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Para cualquier persona que siga la situación en Cuba, le es fácil percatarse de los planes de la CIA para intentar crear una oposición a la Revolución en varios frentes, pues embriagados ante la difícil situación económica que afecta al país, sueñan con el colapso del socialismo, como hicieron en los años 90, ante el desplome de Europa del Este y la URSS.

Los yanquis olvidan sus vaticinios en aquella década, cuando la misma CIA, el 10 de septiembre de 1991, en uno de sus documentos secretos titulado: “El impacto del cambio soviético en Cuba”, hizo una dramática evaluación, al fundamentar: 

“La pérdida de los subsidios comerciales soviéticos y la ausencia para La Habana de alternativas ventajosas similares, […] impulsará una aguda contracción posterior de la economía cubana” […] “El colapso del control comunista en la URSS […] acelerará la crisis política y económica en Cuba”.

En agosto de 1993, en su Estimado Nacional de Inteligencia sobre la compleja situación económica en Cuba, la CIA expuso:

“Existe una oportunidad mejor que nunca, para que el gobierno de Fidel Castro caiga en los próximos pocos años”.

Ante eso, llegaron a pronosticar los desafíos que enfrentaría el gobierno sucesorde una “Cuba post-Castro”, pero se quedaron con las ganas.

Ahora vuelven con sus sueños y retoman añejas acciones subversivas, al malgastar sus recursos financieros en fabricar “opositores” en el sector artístico y en el religioso, convencidos que la contrarrevolución de ciertos grupúsculos, como las “Damas” de Blanco y la UNPACU, no tienen seguidores y solo consumen parte de esos millones de dólares en beneficios personales.

Jonathan Ferrar, jefe de la misión diplomática en Cuba, alertó al Consejo de Seguridad Nacional y al Departamento de Estado, en un cable secreto del 15 de abril del 2009:

“Vale la pena preguntarse qué hace la oposición política cubana y qué papel puede desempeñar en el futuro” […] “Sin un verdadero milagro entre los líderes de la oposición…no es probable que el movimiento disidente tradicional pueda reemplazar al gobierno cubano”.

A pesar de tantos fracasos, los servicios de inteligencia yanqui repiten su añeja fórmula de fabricar una “oposición”, ahora entre artistas y religiosos, y en este último medio emplean a varios sacerdotes jóvenes y a su desgastada ficha, el laico Dagoberto Valdés Hernández, denunciado públicamente como agente de los norteamericanos, quien escudado en la iglesia católica conspira contra el Estado.

Al igual que Yoani Sánchez y Tania Brugueras, Dagoberto recibió la misma receta de galardones internacionales. Por eso en 1999 recibió el “Premio principal Príncipe Claus para la Cultura y el Desarrollo”. Ese mismo año, el Papa polaco Juan Pablo II, lo nombró “Miembro pleno del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, de la Santa Sede” (1999-2005).

En 2004, durante su viaje a Washington D.C, se le entregó el premio “Jan Karski, al Valor y la Compasión”. En 2007 el “Premio Tolerancia Plus”, sólo adjudicado a elementos contrarrevolucionarios cubanos y en 2011 el “Premio a la Perseverancia Nuestra voz”, que concede la publicación Renacer, a los animadores de la “oposición” en Cuba. Ese el mismo año fue elegido por el libelo Diario de Cuba, hecho por la CIA y financiado por la NED, como una de “las figuras cubanas más notables” del año 2011 yen el 2012 el Ministro de Justicia de la República de Polonia, le entregó “El premio de la Medalla de Bronce.

Dagoberto ha sostenido intercambios personales con los líderes opositores Vlacav Havel, ex presidente de la República Checa; y el polaco Lech Walesa, quien fuera líder del Sindicato Solidaridad y presidente del país.

