Foto: Razones de Cuba

Por Alejandra Brito Blanco

Cuando supo del encarcelamiento de los Cinco Héroes cubanos, Frank Carlos Vázquez estaba en Estados Unidos. Fue uno de los días más difíciles de su vida.

―Sentí como si se me apagara el mundo ―recuerda―. Pedí permiso, no fui a ninguna de las actividades planificadas. Me tranqué en mi cuarto, pensando cómo podía ayudarlos.

Corría el año 2000, pero ellos habían sido apresados en 1998. ¿De qué forma auxiliar a sus compatriotas? ¿Tal vez mediante alguno de sus contactos…? ¿Había algo que hacer, en lo absoluto? Debía tomar una dura decisión.

―Después de pasar muchas horas debatiendo qué era lo correcto, decidí no hacer absolutamente nada. Era una acción ya realizada. Algo que yo hiciera no iba a ser de mucha ayuda y sí podía destruir toda la fachada que yo tenía construida allí.

Frank Carlos vivió durante cinco años en el país de Lincoln y Bush, donde la Estatua de la Libertad saluda a los viajeros desde la desembocadura del río Hudson. Pero él no se sentía libre, ni seguro. Sin embargo, todo aquello valía la pena. Existía algo mucho más sagrado, que iba a proteger incluso por encima de su propia vida.

― ¿Las razones por las cuales me hice agente de la Seguridad del Estado?― dice, con una sonrisa que se me antoja vivaz y misteriosa a la vez―. Eso no lo espera nadie. Es una cosa fortuita. Fue un llamado de la Patria, lo respondí como una cosa orgánica. Había que hacerlo sí o sí. Debía defender a la Revolución.

Robin

Frank habla con las manos, con los ojos. Hoy viste una camisa negra y pantalón de mezclilla. Ya no lleva una sombra de barba negrísima. Su cabello comienza a ser gris. Gesticula cuando quiere hacer énfasis en las palabras, hábito que tal vez viene de su inicial profesión de maestro de inglés, graduado de la Universidad Pedagógica de Pinar del Río. Nació en la comunidad de Las Terrazas, custodiada por las alturas de la Sierra del Rosario.

Hace diez años, Frank Carlos Vázquez protagonizó la denuncia Mentira bien pagadas, de Razones de Cuba.
Hace diez años, Frank Carlos Vázquez protagonizó la denuncia Mentiras bien pagadas, de Razones de Cuba

Entonces no sabía los vericuetos del futuro, la decisión que en un segundo cambiaría su vida para siempre. El 14 de junio de 2011 la televisión cubana transmitió el documental Mentiras bien pagadas, de la serie Razones de Cuba, donde se denunciaba cómo el promotor cultural pinareño había sido entrenado como agente de cambio en Cuba. Solo entonces Frank Carlos recuperó su identidad, su familia y el respeto de la sociedad. Por fin se hizo público que era un héroe, no un contrarrevolucionario sin honor. Tiene los ojos llenos de lágrimas cuando relata los años de separación de su familia, la distancia de su esposa e hijo, la eventual pérdida.

―Eso duele. Pero son los sacrificios que tienes que pasar para defender tu Patria. Mira a los Cinco, a Villavicencio… Cuántas personas no han hecho el sacrificio supremo de entregar su vida. Ellos tienen mucho más mérito que yo. Es lo que uno tiene que hacer, calladamente, con humildad, para cumplir la misión.

Han pasado diez años.

Sin embargo, la historia comenzó mucho antes de la denuncia, en un pequeño local de la calle Obispo, en La Habana Vieja, durante el Período Especial. En ese entonces, decidió crear junto a un grupo de artistas un proyecto independiente para divulgar sus creaciones.

―Era una época conflictiva, complicada para la nación, con escaseces materiales y espirituales. Nos dimos a la tarea de crear este proyecto independiente y automáticamente los servicios especiales basados en la SINA nos detectaron. Comenzaron a visitarnos. Al principio yo pensaba que eran turistas, porque venían con chores, chancletas, pulóveres de verano, pero al cabo de las tres o cuatro semanas me entregan sus tarjetas y me doy cuenta que eran oficiales, muchos de la CIA. Comienzo a preocuparme, hacían muchas preguntas. Querían saber qué cantidad de jóvenes había allí, qué hacíamos, cuáles eran sus gustos y, sobren todo, sus necesidades.

El sospechoso interés de los visitantes lo llevó a contactar con un oficial de la Seguridad de Estado de la zona en la cual se hallaba enclavada la articulación cultural. Él le explicó que estaba siendo objeto de un acercamiento por parte de agencias de inteligencia extranjeras.

―Entonces me dijo “Tienes dos opciones: mandarlos a freír tusa y cerrarles las puertas del proyecto para que no vayan más, o dejarlos entrar, acercarte más a ellos, conocer sus planes, para tratar de desentrañar las acciones que tienen en contra de ustedes, los jóvenes artistas”. No tuve que pensar mucho, me di cuenta de que mi país estaba en peligro, debía dar un paso al frente y tenía que defenderlo. Entonces me convertí en el agente Robin para Seguridad del Estado cubana.

Robien junto a José Manuel Collera y Raúl Capote, agentes también desclasificados en 2011. Foto tomada del blog Isla desconocida

Robin…como aquel justiciero que quitaba a los ricos para darle a los pobres. Frank, un hombre común, ahora llevado al extremo, a convertirse en otro para proteger a su nación.

