revoluciones de colores
revoluciones de colores

…que algunos desconocen, o violan a sabiendas…

La  historia demuestra, que la sobrevivencia de una Revolución, o de cualquier sistema político y social contestatario al imperialismo, depende de la cohesión social y de la lucha unitaria  desde dentro de las instituciones refrendadas por las mayorías.

Para allegar sólo algunas de las razones, sin pretensión de abarcar los muchos aspectos del tema que responden a esa pregunta, y con el ánimo de provocar la reflexión, es de rigor comenzar con un poco de la historia reciente y de la función que desempeñaron en ella algunos personajes.

Gene Sharp es el “exitoso” autor de un manual que expone 198 técnicas para realizar una “revolución no violenta” o como se le conoce también, “suave”, o de “colores”. (Veremos de dónde sale esta última curiosa denominación y su relación con Cuba. Traducido a más de 30 idiomas, las técnicas fueron aplicadas con éxito, por citar sólo algunos países, en Serbia, Georgia y Ucrania.

Está irrefutablemente documentado que en la desintegración de la Yugoslavia de Josip Broz ‘Tito’, intervinieron activa y decididamente los intereses norteamericanos y europeos de la OTAN, aprovechando los errores cometidos por los gobiernos de Tito y quienes le sucedieron luego de su muerte y la desintegración de la URSS,  los conflictos interétnicos de los distintos pueblos que formaron la Federación Yugoslava, y las protestas sociales y estudiantiles que desde la década del 90 estallaron en aquel país exacerbadas, planificadas y dirigidas por personajes vinculados con aparatos de inteligencia para aplicar las enseñanzas de Gene Sharp.

Esta nota pudiera comenzar por varios hechos y sus personajes, pero escogemos una pregunta.

¿Quién es Srda Popovic?

¿Por qué debemos conocer mejor a este personaje y la historia de que es protagonista? La respuesta más breve: es el más connotado discípulo de Gene Sharp. Y Sharp es el autor de un Manual que expone las 198 técnicas para realizar una “revolución no violenta”, o como mejor se le conoce, una “revolución de colores”.

Las técnicas descritas en la obra de Gene Sharp, traducida a más de 30 idiomas, han sido aplicadas con éxito, por mencionar ahora sólo tres ejemplos: en Serbia, Georgia y Ucrania.  Desde hace años se experimentan, con altas y bajas, en Venezuela. Pero curiosamente, como destacan algunos analistas, no en Colombia, ni Méjico ni Honduras, por citar, igualmente, tres países del patio con graves problemas de violencia o manifestaciones sociales más o menos intensas.

La inefable Wiki, en su acápite Premios y Reconocimiento, le informa al lector que:

“La revista “Foreign Policy” incluyó a Popović como uno de los “100 pensadores Mundiales más importantes” («Top 100 Global Thinkers») en 2011 por inspirar a manifestantes en la primavera Árabe directa e indirectamente, y preparar activistas en cambios sociales no violentos en Oriente Medio. ​ En enero de 2012, The Wired incluyó a Popović entre las “50 personas que cambiarán el mundo” (“50 people who will change the world»).​ Kristian Berg Harpviken, director del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, consideró que Popović podía estar entre los candidatos al Premio Nobel de la Paz en 2012. ​ El Foro Económico Mundial en Davos consideró a Popović como uno de los Jóvenes Líderes Globales en 2013. ​”

La  actividad por la que Srda Popovic recibió esos premios y reconocimientos está íntimamente relacionada con los sucesos que desde la muerte de Josip Broz ‘Tito’ en 1980, precipitaron la desintegración de la República Federativa Socialista de Yugoslavia.

Es una historia que amerita actualizarse. Porque ilustra paradigmáticamente qué sucede en aquellas regiones del planeta, como hoy en algunos países del Oriente Medio, cuando las diferencias religiosas y étnicas y las insatisfacciones populares estallan en conflictos internos, pero son potenciadas y manipuladas para balcanizar, dividir y provocar la implosión de un orden político que impida la realización de los apetitos imperialistas y capitalistas en cualquier punto del planeta. Acontecimientos similares ocurrirían después en Libia, Irak y Afganistán, y hoy todavía en Siria. Y seguirán ocurriendo. Pero no sólo pueden encontrar terreno fértil en aquellas peculiares condiciones históricas y geográficas, sino también en nuestra región.
No conviene a los pueblos olvidar o desconocer, al menos como información general, qué son las revoluciones de colores, cuáles son algunas de sus más de cien técnicas, cuándo  se aplican, y, sobre todo, cómo se crean las condiciones internas para propiciar su aplicabilidad.

