Internet
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(Parte 1)

Desde hace tiempo se venía debatiendo el tema del uso responsable de las redes sociales en Cuba, algo que progresivamente ha ganado protagonismo en diferentes espacios debido a las campañas mediáticas de occidente contra gobiernos progresistas del mundo, con un marcado énfasis en América Latina y el Caribe.

Este fenómeno, producto de una era poscomunicativa, nos hace pensar como sociedad en expresiones que desde la legalidad nos permita protegernos de la influencia premeditada, planificada e intencionada del imperio, el mismo que destina cuantiosos recursos y fondos para provocar una revolución interna en Cuba.

Una revolución de colores, golpe blando, guerra hibrida o guerra de cuarta generación promovida desde los grandes medios, diferentes plataformas en sintonía con los intereses de Washington y actores subversivos que operan desde las redes.

Así, caemos en un contexto delicado y convulso, Cuba, una sociedad bloqueada por más de 60 años por la primera potencia económica y militar del mundo, los Estados Unidos.

Ese acto genocida, de bloquear a una nación pequeña y subdesarrollada, ya es de por si un crimen de lesa humanidad, pero en el proceso pudiera ser visto como uno de los actos criminales y antidemocráticos más crueles de la historia.

Ciertamente, el bloqueo ha influido en nuestra sociedad de manera significativa, el mismo ha distorsionado el entramado económico, político y social de toda una nación que solo desea vivir en paz, como un pueblo libre y soberano, en su propio camino hacia un desarrollo próspero y sostenible.

Se sabe de antemano que una Cuba soberana y próspera es algo que al imperio no le hace gracia, no le conviene que los pueblos tengan voz propia, que piensen e intenten crear una red global basada en la cooperación, el beneficio mutuo y la solidaridad.

Por eso, este, usando sus viejos, obsoletos, pero aún poderosos tentáculos, maniobra desde los vestigios de un conservadurismo religioso, supremacista y neoliberal que se traduce en diferentes partidos políticos, ONGs, organizaciones religiosas y grupos sectarios que configuran el contexto adecuado para librar una guerra simbólica en contra de la cultura viva de los pueblos. Todo, mediante una dictadura impuesta sobre los medios que mueven el flujo de información global.

De igual forma, los mismos medios, son dirigidos por una elite política que controla el mundo. Una pequeña élite que tiene a su disposición tanques pensantes, que utilizan el conocimiento científico para manipular la conciencia social.

Su influencia sobre la sociedad se materializa, también, a través de actores políticos que viven de una retórica de caos, manipulación, crisis, división y desestabilización.

Siguiendo esa línea, han logrado articular una superestructura comunicativa contestataria en Cuba. Esta superestructura comunicativa contestataria opera principalmente desde los famosos periodistas «independientes», intelectuales, «emprendedores» de la comunicación y sectores reaccionarios de la Cultura, sobre todo del área de las letras, las artes visuales, y la música.

También han logrado movilizar a grupos marginales y sectores en desventaja social, cosa que sigue la máxima del imperio de colarse a través de las fisuras de nuestra sociedad, fisuras que en su mayoría son resultado del bloqueo impuesto por el mismo imperio a nuestro pueblo.

La influencia marcada de estos sectores reaccionarios sobre nuestra sociedad se ve amplificada desde plataformas digitales. Plataformas que, generalmente operan fuera de Cuba y se apoyan en operadores internos que reciben financiación proveniente del exterior.

Las pruebas indican, que, en su mayoría, de manera directa o indirecta, reciben dinero del gobierno de los Estados Unidos, siendo parte integrante de su política injerencista hacia Cuba, así como de su política de exterior para la América Latina y el Caribe.

Ciertamente, el enemigo no anda jugando, el 11 de julio en Cuba es un claro ejemplo de lo peligroso que puede resultar subestimar el escenario mediático, un catalizador de diversos intereses económicos políticos y sociales que se expresan desde un discurso de posverdad para llevar a cabo una guerra de dominación cultural sobre la mayoría.

Muy convenientemente, se ha tratado de crear un estado de opinión global y nacional, de que, en Cuba, el gobierno no permite a los cubanos acceder a internet violentando el derecho del pueblo a expresarse y dar su criterio por medio de las redes sociales.

En contraposición, es necesario dejar claro que Cuba sigue el principio fundacional de la creación de la red de redes, expresado por su creador, Tim Berners-Lee. El mismo que imaginaba la web como una «plataforma abierta» que permitiría a todas las personas, en todas partes, compartir información, «tener acceso a oportunidades» y «colaborar más allá de límites geográficos y culturales».

