acabar con los gobiernos democráticos de la región.

Almagro y su OEA son parte de un macabro show, donde los actores principales pueden ser Jair Bolsonaro, en Brasil; Iván Duque, en Colombia; Lenín Moreno, en Ecuador; Mauricio Macri, en Argentina; Sebastián Piñera, en Chile, o Martín Vizcarra, en Perú.

Su genuflexión a Washington también quedó expresada una vez más en este último foro: «Nuestros países deben ser más consecuentes en la aplicación de sanciones a la dictadura; que no sea solo trabajo de Estados Unidos, Canadá o Europa (que ya han impuesto sanciones), es necesario que los países latinoamericanos ejecuten sanciones que afecten a la dictadura venezolana», dijo.

Para seguir la rima de Mike Pompeo y el defenestrado John Bolton, volvió a usar la burda mentira de que a Maduro lo sostienen entre 18 000 y 22 000 cubanos.

Otra de las suyas en estos últimos días, fue una entrevista televisiva con NT24, donde manifestó que «las estrategias desestabilizadoras de Cuba y Venezuela sirven para pasar desapercibidos ante la comunidad internacional sus intentos de instaurarse en el poder».

Se refiere irrespetuosamente a la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular en la Isla, que calificó de «ilegítima». Su desfachatez es tal que se refiere a otros países y gobiernos de manera totalmente irrespetuosa. Si existiera la verdadera justicia internacional, se le pudiera demandar por difamación y complot para desestabilizar países.

Lo último que hizo esta misma semana fue «ratificar las acusaciones del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, al culpar a Nicolás Maduro de estar detrás de las protestas de estos días en la nación andina. En tal sentido, precisó que es una acción directa de Cuba y Venezuela que se ha convertido en un patrón repetitivo: «Bolivarianos y cubanos han salido a desestabilizar el hemisferio en este momento».

El «pobrecito» Almagro acusó a Cuba de querer sabotear su reelección como secretario general de la OEA, indicando que «están haciendo campaña en su contra», reporta el sitio NTN24 Venezuela. Quizá habría que recordarle que ni Cuba ni Venezuela forman parte de ese organismo y que para agenciarse malas opiniones se las arregla muy bien solo con sus actuaciones.

Con información del Granma

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