―Todo tiene mucha relación con el tipo de crianza, la educación cuando eres niño, con tus padres. Mi familia es muy revolucionaria. Mi papá fue combatiente del Movimiento 26 de Julio; mi mamá, creadora del Partido en Pinar del Río. Había un ambiente muy patriótico. Eran intelectuales, la casa estaba llena de libros, con una de las bibliotecas más completas que yo había visto en mi corta edad. Ellos eran de la Generación del Centenario, la de Fidel. Estaban totalmente entregados a la construcción de la Revolución. En ese mundo me crie yo, sin saberlo.

¿Cómo conciliar que de una formación fidelista saliera un individuo vinculado a la contrarrevolución? Las denuncias hechas por Fidel en el año 2000 sobre la subversión en el sector de la cultura fueron duras para la familia. No podían entenderlo. Sus padres pasaron años sin hablarle. Se paseaban por las calles y sentían que las personas los miraban diferente debido a las actividades de su hijo. No podían creer que fuera cierto.

―Empezaron a ver cambios en mi forma de ser, de pensar, en mis conceptos…porque cuando tú cumples esta tarea no puedes fingir. El enemigo es muy inteligente y tiene muchas herramientas para darse cuenta de que lo estás engañando. Tienes que serlo, o serlo ―enfatiza―. Si no, eres fácilmente descubierto.

Fue un camino difícil. Debió eliminar a sus amigos, padres, tíos y hermanos se alejaron, alarmados por el cambio de actitud.

El proyecto de arte cubano ganó renombre mundial, con el apoyo mediático y económico de la red de patrocinadores estadounidenses. Los contraponían constantemente con las instituciones oficiales, deprimidas en el contexto de la crisis de los 90.

Tan bien hizo Frank Carlos Vázquez su papel que, en 1998, fue invitado junto a un grupo de personas a una pasantía en Estados Unidos. El principal objetivo era familiarizarlo con el sistema de vida norteamericano. Una vez de regreso en la Isla, de encargaría de transmitirlas a otros jóvenes. Utilizaría su influencia como líder para promover un cambio en el sistema cubano. Cada vez iba construyendo un personaje más completo, norteamericanizado.

Pasó cinco años en Estados Unidos, sin interactuar con ningún supervisor.  “El momento más frágil que tiene un agente es cuando tiene un contacto con su oficial”, dice. “Debí tomar mis propias decisiones, basadas en la ideología. Estás solo, luchando contra un monstruo de enemigo que tiene todos los recursos y te está observando con un montón de cámaras a ver dónde te equivocas, para cogerte”.

Frank Carlos no sabía cuándo iba a regresar a Cuba.

―Una de las cosas más duras la pasé con mi matrimonio. Mi esposa desconocía mi condición de agente. Cuando yo estaba en Cuba asistía constantemente a actividades con los norteamericanos, no paraba en mi casa. Eso fue socavando la confianza de ella. Mi niño sufría todo eso. Muchas veces cuando yo llegaba a la casa por la noche aquello terminaba en peleas, en que yo dormía en el sofá o tenía que irme de la casa. Llegó el momento en que propio hijo se sentó conmigo en la sala de mi casa y me dijo “Papi, yo creo que lo mejor que puedes hacer es irte de la casa, porque es imposible que mi mamá y tú peleen tanto”. Date cuenta que hacía 20 años que estábamos casados. Nos habíamos conocido con a los 18 ―explica con lágrimas en los ojos y la respiración entrecortada―. La perdí. Es duro alejarte de tu familia, de tu vida, y no poder decir nada.

Cuando la misión fue desclasificada, los superiores de Frank Carlos fueron a visitarlos. Le contaron a quien fuera su compañera durante tanto tiempo cuál era el verdadero motivo de tantas ausencias y noches de desvelo.

―Ella lloró mucho. Ahí nos abrazamos. Le pedí perdón por no poder decirle. Fue un momento muy bonito. Me vino como una especie de sosiego, de paz en mi alma, porque ella realmente pudo saber. Hasta los coroneles estaban llorando. No volvimos como matrimonio porque habían pasado demasiadas cosas que destruyeron nuestra vida como pareja. Hoy la considero una de las personas más importantes de mi vida, y la sigo queriendo y cuidando hasta que me muera.

Vázquez lo sacrificó todo para convertirse en Robin. Sin embargo, dice que, si tuviera que tomar la decisión otra vez, lo haría de nuevo.

―Para mí, la importancia de Las razones de Cuba fue monumental ―confiesa, orgulloso―. Aquí existía un trabajo muy fuerte del enemigo en una veintena de proyectos, en todas las esferas de la sociedad. Fue un golpe brutal, tuvieron que cambiar todos los sistemas de subversión escritos hasta el momento. En el pueblo se creó una percepción muy grande del trabajo de los agentes de la Seguridad del Estado en la defensa de nuestro país. El mundo entero pudo constatar que el gobierno de Estados Unidos tiene planes muy concienzudos, muy sólidos, en contra de Cuba.  No es solo el Plan Bush. Hay muchas estrategias secretas, no se ven, y trabajan constantemente para destruirnos. Ha sido un orgullo de pertenecer a esta denuncia. Creo que representamos el sentir muchísimos cubanos en Cuba y en el mundo, a todos esos jóvenes compañeros de nosotros que todavía permanecen ocultos en sus identidades. Las Razones de Cuba representa toda la lucha de nuestro pueblo para defender la Revolución.

Honesto, humilde, sencillo, Frank Carlos no renuncia a soñar con un mundo mejor. “Nuestro sistema, nosotros, somos la esperanza del mundo. Que nos dejen construirlo en paz”, agrega. Por eso, y por otras mil razones, nunca dejará de luchar por Cuba.

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