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La Asamblea General de las Naciones Unidas reitera que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y tienen la capacidad de contribuir de manera constructiva al desarrollo y bienestar de la sociedad. Sin embargo, en pleno siglo XXI son miles y miles las personas que en los Estados Unidos cada día luchan por acabar con la discriminación racial.

Como si ignorase esta cruda realidad, en su desesperada campaña presidencial, el oligarca Donald Trump, apela de nuevo a su base mayoritariamente blanca y racista con un duro lema de la «ley y el orden» en su batalla cuesta arriba por la reelección, en medio de la actual pandemia de coronavirus, una economía en apuros como consecuencia de la misma y un debate acalorado sobre la injusticia racial dentro de la policía, entre otras graves tragedias que lastran y dividen la sociedad estadounidense.

Lo inaudito es que tanto el corrupto mandatario yanqui como su títere Secretario de Justicia afirman que en los Estados Unidos no hay racismo.

Al respecto la candidata a la vicepresidencia y compañera en la carrera presidencial de Joe Biden, Kamala Harris, acusó al mandatario y aspirante a la reelección de Estados Unidos, Donald Trump, de estar viviendo «una realidad diferente» ante la negación sobre la escalada de violencia racial que se vive en el ese país. 

Harris, quien es senadora por la zona oeste de California, mestiza, de origen jamaicano e indio, habló dos días después de que la Casa Blanca revelara que Trump había ordenado a las agencias federales que dejaran de financiar sesiones de capacitación contra el racismo para los empleados, pues equivalen a «propaganda divisoria y antiestadunidense» y sugieren que el país es «inherentemente racista». Y la semana pasada Barr descartó la idea de que existe, efectivamente, un sistema de justicia para los blancos y otro para los afroamericanos.

«La realidad de Estados Unidos hoy es lo que hemos visto durante generaciones y, francamente, desde nuestros inicios, que es que tenemos dos sistemas de justicia en Estados Unidos«, puntualizó.

«No creo que la mayoría de las personas razonables que están prestando atención a los hechos pongan en discusión que existen disparidades raciales y un sistema que se ha involucrado en el racismo en términos de cómo se han aplicado las leyes», dijo Harris.

EE.UU, una sociedad profundamente racista

Kamala Harris tiene mucha razón. Estados Unidos siempre ha sido y sigue siendo una sociedad profundamente racista.

Desde la llegada de los primeros colonos anglosajones a territorio norteamericano el racismo jugó un importante papel para legitimar las «guerras  de exterminio contra el indio» que llevaron adelante los Estados Unidos.

Uno de los principios del racismo fue basarse en él para facilitar y legalizar la esclavitud. La esclavitud en los Estados Unidos comenzó con esclavos negros africanos y las personas de ascendencia africana, y ocasionalmente con los amerindios. Una ley de Virginia de 1705 estableció que la esclavitud se aplicaría a aquellas personas de pueblos que no fueran cristianos.

La mayoría de los «Padres Fundadores» de los Estados Unidos fueron grandes esclavistas. Sus ideales sobre la democracia y la libertad nada tenían que ver con los aborígenes norteamericanos y mucho menos con los esclavos africanos a los que consideraban salvajes y seres inferiores.

Así, por ejemplo, para 1765 George Washington había duplicado el tamaño de su latifundio en Mount Vernon y había aumentado la población de esclavos en más de 150 personas. Al final de su vida esta cantidad era mucho mayor.

Por su parte, a lo largo de un periodo duradero de setenta años, Thomas Jefferson tuvo la propiedad de más de 600 esclavos, en tanto que James Mádison, el cuarto presidente de los Estados Unidos heredó su hacienda, Montpelier, en Virginia, y fue dueño de cientos de esclavos.

El conocido lingüista y analista político Noam Chomsky señala: Benjamin Franklin, por ejemplo, quizá el más civilizado de los Padres Fundadores, especulaba acerca de si los alemanes y los suecos debían ser autorizados a entrar, habida cuenta de que no son lo suficientemente blancos. Jefferson, así como muchas otras personalidades, estaba encantado por los mitos del origen anglosajón y la necesidad de preservar la pureza de la raza totalmente mítica.

 Tradicionalmente, en los textos de historia se indica que la esclavitud existía ya por lo menos un siglo antes de la fundación de EE. UU, en 1776. Pero se suele comentar poco que esto era a nivel teórico y no a nivel real, donde la discriminación y la eliminación de derechos de los hombres de piel negra continuaron durante más de un siglo.

