Foto: Razones de Cuba

¿Qué haría usted si alguien amenaza a su familia, su integridad física, su casa y centro de trabajo? ¿Podría permanecer impasible cuando un grupo violento perturba la tranquilidad en su país? ¿Y si muchas de esas personas reciben dinero por realizar esas acciones, además de pedir a gritos que quien les paga traiga sus tropas para ocuparlo todo?

Cuba ha conocido episodios similares en estos días, sobre todo el domingo 11 de julio. Parece casi imposible de creer para quienes estamos acostumbrados a vivir en una nación tranquila, donde prima la paz y el respeto. Ahora ha cesado el desorden fabricado desde fuera, tomando como base factores endógenos del país. Por mucho que voceros nacionales e internacionales quieran señalar lo contrario, el sosiego de los transeúntes en las calles, los cubanos que siguen el curso normal de su vida, hablan por sí solos.

Campaña de los grandes medios a nivel global, uso de métodos de la guerra psicológica, coerción económica, pago a mercenarios… incluso a simple vista destacan múltiples semejanzas con escenarios sociopolíticos experimentados en otros países. Libia, Siria y Venezuela son solo algunos ejemplos. Los estudiosos de estos temas han denominado golpe blando o revolución de color a la consecución de esta serie de métodos para promover el cambio sistémico en un país. Con una mirada retrospectiva, que trasciende la gravedad de los sucesos generados en los últimos días, pudiera decirse que el gobierno cubano está siendo blanco de un intento de golpe suave.

Se trata de un cambio de estrategia con respecto a la imposición de la fuerza militar tradicional, característica del siglo pasado. La creación de esta nueva modalidad se atribuye al estadounidense Gene Sharp. En su libro De la dictadura a la democracia la concibe como “es una técnica mucho más variada y compleja que la violencia”. Emplea armas políticas, económicas, sociales y psicológicas. Contempla el uso de todo tipo de sabotaje, disturbios callejeros, con el supuesto fin de minimizar el número de pérdidas humanas y materiales. Paradójicamente, también da el visto bueno a la coerción política y económica ejercida por fuerzas extranjeras.

La estrategia conjunta del golpe blando incluye cinco etapas: la generación de un clima de malestar (ablandamiento); la deslegitimación del gobierno, por medio de campañas sobre la libertad de prensa y los derechos humanos; el calentamiento de la calle, la combinación de estrategias de lucha; y la fractura institucional, que prepara el terreno para una intervención militar. Cada uno de estos pasos se evidencian en el caso cubano.

Golpe Sauve: Estrategia de Estados Unidos para cambiar sistemas y Manual del Golpe Suave

“En las últimas semanas se incrementó la campaña en redes sociales contra la Revolución cubana, planteando un grupo de matrices alrededor de los problemas y carencias que estamos viviendo. Esa es la manera en que se monta, tratar de crear inconformidad e insatisfacción que llega a las protestas a partir de manipular las emociones y sentimientos en redes sociales de las problemáticas que tiene la población”, explicaba el presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez en la comparecencia junto a su equipo de gobierno el pasado 12 de julio.

Foto: Estudios Revolución

El presidente cubano compareció varias veces esta semana en los medios de prensa nacionales, para ofrecer información al pueblo cubano. Foto: Estudios Revolución.

El mandatario cubano aludía al uso intensivo y direccionado de propaganda política en Internet. Esta es, precisamente, una de las herramientas de la guerra psicológica. Según explican un grupo de académicas de la Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey, en la investigación La Guerra Psicológica contemporánea: Conceptos esenciales y características, nos encontramos en presencia de este tipo de operaciones cuando las acciones se orientan a “direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de las armas”.

Cuba se enfrenta a un pico pandémico considerable, que solo logró ser dilatado hasta este momento por los esfuerzos del sistema de salud cubano. En este contexto también convergen los problemas propios de la nación caribeña, agravados al extremo por casi 60 años de aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto de forma unilateral por Estados Unidos. El cerco repercute en todas las esferas de desarrollo del país y ha dejado una profunda huella en la sociedad insular. Los defensores del conjunto de medidas se justifican con que su aplicación “persigue un fin mayor”, promover la democracia en tierra cubana. Como es bien sabido, equiparan el término con la receta de gobierno capitalista, que ha probado innumerables veces su notable divorcio con el tan clamado “poder del pueblo”.

Según declaraciones del ministro cubano y titular de Economía y Planificación (MEP), Alejandro Gil Fernández, En 2020 las fuentes de ingresos en divisas convertibles que tiene el país reportaron 2 413 millones de dólares menos que en 2019 a causa de la pandemia y del bloqueo, que impide la entrada de divisas y limita las exportaciones. La aplicación continuada de las medidas coercitivas, reforzadas por 243 más durante la administración de Donald Trump, han dejado sus secuelas en el (mal)funcionamiento de la economía cubana, por más que sesudos analistas internacionales vean la realidad del país a través de un cristal que ignora totalmente uno de sus principales problemas.

