Una forma de agresión denunciada por Fidel Castro en reiteradas ocasiones

Pedro Etcheverry Vázquez

Introducción

Durante más de medio siglo el Gobierno de Estados Unidos ha utilizado los conocimientos científicos, los recursos y las técnicas de guerra biológica, como una de sus armas más ocultas en la política de hostilidad y agresiones que mantiene contra Cuba.

La característica común de las agresiones biológicas que ha sufrido nuestro país, es su coincidencia en el tiempo con el impulso del Gobierno Revolucionario a los principales planes de desarrollo de actividades productivas específicas destinadas a fortalecer la capacidad exportadora de la nación y la base alimentaria del pueblo.

En esta forma de agresión es muy difícil determinar la identidad del agresor y más difícil aún probar su responsabilidad, porque los medios orgánicos que se utilizan se encuentran en la naturaleza, son muy factibles de enmascarar, solo se necesita una pequeña porción de insectos o ácaros,  o una mínima dosis de virus, bacterias, hongos o toxinas, causantes de plagas y enfermedades infecciosas con peligro para la vida de personas, animales y plantas, tienen una acción retardada, logran efectos devastadores, y el ejecutor del hecho no corre el riesgo de contaminarse.

Las cepas aisladas y las plagas utilizadas son resistentes a los tratamientos usuales, y poseen características que no se corresponden con las encontradas en cepas normales en condiciones naturales. Constituyen gérmenes producidos y modificados en laboratorios especializados de forma artificial, con la finalidad de dificultar su enfrentamiento y ser utilizados como armas muy dañinas en una guerra biológica.

A lo largo de los primeros años de la Revolución cubana, estimulados por las campañas mediáticas y una política de trato preferencial, más de la mitad de los seis mil médicos con que contaba nuestro país emigraron hacia Estados Unidos. Les siguieron profesores, ingenieros, técnicos medios y obreros calificados de distintas ramas de la educación superior, la ciencia, la técnica, la economía y la industria, que decidieron asentarse en el territorio estadounidense en busca del “sueño americano”, sin pensar en la difícil situación en que dejaban a su patria, a merced de las agresiones de la potencia económica, industrial, científica y militar más desarrollada del planeta.

El 6 de abril de 1960, el Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos Lester Dewitt Mallory, reflejó en un memorando al Secretario Asistente de Estado Roy Rubottom: “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (…). Allí no hay una oposición política efectiva. (…) El único medio previsible para enajenar el apoyo interno, es a través del desencanto y el desaliento, basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. (…) Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba (…). Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno.” [1]

Por el contenido del párrafo anterior se puede concluir que tanto el gobierno estadounidense como sus agencias de inteligencia y subversión recurrirían a todos los medios y métodos que estuvieran a su alcance para matar de hambre a nuestro pueblo, derrocar el proceso revolucionario que tenía lugar en el país y poner fin a su ejemplo de soberanía e independencia nacional en América Latina.

I.- El comienzo de las agresiones

A mediados de 1961 una célula de la organización contrarrevolucionaria Movimiento Demócrata Cristiano (MDC) que actuaba clandestinamente en Camagüey, envenenó los bebederos de agua de una vaquería causando la muerte de numerosas reses. El hecho fue confirmado oportunamente por Concepción Cascante Cobos, miembro de la dirección nacional de esta organización, que en realidad actuaba como la agente “Cila” del G-2.

El 18 de enero de 1962 en un documento oficial del Gobierno estadounidense titulado Proyecto Cuba —dado a conocer en 1975— se pueden apreciar las tareas originales de la Operación Mangosta.

Una de estas tareas señalaba que para el 15 de febrero de ese mismo año la CIA tenía que someter a aprobación un plan para inducir errores en las cosechas alimentarias en Cuba.[2] Otra tarea planteaba un procedimiento para incapacitar a los trabajadores azucareros cubanos durante la zafra, mediante el empleo de medios químicos bélicos.[3]

Los dos renglones siguientes del texto de este documento, en los que cabe suponer que se precisaban los medios y los métodos que se emplearían para lograr este propósito, aparecen censurados. Evidentemente su contenido debe resultar tan repugnante que los encargados de la desclasificación consideraron conveniente mantenerlos en secreto.

