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El Encargado de Negocios de la embajada de EE.UU. en La Habana Timothy Patrick Zúñiga-Brown en entrevista concedida a uno de los llamados “alternativos”, reprodujo la patológica costumbre de los funcionarios de ese país de mentir sobre los temas vinculados a las relaciones con Cuba, manipulando y tergiversando la realidad, intentando justificar y ocultar el verdadero  objetivo que persiguen con su hostil política, que es el de destruir la Revolución.

Entre las múltiples falacias que expresó estuvo que, el bloqueo al que llamó eufemísticamente “embargo”, apunta a tratar de perseguir los fondos que van al Gobierno, el MININT y las FAR.

Él sabe que, no se trata de un embargo, pues EE.UU. no se limita a prohibir el comercio de determinados productos con Cuba, sino que la cerca económica, comercial y financieramente, con un entramado de medidas coercitivas ilegales y leyes incluyendo algunas de carácter extraterritorial, dirigidas a hacer colapsar la economía cubana, acciones que complementa con presiones sobre gobiernos y entidades de otros países, para obligarlos a cesar o no iniciar cualquier tipo de relación económica con Cuba.

Resulta cínico su planteamiento de que su fin, es perseguir los fondos que van al Gobierno, el MININT y las FAR. Él y su gobierno saben que, los ingresos que se obtienen por los diferentes actores económicos del país no van a parar a los bolsillos de nadie y que son utilizados en beneficio de toda la sociedad.

Se conoce que estas falacias son construidas mediante la tergiversación del verdadero objeto social del Grupo de Administración Empresarial de las FAR (GAESA), a través del cual mendazmente aseguran que se enriquecen quienes lo dirigen.

Este es uno más de los pretextos que han esgrimido para justificar la aplicación y permanencia de su injusto y cruel bloqueo, los cuales siempre han fabricado a partir de mentiras y manipulaciones de diversas circunstancias históricas. Así nos acusaron de ser satélites de la extinta URSS, de exportar la Revolución hacía países de la región, algo que ahora retoman en los casos de Venezuela y Nicaragua, de inmiscuirnos en los asuntos internos de los países africanos, de violar los derechos humanos, de ser una dictadura, etc.

A precios corrientes, los daños acumulados durante casi seis décadas de aplicación del bloqueo ascienden a 144 mil 413.4 millones de dólares.

A pesar de todo esto, increíblemente Zuñiga Brown consideró que, existe mucho intercambio al ser su país uno de los mayores emisores de turismo a la isla y en términos de comercio EE.UU. habría enviado millones de USD en productos agrícolas y médicos, así como en medicinas.

Esa última afirmación ha sido desmentida por el gobierno cubano y sus autoridades sanitarias, quienes han denunciado el recrudecimiento del bloqueo en medio de la pandemia de Covid-19 para impedirnos la compra de insumos y equipos médicos; señalando además que, en años anteriores se ha contactado con unas 60 firmas de insumos médicos, de las cuales solo dos contestaron, entre ellas Bayer, la única con la que se logró un acuerdo en 2019 que, no se pudo ejecutar por haber alegado la empresa que se había vencido su permiso del Departamento del Tesoro.

En el último año Cuba perdió 160 millones de dólares por las sanciones estadounidenses en el ámbito de la salud.

No se pueden dejar de mencionar las campañas de descredito contra la colaboración medica que Cuba presta a otros países, y las presiones diplomáticas y de otra índole sobre gobiernos para que, las interrumpan o no la soliciten, ejemplos sobran. No ha escapado la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a las presiones y chantajes de EE.UU. para tratar de obligarla a sumarse a su cruzada, cuyo vil y mendaz argumento es que nuestros galenos son sometidos a trabajo esclavo.

Ocultan su verdadero objetivo de despojar ante la opinión pública internacional de su esencia humanista y solidaria a esas colaboraciones y privar a Cuba de los ingresos en divisas que ellas le reportan, los cuales son destinados a nuestro sistema de salud.

Estados Unidos es un esclavista moderno que cínicamente acusa a otros de serlo.   

En este escenario es cierto que nos venden alimentos y productos agrícolas, pero en condiciones onerosas, como pagar en efectivo y por adelantado, algo totalmente atípico, por no decir que no se usa, en el comercio internacional, a lo que se suma la imposibilidad de acceder a créditos de la banca norteamericana y las restricciones en la transportación por las leyes del bloqueo. Amén de las trabas burocráticas que interponen.

Pero nada de esto al parecer existe para el representante imperial que, habla de los viajes de norteamericanos a la isla como si no estuvieran practicamente prohibidos, incluso para los que vendrían a intercambios académicos, de remesas millonarias, olvidado de que las han restringido al máximo y le toleran y alientan a repugnantes personajes de la mafia miamense a hacer campañas para eliminarlas totalmente, de las visitas de los miembros de la comunidad a sus familiares obviando las posibilidades de traslado que les han quitado y otros obstáculos que les han creado, al prohibir los vuelos a los aeropuertos fuera de la capital y reducir los que se dirigen a esta. Que decir de la espuria “Lista Roja” que han conformado con los intelectuales y artistas de nuestra tierra que, se niegan a servir de instrumentos de la política anticubana de la mafia miamense, para prohibirle su ingreso al “paraíso de la libertad”.      