Situemos el contexto.

Como Libia antes de ser destruida por la OTAN, y tras las bambalinas, los EEUU, la federación yugoslava no era un estado fallido. Todo lo contrario, durante las dos décadas anteriores a 1980, su economía crecía a un ritmo promedio de 6,1 por ciento, la población gozaba de la atención médica gratuita, estaba alfabetizado el 91 por ciento y la expectativa de vida alcanzaba los 72 años. El país mantenía relaciones con la Comunidad Europea y con los Estados Unidos, pero no entró en  las alianzas modélicas de la guerra fría. Tito fue uno de los creadores de la No Alineación, como un país que se consideraba del mundo tercero.

Mientras existió la URSS, a Occidente le convino geopolíticamente la existencia de la RFS de Yugoslavia. Tito había optado, a diferencia de la URSS, por la autogestión obrera y, además, por esa decisión y otras diferencias ideológicas y políticas, el país había sido expulsado, desde 1948, de la Oficina de Información Comunista, el Kominform. La ruptura con la URSS convertía a Yugoslavia en un valladar de contención situado estratégicamente en una región que iba desde Europa Central hasta el sur de los Balcanes.

Ya con Gorbachov en el poder, y advertido, y partícipe occidente de las acciones que después precipitaría de disolución de la URSS, comenzaron a fraguarse los planes de las verdaderas intenciones norteamericanas de Reagan y de la OTAN en la región.

Desde 1982 ya existía un documento que orientaba “extender los esfuerzos para promover una ‘revolución callada’ para derrocar a los gobiernos y partidos comunistas» y fagocitar hacia la economía de mercado a los países de la Europa Oriental, como en efecto ocurriría después, para ir extendiendo y cerrando una tenaza de bases militares cada vez más cerca de Rusia y China.

Cuando las condiciones estuvieron a punto, en 1999 la OTAN agredió y bombardeó a la República Federal de Yugoslavia. Inauguraron las guerras que después repetirían, sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU.

Durante más de 70 días, desde un 24 de marzo, comenzaron  a caer sobre las ciudades de Belgrado, Priština, Novi Sad y Podgorica, y por igual en las cabezas de militares y civiles, 9.160 toneladas de bombas. Varias de ellas, entre 10 y 45, contenían uranio empobrecido. El enemigo principal de la OTAN fue la población civil. Causó, conservadoramente, 1.200 muertos. Otras fuentes indican hasta 2500 víctimas y otras, 5700 civiles. La consecuencia geopolítica más notoria del fin de ese genocidio y la posterior fragmentación definitiva de la antigua Yugoslavia, fue el cambio de la correlación de fuerzas mundial a favor del unilateralismo imperialista y su aparente victoria en la Guerra Fría.

La agresión contra el pueblo yugoslavo comenzó con una mentira y fue premeditada. Quiere esto decir que, aunque fueron celebradas negociaciones para supuestamente impedir la guerra y no llegar a la agresión, en realidad fue la crónica de un fracaso anunciado: las bases de las conversaciones que se llevaron a efecto para supuestamente impedir la guerra, estaban preparadas para que no dieran resultado positivo alguno.

En efecto, entre el 6 y el 23 de febrero de 1999 se habían celebrado en Francia, entre Rambouillet y París, negociaciones entre un llamado Grupo de Contacto para Yugoslavia, formado por cuatro países miembros de la OTAN, más Rusia. Entre los documentos que guiarían la negociación estaba incluido “un Anexo B”, que la gran prensa de entonces no mencionó, y que como se sabría después, Rusia no aprobaba.

Si uno lee algunas noticias de esa época en El País, encontrará la afirmación de que la OTAN quedó “desconcertada” por los resultados de aquella negociación. Falso, pues, en resumen, el Anexo B contenía una serie de exigencias totalmente inaceptables por la parte Yugoslava y fueron incluidas para provocar su previsto rechazo,  el fracaso de la negociación, y la fabricación del pretexto para la inmediata e “inevitable” agresión. El mismo genocida internacional, Henry Kissinger, en The Daily Telegraph, hubo de recdonocer que “fue una provocación, una excusa para comenzar el bombardeo […] fue un documento que nunca tendría que haberse presentado en aquella forma”.