Posteriormente el jefe de operaciones del Plan Mangosta general Edward Lansdale preparó un proyecto con las misiones a ejecutar por la CIA donde expresó: “…desplegar el bajo mundo cubano contra Castro, fracturar al régimen desde adentro, sabotear la economía, subvertir a la policía secreta, destruir las cosechas con armas biológicas o químicas, y cambiar al régimen antes de las próximas elecciones congresionales en noviembre de 1962.”[4]

Durante el verano, un agente de la Inteligencia Militar norteamericana entregó varios miles de dólares a un canadiense, para que introdujera en Cuba una enfermedad que infectara las tortugas.

En noviembre de 1962, cuando el racionamiento de productos básicos comenzaba a hacerse sentir en la canasta básica de las familias cubanas a causa del bloqueo económico, comercial y financiero, apareció repentinamente en las provincias de Pinar del Río, La Habana y Matanzas, una enfermedad altamente contagiosa denominada Newcastle, afectando más de un millón de aves de corral, y provocando daños por 3,4 millones de dólares.

Con estos hechos Cuba comenzó a ser objeto de agresiones biológicas con el propósito de sembrar el pánico en la población y provocar su desaliento, obligar al Gobierno Revolucionario a emplear cuantiosos recursos materiales y financieros en el enfrentamiento de los daños causados, y desestabilizar la situación interna a lo largo de todo el archipiélago.

El 29 de mayo de 1964 en zonas rurales de Sancti Spíritus descendieron objetos muy brillantes que al hacer contacto con la tierra se disolvían, dejando esparcida sobre el terreno una sustancia gelatinosa que se diluía en unas pocas horas.

El 2 de junio nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz denunció por primera vez el “probable empleo por los yanquis de la guerra bacteriológica contra nuestro pueblo”.

El 19 de enero de 1965 en la finca Santa Catalina, del poblado de Santiago de las Vegas, al sur de La Habana, descendió lentamente un globo de un material sintético parecido al plástico. Al impactar en el suelo estalló y esparció un extraño polvo blanco que se extendió por los alrededores afectando un cañaveral cercano, lo que provocó una contaminación que dio lugar a la pérdida de la plantación.

El 4 de septiembre de 1968 fue detenido en La Habana el ciudadano hindú R. S. Vasudero especialista de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que actuando al servicio de la CIA había introducido en Cuba el virus colletotrichum falcatumpara afectar la producción de azúcar. Se ocupó una parte del material biológico y se expulsó del país al visitante, pero la plaga causó enormes daños.

Durante los meses de noviembre y diciembre de 1969, en la 91 Sesión del Congreso de Estados Unidos, fue celebrada una audiencia para analizar los supuestos planes sobre el uso de armas biológicas contra Cuba.

Cuando le preguntaron al señor Pickering sobre este tema y respondió no conocer nada al respecto, un funcionario de apellido McCarthy expresó que el Comité de Relaciones Exteriores del Senado no era ajeno a ese asunto, añadió que había personas en el gobierno que conocían todas las actas del presente y del pasado, y concluyó señalando que sabía que esas informaciones estaban accesibles en sus actas.

Entre 1969 y 1970 el riego de nubes cercanas a Cuba con sustancias químicas fue realizado originalmente para obtener información con relación a un proyecto del Pentágono denominado The Cooling (El Refrescador), que trataba sobre los cambios climatológicos y el manejo de estados atmosféricos por razones políticas. En este periodo agencias especializadas del Gobierno de Estados Unidos trataron químicamente las nubes sobre Cuba para dañar la cosecha azucarera.

A principios de 1971 fuentes norteamericanas revelaron que las modificaciones atmosféricas provocadas para crear inundaciones y arruinar las cosechas en Cuba, fue una tarea encomendada a la International Research and Technology Corporation.

Añadieron que en ocasiones cuando la isla había sido afectada por intensas lluvias, los científicos cubanos detectaron en las aguas altas concentraciones de plata, con niveles por encima de los promedios históricos, lo que confirmaba que los aguaceros habían sido provocados mediante el “bombardeo” de las nubes con nitrato y yoduro de plata, entre otras sustancias.

II.- La fiebre porcina africana

Poco tiempo después, durante ese mismo año, un recipiente que contenía el virus de la Fiebre porcina africana fue entregado a un agente de la CIA en Fort Gulick, una base militar de Estados Unidos en la zona del Canal de Panamá, con la misión de hacerlo llegar a una organización terrorista en Cuba.

