Foto: Internet

Acabo de llegar de la oficina de ETECSA. Cola, como siempre, pero LCB: la otra guerra me salvó de la incomodidad de esperar. Desde allí llamé a un ejecutivo de Cubavisión para verificar cuándo se transmitiría la segunda parte de esta temporada de la lucha contra bandidos. Me ratificaron que en septiembre y se armó la conversación entre personas que me escucharon.

Una señora me dijo que ella sabía lo que era eso: “Nací y me crié en El Escambray”. Un hombre aseguró que “esa serie la debían pasar en las escuelas”, y una tercera persona me preguntó “¿cogen al traidor verdad?”. Y de ahí el diálogo caminó hacia la importancia de transmitirle a las nuevas generaciones esas historias. Es cierto, el Ministerio de Educación tiene en esa obra excelentes clases para mostrarles a los estudiantes una época que no vivieron. El Dr. Humberto Sainz me comentaba unas horas antes:

“La serie está muy bien hecha. Yo por esa época hacía mi servicio social en Baracoa, allí había infiltraciones, ocho médicos donde hoy hay más de 400, sin caminos accesibles. Eso yo lo viví, pero mis residentes no, entonces se les debe recordar ese tipo de hechos que para ellos son páginas de un libro”.

Tanto en una como en otra charla sentí la satisfacción del resultado de plasmar la historia en un audiovisual. Amasarlo, llevarlo a la pantalla no ha sido fácil. Pregúntenle a Eduardo Martin Vázquez Pérez, guionista de quince capítulos; Alberto Luberta escribió cinco. Ese hombre amante de la historia (Duaba, la otra historia; Martí, el enigma) me dijo:

-Contamos con la ayuda de Pedro Etcheverry, subdirector del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado, quien nos facilitó cientos de documentos inéditos entre los que estaban el resumen de los expedientes de esas 46 bandas. Hablamos con combatientes, víctimas, sobrevivientes de emboscadas y campesinos infiltrados en la contrarrevolución. Por su parte, Luis Rodríguez nos guío a partir de su propia experiencia como jefe del Buró de Bandas en ese periodo.

“Me preguntas por personas a las cuales los guiones deben agradecerle. A riesgo de ser injusto, recuerdo todo el aporte vivencial de los oficiales retirados de la DSE José Luis García, y Juan González. A Humberto Rodríguez, director del Museo de Jagüey Grande, quien puso en nuestras manos parte de su archivo. Con Lucy Villegas hablamos de lo lindo Alberto y yo. Ella era la encargada del traslado de las familias más comprometidas con la contrarrevolución. Algo que hace en la serie el personaje de Miriam (Daliana González). Quiero hacer una mención especial a Rodolfo Ortega, TC del MININT todavía en activo. En sus funciones de interrogador conoció a muchos de los personajes que nos sirvieron de referentes para crear bandidos y sus colaboradores”, asegura y continúa:

-Hay algo importante que no he visto reflejado en las informaciones publicadas por la prensa: el papel de la FAR para la producción del serial. Sin su aporte no se estaría terminando de grabar. Honrar honra. Son muchas las personas que reclaman mayor presencia de nuestra historia en la pantalla. El asunto se complica cuando nos damos cuenta, que cada cual imagina como debe presentarse esa historia. Abundan los que ven el valor de la televisión y el cine como medio de enseñanza de la historia, especies de ilustración de libros orales.

-No faltan los que dicen “eso no fue así” y otros que argumentan “sí fue así”, pero no es educativo presentarlo en la televisión. Las dificultades aumentan cuando tratamos un periodo del cual viven participantes. Sin obviar las reales carencias materiales para realizar cualquier obra de época. En todas esas dificultades pienso cada vez que voy a comenzar una nueva obra. Entonces viene a mi mente aquellos  versos de Fayad Jamis, “con tantos palos que te dio la vida / y aún sigues dándole a la vida sueños”. Y comienzo a escribir.

Pero no todo es ficción. Están narrados, por ejemplo, los dos asesinatos de niños y la conmoción que causó en Bolondrón.

Son veinte capítulos de 45 minutos cada uno, en total, filmados un cincuenta por ciento en las instalaciones de Managua y el resto en Matanzas, Artemisa y otras locaciones. De hecho la historia se centra en la lucha contra los alzados en la Atenas de Cuba donde de 1959 hasta 1965 pasaron por 46 bandas más de 800 alzados, con una situación muy compleja, y en la actualidad sigue siendo una historia poco conocida

La producción de Tony Angulo fue eficaz porque la historia logra una coherencia visual, a pesar de las disímiles áreas de filmación. En ese sentido la dirección de arte de Niels del Rosario es muy buena, como eficaz resulta la dirección de fotografía de Alexander Escobar y la edición de Dayron Vegaz. Margarita Ruiz fue asesora de dramaturgia.

Se destaca la música original de Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán, que sólo con unos acordes indica el inicio de la serie. Alejandro Padrón en el diseño de la banda sonora y Maykell Alfonso en el sonido directo contribuyen a que se logre esa relación sonora que resulta imprescindible en un buen producto audiovisual.

Del elenco ¿Qué decir?: Fernando Hechevarría, El Gallo; y Osvaldo Doimeadios,  Mongo, espléndidos en sus actuaciones, devienen puntos en un colectivo protagónico: Nene (Jorge Enrique Caballero), Cloro (Johann Ramos), El Elegante (Luis Carrere), el gordo Yeyo (Rolando Rodríguez) y se agregan otros nuevos como Enrique Bueno con El Poeta, Andro Días como Isaac y Pedro Antonio Martínez como Pachanga.

Jorge Treto incorpora a Felo Sánchez, un jefe de banda que está en los 20 capítulos. Jorge Martínez, Aramís Delgado, Alain Aranda, René de la Cruz, Daysi Quintana, Betty Viñas, Hilario Peña, Emilio del Valle, Sheril Zaldivar, Keny Cobo, Gabriela Ramírez, Jennifer de Armas y muchos artistas más forman parte del elenco.

En la actual temporada están también, y ¡muy bien!, el  agente Guayacol (Carlos Gonzalvo), ahora con mucha más participación. Porfirio (Félix Beatón) con su familia. Cierran los reincidentes con el capitán Hugo (Niu Bring), Tabaquito (Leandro Cáceres) y Víctor (Uly Anello), el agente de la CIA.

Roly Peña y Miguelito Sosa son los directores de esta serie. El primero me dijo: “Apenas ha salido el capítulo cuatro y lo que más me satisface es que todo el colectivo de trabajo se siente satisfecho por haber trabajado en la serie. Los criterios y comentarios llegados a nosotros desde diferentes edades son muy positivos y esto nos conmueve porque la historia está siendo aceptada en nuestro pueblo. ¿¡Qué decirte!?… Seguiré trabajando sobre temáticas históricas y lo haré pensando que siempre funcione para el bien de nuestra nación.” Bien que lo sé: Ya sueña con una tercera temporada de LCB, en Pinar del Río. ¡Que así sea!

Ahhhh ¿qué pasa con el traidor (Alain Aranda)?… Lo veremos a partir de septiembre, cuando se transmitan los otros diez capítulos, porque cómo dice El Gallo: “la naranja hay que partirla al medio”, sin cortapisas y con seguridad, así fue en  la ficción… y en la realidad.

Cubadebate

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