La unidad de la nación. Autor: Martirena
La unidad de la nación. Autor: Martirena

Por: Idelsy Martinez Laurencio

La unidad de la nación gira en torno a la idea y realidad de que la Revolución Cubana es una sola, la que se gestó desde los siglos de explotación colonialista española, el estallido de la guerra de independencia el 10 de octubre de 1868, el triunfo glorioso del 1ro. de enero de 1959, hasta nuestros días, en los que a diario libramos importantes batallas y conseguimos nuevas victorias.

En un recuento en síntesis de importantes hechos de la historia, léase en las páginas del Manifiesto del 10 de octubre de 1868: «hemos acordado unánimemente nombrar un jefe único que dirija las operaciones con plenitud de facultades, y bajo su responsabilidad, autorizado a nombrar un segundo (…) que conocido como lo está el carácter de los gobernantes españoles, forzosamente ha de seguirse a la proclamación de la libertad de Cuba».

Esas fueron manifestaciones de reconocimiento de unidad, alrededor de un líder, que en la continuidad revolucionaria condujeron tempranamente, en abril de 1869, a la sesión de la Asamblea de Guáimaro, de cuyo resultado nació la primera Constitución de la República, tras entenderse por los máximos jefes de aquella epopeya, Céspedes y Agramonte, que no podía existir dos gobiernos y dos banderas, que ello solo perjudicaba al proceso revolucionario, y que por encima de jefaturas estaba el amor a la patria y la necesidad de su independencia.  

Duros y largos años de lucha fraccionaron la unidad y con ella la resistencia y organización de las filas independentistas, lo que fue aprovechado por el enemigo y vino el Pacto del Zanjón, con la respuesta contundente del Titán de Bronce, pero sin conseguir la verdadera independencia.

En el afán de lograr la guía que condujera al pueblo oprimido de Cuba a la victoria, fundó el Apóstol el Partido Revolucionario Cubano. De sus motivos expresó: «A un plan obedece  nuestro enemigo: el de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, (…) hacer por fin a nuestra patria libre».   Demostró que había una gran necesidad de superar las causas que desunían a los cubanos de ese tiempo, que había que reunirse en una organización en la que todos tuvieran como interés común la acción revolucionaria hasta lograr la independencia.

De esta obra elocuente de necesidad y resultado de la unidad, en el acto por el centenario de la caída del Mayor Ignacio Agramonte, el 11 de mayo de 1973, en el Camagüey, el Comandante en Jefe, al referirse a la trayectoria de la Revolución Cubana, del Partido Revolucionario Cubano expresó: «podemos ver el precedente más honroso y más legítimo del glorioso Partido que hoy dirige nuestra Revolución».

Con la independencia y libertad ganadas, la disolución del Partido Revolucionario Cubano contribuyó a la división, el licenciamiento del Ejército Mambí y el triste episodio de la intervención yanqui, que condujo a la República neocolonial permeada de corruptos, demagogos, de diversos partidos que no trazaron un programa que sirviera de guía para conducir las masas al poder. El golpe de Estado perpetrado por Batista en 1952 así lo demostró.

Se alzó en ese instante la voz de un líder, el que 16 meses después organizó el asalto al Cuartel Moncada, el que, como Martí, desde fuera, armó la expedición del Granma, y entró en tierra cubana, aunó a su alrededor las fuerzas, intereses y objetivos del M-26-7, el Directorio Revolucionario y el entonces Partido Socialista Popular, que había nacido continuador del aquel Partido martiano, como Partido Comunista de Cuba, el 16 de agosto de 1925. Existía un interés común: derrocar la tiranía y llevar a cabo una revolución, la que triunfó el 1ro. de enero de 1959.

Desde ese momento y con las primeras organizaciones surgidas se desarrolló un proceso político para garantizar la unidad, que quedó reforzada con la creación del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en 1965.

Su primer Congreso discutió y aprobó el anteproyecto de la Constitución de la República de Cuba, refrendada por el pueblo y proclamada el 24 de febrero de 1976, en la que quedó establecido el sistema político cubano y su forma de gobierno, una Asamblea Nacional del Poder Popular como órgano supremo del poder del Estado, ratificado en la vigente Carta Magna.

Desde aquel momento hasta hoy, han sido sometidos a consulta y aprobados por el pueblo los documentos, programas y lineamientos que trazan el camino para continuar construyendo y perfeccionando nuestro sistema social socialista. Con mayoría abrumadora de respaldo en cada proceso de elecciones en Cuba, los gobernantes del imperialismo yanqui han visto crecer y desarrollarse a una sociedad cubana que comprende, por los ejemplos de la historia, que solo con la unidad en torno al Partido y la Revolución es posible mantener encendida la luz del faro que guía a los progresistas del mundo.

Como ha expresado el General de Ejército  Raúl Castro: «La unidad se fomenta y cosecha en la más amplia democracia socialista y en la discusión abierta de todos los asuntos, por sensibles que sean, con el pueblo». Esa es la base de nuestro Partido, nuestra Revolución y nuestra fuerza dirigente, que es decir de nuestro pueblo. Por eso lo acompañamos, respaldamos y defenderemos en este 8vo. Congreso.

Tomado de Juventud Rebelde

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