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Por: Laura Mercedes Giráldez

«La Revolución no triunfó con una varita mágica en la mano para convertir en barrios residenciales a los barrios marginales», sino que se ha trabajado en el mejoramiento de las condiciones en esos sitios; sin embargo, «hay barrios transformados radicalmente, pero que con el tiempo han ido perdiendo esas transformaciones», precisó Gerardo Hernández Nordelo, coordinador nacional de los CDR, quien explicó que en la capital habanera existen 62 comunidades donde hay personas que no cuentan con las condiciones óptimas en sus viviendas, «es una verdad triste, dolorosa, pero es nuestra verdad».

De igual forma, resaltó el esfuerzo que se está haciendo para sacar adelante a esas localidades, a pesar del persistente bloqueo del Gobierno de Estados Unidos, que apuesta por subvertir el orden interno y provocar un estallido social, precisamente, desde esos territorios menos favorecidos.  

El Héroe de la República, a quien hemos visto constantemente recorriendo los barrios habaneros para intercambiar con el pueblo, subrayó que esas acciones no se están haciendo debido a los disturbios ocurridos el pasado 11 de julio, como se quiere hacer creer, sino que dicho trabajo está proyectado desde el 8vo. Congreso del Partido.

Por otra parte, advirtió que esa labor que se está llevando a cabo y que debe ser permanente, no se trata de intervenir en las comunidades, sino de trabajar de acuerdo con sus necesidades reales, sobre lo cual hay que crear conciencia, insistió.

Geydis Fundora, investigadora y profesora de la Facultad Latinoamericana para las Ciencias Sociales, conversó acerca del trabajo que lleva a cabo esa academia junto a distintos organismos para incidir sobre las desigualdades presentes en la sociedad cubana actual, así como se detuvo en las formas de organización de las comunidades para atender esas diferencias.

Tales investigaciones –comentó la especialista– arrojaron desafíos sobre los cuales se debe actuar, a la vez que demostró que la mejor fórmula para, en el contexto de la Revolución, solucionar las desigualdades, es la incidencia en los escenarios territoriales a partir de proyectos de desarrollo local, políticas públicas y espacios de consulta popular.

El periodista Pedro de la Hoz, vicepresidente de la Uneac y miembro de la Comisión de Gobierno para llevar adelante el Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, se refirió a la creación, en 2009, de la Comisión Aponte, de la cual es coordinador, un espacio fundado en el seno de la Uneac partiendo de debates en torno a la persistencia del racismo en nuestra sociedad.

Ese espacio fue creado –recordó el intelectual–, primeramente en La Habana, para luego extenderse al resto de las provincias del país. Fue venciendo etapas hasta que, producto de su propia experiencia, del movimiento antirracista y de prácticas académicas, dio un paso superior en 2019: la creación del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, encabezado por el Primer Secretario del Comité Central del pcc y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel. 

El Programa ha ido pasando del diagnóstico revelador a la acción, que es donde, según palabras de De la Hoz, radica su éxito. «Se trata de una mirada poliédrica a problemas que afectan transversalmente a la sociedad cubana y que exigen, para su definitiva erradicación, políticas y medidas adoptadas a partir de sólidas bases científicas y fundamentos ideológicos, como los que ahora mismo se están perfilando».

Al respecto, manifestó que «hay muchas desventajas sociales, vulnerabilidades; admitimos que la Revolución tiene una deuda social que se ha agravado en todos estos años debido al bloqueo. Podríamos haber avanzado mucho más si las finanzas fluyeran, si la Banca Internacional nos permitiera negociar normalmente. Sin embargo, hay una legitimidad, se reconoce que la Revolución ha avanzado más que nunca en el tema de la dignidad de los negros y mulatos, y en atender ese problema, aun cuando quedan cuestiones que resolver, pero que están implementadas en el Programa Nacional». 

Asimismo, reconoció que, si bien por un lado las acciones que se llevan a cabo en ese sentido las coordinan el Gobierno de la nación y el Ministerio de Cultura, es indispensable la participación de la sociedad civil, de la que forman parte diversas organizaciones, así como activistas en los propios barrios y comunidades.

Pedro de la Hoz envió un saludo a Black Lives Matter, movimiento internacional de la comunidad afroestadounidese, «que ha echado pie en tierra con nosotros», dijo.

Joel Suárez, activista social, coordinador ejecutivo del Centro Memorial Martin Luther King Jr., concentró su atención en la recreación de los valores y los rasgos que le han sido distintivos a la Revolución Cubana en las condiciones tan adversas a que se enfrenta, como mismo lo hacen los distintos movimientos y fuerzas populares en América Latina.

Luego de un recuento por el escenario internacional, Suárez hizo hincapié en la clara vocación y decisión del país de un ejercicio de encuentro permanente con el pueblo, lamentablemente muy limitado debido a la pandemia, lo cual constituye un punto de partida para diseccionar los problemas de la sociedad cubana, donde perviven la desigualdad y la discriminación racial. «En la medida en que reconozcamos los problemas podremos encaminar con más eficacia su solución, convertir los reveses en victorias», concluyó. 

La joven periodista Claudia Rafaela Alba Ortiz, integrante de la Red En Defensa de la Humanidad, compartió experiencias novedosas que, en el campo de la comunicación, acompañan hoy diversos proyectos de desarrollo local. Sobre esas prácticas observó que no se pueden hacer cambios en las localidades si no se conoce de cerca la realidad que allí impera, para lo cual es imprescindible una retroalimentación entre la gestión pública y los ciudadanos.

Yuri Pérez Martínez, miembro de la directiva nacional de la Sociedad Cubana de Derecho Constitucional y Administrativo de la Unión de Juristas de Cuba, resaltó que nuestro diseño constitucional tiene muchas potencialidades para articular altos niveles de participación, pero tenemos que trabajar en esos instrumentos donde aún quedan problemas de eficacia y eficiencia, porque «el socialismo es un sistema que dignifica al ser humano no solo en lo material, sino también en lo espiritual». El socialismo –continuó–, implica generar permanentemente mecanismos de participación social en todos los ámbitos y espacios, donde prime la participación popular.

Finalmente, Manolo de los Santos, codirector ejecutivo de The People´s Forum e investigador en Tricontinental: Institute for Social Research, planteó que desde esa institución «hemos llegado a apreciar a Cuba, precisamente, porque no es un proyecto terminado, porque falta mucho por hacer». No ignora que a la Mayor de las Antillas le falta mucho por vencer en cuanto a la lucha contra el racismo, la homofobia; sin embargo, «persistimos porque vemos el nivel de guerra híbrida de los Estados Unidos hacia Cuba, el mismo Gobierno que nos oprime y nos explota aquí».

«Cuba tiene derecho a defender su proyecto de país, su posibilidad de tener errores, de experimentar y crear nuevas formas de organizar la sociedad», sostuvo, y exigió: «Dejen a Cuba vivir para que siga creando, para que siga inspirando no solo a su juventud a luchar, sino también a los jóvenes del mundo. Junto a Cuba queremos soñar un futuro distinto para la humanidad. No defendemos a Cuba porque sea buena, sino porque nuestros intereses están alineados por crear un mundo nuevo que como nombre y apellidos debe tener: Socialismo». 

Estas consideraciones trascendieron en el ciclo de encuentros Cuba en la hora actual, convocado por Casa de las Américas, la Unión de Periodistas de Cuba, la Uneac, la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, la Red En Defensa de la Humanidad, el Centro Memorial Martin Luther King Jr. y Resumen Latinoamericano, que culminó el pasado martes con el debate Participación, diálogos, construcción colectiva de la unidad.

Tomado de Granma

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