La esclavitud se prohibió en Estados Unidos en 1865 luego de la Guerra de Secesión mediante la Decimotercera Enmienda. Después de su liberación durante la guerra civil por Abraham Lincoln, los estados del sur, resentidos por su derrota durante la guerra civil, sancionaron una variedad de leyes para discriminar a los ciudadanos negros.

Con la elección de Rutherford B. Hayes como el decimonoveno presidente de los EE.UU la discriminación se extendió a los estados del norte que inicialmente la tuvieron de forma más suave, a tal punto que a comienzos del siglo XX se podía ver la severidad de la discriminación y racismo en lugares como Nueva York, Boston, Detroit, Chicago y Los Angeles.

Según un estudio, entre 1830 y 1950 se lincharon a 4.000 negros en Estados Unidos. Que de conformidad con la fuente muchas veces eran un espectáculo público y popular con a veces miles de testigos. Donde el 25% de las acusaciones era abuso contra blancas; donde ni se exigía reconocimiento de la víctima al agresor y que provocó la emigración o la pureza étnica de 6.000.000 de negros al Norte y al Oeste del país.

Como los estados no podían eliminar los derechos de los negros, que son garantizados en la constitución, se usó en su reemplazo la » segregación» que fue legal por muchos años bajo la idea de «Separated but Equal» o en español «Separados pero Iguales».

La realidad era que las oportunidades educativas, de empleo, de vivienda, y económicas no eran iguales. Por ejemplo, las escuelas públicas de blancos recibían más dinero y nuevos útiles, mientras las escuelas de negros recibían el mínimo dinero posible.

Esta ley mantuvo su legalidad hasta la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos en «Brown vs. Board of Education» en el que los jueces decidieron que educación pública segregada no era igual y por lo tanto la segregación en escuelas públicas era ilegal.

Hasta 1965 los afrodescendientes no tuvieron derecho al voto en los Estados del sur y la marginación y desprecio hacia ellos eran algo cotidiano, no podían estar en los lugares donde los blancos disfrutaban de un mayor lujo o confort.

La inmigración ilegal esta profundamente ligada a la cuestión racial. 

El caso del exterminio masivo de amerindios y la discriminación contra otros americanos de origen japonés, mexicano-estadounidenses, y otros grupos humanos tiende a » invisibilizarse» cuando se entra al tema del racismo porque la discusión sobre los grupos de origen africano predominan en la agenda.

Más aún el tema de la inmigración ilegal esta profundamente ligado a la cuestión racial y nacional como se ha visto en la frontera con México.

La posibilidad de que los latinos sean deportados de Estados Unidos incluso cuando son víctimas de un ataque cada vez es mayor, por lo que las cifras oficiales subestiman la cantidad y gravedad de los crímenes de odio contra hispanos.

De acuerdo con el Centro Legal Sureño para la Pobreza (SPLC), los grupos de odio en Estados Unidos por primera vez superaron el año pasado los mil, para ubicar en 1,002, un repunte de 7.5 por ciento respecto del año pasado.

De ese total, los grupos anti inmigrantes aumentaron tres por ciento respecto del año anterior, de 309 a 319 organizaciones.

Racismo y brutalidad policial van de la mano

El 21 de marzo de 1960, la policía abrió fuego y mató a 69 personas en una manifestación pacífica contra la ley de pases del apartheid que se practicaba en Sharpeville, Sudáfrica. Sesenta años más tarde, el afroamericano George Floyd  murió asfixiado por un policía blanco. El vídeo de su detención desembocó en los peores disturbios de las últimas décadas, hasta tal punto que algunos analistas los han descrito como los “peores disturbios raciales desde el asesinato, en 1960, de Martin Luther King”.  

La violencia policial que ha ensombrecido las protestas pacíficas por la muerte de George Floyd se ha sumado a la larga lista de retos a los que tiene que hacer frente el presidente de EEUU, Donald Trump, una situación que podría afectar sus aspiraciones de ser reelegido en los comicios presidenciales del próximo 3 de noviembre.