La prensa al servicio de los intereses otanistas divulgaba, como escribía Francisco Fernández Buey entonces-, unos de los pocos que denunciara la verdad-, que “los gobernantes serbios se negaron a firmar porque la propuesta de Rambouillet contemplaba la presencia de las fuerzas de la OTAN (más de 30 000 soldados) en Kosovo. Pero eso es inexacto: la propuesta exigía la presencia militar de la OTAN en todo el territorio yugoslavo.”

(https://elpais.com/diario/1999/05/08/opinion/926114403_850215.html)

Y cita Fernández Buey, de la parte secreta del apéndice B de aquellos documentos:

“El personal de la OTAN, con sus vehículos, navíos, aviones y equipamiento, deberá poder desplazarse, libremente y sin condiciones, por todo el territorio de la Federación de Repúblicas Yugoslavas, lo que incluye el acceso a su espacio aéreo y a sus aguas territoriales. Se incluye también el derecho de dichas fuerzas a acampar, maniobrar y utilizar cualquier área o servicio necesario para el mantenimiento, adiestramiento y puesta en marcha de las operaciones de la OTAN».

Y por si fuera poco, el artículo 7 del mismo apéndice exigía también que:

«El personal de la OTAN no podrá ser arrestado, interrogado o detenido por las autoridades de la República Federal de Yugoslavia. Si alguna de las personas que forman parte de la OTAN fuera arrestada o detenida por error deberá ser entregada inmediatamente a las autoridades de la Alianza».

El documento contiene otras varias exigencias, a cada cual más severa e inaceptable. Pero uno de los más interesantes, el artículo 15 aclara que “cuando se habla de servicios utilizables por las fuerzas de la OTAN, se entiende el pleno y libre uso de las redes de comunicación, lo que incluye la televisión y el derecho a utilizar el campo electromagnético en su conjunto.”
Uno recuerda de momento las pretensiones de Google, cuando se acercó a Cuba por similares pretensiones.

Aquellas condiciones eran todo un dogal bien apretado y por lo tanto previsiblemente rechazado por la parte Serbia.

Los objetivos geopolíticos de aquella criminal agresión han sido ampliamente estudiados y denunciados. Y se despliegan hasta el día de hoy. En las circunstancias de aquellos momentos, marginar definitivamente a una Rusia debilitada, advertir a China, dominar el acceso de las rutas hacia Asia Central, con la vista puesta en las materias primas del oro, el uranio y el petróleo, a través de los Balcanes.

Como después se haría habitual en las preparaciones de la opinión mundial, campañas de prensa orquestaron un bombardeo mediático previo para crear una matriz creíble de información sobre el “inminente genocidio” que el gobierno yugoslavo cometería sobre Kosovo; comenzó a llamar “régimen” al gobierno, y a su presidente un líder “serbio”, despojándolo de su condición de Presidente, y exacerbando las diferencias étnicas con los croatas y kosovares.

Ya desde los años 1992, 96 y 97, comienzan a  recrudecerse las protestas sociales, principalmente estudiantiles, en Serbia, a la vez que Croacia y Eslovenia proclamaban sus aspiraciones de soberanía. Independientemente de las razones históricas, étnicas y políticas que asistieran a los distintas repúblicas que habían formado la federación yugoslava para oponerse al ultranacionalismo serbio que Milosevic exacerbó  a raíz de la implosión en marcha de la URSS para dar un giro de sobrevivencia a su gobierno, las revueltas y protestas contaron con la intervención sinérgica y la aplicación de las técnicas de la revolución no violenta, como el prólogo de la creación de condiciones internas e internacionales, y legitimidad internacional, para la justificación de la agresión imperialista.

En “Cómo exportar la democracia liberal”, la investigadora Ana Otaševic nos ofrece algunos detalles sobre aquellos acontecimientos y el papel que jugaron las técnicas de las revoluciones “blandas”, no violentas de Gene Sharp, aplicadas por Srda Popovic.

https://mondiplo.com/mercenarios-de-la-lucha-no-violenta

(Continuará…)

Tomado de CubaSí

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