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La relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Agnes Callamard, demostró su valentía y dignidad, durante la presentación del informe sobre el uso de la fuerza con tecnología de drones al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el pasado 9 de julio de 2020, donde señaló a Estados Unidos como responsable injustificado del asesinato de General iraní, Qassem Soleiman y otros acompañantes, mediante el empleo de un dron artillado, el pasado mes de enero en Irak, cuando se dirigía al aeropuerto internacional de Bagdad.

La relatora especial, aseveró sin temor alguno:

“Vistas las pruebas suministradas hasta ahora por Estados Unidos, tomar como objetivo al General Soleimani, y matar también a quienes le acompañaban, constituye un asesinato arbitrario del que Estados Unidos es responsable, en virtud del derecho humanitario internacional”.

Sin pelos en la lengua apuntó: “Estados Unidos no entregó ni una sola evidencia de que el General iraní estuviera planificando un ataque inminente, contra intereses de Estados Unidos en Iraq”, lo que puso al descubierto el asesinato premeditado para eliminar a los líderes que se oponen a sus políticas imperiales, algo muy utilizado por Washington.

La lista de asesinatos de gobernantes que no son del agrado de los yanquis es amplia, entre ellos los planes contra Fidel Castro, más de 500, aunque la investigación realizada por Comité Selecto de la Comisión de Inteligencia del Senado, conocida como Comisión Church, creada para investigar esos planes diseñados por la CIA, solo admitió ocho, hechos suficiente para demostrar el delito de asesinato contra seres humanos que realiza sistemáticamente Estados Unidos, sin que sean sancionados.

El informe sobre el uso de la fuerza con tecnología de drones, demostró que el ataque para asesinar al General Soleimani, con el uso de drones armados en un tercer país, no tenía ninguna base legal, y Estados Unidos carecía de evidencias sobre la existencia de planes para causar daños mayores contra instalaciones norteamericanas, que justificaran ese crimen.

La reacción justificativa de Washington fue rápida y como siempre, emplearon la arremetida como su táctica de defensa ante hechos innegables, que los responsabiliza ante el mundo por su actuación criminal.

El mismo presidente Donald Trump justificó el asesinato de Soleimani, bajo el falso argumento de que el General “preparaba ataques inminentes contra diplomáticos y militares estadounidenses”, sin presentar una sola prueba.

El informe de la relatora afirma que, analizados los argumentos presentados por Estados Unidos, se concluye que “la manera de actuar de Estados Unidos fue ilegal y violó la Carta de Naciones Unidas”.

La prepotencia yanqui no está acostumbrada a enfrentarse a esas acusaciones, a pesar de que ellos son los mayores violadores de los derechos humanos del mundo, al llevar a cabo guerras para apoderarse de los recursos naturales de otros países, asesinar a quienes se oponen a sus políticas, donde su propia policía maltrata y asesina a los negros, solo porque no aceptan el color de su piel.

Al conocer el texto de una resolución que sería presentada en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde se señalaba a Estados Unidos por violar los derechos raciales de sus ciudadanos, tras la muerte de George Floyd, las presiones políticas generadas desde el Departamento de Estado yanqui, no se hicieron esperar.

Como resultado de sus manipulaciones chantajistas, la mención específica contra Estados Unidos fue excluida de la resolución, lo que provocó la indignación de activistas contra el racismo, que responsabilizaron a Washington de presionar para revisar el texto.

Aunque Estados Unidos se retiró del Consejo de Derechos Humanos en 2018, se quejó de ser señalado en el texto inicial y el mismo Mike Pompeo, Secretario de Estado, hizo declaraciones donde calificó de “hipócritas” a los miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y añadió con toda desfachatez:

“La discusión en los Estados Unidos sobre la raza, después de la muerte de Floyd, es un signo de fortaleza y madurez de nuestra democracia”.

Para desviar la atención pública sobre Estados Unidos, arremetió contra el Consejo y expresó:

“Si el Consejo se tomara en serio la protección de los derechos humanos, hay muchas necesidades legítimas de su atención como las disparidades raciales sistémicas en lugares como Cuba, China e Irán”.

“Si el Consejo fuera honesto, reconocería las fortalezas de la democracia estadounidense e instaría a los regímenes autoritarios de todo el mundo, a modelar la democracia estadounidense y mantener a sus naciones con los mismos altos estándares de responsabilidad y transparencia que los estadounidenses aplicamos a nosotros mismos”.

Así se proyectan los que sistemáticamente violan los derechos humanos de sus ciudadanos y en otros lugares del mundo, manejando los medios masivos de comunicación a su favor, al reclutar editores y periodistas, como hicieron durante la conocida Operación Mockingbird, en la segunda mitad del siglo XX.

En los últimos tiempos, Estados Unidos ha sido duramente criticado en el Consejo de Derechos Humanos, por los casos de tortura en la ilegal cárcel en la base naval que tienen en Guantánamo, Cuba; por su política migratoria donde los niños latinoamericanos son ilegalmente separados de sus padres y encarcelados, hecho calificado de inescrupuloso, por el Alto Comisionado para Derechos Humanos, y el apoyo a los crímenes cometidos contra los palestinos por su aliado Israel.

Esos son los yanquis que fabrican listados de países “violadores de los derechos humanos”, cuando son ellos los máximos transgresores de las leyes internacionales y merecen ser sancionados por todos los organismos de la ONU.

Reconocimiento para el arrojo de la señora Agnes Callamard, porque como afirmó José Martí:

“Callar un crimen, es cometer otro”

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