Más tarde el recipiente fue enviado en un barco pesquero hasta la deshabitada Isla de Navassa, ubicada entre Jamaica y Haití, bajo el control del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, y en el mes de marzo fue trasladado a unos 160 kilómetros de distancia, e introducido en la ilegal Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo.

A principios de mayo de 1971 fueron detectados los primeros cerdos enfermos en el municipio de Boyeros en la capital cubana.[5] Los daños causados ascendieron a 10 millones 27 mil 536 pesos, 1 millón 500 mil dólares y 40 mil dólares por año.

En marzo de 1972 tuvo lugar la Convención de Armas Biológicas y Toxínicas (CABT) y el 12 de abril el Gobierno cubano fue uno de los países firmantes. Cuatro años después Cuba participó en el proceso de ratificación de sus postulados.

En 1973 se desató en Camagüey un incremento considerable de brucelosis en el ganado vacuno. Las investigaciones demostraron que un especialista en bacteriología del Laboratorio Provincial de Diagnósticos Veterinarios, alteraba los resultados de los diagnósticos realizados, reportando los positivos como negativos y viceversa, lo que trajo como consecuencia una gran pérdida de cabezas de ganado, pues las reses sanas se mandaban a sacrificar y las enfermas se mantenían en los rebaños, propagando la enfermedad. Al ser detenido reveló que actuaba de esa forma por indicaciones de los servicios de inteligencia norteamericanos.

En febrero de ese mismo año se volvió a detectar la presencia de Newcastleen varios criaderos de pollos.

El 9 de enero de 1977, un cable de la UPI dio a conocer: “Newsday, diario de Long Island (Nueva York), dijo hoy que “al menos con apoyo tácito de la CIA, agentes ligados a los terroristas anticastristas introdujeron el virus de la fiebre porcina africana en Cuba en 1971.”

“Seis semanas después, un brote de la enfermedad obligó a las autoridades sanitarias de Cuba a sacrificar 500 mil cerdos, a fin de evitar una epidemia animal de proporciones nacionales.

“[…] Era la primera vez que la enfermedad se manifestaba en el hemisferio occidental.

“Se sabe por propia admisión que en los momentos en que se produjo en Cuba el brote de la fiebre porcina africana, la CIA y el ejército de Estados Unidos estaban experimentando con venenos, toxinas mortales, productos para la destrucción de cosechas y otras técnicas de la guerra bacteriológica”. 

El 3 de febrero de 1977 durante una entrevista que Fidel concedió al periodista norteamericano William Moyer, expresó: “…llevamos dieciocho años sufriendo agresiones, y detrás de todas esas agresiones ha estado la CIA: cuando la subversión en Cuba, que lanzaron miles de armas en aviones o las desembarcaron por mar, la CIA negaba los hechos; cuando la invasión de Girón, la CIA negaba los hechos, los aviones que  nos bombardearon procedentes de Nicaragua, decían que eran aviones cubanos; cuando nosotros denunciábamos que se preparaban atentados contra dirigentes de la Revolución, la CIA lo negaba; cuando nosotros denunciábamos que se preparaban planes de guerra bacteriológica contra Cuba, la CIA lo negaba. No ha ocurrido absolutamente nada en estos años que la CIA no lo haya negado; y sin embargo, la historia se ha encargado de demostrarlo después.”

Durante el transcurso de este año 1977 se detectó el Carbón de la Caña en el municipio Pilón, en Oriente.

En septiembre de 1978 fue detectada en Holguín la Roya de la Caña. Hubo que demoler el 30 por ciento de las plantaciones cañeras. Se sustituyeron 480 mil hectáreas, incluyendo la variedad Barbados 4362 una de las de mejores rendimientos agrícolas e industriales entre todas las que se habían sembrado en Cuba.Se dejó de producir 1 millón 500 mil toneladas métricas de azúcar. Los daños se calcularon en 805 millones de dólares.

En 1979, dos años antes que se desatara la epidemia de dengue en Cuba, durante el XIV Congreso Internacional del Océano Pacífico, el coronel Phillip Rusell informó que un grupo de especialistas norteamericanos en guerra biológica habían sido los únicos en obtener una variedad del mosquito Aedes aegypti asociada a la transmisión del virus del dengue serotipo 02.