De manera similar, también coincidimos en tres aspectos que preocupan al fundador de la conocida World Wide Web (WWW) o red informática mundial.

El primero está relacionado con la privacidad de los usuarios en cuanto a su información personal y la transferencia de datos. El segundo tiene que ver con el auge de las informaciones falsas o fake news que generan una distorsión entre el discurso y la realidad, confundiendo a las personas, manipulándolas y creando un caos informativo que se traslada a la sociedad en forma de acciones inducidas, para beneficio de terceros.

Por último, se encontraría el control de los gobiernos sobre la red de redes. En este aspecto, destacar el hecho de que los monopolios de la comunicación, o sea, las transnacionales que controlan el flujo informativo, se concentran el mundo desarrollado y responden a intereses políticos, económicos y financieros, en contraste con su escasa conexión con el público en general, dada su necesidad de informarse y comunicar entre sí.

Del mismo modo, coincidimos con el padre de la WWW, el cual ha hecho especial énfasis en la facilidad con la que se puede difundir informaciones erróneas y bulos que se propagan a través de distintas publicaciones en internet.

Este considera a su ves que, «hoy en día, la mayoría de personas encuentra noticias e información en la web por medio de apenas unas cuantas redes sociales y motores de búsqueda. Estos sitios ganan más dinero cuando hacemos clic en los enlaces que nos muestran«.

Lo más escandaloso, es que las páginas y buscadores eligen el contenido que mostrar a los usuarios. Para ello, utilizan algoritmos que adquieren una especie de conocimiento acerca de estos a partir de la información personal que extraen de estos de manera constante.

De ese fenómeno Berners-Lee expresa que «el resultado final es que esos sitios nos muestran contenido en el que creen que haremos clic, lo que significa que la información errónea o ‘noticias falsas’, algo sorprendente, sobrecogedor o diseñado para apelar a nuestras preferencias, se puede esparcir como reguero de pólvora».

Hoy día, las personas se informan a través de un reducido número de plataformas y se aprecia una creciente sofisticación de los algoritmos, los cuales extraen una gran cantidad de información de los usuarios para elaborar o crear noticias y anuncios preconcebidamente. Su intención, influir sobre la conciencia de estos, modificando así, su forma de pensar y su conducta social.

Asimismo, destacar el uso de ejército de bots y trols. Los «bots» son resultado de un alto desarrollo de una inteligencia artificial que ha mutado a algoritmos con un don de palabra. Para que nadie quede desprovisto de una explicación sencilla, un «bot» es un programa informático que simula el comportamiento humano, realizando automáticamente tareas repetitivas como enviar mensajes, e-mails o post en redes sociales. Por otro lado, un «trol» o «hater» es un usuario que busca provocar, ofender, o empobrecer de algún modo la conversación dentro de una comunidad online. Esto puede ocurrir en un blog, un foro o un perfil de usuario.

La existencia de ejércitos de «bots» se muestra, de igual forma, como preocupación para el padre de la red de redes y en general, pues, si bien estos son útiles para dinamizar ciertos procesos en el mundo de las telecomunicaciones, los mismos pueden ser un arma poderosa y efectiva para quienes tienen malas intenciones.

Así, cualquiera, con el conocimiento informático, puede usar un ejército de bots para difundir información errónea con determinados intereses económicos y políticos.

Teniendo en cuenta lo antes mencionado, se puede ver un claro vínculo en las preocupaciones del creador de la WWW y los sucesos ocurridos el 11 de julio en Cuba, sucesos que fueron promovidos desde el exterior mediante una campaña mediática con los hashtags #SosCuba #SosMatanzas.

Esta escalada mediática fue promovida y financiada por sectores de la ultraderecha en la Florida, los cuales utilizaron ejército de «bots», «trols» y usuarios vinculados directa o indirectamente a la contrarrevolución interna y externa en Cuba. Su intención, claramente, era provocar un estallido social que condujera a un cambio de régimen en la isla.

Desde ese día, la guerra mediática contra Cuba aumentado en intensidad. Para ello han utilizado una superestructura global de desinformación y manipulación que por medio de fake news muestra una realidad creada a partir de un constructo de posverdad.

El objetivo, es vender una imagen de Cuba, como un país bajo un estallido social, en crisis epidemiológica, donde el pueblo es asesinado y masacrado por la policía en nombre del gobierno revolucionario.

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