En medio de el vórtice de insatisfacciones que lógicamente emergen de un contexto tan convulso, también arrecia la campaña de descrédito al actuar de Cuba en el enfrentamiento a la pandemia. Lejos de dar eco a noticias tan notables como la efectividad de Abdala, primera vacuna latinoamericana contra la Covid, hablan de colapso del sistema de salud y masacres. En el guion de la aplicación del golpe blando, el accionar responde a una segunda fase, caracterizada por el auge de la propaganda a nivel internacional, enfocada en las temáticas de la libertad de prensa y los derechos humanos.

El ejemplo más fresco reciente de la falsa cruzada en defensa de las libertades esenciales impulsada desde Washington es la asociada al conocido #SOSCuba. En un inicio, se realizó una primera convocatoria para el empleo del hashtag, en el marco de la votación internacional en la ONU contra el bloqueo a Cuba. El ministro cubano de relaciones exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, ha señalado el fracaso de esta primera tentativa. Entonces se produjo un cambio en el accionar, que desembocó en “una operación comunicacional que se prepara desde hace tiempo a la que se destinan recursos multimillonarios y plataformas tecnológicas con fondos del Gobierno de los Estados Unidos, algunos declarados y otros de sus servicios especiales”, explicó Rodríguez Parrilla.

“La actitud del pueblo hizo fracasar el intento de generar una situación que no existe en Cuba de ingobernabilidad, de desorden social”, dijo el canciller cubano el domingo 12 de julio.

Como ya se ha comprobado, se trata de una campaña lanzada desde el exterior, con el uso intensivo de robots, algoritmos y cuentas recién creadas. Junto a la etiqueta #SOSMatanzas, había sido escasamente utilizada hasta el 11 de julio, para la ocasión, con el objetivo de hacer coro a los mensajes emitidos por los referentes de la campaña manipuladora. Existe evidencia de los fondos asignados por instituciones gubernamentales estadounidenses a la agencia que generó y creó la campaña, establecida en loa Florida, loa cual recibió hace unos días un certificado del Departamento de Estado Republicano de la Florida.

Otra de las herramientas características de un guion de golpe suave es el uso de símbolos, consignas y técnica de marketing, que atraigan a público joven. La agenda del plan desestabilizador tiene base en una moda, más que en la convicción política. Como parte de la operación comunicacional, se ha articulado una estrategia donde conocidos artistas y otras personas influyentes a replicar los hashtags. Este representa otro factor de atracción.

El Manual de lucha no violenta de la Ostpor, otra Biblia para los seguidores de Sharp, contempla el uso símbolos para atraer a diferentes sectores etarios, con énfasis las nuevas generaciones, para fomentar pequeños disturbios, provocar la presión de las fuerzas policiales mediante acciones violentas e ilegales. Con la proyección de las imágenes en la prensa internacional, se moviliza a la opinión pública global para justificar cualquier acto contra el gobierno. En el caso de Cuba, una imagen negativa encaja perfectamente en el perfil de noticiabilidad de los grandes medios, casi siempre restringido a la manipulación del tema de los derechos humanos, desde un discurso agresivo.

Siguiendo las instrucciones de Sharp para la desestabilización interna ―o al menos para hacer creer a la comunidad internacional de la ingobernabilidad del país en cuestión―, las dos fases siguientes de la estrategia conjunta persiguen el objetivo de promover las manifestaciones agresivas en las calles, con el consiguiente desconocimiento y amenaza de las instituciones.

Una simple revisión en redes sociales como Facebook revela la multiplicidad de convocatorias a disturbios, incluso violentos. En muchas de estas plataformas digitales está vetado el uso intensivo para fines políticos, así como el contenido violento. Las normas son transgredidas en muchas ocasiones cuando los contenidos agreden la soberanía cubana. “A pesar de la denuncia de estas cuentas, Twitter no aplicó sus propias regulaciones para impedir que estas acciones se consumaran, aun cuando había llamados al magnicidio y a la violencia”, señaló el canciller cubano en la misma intervención.

La redes sociales han funcionado como plataformas para promover la violencia contra las fuerzas del orden, individuos e instituciones. Foto: Captura de pantalla de una publicación en Facebook.

Asombran los titulares en la prensa internacional sobre las protestas pacíficas en Cuba, pero quienes vivimos aquí sabemos la verdad. Hubo episodios de vandalismo y violencia, donde muchos revolucionarios salieron heridos por defender sus ideales. ¿Quién habla de esas víctimas, o de los aspirantes a asesinos que se camuflan de piel de cordero?

