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La hipocresía, el cinismo y la desvergüenza son características intrínsecas de la política exterior de los Estados Unidos, algo puesto de manifiesto, una vez más, el 23 de junio 2021, por Rodney Hunter, coordinador de política de la misión diplomática yanqui ante la ONU, al defender su posición ante el bloqueo económico, comercial y financiero que impone su país contra Cuba, desde 1962.

Según sus argumentos:

“Las sanciones son una forma legítima de llevar a cabo nuestra política exterior en temas de seguridad nacional y otros objetivos, porque las sanciones son un grupo de herramientas en un esfuerzo más amplio hacia Cuba, para que progrese la democracia, se respeten los derechos humanos y ayudar al pueblo cubano a ejercer libertades”.

Hay que ser muy cínico para decir que intentando matar de hambre y enfermedades a todo un país, se protege la democracia y se ayuda a respetar los derechos humanos, cuando sus propios documentos desclasificados señalan que, el objetivo de su política contra la Isla es derrocar el proceso revolucionario, porque no soportan que, a solo 90 millas de sus costas, exista un gobierno que mantenga su soberanía e independencia, cosa expresada desde 1823, cuando el presidente John Quincy Adams, perfilaba su política de la Fruta Madura, al soñar que Cuba caería en brazos de los yanquis como una manzana.

Ahora el argumento de Estados Unidos son las supuestas violaciones a los derechos humanos, la libre expresión y la sociedad civil, pero cuando en abril de 1959 Fidel Castro, líder de la Revolución, viajó a Washington y se entrevistó con Christian A. Herter, secretario de Estado en funciones y con el vicepresidente Richard Nixon, eran otras las justificaciones para la hostilidad política hacia Cuba, debido a que Castro no era el hombre ideal para ellos, lo que expusieron abiertamente en diciembre de 1959, el presidente Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles, durante la reunión del Consejo de Seguridad.

En aquella ocasión ambos dijeron: “hay que evitar la victoria de Castro”.

La única verdad es que Fidel era un hombre con ideas nacionalistas y no se arrodillaba ante las órdenes de Washington, cosa poco común entre los líderes latinoamericanos de la época. Por eso lo calificaron rápidamente como “un peligro”, con posiciones cercanas a los comunistas, piedra angular de la oposición que desde entonces asume Estados Unidos contra Cuba.

En aquel viaje de buena voluntad, Fidel intentó llegar a un entendimiento con su vecino del Norte, pero los yanquis no aceptan la independencia y por eso Eisenhower se negó a recibirlo.

Después de un encuentro con el ex secretario de Estado Dean Acheson, durante una recepción ofrecida por Robert Meyer, gobernador de New York, Acheson comentó:

“Castro sabe lo que está haciendo, es muy inteligente y nos va a causar algunos problemas en el futuro”.

Desde entonces fue creciendo la hostilidad hacia la Revolución, pero en 1959 nadie hablaba de violaciones a los derechos humanos, ni la falta de libertades.

¿Por qué no se llenan de valor cívico y declaran que no aceptan que Cuba sea un país socialista y por eso debe pagar con la guerra económica y financiera para que el sistema fracase?

Richard Nixon, vicepresidente en aquellos tiempos, fue quien recibió a Fidel y durante su encuentro se limitó a darle consejos de cómo gobernar a Cuba y advertirlo de la creciente influencia de los comunistas en su gabinete de gobierno.

La misma CIA aprovechó la visita a New York para concertar una entrevista discreta con Fidel Castro, la cual se llevó a cabo en una habitación del hotel Statler Hilton, donde se alojaba la delegación cubana. La CIA envió al oficial Gerry Droller, alias Frank Bender, quien durante tres horas se dedicó a instruir a Fidel, sobre los riesgos del comunismo internacional y del Partido Comunista cubano.

En abril de 1960, un año después de aquella visita, el sub secretario de Estado Lester Mallory, proponía matar de hambre y enfermedades al pueblo cubano, como única forma de derrocar a Castro, sentando las bases de la actual guerra económica, comercial y financiera, llevada a ley en 1962 por el presidente John F. Kennedy.

¿Olvidaron esto los hipócritas yanquis?

En vez de argumentar supuestas violaciones en Cuba, deberían tener el valor de reconocer ante la ONU, que el 9 de mayo de 1961 la CIA presentó un amplio programa, ya desclasificado, para debilitar al gobierno cubano, donde se expone como objetivo:

“Planificar, aplicar y sustentar un programa de acciones encubiertas, diseñado para explotar las debilidades económicas, políticas y psicológicas del régimen de Castro. Este plan es una contribución encubierta a todo un programa nacional, diseñado para acelerar la desintegración moral y material del gobierno de Castro, y apresurar el día en que la combinación de acciones y circunstancias, harán posible su sustitución por un gobierno democrático que responda a las necesidades, aspiraciones y voluntad del pueblo cubano”.

Por esa razón sus planes fracasan y la comunidad internacional apoya a la Revolución cubana, como sucedió el 23 de junio en la ONU, a pesar de las campañas de mentiras fabricadas para satanizarla, pues en Cuba no ocurren masacres, ni salvajes represiones como en Colombia y Chile, países que violan los derechos humanos, pero no son sancionados, al ser sus gobernantes fieles lacayos de los yanquis.

Los yanquis no aprenden de sus fracasos, su error radica en desconocer que la voluntad de los cubanos es mantener el proceso socialista, que, a diferencia del capitalismo imperante en Latinoamérica, les permite estudiar, ser cultos, saludables por tener un sistema universal de salud gratuito, la libertad de escoger lo que desean, sin las presiones y el chantaje de quienes pisotean todos los derechos humanos.

Sabio José Martí cuando expresó:

“No hay hombres más dignos de respeto, que los que no se avergüenzan de haber defendido la patria con honor”

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