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Por Stella Calloni

Cuba es el corazón y el faro de América Latina desde aquel comienzo del año 1959, cuando vimos bajar de la Sierra Maestra a los que algunos llamaron los “ángeles” barbudos que habían realizado la mayor hazaña de nuestra historia, al vencer en pleno siglo XX a la potencia imperial a sólo 90 millas de sus costas, comenzando una revolución verdadera, derrocando al dictador Fulgencio Batista, impuesto armado, asesorado y mantenido por Estados Unidos. 

Nos enamoramos a partir de aquel momento único, cuando los dueños del poder económico y político huían atropelladamente hacia Miami- refugio de los dictadores de toda la región- con el ejército y la policía rendidos ante  aquel otro  ejército rebelde que sustituyó el poder de fuego con la imaginación y el amor que inspiraba su causa.  

Esta fue y es la  continuidad histórica  del proceso independentista y anticolonial marcado por el Manifiesto de Montecristi de José Martí  y Máximo Gómez en 1898, que reapareció  en forma brillante en la Historia me Absolverá, el texto con que el comandante Fidel Castro Ruz se defendió como abogado ante los verdugos de su país, anunciando que se estaba ante un verdadero camino de liberación definitivo.  

De eso nos enamoramos las generaciones de entonces, de ese proceso de lucha inspiradora para los pueblos sometidos al colonialismo y sus consecuencias.

Y luego continuamos enamorándonos de los pasos gigantes dados desde el triunfo revolucionario, la audacia y la imaginación  al servicio de la liberación y la justicia, el sueño eterno hecho realidad allí en una pequeña isla del Caribe derrotando a la potencia imperial del mundo que para dominar a nuestros pueblos nos ha impuesto el terrorismo que está en su esencia y que todos hemos sufrido en nuestra región, donde seguimos acunando a nuestros muertos, a los millones de hermanos que sucumbieron por la violencia impuesta por el opresor y por la miseria y el hambre ante el saqueo despiadado de nuestras riquezas. 

Cuba construyó una independencia real bajo el ataque constante y despiadado del poder imperial, a partir de los primeros días de la revolución triunfante, rodeada de dictaduras brutales en Centroamérica y el Caribe. 

EL triunfo de los revolucionarios  se produjo después de la segunda guerra mundial con la  creación en 1947 de la Central de Inteligencia de Estados Unidos(CIA)  ya con atributos ilegales, y una de cuyas primeras actuaciones fue el asesinato del líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán en 1948, al que seguían multitudes, continuando con  el sostenimiento de todas las dictaduras de la región, lo que llevó a la infiltración y el desvío del proyecto liberador del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Bolivia en 1952,  la invasión  a Guatemala promovida por el imperio contra el gobierno popular del coronel Jacobo Árbenz Guzmán en 1954.  

Para invadir Guatemala, ocuparon miliarmente  Honduras y habiendo creado el Comando Sur en la Zona del Canal de Panamá, daban cuenta de que nuestra América era considerada su territorio colonial por Washington, 

Crearon la Organización de Estados Americanos (OEA), en Bogotá  Colombia  como un verdadero “ministerio de colonias” en medio del estallido del pueblo colombiano en ese abril de 1948, víctima de la violencia desde esos días que perdura hasta hoy  y que comenzó un camino devastador para nuestra región. 

El hecho de que en los años 50, el embajador itinerante  de EE.UU Spruille Braden, fuera la figura clave de lo actuado por Washington en Bolivia en el 52, en Guatemala en el 54 y en Argentina, contra el gobierno popular del general Juan Domingo Perón, derrocado en un segundo mandato  por un golpe militar para lo cual conformaron la llamada Unidad Democrática, instalando la “Revolución Libertadora” una dictadura, a la que el pueblo llamó la “fusiladora” sucedida por una serie de nuevos regímenes dictatoriales,, no atemorizó a los combatientes de la Sierra Maestra en Cuba, cuya épica de rebelión tuvo maravillosos, mágicos , duros y dolorosos  momentos en su desarrollo, pero que nunca dejó atrás la decisión de  mantener su sueño de justicia, de soberanía , de dignidad y demostrar, sin soberbia, la posibilidad de liberación definitiva, resistiendo hora por hora, día por día .  

