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Por: Ana Álvarez Guerrero

Diseño: Linette Cuza Bernal/Cubadebate

En Cuba tenemos algunos discursos manidos, consignas huecas y torpezas. Hay estructuras verticalistas, burocráticas. No está mal decirlo. Tampoco reconocerlo. El punto (sencillo, pero no simplista) es “el cómo” y “el para qué”. Tal vez por aquello que dijo Martí de que los hombres se dividen en dos bandos.

Hoy prefiero contar parte de la historia de quienes sé, aman y fundan, justo a dos meses de lo que considero uno de los actos más simbólicos de la Revolución cubana en esta década.

¿Motivos para lanzarme con una afirmación de ese tamaño? Para empezar, tengo tres:

  • 🙂 Espontaneidad: Que sean los jóvenes por voluntad propia, sin una orientación “de arriba”, quienes decidan armar su tribuna.
  • ♥️ Ideas renovadoras para la construcción de un país mejor: Reconocimiento de una izquierda compleja y diversa, defensa de la igualdad social y la inclusividad. ¡No al racismo! ¡No a la homofobia! ¡No al machismo! ¡Sí al feminismo, al movimiento LGBTIQ, al ambientalismo!
  • 😎 Un acto diferente: Sin jerarquías, consecuencia de la construcción colectiva de un grupo heterogéneo y con una playlist ¿versátil? (sonó desde Santiago Feliú con sus Náuseas de Fin de Siglo hasta Bad Bunny con Residente, Afilando los Cuchillos).

Esto viene a ser mi oda tardía a las muchachas y muchachos de la Tángana. Son muchos: algunos mediáticos, la mayoría anónimos. Serán parte de ellos y sus ideas quienes hilvanen el relato de lo que fue y es, buscar el Trillo.

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“No se puede defender la libertad de expresión reduciendo el concepto de pueblo a aquello que se opone al Estado”

La Tángana juvenil en el Parque Trillo abogó por una sociedad cada vez más inclusiva. Foto: Yusmilis Dubrosky / Cubadebate

En medio de la pandemia y con la “suerte” del acceso a Internet surgió un grupo en Telegram. Gente diversa y de distintas procedencias (regionales, profesionales, culturales) se encontró en un chat. El punto en común: la sensibilidad “de izquierda”.

Dice Claudia Alejandra Damiani, una de las oradoras de aquella tarde, del 29 de noviembre, que estas son “circunstancias indirectas que hicieron posible la Tángana”, porque les permitió reconocerse y articularse como grupo, “teniendo en el rechazo al capitalismo y la preocupación por la justicia social” sus más grandes afinidades.

27 de noviembre. Debate. Nervios. Dudas. ¿Qué pasaba y por qué? ¿Quién lo contaba y por qué? ¿Qué se podía hacer? Inconformidades. Se amontonaban las propuestas.

Diseño: Linette Cuza Bernal/Cubadebate

Todos coinciden en que era necesario defender los principios, las convicciones y la Constitución. Uno de los detonantes: la inmovilidad comunicacional / institucional. Y aunque surgió como una acción “profiláctica” a los acontecimientos del 27 de noviembre en el Mincult, no tenía el propósito de ser un acto divisionista o de repudio. De hecho, no lo fue. Aunque algunos medios así lo interpretaron.

Josué Benavides, el “valiente” que no vaciló a la hora de salir en la televisión cuando llamaron de imprevisto queriendo saber de qué iba “aquello”, me habla de cómo, lógicamente, en la medida en que los acontecimientos transcurrían, también lo hicieron sus percepciones. Más que al ataque transmutaron a la propuesta, la defensa a partir de la profundización de la democracia socialista.

En tanto, Manuel Antonio, uno de los firmantes de aquella convocatoria que circuló en Facebook, (“privilegiado en chocar el puño con Díaz Canel”, a su parecer), cuenta que la idea era ser, también, atractivos “para esa masa joven que está aburrida de lo mismo”.

Para lograrlo renunciaron a las horas de sueño y trataron de llegar a consensos: nombre del evento, locación, carteles, oradores, música. Escasas horas.

En esa misma línea, Raúl Escalona, organizador y disertante, defiende la idea de que la apresurada planificación no se subordinó a “personalismos de ninguna clase, sino todo lo contrario, existieron posturas diferentes en cuanto a lo que debía hacerse, y la solución no fue la ruptura infantil, sino el debate”. Tal vez, lo que más necesitamos hoy, en más de un escenario.

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“Necesitamos una política diferente donde el poder popular sea el fundamento de toda democracia posible (…) La democracia plena solo puede ser socialista, o no será”

La Tángana juvenil en el Parque Trillo. Foto: Yusmilis Dubrosky / Cubadebate

Ser joven e implicarse en temas políticos resulta escabroso. La tendencia es a rehuir. Te ponen etiquetas degradantes o te linchan, como les ha pasado a muchos desde que pusieron voz y rostro a una generación con afinidad por el proyecto socialista cubano, en aquel pedacito de Cayo Hueso… o en sus redes sociales.