Una encuesta elaborada por el diario Washington Post y la cadena de televisión ABC informa de que el candidato demócrata a la presidencia, Joseph Biden, lidera en intención de voto frente al actual mandatario. Según este sondeo, en estos momentos, los votantes registrados a nivel nacional han dado su apoyo a Biden con un 56%, frente al 43% que tiene Trump. “Tal vez en otras circunstancias o en otro momento, esta situación podría dar más popularidad al presidente, pero no debemos olvidar que estamos en año electoral”, ha advertido el catedrático de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá e investigador del Instituto Franklin José Antonio Gurpegui. “En estos momentos y a unos meses de que se celebren elecciones presidenciales, todo hay que verlo o entenderlo en clave electoral” ha recalcado.

La triple crisis que sufre EEUU 

Estados Unidos está siendo víctima en estos momentos de una triple crisis (social, económica y sanitaria).

El gigante norteamericano ha superado los 6,6 millones de casos confirmados de la COVID-19, de los cuales más de 195.000 han perdido la vida. El estado de Florida sigue siendo uno de los focos de esta pandemia; una crisis sanitaria que ha llevado a millones de estadounidenses a perder sus empleos.

Esta situación y la muerte de George Floyd a manos de un policía blanco en Minneapolis ha creado el escenario perfecto para la aparición de protestas. 

En este contexto, la reacci´ón de Trump fue amenazar con desplegar el Ejército si los estados no movilizan a la Guardia Nacional para acabar con las protestas.

No era la primera vez que Trump hacía esta sugerencia. Unos días después del macabro suceso, el presidente de EEUU sugirió la intervención militar para disuadir a los manifestantes que habían salido a la calle para protestar por la muerte del afroamericano George Floyd. “Estos MATONES están deshonrando la memoria de George Floyd, y no permitiré que eso suceda. Acabo de hablar con el Gobernador Tim Walz y le he dicho que el Ejército está a su total disposición. Cualquier dificultad y asumiremos el control. Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos”, advertía Trump. Y continuó con esta dialéctica asegurando que los demócratas no son lo suficientemente duros con los manifestantes que usan la violencia como bandera. “Los gobernadores y alcaldes liberales deben ser más duros o el Gobierno intervendrá y hará lo que tenga que hacer, y eso incluye usar el poder ilimitado de nuestros militares”, afirmó Trump varias horas antes de anunciar en Twitter que su administración designaría al movimiento Antifa como organización terrorista.

La analista en relaciones Internacionales norteamericana Alana Mocer ha incidido en que el movimiento Antifa “no es un grupo organizado, sino que es una red de activistas, es decir, que no son violentos”. “Los saqueos a edificios y empresas son provocados por delincuentes que se intentan aprovechar de la situación. Más allá de eso, la gente se está manifestando de manera pacífica”, ha explicado.

“El racismo siempre ha estado ahí y siempre va a estar”

La experiodista residente en EEUU, Begoña Sevilla, afirmó que “el racismo en EEUU es algo que siempre ha estado ahí y siempre va a estar. La Administración y la educación tienen que trabajar muy duro para erradicarlo. Hay que vivirlo para entenderlo”. Además, según Sevilla, en las calles del país se respira miedo porque “además de la pandemia, hay una crisis económica provocada por el aumento del desempleo”. 

La muerte de Floyd es para Gurpegui “la punta del iceberg”. Por ello ha hecho un llamamiento a analizar las diferencias en la renta per cápita, los graduados que hay por universidades o los índices de desempleo que existen entre los afroamericanos, los hispanos y los blancos.

“Estas muertes ocurren de forma recurrente cada varios años. Lo que está pasando ahora es que a ellas se han unido una serie de factores importantes, como que existen unos índices de desempleo en EEUU superiores al 30 por ciento”, ha subrayado.

Por su parte el politólogo Pedro González, ha asegurado que “el racismo está latente en la sociedad norteamericana”. “Es evidente que hay ciertas minorías que tienen una consideración social o un status social muy inferior al que tienen los llamados ‘whites’ y eso motiva una desigualdad que es la que enciende la chispa en cuanto hay una actuación individual que prende ese fuego que luego se desborda”, ha explicado el destacado analista.

Trump contribuye a que crezca el racismo

Este es el volátil escenario en que se incrustó hace unos días el presidente Trump, desoyendo las advertencias de los líderes locales y estatales, que creen que su presencia en la ciudad de Kenosha sólo contribuye a crear más división y tensiones. La NAACP (la histórica asociación de defensa de los derechos de los negros) dijo que ningún candidato debería visitar por ahora la ciudad, ni el republicano ni el demócrata, Joe Biden.