Es un derecho ciudadano manifestar los problemas del país, y un deber trabajar para solucionarlos hasta donde las fuerzas individuales y colectivas alcancen. Si de esfuerzo se trata, Cuba ha educado al mundo con su ejemplo. No “todos son contrarrevolucionarios ―dijo Díaz Canel el domingo―. Hay una minoría de contrarrevolucionarios que trató de liderar estas acciones, pero aquí tenemos personas, revolucionarias o no, insatisfechas, con confusiones, incomprensiones, con falta de información y también con deseo de manifestar alguna situación en particular”. Siempre habrá espacio para las opiniones divergentes, desde el diálogo y el respeto.

Pero, ¿acaso hay algún tipo de derecho en violentar instituciones públicas, destruir la propiedad socialista y robar los bienes que deberían pertenecer a todos. Las imágenes revelan la voluntad de delinquir. La lucha “por la democracia del pueblo cubano” no se ve por ninguna parte.

El testimonio de los lesionados durante las manifestaciones y la propiedad pública dañada evidencian la naturaleza violenta de los disturbios

Varias personas resultaron heridas en diferentes lugares del país al darle cara a quienes participaron en los actos vandálicos. Foto tomada de Granma.

Además, se suma el pedido de una intervención militar disfrazada de humanitarismo.  Bien conocida es esta vocación de Estados Unidos de imponer su ayuda a base de cañones. Quienes piden a gritos tropas extranjeras no saben a ciencia cierta lo que dicen, o no les interesa para nada el bienestar futuro del país. Solo bastaría ver el saldo de las intervenciones militares de la potencia norteña a lo largo de la historia nacional, o las consecuencias de las revoluciones de colores en otros rincones del mundo.

Hasta el propio Gene Sharp advirtió sobre la inconveniencia de la ocupación militar extrajera. Otros países siempre estarán interesados en preservar sus intereses particulares, sean de control económico, político y militar del país objeto de interés, o de “vender al pueblo oprimido (…) en lugar de mantener las promesas que hicieran de ayudarlo en su liberación”, dice en De la dictadura a la democracia. “Si interviene otro Estado, probablemente no deba confiarse en él”. Si su propio gurú de las revoluciones de color piensa así, ¿qué podemos esperar nosotros? Salta por todas partes la moral dudosa de las intenciones injerencistas.  

La obra de teatro que tratan de montar las agencias federales de EE.UU. en Cuba, respaldadas por su gobierno y la mano servil de la contrarrevolución, guarda para el final la clave más funesta: forzar la renuncia del equipo de gobierno por medio del incremento de las revueltas y la fractura institucional. Así el clima de inestabilidad quedaría reforzado al máximo, preparando el terreno para una intervención militar. En el final de cuento de hadas de loa CIA, sesenta años de esfuerzos para construir un sistema más humano y justo quedaría reducidos a polvo.

Es la intención del gobierno de Estados Unidos aislar a Cuba, destruir la imagen de la Revolución cubana en la arena internacional. Así lo corrobora Juan González, director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos y asesor especial del presidente Joe Biden en política latinoamericana. “Vamos a salir públicamente con nuestros aliados a seguir presionando al régimen”, declaró en un directa por Instagram con varios artistas aliados a la contrarrevolución. Como es de esperarse, los planes de desestabilización continúan.

¿Por qué Cuba? ¿Por qué ahora? La Revolución está bajo la garra amenazante del imperio norteño desde su mismo nacimiento. Ahora, la situación pandémica y la crisis mundial se convierten en aliados de sus intereses. Un modo actuar bastante despreciable para quien sigue autodenominándose protector del pueblo cubano. Tantos años de actos subversivos no hablan de preocupación, sino ansias de control.

En palabras del filósofo y lingüista estadounidense Noam Chomsky, el control mundial es una prioridad para Estados Unidos. “Mientras más débil y pobre sea el país, más peligroso es como ejemplo. Si un país pequeño, pobre (…) puede prosperar dando una vida mejor a su pueblo, algún otro lugar con mayores recursos se preguntará `¿por qué nosotros no?´”. Cuba será pequeña, pero ha demostrado su fortaleza. Por eso, su ejemplo siempre representará una amenaza a la hegemonía imperial.

El único país que ha demostrado un internacionalismo genuino ha sido Cuba, que ha estado siempre bajo estrangulación económica por parte de EE.UU. y por algún milagro han sobrevivido ―agrega Chomsky, en otra entrevista―. Pero esto no lo puedes decir en EE.UU. porque lo que has de hacer es culparles de violaciones de los derechos humanos”.

Destinan sumas millonarias, agendas de actuación elaboradas a conciencia. La pretensión de las acciones desestabilizadoras es evidente: quebrar la voluntad del ser humano. La clave está en no morder el anzuelo. El músculo de Cuba es la gente. Sus armas, la base humana que ha cultivado durante tantas décadas. No aspiramos a ser una nación perfecta, pero sí independiente. Eso es algo que nadie nos podrá quitar.

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