El bloqueo es un acto de genocidio contra un pueblo que se niega a ponerse de rodillas.

Aun ante esas inocultables verdades, el representante estadunidense pretende justificar el incumplimiento de los acuerdos migratorios, concretamente en lo referente al otorgamiento de al menos 20 mil visas anuales, utilizando los inventados ataques acústicos, los cuales según él, los obligaron a reducir personal y eso condujo, de conjunto con la incidencia de la Covid-19 al cierre de los servicios consulares y de ahí la decisión de destinar el consulado en Guyana para estos procedimientos, considerando la existencia de un acuerdo de exención de visados entre Cuba y ese país.

Miente, en 2017 ya EE.UU. había suspendido la entrega de visas. En ese entonces dio como vía para obtenerlas el viajar a Colombia, su argumento fue que, allí tenían las capacidades necesarias para procesarlas. En esos momentos la Covid-19 ni siquiera era una enfermedad conocida. Ahora plantean que la mejor opción es Guyana por los motivos que alegan. Habría que preguntarle a Zúñiga-Brown, ¿Por qué dejó de ser Colombia?

Esa supuesta mejor opción se ha tornado en una verdadera trampa para muchos cubanos que han decidido utilizarla. Así en marzo de este año se encontraban varados en Guyana más de 100 compatriotas a pesar de tener visas para viajar a EE.UU. Los videos publicados por algunos de ellos en las redes sociales muestran su desesperación, desamparo y suplicas al gobierno norteamericano para que les facilitara los pasajes que les permitieran llegar a ese país.

Asimismo, es bien conocido que no existen evidencias científicas, ni de ninguna otra índole que avalen la posible ocurrencia de los supuestos “ataques acústicos”. Sobre el particular se han pronunciado destacados especialistas cubanos y extranjeros que, han ido descartando con argumentos sólidos, las diversas hipótesis con las cuales EE.UU. ha pretendido  sustentar su presunta ocurrencia; algunas de una inverisimilitud tal que, parecen sacadas de una película de ciencia ficción.

La principal intención de esta maniobra yanqui es crear condiciones de inestabilidad interna a partir de generar malestar y frustración principalmente entre los que desean emigrar de manera definitiva, creándole obstáculos para poder concretar sus propósitos. De esa manera culpan al gobierno cubano de la situación surgida, justifican el incumplimiento de los acuerdos migratorios y se hacen aparecer como interesados en resolverla.

Esas “vías alternativas” esconden pérfidas intenciones.

Este montaje tiene además otro objetivo que es el de afectar una de nuestras principales fuentes de ingreso de divisas que es el turismo, al crear una imagen de un país inseguro, por eso arrastraron a Canadá principal emisor de turistas a Cuba a secundarlos en esa infamia. Esperan crear un daño económico que incremente las carencias y sacrificios del pueblo, lo que a su entender adicionaría un factor más de tensión interna.

También se refirió el diplomático a la supuesta represión y violación de los Derechos Humanos en que, según él, incurre el gobierno cubano. Esta es una vieja y manida acusación que nunca han podido demostrar y que nadie les cree en el mundo, solo repetida por sus más serviles lacayos. La prueba es que, Cuba ha sido elegida en cinco ocasiones para integrar el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, la última en octubre de este año con 170 votos, el 88% de los miembros de la ONU. Además, nuestro país es parte de 44 de los 61 instrumentos internacionales de Derechos Humanos, cuyo cumplimiento hay que reportar a la ONU.

Ese aval no lo puede mostrar EE.UU. que tiene un muy reprobable currículo en materia de respeto a los Derechos Humanos.

Imperdonable olvido de Timothy Patrick, de los afronorteamericanos asesinados por la policía de su país,  del racismo que corroe las entrañas de la sociedad norteamericana, de las manifestaciones reprimidas salvajemente, de los prisioneros ejecutados en condiciones infrahumanas, de los niños enjaulados, de la existencia del trabajo esclavo, de los miles de personas fallecidas a causa de la Covid-19 por la indolencia y la incapacidad del gobierno que representa para protegerlos de esa enfermedad, de los que han muerto en sus casas o en la calle por no tener seguro médico para acceder a los servicios de salud.

Lo anterior es solo una pequeña muestra de las constantes violaciones de los Derechos Humanos que han ocurrido y ocurren dentro de las fronteras, del que se autoproclama “campeón defensor” de esos derechos.

Describir sus crímenes cometidos fuera de su territorio resulta imposible, basta mencionar que, EE.UU. ha matado a más de 20 millones de personas de 37 naciones desde la Segunda Guerra Mundial hasta el 2016. De esa fecha al presente ha sumado algunos miles más a la lista de sus víctimas.

EE.UU. es un asesino en serie disfrazado de humanista.

¿Cómo puede entonces su representante tener el cinismo de cuestionar a Cuba?

Tiene la poderosa nación del norte mucho que enmendar y resolver en su territorio, incluyendo indiscutibles crisis humanitarias que padecen millones de sus ciudadanos, para andar de adalid de lo que carece.

Debe aprender que, su arrogancia y perfidia imperial, solo incrementa la voluntad de luchar y vencer, de la Cuba irredenta que no negocia principios, ni dignidad, ni soberanía.

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