Son públicos sus vínculos con diplomáticos de España, Reino Unido, Alemania, Suecia, Polonia, República Checa, Estados Unidos acreditados en la Habana, y con miembros de la Fundación Panamericana para el Desarrollo, la USAID y la CIA, de quienes recibe orientaciones y apoyo material para sus actividades subversivas.

En medio de la Semana Santa, el 29 de marzo 2021, Dagoberto público un artículo con un mensaje contrarrevolucionario, que omite las penurias de los cubanos causadas por la guerra económica, comercial y financiera, impuesta por Estados Unidos desde hace 62 años; mientras trata de responsabilizar a la Revolución de las limitaciones materiales, siguiendo la línea establecida por Washington.

Solapado en un lenguaje supuestamente religioso, este elemento dice:

“Toda Cuba vive su cruz. Toda Cuba vivirá la resurrección. Una alegría que ya viene por los caminos de la libertad, la justicia, la paz y el amor”.

Pero no condena las leyes Torricelli, Helms-Burton ni las 242 sanciones impuestas en los últimos cuatro años por Donald Trump, incluida la prohibición de las remesas familiares, la limitación de los vuelos y el cierre del consulado en Cuba que impide las visas humanitarias y de reunificación familiar.

Hipócrita al servicio de los yanquis que calla, en complicidad con ellos, el estrangulamiento de la economía de la Isla y escribe falacias para incrementar la matriz de opinión contra su país, al afirmar:

“Quisiera recordar al inicio de esta semana, aquellos que hoy viven situaciones similares a las que vivió Cristo en la primera Semana Santa”.

“Los que son injustamente condenados en los procesos manipulados que intentan esconder las causas políticas con delitos comunes en una justicia selectiva”. “Acompañemos a los hijos de Cuba que se comprometen con la causa del bien, de la justicia, de la verdad, de la redención de las personas y de los pueblos… Y a las madres que se encuentran con la respuesta de la injusticia: el castigo del justo y la absolución del criminal”.

Oremos por todas las madres cubanas, especialmente por las madres, hijas, hermanas y esposas de los presos de concienciay de los perseguidos por causa de su compromiso con Cristo y con Cuba”.

Y agrega:

Trabajemos para que en Cuba nadie que sufra, en el alma o en el cuerpo, se quede solo, o abandonado a su suerte”. “Vivamos nuestro compromiso con todo el que sufre injustamente la difamación y el escarnio, por los que son ejecutados moralmente por los medios de comunicación o por las calumnias de otros cubanos, y necesitan que le limpien el rostro, que le quiten la infamia, que le devuelvan la imagen dañada y desprestigiada”.

¿Por qué este laico nunca condenó los actos terroristas pagados y ejecutados por la CIA, que dejaron cientos de viudas, huérfanos y padres llorando la pérdida de sus hijos?

¿Dónde estaba su amor al prójimo cuando fue explotado el avión de Cubana de Aviación en pleno vuelo, con 73 inocentes?

Nunca ha inculpado una sola de las acciones criminales contra los hijos del pueblo y ahora lanza sus calumnias contra la Revolución, cumpliendo instrucciones de los que hacen padecer a 11 millones de cubanos.

Sin embargo, escupe su odio a la Revolución al decir:

“Las puertas de la represión y de la muerte que hoy se cierran sobre nuestra Patria, se abrirán al amanecer y saldrán por ella la vida nueva, la vida resucitada de nuestro sufrido pueblo. La última palabra no es la del sufrimiento y la muerte. La última palabra es la de la Vida”.

Poca moral tiene este agente al servicio de una potencia extranjera, la que pretende matar de hambre y enfermedades a los cubanos que no se dejan amedrentar por amenazas ni sanciones.

En medio de tantas atrocidades yanquis, Cuba salva vidas y sus científicos trabajan en cinco candidatos vacunales contra la Covid-19, para dar vida y no muerte, como hacen los Estados Unidos con sus leyes asesinas, algo que solo con el socialismo se puede materializar.

Sabio José Martí al sentenciar:

“Dios no oye a los viles”

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