La revolución cubana lleva más de 60 años resistiendo, siendo el  mayor ejemplo no sólo de la dignidad de un pueblo y una dirigencia, que hasta hoy resiste el sitio de guerra más largo de la historia de la humanidad, como es el bloqueo. 

Una resistencia que asombra al mundo logrando la primera gran victoria, en 1961 : derrotar un intento de invasión militar de Estados Unidos y sus mercenarios  en Playa Girón dos años después del triunfo revolucionario. Otra heroica epopeya.

Ese imperio terrorista desde siempre ha protagonizado guerras, instalado dictaduras una tras otras, invasiones, ocupaciones, genocidios a lo largo de los últimos dos siglos.  

Pero Cuba sigue en pie, y habiendo sido totalmente aislada es hoy una potencia en   salud, educación, en formación académica, en irradiación cultural, en justicia revolucionara,  resistiendo el genocidio, con solidaridad, imaginación, sin abandonar sus principios, cuando se le intenta imponer la rendición incondicional por hambre aplicando todas las formas de terrorismo.  

Me pregunto ¿cómo no enamorar a generaciones enteras, especialmente en nuestros países víctimas del terror y el saqueo,  condenando a nuestros pueblos a la subordinación, mediante gobiernos que nos entregan atados de pies y manos?.  

Hemos resistido, han resistido nuestras comunidades de pueblos originarios durante cinco siglos, víctimas de un verdadero holocausto, que nadie menciona como tal, y de los más de 200 años de supuesta independencia, que aún no hemos logrado en nuestra región. 

Sólo Cuba está allí en el Caribe,  pagando cada día el costo de su independencia, repartiendo solidaridad sin distinciones, poniendo a nuestro alcance conocimientos e investigaciones científicas, enviando  maestros y médicos, que también son parte de la intensidad y profundidad revolucionaria de la solidaridad. 

Hoy más que nunca, en el oscuro páramo y en el caos del odio irracional que se siembra, con el retorno criminal de las guerras coloniales, de la destrucción y la muerte, cuando la cara feroz del imperio se muestra sin máscaras, en su inevitable decadencia.  “nuestra Cuba”  brilla en un mundo despiadado y nos sopla la fuerza del amor y la dignidad como el aire, el oxígeno que necesitamos para vivir y una inclaudicable moral revolucionara. 

¡Cómo no enamorarnos de esa fuente de amor, de la mano tendida eternamente, de esa isla donde surgió la figura universal más importante  de nuestra historia, nuestro Fidel y sus compañeros de lucha como Ernesto CHE Guevara,  cuyo rostro recurre los caminos del mundo en manos de millones de jóvenes, y una dirigencia que continúa firme junto a un pueblo sobre el que se aplica un bloqueo, que es un crimen de lesa humanidad. 

He estado en momentos  muy difíciles en Cuba, y me he rendido ante el amor  con que el pueblo nos recibe siempre y nos comparte su mesa humilde y su  dignidad pero especialmente, su imaginación creadora para subsistir a semejante azote imperial, sin rendirse.  

Ante la pregunta de por qué amamos a Cuba surgen palabras sencillas, las únicas que pueden dar transparencia al lenguaje de la comunicación con nuestros pueblos, que en los lugares más ocultos de nuestros territorios siguen resistiendo invisibilizados, descalzos, desamparados,  también sin rendirse, manteniendo su dignidad y sus culturas ancestrales .  

En Cuba siempre encontramos la respuesta solidaria, la mano que mitiga dolores y tempestades, la sonrisa abierta, la alegría  y la paz que se hace vida y no slogan vacío. Por eso y muchísimo más amamos a Cuba.  

 

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