Foto: Internet

Autor: Manuel Hevia Frasquieri

Muchos consideraron en occidente en 1991 que la Revolución Cubana no sobreviviría al desplome del socialismo europeo y la URSS. En solidaridad con esta percepción, la CIA declaró poco después: «…existe una oportunidad mejor que nunca, para que el gobierno de Fidel Castro caiga en los próximos pocos años…».

El imperio endureció el bloqueo económico para acelerar esa caída y la Sección de Intereses Norteamericanos (SINA) en La Habana acrecentó sus actos ilegales, mientras el gobierno estadounidense toleraba todas las formas de terrorismo contra Cuba desde sus fronteras, estimulaba la emigración ilegal y fortalecía los grupúsculos internos mediante asignaciones de medios y recursos técnicos. Crecían las campañas mediáticas instigando el desánimo y la desestabilización. La economía cubana sufría enormes daños mientras comenzaba una difícil etapa de sacrificio y abnegación para el pueblo en la que se recrudecían las terribles condiciones del periodo especial.

Mientras esto ocurría, la SINA introducía a través de su valija gigantescos envíos de literatura contraria a la Revolución y creaba tres flamantes «Centros de Recursos Informativos» dentro de su sede diplomática, donde se entrenaban también cabecillas y grupos mercenarios internos en programas de enseñanza dedicados a la lucha «no violenta», «liderazgo» y «periodismo independiente».

Pero la engañosa «resistencia» nunca tomó por sorpresa a los cubanos. El AEI había iniciado desde 1996 sus contactos sediciosos con diferentes grupos terroristas de la mafia anticubana de Miami, a los que ofreció entrenamiento. Sharp brindó talleres y conferencias y concedió una entrevista en vivo a la mal llamada Radio Martí en 1997. En 1998 organizó en Boston un «taller científico» para activistas cubanos y publicó cuatro trabajos periodísticos sobre la «migración ilegal cubana», presentándola como un nuevo método de acción «no violenta» contra Cuba.

Paralelamente introducía en Cuba literatura subversiva enmascarada a través de emisarios extranjeros que abastecían de dinero y materiales a los mercenarios internos. Eran textos de estudio del AEI para impartir clases de «desobediencia civil» en viviendas de cabecillas, amenizadas con las «experiencias» de algún renegado llegado de Europa Oriental, pagado por Freedom House. Estos actos violatorios de la ley y el orden público, tuvieron presencia en Cuba a principios de los años 2000, con la anuencia de la SINA. Eran generalmente acciones aisladas de grupos contrarrevolucionarios, sin apoyo popular, autodenominadas «vigilias, marchas, conferencias de prensa, clases de desobediencia civil y planes de ayuno», estos últimos, convertidos en ridículas pantomimas.

Algunas de estas provocaciones se planificaban en la vía pública, aprovechando la masividad de alguna festividad social o religiosa, para tratar de engañar a la población, ajena a estos propósitos. Su intención era desafiar a la Revolución y provocar una respuesta desmesurada por parte de las autoridades, atraer la atención de la prensa extranjera en una suerte de show propagandístico internacional, especialmente dirigido a Miami. En este artilugio subversivo los diplomáticos yanquis hacían acto de presencia en apoyo cómplice con estos transgresores.

El pueblo cubano no cedió ante la provocación. La denuncia pública y la firme actuación, basada en una estricta legalidad y racionalidad política frustraron entonces aquella patraña. Pero la subversión tiene muchos rostros que trazaron nuevos derroteros de lucha en esta última década. Queda aún un largo trecho en este combate. Sus argumentos serán demolidos, como nos enseñó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí