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Autor: Yenia Silva Correa | internet@granma.cu

Para quienes siendo casi niños participaron en la Campaña de Alfabetización, los días intensos de 1961 con el farol, la cartilla y el manual marcaron su vida. Quizá ni ellos mismos, desde su corta edad, podían medir el alcance de aquella epopeya colosal que estaban protagonizando, de la cual Fidel fue su principal artífice, al igual que de otras muchas batallas que le siguieron por elevar el alcance y la calidad de la educación.

Con motivo de los 60 años de la declaración de Cuba como territorio libre de analfabetismo, la doctora Ena Elsa Velázquez Cobiella, ministra de Educación, concedió a Granma declaraciones exclusivas.

«Sin el triunfo de la Revolución Cubana no podría haberse llevado a cabo la epopeya de la Campaña de Alfabetización. Fue sin duda una trascendental revolución en el orden educacional y cultural. El pueblo tenía que tener educación e instrucción, lo cual se convertía en una acuciante necesidad para poder llevar a cabo las transformaciones que demandaba el nuevo proyecto político, económico y social del país.

«La historia nos permite analizar que, aunque la Constitución de 1940 declaró la obligatoriedad de la educación para todos los niños cubanos, el sistema educativo se caracterizaba por la existencia de grandes desigualdades en el acceso a los recursos y oportunidades educativas, por lo que la educación de los sectores más pobres de la sociedad era casi nula. En el año 1958, cuatro cifras reflejaban el terrible estado en que se encontraba la educación: un millón de analfabetos absolutos, más de un millón de semianalfabetos, 600 000 niños sin escuelas y 10 000 maestros sin trabajo».

–No son pocas las familias cubanas que guardan especiales recuerdos de los jóvenes que en 1961 llegaron hasta los rincones más apartados del país para llevar la luz de la enseñanza.

–Una significativa parte de los alfabetizadores fueron estudiantes con edades entre siete y 19 años. Para formar parte de las brigadas necesitaban la autorización de sus padres. Los estudiantes fueron formados durante varias semanas y se les equipó con un uniforme especial, ropa, una manta y una lámpara con la que podrían viajar por el campo de noche. Estas históricas lámparas llegaron a convertirse en el símbolo de las brigadas. La experiencia no estuvo exenta de riesgos: los jóvenes fueron objetivo de los contrarrevolucionarios, y diez de ellos fueron tristemente asesinados, entre los que se encontraron el estudiante Manuel Ascunce Domenech y el campesino en cuya casa se alojaba, Pedro Lantigua.

«A finales del verano de 1961, las brigadas estaban totalmente en marcha, contábamos con 120 632 alfabetizadores populares, 13 016 integrantes de la Brigada Patria o Muerte, 34 772 maestros y 100 000 brigadistas Conrado Benítez, para un total de 268 420 miembros de la fuerza alfabetizadora».

–De acuerdo con el Informe Final de la Campaña, leído por Armando Hart en la Plaza de la Revolución, el 22 de diciembre de 1961, entre 1959 y 1960 se alfabetizaron 100 000 cubanos, y durante la Campaña de Alfabetización la cifra fue de 707 212 adultos, con lo que el índice de analfabetismo quedaba reducido al 3,9 % del total de la población. Como dijera Fidel aquel mismo día: «cuatro siglos y medio de ignorancia habían sido derrumbados».

–Se había abierto la puerta del conocimiento para todos, se había creado una base cultural, que había transformado la realidad de siglos, se cambió todo lo que debió ser cambiado en ese momento, un principio básico revolucionario. La Campaña de Alfabetización fue, sin duda, una revolución cultural. No obstante, la Revolución ya no solo se conformaba con que las personas supieran leer y escribir, se llevaron a cabo otras campañas; en 1962, la campaña por la lectura, en la búsqueda de nuevas vías para el desarrollo cultural del pueblo.

–La Revolución Cubana, desde sus inicios, trabajó intensamente por elevar el nivel escolar de la población alfabetizada, lo que dio lugar al surgimiento de la Educación Obrera y Campesina en 1962.

–Se inicia ese año la batalla por el sexto grado, que fue teniendo su fase final entre los años 1976-1980, con el apoyo radial y televisivo. En el quinquenio 1980-1985 se desarrolla intensamente la batalla por el noveno grado; además, se establecen las normas y procedimientos para el funcionamiento de las Secundarias Obreras Campesinas. En 1969, las Facultades Obreras y Campesinas, que venían funcionando subordinadas a las universidades, se incorporan al subsistema de la Educación de Adultos del Ministerio de Educación, donde se obtenía un nivel medio superior equivalente al bachillerato.

«En todo este periodo sobresale la figura del maestro Raúl Ferrer Pérez, el cual está asociado indisolublemente al nacimiento y fortalecimiento de la Educación de Adultos en la etapa revolucionaria. De su legado se derivan tres principios: la practicidad y hacer es fundamental en la tarea pedagógica, enseñar a hacer haciendo, y el aula es un taller.

«En estos años se implementaron programas y políticas educativas inclusivas para la atención y capacitación de los educadores y de las personas jóvenes y adultas, incluyendo la creación de las Escuelas de Idiomas y los servicios educativos en la comunidad.

«Otra muestra de que la campaña educacional ha sido permanente y para todos, es la campaña de alfabetización para ciegos, que constituye un ejemplo de los esfuerzos realizados en Cuba por lograr la integración a la sociedad de las personas con discapacidad. Esta campaña comenzó en 1979, y para el año 1983, más de 1 500 invidentes habían aprendido a leer y escribir mediante el lenguaje Braille».

–No se puede hablar de alfabetización en el mundo, sin mencionar el método cubano Yo sí puedo.

–La experiencia alcanzada por nuestro país se traslada hacia otras latitudes del mundo con el conocido programa Yo sí puedo, símbolo, además, de las relaciones más estrechas de hermandad, que no es otra cosa que la expresión concreta de solidaridad internacional. Se ha aplicado el programa en 30 países y, hasta la fecha, 10 614 119 personas han sido alfabetizadas, al tiempo que permanecen en clases 1 317 participantes. Dentro de esos 30 países ha sido significativo el aporte en naciones como Venezuela, México, Bolivia, Nicaragua, Mozambique, Angola, por solo mencionar algunos de esos pueblos donde hemos llevado amor y saber. El conocimiento se ha multiplicado en todas sus variantes, de manera presencial, por la radio o por la televisión, y los resultados son siempre muy alentadores, el conocimiento es riqueza fina que nos eleva y fortalece.

–Tras la Campaña de Alfabetización muchos jóvenes encontraron su verdadera vocación como maestros y nunca abandonaron el magisterio.

–Nos llena de orgullo y compromiso contar todavía con alfabetizadores activos en el quehacer pedagógico. Nuestro reconocimiento también a los que están jubilados, pero que siempre tienen las puertas de sus hogares abiertas para cuando son convocados a hablar de este lindo momento de sus vidas. Otros se formaron en diferentes sectores de la sociedad, pero todos tienen algo en común: quedaron marcados para siempre como alfabetizadores.

«La Revolución Cubana atesora mucho de lo aprendido en la Campaña de Alfabetización, hecho que nos dejó un método de trabajo en cuanto al arte de la convocatoria para librar grandes batallas sociales; nos enseñó que la Revolución puede contar siempre con su fuerza joven, capaz de asumir como suyo cualquier propósito revolucionario; nos ratificó el poder de los valores y los sentimientos en la  educación de las nuevas generaciones; fue el cimiento de la formación de maestros en Revolución, nutridos del arsenal de conocimientos que heredamos de nuestros padres fundadores de la escuela cubana; demostró que la actividad pedagógica y cultural del país necesitaba una continuidad, lo cual le otorga un criterio de permanencia y desarrollo todo el tiempo».

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