Quienes intentaron restar mérito a lo que fue, a las ideas que allí se manejaron, solo tuvieron la carta credencial del invento y la burla. Se rieron de la espontaneidad. Claro, difícil creerla cuando hasta el presidente se apareció y “robó” los titulares, pero como dijo aquí mismoIramís Rosique hace unos días, la cuestión es que “fue algo insoportable e incomprensible para los que han construido narrativas de que el Estado lo controla todo o lo que no controla, lo prohíbe”.

El empuje que tuvieron para hacer lo que creían pertinente puso a prueba los nervios. También la osadía. El testimonio de Claudia Alejandra, es muestra de ello.

“Siempre me ha costado hablar en público y habría preferido no tener que hacerlo, pero también tengo por principio que, una vez tomada una decisión, escogido un camino y asumida una meta, esta no se puede abandonar, hay que superar los miedos y seguir adelante. Y una convicción semejante, creo, fue la que nos guío para llevar la Tángana a término, a pesar de los instantes de desaliento que a menudo se intercalaban con los de euforia”.

El evento, los muchachos y muchachas fueron sometidos a una burda manipulación.

Hablaron de la merienda (que ninguno de los organizadores vio… o probó), del transporte (guaguas que ninguno de ellos cogió), de las pegatinas y el cartel que Daniel Estévez con su Elfos Gráfica aportó por voluntad y asumiendo el gasto, de la tribuna (de concreto y no construida para la ocasión), de los bafles (que aportó un proyecto comunitario). ¿El objetivo? Dañar y silenciar lo que allí se buscaba y dijo.

Benavides, quien levantó su voz para hablar sobre el rescate de la historia (porque “somos herederos de las revoluciones del mundo”) y la lucha contra el racismo o cualquier rasgo de discriminación, es muy lúcido en ese sentido:

“La reacción no concibe que se mantengan reservas de frescura revolucionaria, de fervor, de atrevimiento y compromiso profundo. La reacción entiende por Revolución todo lo que esté asociado a una institución, al proceder específico y tradicional de la institución cubana, y a su vez las tenían asociadas a cierto cansancio y vejez, por tanto, no puede comprender que fuera de estas haya vida o semillas en proceso”.

También lo es Ernesto Teuma, el joven especialista de protocolo en Casa de las Américas, que ayudó a construir la proclama inicial, los discursos:

“Los que critican la supuesta “falta de espontaneidad” son incapaces de ver las condiciones que permitieron la suya, que su espontaneidad también está mediada, intercedida. El día de la Tángana nosotros reclamamos nuestro derecho a actuar y sentir políticamente, a ser sujetos políticos con vocación propia”.

Diseño: Linette Cuza Bernal/Cubadebate

Diseño: Linette Cuza Bernal/Cubadebate

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“Sostener la Revolución y defenderla solo se puede llevar a cabo de una manera: Haciéndola”

Ninguno imaginó el simbolismo que podía entrañar reunirse en el Trillo, una plaza presidida por Quintín Banderas, general de tres guerras de independencia, y, la sencillez del mismo barrio que eligió a Fidel Castro como delegado del Partido Ortodoxo casi 70 años atrás.

Allí estuvieron, como advierte Josué, “amas de casa, abuelas, obreros, intelectuales, transexuales, animalistas, negras marginadas y juventud comprometida con la renovación de la revolución.

“Allí hubo conservadores y de los que intentan desde sus puestos producir metodologías diferentes. Hubo juventud inconforme con lo que pronosticábamos y aun así fue a ver y escuchar lo que se dijo en ese parque. Hubo también quien no estuvo de acuerdo con lo que se dijo esa tarde. Se fue, a sabiendas de la urgencia de transformar el discurso revolucionario, a dar forma y contenidos nuevos a la narrativa del socialismo cubano”.

También llegaron los que no les importó moverse de provincia como Arianna y su novio, quienes salieron bien temprano desde Guayos, un pueblo que está a más de 370 kilómetros de La Habana, porque según dice, sintieron era el momento propicio para renovar el discurso político de la juventud cubana.

O como apunta desde su móvil Alejandro Castro, es mejor tener la experiencia como “una sacudida a nosotros como revolucionarios y a la institucionalidad”.

Al final, el simbolismo también puede simplificarse a la sentencia de Teuma: “Hoy todavía hay un manto sobre lo que sucedió en el parque Trillo: la verdad es que la izquierda independiente tomó la iniciativa y puso sus reivindicaciones al frente y centro, más que como una reacción, con un programa, si lo prefieres, un trillo, un camino posible”.

Tomado de CubaDebate

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