En mayo de 1979, Orlando Argudín López, el agente “Rolando” de la Contrainteligencia cubana, contactó en París con “Bernardo” un oficial de la CIA quien se refirió a un grupo de enfermedades que estaban introduciendo en Cuba para dañar la salud de las personas y los animales. A este agente le causó una desagradable impresión aquel individuo, debido a que los resultados que su interlocutor esperaba obtener con ese tipo de operaciones encubiertas, se podían traducir en dolor y luto para su pueblo, pero también para su propia familia.

En octubre de ese mismo año, el sobrecargo de la compañía Cubana de Aviación, Ignacio Rodríguez-Mena Castrillón, el agente “Isidro” de la Contrainteligencia cubana, contactó en el hotel Sideral, en Madrid, con “Nicolás” otro oficial de la CIA, quien se interesó en conocer si en las aeronaves cubanas se transportaban productos para combatir la Fiebre porcina.

En noviembre de 1979 brotó en Villa Clara el Moho azul del tabacocuando las posturas no respondieron a los tratamientos fungicidas utilizados convencionalmente. Se trataba de una cepa desconocida, con las características de los llamados super gérmenes utilizados en las agresiones biológicas. Causó considerables daños en las plantaciones por 374 millones de pesos por pérdidas en la producción, 475 millones 200 mil dólares por afectaciones en las importaciones y 3 millones 200 mil dólares en gastos anuales para su control. Los efectos de esta plaga produjeron pérdidas del 80 por ciento del tabaco.

El Moho Azul se comenzó a expandir simultáneamente y con una alta virulencia por todos los territorios dedicados al cultivo del tabaco. Provocó la disminución en las exportaciones y la afectación al consumo nacional tuvo que ser cubierta con importaciones.

El Programa de Defensa Fitosanitaria tuvo que sufrir importantes modificaciones que trajeron como consecuencia la introducción del uso del Ridomil y el Bromuro de Metilo, lo que presentó una erogación de  2,314 dólares como promedio por año, para enfrentar una enfermedad que se convirtió en endémica.

En enero de 1980 fue detectada la Fiebre porcina africanaen el municipio de Baracoa, Guantánamo. Un estudio epizootiológico retrospectivo, demostró que la enfermedad se inició a finales de 1979 a través de focos que fueron confundidos con otras enfermedades del cerdo en los municipios Niceto Pérez, Guantánamo, Caimanera, El Salvador, San Antonio del Sur, e Imías.

Como resultado de movimientos de animales, después la enfermedad penetró en Santiago de Cuba y Holguín. Se pudo comprobar la aparición de dos cepas diferentes del virus introducido: una variante modificada en laboratorios, de baja patogenicidad, que se incrementaba a medida que se propagaba dentro de los animales susceptibles y en el transcurso del año apareció una segunda cepa, con gran virulencia, que afectó al municipio de Imías en cerdos del sector privado. Tuvieron que ser sacrificados173 287cerdos y se incineraron otros 123 250.

Durante la investigación dirigida por la Doctora Rosa Elena Simeón Negrín se descubrieron dos cepas virales aisladas en aves migratorias muertas, que fueron identificadas como del virus de la Fiebre Porcina Africana.

Después de otras pesquisas más profundas los científicos cubanos determinaron que siendo este virus específico de los cerdos, se transformó y adaptó artificialmente para “vehiculizarlo” por medio de las aves.

Como este resultado científico solamente se puede lograr  de forma intencional y con depuradas técnicas de ingeniería genética y biotecnología, se llegó a la conclusión de que esta enfermedad fue utilizada como arma biológica en una agresión subversiva dirigida contra Cuba.


[1]Foreign Relations of the United States, 1958-1960, Volume VI, CUBA, Department of State, Washington, p. 885.

[2]Foreign Relations of the United States, 1961-1963 Volume X, Cuba 1961-1962, Department of State, Washington, 1997, The Cuba Project, p.717.

[3]U.S. Senate, Alleged Assassination Plots Involving ForeingLearders: An Interim Report of the Select Commitee To Study Government Operations With Respect to Intelligence Activities, United State Senate, 94th Congress, 1st Session, Report No.94-495, Washington: U.S. Government Printing Office, 1975, pp.K.10-K.11

[4]Legado de Cenizas, La historia de la CIA, Tim Weiner, Doubleday, New York, 2007, pp.184-185

[5]Demanda del Pueblo de Cuba al Gobierno de Estados Unidos por Daños Humanos, Editora Política, La Habana, 1999, p.30

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