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El pasado miércoles, 23 de octubre, Luis Almagro, secretario general de la OEA, recibió en Miami el Premio MasterMind Latino 2019. Fue alabado por su “aportación al diálogo, a la paz, a la democracia, al desarrollo sostenible y al progreso de los pueblos.” Hubo muchos aplausos y me imagino que algún tipo de fiesta.

El premio fue entregado por un Instituto Europeo de Inteligencias Eficientes[1] y Ismael Cala, “estratega de vida” y “emprendedor social” santiaguero que opera en Miami.

La eficiente inteligencia de esta “mente maestra” del pensamiento latino, lo llevó en su periplo miamense a tomar la tribuna del foro «Pasos del cambio en Cuba», realizado en un lugar llamado Torre de la Libertad.

El evento “teórico” sirvió de marco para la ratificación del “Acuerdo por la Democracia en Cuba”[2], pacto suscrito en 1998 y desde entonces ratificado periódicamente. Los “opositores” aluden que el documento es apoyado por más de 120 [sic] grupos de dentro y fuera de la isla.

Representantes de ese centenar de grupos aplaudieron a rabiar las declaraciones de la “mente maestra”, sobre todo cuando dijo que la “dictadura cubana” era “la peor de todas”. Sí, la “mente maestra” dijo eso. En un continente que sufrió a Pinochet, a Stroessner y a Videla, o a la dictadura cívico-militar de Uruguay, patria de Almagro.

Dijo más el Secretario General. Dijo que Cuba era una nación “prostituida”, “parasitaria”, una dictadura “fracasada”, “una dictadura corrupta e inmoral, que ha vaciado de derechos a su pueblo y pretende vaciar de derechos a otros pueblos”. O sea, que somos lo peor. Lo nunca visto.

Entre el público que aplaudía a rabiar, destacaba una muchacha bien parecida que responde al nombre de Carrie Filipetti, «número dos» del Departamento de Estado para Latinoamérica y la “cabeza visible” actual de la política imperial contra Cuba y Venezuela.

Carrie no desaprovechó el momento y también disfrutó de su cuarto de hora. La “mente maestra” y sus acólitos miamenses también aplaudieron de forma ensordecedora cuando anunció nuevas medidas contra el gobierno cubano.

Filipetti aprovechó también para alabar el «coraje» de los “periodistas y activistas” y condenar los atropellos que sufren nuestros benévolos opositores: en un país que no registra ni un solo periodista muerto o desaparecido desde 1959 (hecho insólito para la región y buena parte del mundo); en un país donde jamás se tortura a los prisioneros (salvo en la Base ilegal de Guantánamo); en un país donde no se ven ni gases lacrimógenos, ni balas de goma.

“Lo que ustedes apoyen, nosotros lo apoyamos”, dijo Carrie Filipetti a sus acólitos de ocasión.

La funcionaria estadounidense y la “mente maestra” de Almagro coincidieron en que es un imperativo restringir los recursos que van al “régimen cubano” de “manera desproporcionada». Asumo que las proporciones justas sean las de alguno de esos Tratados de Reciprocidad firmados durante la República Neocolonial.

Almagro fue más allá, manifestando que «las políticas de apaciguamiento solamente dan oxígeno», que debían «ser muy fuertes” y ejercer la “mayor presión». La región tiene una deuda con el pueblo cubano, dijo la “mente maestra”, una deuda que había que saldar.

Ni uno de los representantes de ese centenar de grupos de “activistas por los derechos humanos” habló en contra de las medidas de la Administración Trump, que han sido criticadas incluso por emigrados cubanos que no son precisamente simpatizantes de la Revolución. Todos aplaudían y sonreían, alegres de los “certeros pasos” tomados por el Imperio para arreciar el bloqueo y diezmar por hambre y necesidad la resistencia del pueblo cubano.

Ni una palabra de la “mente maestra” fue para Chile, donde más de un millón de personas marcharon para exigir el fin de las medidas neoliberales y la renuncia de Sebastián Piñera, y aún hoy continúan manifestándose mientras se enfrentan a la brutal represión policial.

Ni los muertos, ni los cientos de heridos, ni los miles de detenidos chilenos merecieron siquiera una declaración de la OEA. Tampoco se mentó el balance de ocho personas muertas y 1 340 heridos en Ecuador, tras la protestas por el paquetazo neoliberal de Lenin Moreno. Ni una frase tocó, siquiera de forma tangencial, la crisis política de Perú.

Nada. La OEA tiene su agenda muy apretada: su Secretario General solo tiene ojos para Cuba y Venezuela. Sobre todo Cuba, isla pequeña e incómoda que, tozudamente, se resiste a dejarse someter por un grupito de vividores y oportunistas, que en contubernio con la mayor potencia de la historia, pretenden deshacer un proceso revolucionario que ha contado y cuenta con amplio respaldo popular.

Me imagino que la fiesta posterior al “magno evento” haya sido muy divertida. Con menú variado y barra abierta. Esperemos que la “mente maestra” lo haya disfrutado: cuando pierda sus próximas elecciones (y aunque rabie y le eche la culpa a Cuba y al comunismo tropical), se le acabarán los cocteles y los brindis a su salud. Será otra figura olvidada más que agotó su utilidad para los planes de la reacción.


[1] El Instituto Europeo de Inteligencias Eficientes (IEIE) desarrolla programas de análisis, formación y fortalecimiento en estrategias de eficiencia para las empresas y las personas, desde niños hasta adultos, con más de 30 años de experiencia e investigaciones. Impulsa la creatividad, el talento, la inteligencia, el espíritu emprendedor, la reflexión, el conocimiento, las habilidades emocionales y, como resultado, el éxito personal y corporativo. Tiene sedes en España y Estados Unidos (tomado de EFE)

[2] Según Lincoln Díaz-Balart, se trata de los «principios fundamentales de la Nueva República» de Cuba.

Recordó el “destacado activista” por la causa cubana, que hace más de veinte años fue aprobado por el exilio y que «cada palabra fue consensuada». Consensuada entre ellos, los “artífices” de la “nueva Cuba”. ¿Y el referendo constitucional del pasado febrero? A ellos plin. ¿Qué importa lo que apruebe el pueblo de Cuba si sus “valerosos exiliados políticos” tienen otros planes?

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