Según la Casa Blanca, su visita pretendía ayudar a la ciudad a sanar sus heridas, aunque su lenguaje y sus gesto no parecían buscar la reconciliación. Sin distinguir entre alborotadores y manifestantes pacíficos, Trump ha tildado a los participantes en las protestas de “anarquistas”, “saqueadores” y “violentos” y se ha negado a condenar las acciones de Rittenhouse. Preguntado sobre si su visita no podría exacerbar las tensiones, dijo que “también puede hacer aumentar el entusiasmo y el amor y el respeto por nuestro país”.

 Un lenguaje tremendista

Trump presentó Kenosha como un ejemplo de lo que podría ocurrir en todo el país si los demócratas ganan las elecciones

“Voy a estar allí, del lado de las fuerzas del orden y de la Guardia Nacional porque han hecho un gran trabajo en Kenosha. Apagaron las llamas de inmediato”, afirmó el presidente, que no deja de arrogarse el mérito de haber frenado la violencia cuando en realidad fue la decisión de Evers, un demócrata, lo que permitió el despliegue de la Guardia Nacional, un cuerpo de voluntarios del ejército.

A su llegada, la caravana de Trump fue recibida por centenares de personas, una mezcla, pacífica, de simpatizantes y detractores con carteles de “Trump-Pence 2020”, Black Lives Matter, Blue Lives Matter (el movimiento que defiende a la policía) y Joe Biden.

Acompañado del fiscal general, Bill Barr, el presidente visitó algunas de las tiendas atacadas durante los disturbios de la semana pasada. Todos iban protegidos por mascarillas salvo el presidente, empeñado en que la pandemia parezca una cosa del pasado.

Después debía celebrar una mesa redonda con las fuerzas del orden locales. Su agenda no incluía ninguna cita con los familiares de Blake, que sigue hospitalizado y paralizado de cintura para abajo.

¿Cuál es la realidad actual del racismo en los Estados Unidos?

Durante el siglo XXI se ha hecho notar que existe discriminación y crímenes de odio, en Estados Unidos.

Sin entrar a analizar el preocupante fenómeno de la población carcelaria en que la mayoría de los reclusos son afrodescendientes y latinos, en 2018 la policía ha matado a 709 personas en Estados Unidos, según The Washington Post. De esas personas, 323 eran de raza negra. Esto supone el 44,16% de los asesinatos que ha cometido la policía estadounidense. Así, casi la mitad de los asesinados eran negros, dato que no corresponde con el porcentaje de población negra en Estados Unidos: el 12%.

Por su parte, los crímenes de odio en este país son poco reportados porque los latinos tienen miedo’, asentó Lisa Navarrete, vicepresidenta del Consejo Nacional de La Raza (NCLR).

La directiva de la mayor organización de promoción de los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos, declaró en entrevista que los crímenes de odio contra los latinos son, por lo tanto, ‘subestimados’ dentro de las estadísticas oficiales.

De acuerdo con cifras de la Oficina Federal de Investigación (FBI), los crímenes de odio contra la población de origen hispano en Estados Unidos aumentaron

40 por ciento de 2003 a 2007, cuando alcanzaron su máximo nivel, al ubicarse en 830 víctimas.

En 2017, el número de latinos víctimas de crímenes de odio -ataques motivados por el origen étnico o nacional, preferencia sexual o creencia religiosa- fue de 792.

Mientras tanto, en 2018 -el último año del que el FBI dispone de cifras respecto a los crímenes de odio-, la cifra fue de 877 víctimas hispanas.

Los latinos, sin embargo, tienen cada vez menos incentivos para reportar un crimen a la autoridades. Muchas de esas personas, como han documentado varios organismos civiles, han sido deportadas luego de su arresto por reportar crímenes en su contra.

Resumiendo, Estados Unidos siempre ha sido y sigue siendo una sociedad en la que el racismo, al igual que la violencia, constituye uno de los pilares de la cultura nacional.

Sabedor de esta coyuntura, el corrupto mandatario yanqui se aprovecha de la misma, como hiciera en el pasado Hitler con los nazis en Alemania, para incitar a las hordas de supremacistas blancos que le apoyan para tratar de ganar la presidencia en las próximas elecciones, ¡no importa si con ello lleva a su país y la humanidad a la debacle!.

fin   

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