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Los médicos cubanos cuentan con una destacada trayectoria a lo largo de nuestra historia. Sus hazañas eslabonan una tradición de compromiso con los destinos patrios, con la salud del pueblo, con la ciencia y la solidaridad.

Desde la manigua insurrecta, las cumbres de la Sierra Maestra, los llanos y ciudades, donde se libraba la más dura batalla contra el régimen de Fulgencio Batista, en las arenas de Playa Girón,  en todas las tierras de este mundo, donde se ha requerido «el concurso de sus modestos esfuerzos», han dejado grabada su epopeya.

En nuestras luchas por la independencia del colonialismo español es reconocida la actuación profesional y la labor como combatientes de los galenos cubanos. Más de 130 médicos participaron en las luchas por la libertad de Cuba, 14 de ellos dieron sus vidas, más de diez farmacéuticos y cinco dentistas.

No podríamos dejar de mencionar al doctor Fermín Valdés Domínguez, entrañable amigo de José Martí; ni a Isabel Rubio, mártir de la enfermería mambisa, o al general de brigada, doctor Juan Bruno Zayas Alfonso, uno de los jefes más estimados por Antonio Maceo en la campaña invasora.

Junto a los combatientes revolucionarios, que participaron en el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, se encontraba el doctor Mario Muñoz Monroy, asesinado cobardemente por los esbirros de Batista. En el yate Granma arribaron a Cuba dos médicos entre los 82 expedicionarios, el joven argentino Ernesto Guevara de la Serna, y el cubano Faustino Pérez Hernández.

En la Sierra Maestra combatieron y curaron a rebeldes, campesinos y soldados enemigos, los galenos Julio Martínez Páez, Sergio del Valle Jiménez, Oscar Fernández Mell, René Vallejo Ortiz, Eduardo Bernabé Ordaz, Manuel Piti Fajardo, este último caído en combate en la lucha contra las bandas contrarrevolucionarias en el Escambray.

Entre aquella pléyade de médicos rebeldes también se encontraba el Comandante José Ramón Machado Ventura.

Más de 40 de estos veteranos guerrilleros se reunieron, convocados por la heroína Celia Sánchez Manduley, en la dirección de nuestro diario Granma, a raíz del asesinato del Guerrillero Heroico en Bolivia, en octubre de 1967.

El 23 de mayo de 1963, un vetusto avión Britania, de Cubana de Aviación, con 29 médicos, cuatro estomatólogos, 14 enfermeros y siete técnicos de la Salud, viajó con destino a Argelia.

Se iniciaba así la primera misión médica internacionalista cubana en la historia de la Revolución, que marcaría un antes y un después cuando, de manera voluntaria, personal de la Salud de un país pobre del tercer mundo brindaba sus conocimientos y servicios a otro pueblo, sin mediar otra cosa que la solidaridad y el altruismo.

Un concepto nuevo de los servicios de Salud abría brecha en el mercantilismo de la medicina capitalista. Inspirado en las ideas de Fidel y del Che, el personal sanitario cubano ha escrito páginas imborrables de internacionalismo.

No por casualidad, la brigada del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias lleva el nombre de un mambí internacionalista, Henry Reeve.

En la rica Europa o las frías montañas cubiertas de nieve de Pakistán, en las selvas insalubres, en los poblados cargados de olvido y pobreza, en las arenas de los desiertos, comenzó a ondear la bandera de la estrella solitaria. Allí, donde nunca antes había llegado alguien a sanar cuerpos y almas, han estado los médicos de Fidel.

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