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Alfredo Vázquez Pérez es un hombre humilde. Vive en Cayo Hueso, Centro Habana, en un pequeño apartamento, y si las carencias que tiene sirvieran de verdaderas excusas para los limitados disturbios ocurridos en puntos de la capital cubana el 11 de julio último –del modo brutal en que se dieron–, él se hubiera unido a ellos en lugar de enfrentarlos.

Pero en esos momentos críticos los revolucionarios ponen, del otro lado de la balanza, la historia de su país y su compromiso con el pedacito de tierra que consideran Patria. Estos sentimientos pesan más que las adversidades.

Por eso el domingo, cuando supo que en los alrededores del Comité Provincial de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) de la capital, ubicada en San Lázaro y San Nicolás, en Centro Habana, del cual es el secretario general, se gestaban manifestaciones de subversión política, no perdió un segundo en sumar fuerzas para contrarrestarlas.

Así lo contó a Granma, este hombre que sufrió una herida de siete puntos en el lado izquierdo de su cabeza, porque un elemento violento lo golpeó a traición, muy cerca de la frente que, minutos antes, levantaba bien en alto para predicar sus principios, sin más armas que sus palabras y banderas cubanas.

Vázquez Pérez narró que eran cerca de las cuatro de la tarde cuando el clima comenzó a ponerse tenso. Al inicio, reconoció, era un grupo de personas reunidas pacíficamente, pero no duró mucho tiempo.

Mientras, su presencia y la de sus compañeros, la mayoría mujeres, no significaba una arremetida violenta contra quienes expresaban algunas inconformidades.

Pero cuando se desviaron hacia el malecón, a decir de Vázquez Pérez, ya la cantidad de personas era mayor, y en ese contexto recibió el golpe, con un palo, sin clemencia, y la sangre derramada, que manchó la bandera que sostenía, le mostró la magnitud de la artera agresión.

Con él, alegó, también resultó herido un oficial del Ministerio del Interior, y vio cómo lesionaron a un ciudadano de más de 60 años, cuya única herramienta para defenderse era su pasión por los principios en que cree.

No obstante, afirmó Vázquez Pérez, una vez que recibió la ayuda médica, regresó para enfrentar a estos grupúsculos contrarrevolucionarios y delincuenciales, porque ese es su deber: «defender a la Revolución como sea».

Dijo que había mucha provocación, y calificó de cínicos los intentos de manipular los sentimientos de las personas ante las limitaciones que tiene el país en el abastecimiento de medicamentos, alimentos y la vivienda, agravados por la pandemia de la COVID-19 y el recrudecimiento del bloqueo económico de EE. UU. contra el país, para intentar generar inestabilidad y subversión de nuestro sistema político y social.

«Si para los problemas que tenemos como sociedad, nuestra gestión gubernamental es insuficiente, entonces por qué EE. UU. no quita todo ese dinero que dedica a la subversión interna en Cuba, por qué no quita el bloqueo», exclamó.

Con esa reflexión coincidió Iván Toledo González, administrador de una bodega cercana a la sede de la CTC Provincial, quien, además, consideró que las disturbios no son la mejor manera de expresar las inconformidades.

«El país tiene problemas, todo el que vive en Cuba lo sabe, pero esos problemas los resolvemos nosotros, no nadie de fuera. El bloqueo es el principal obstáculo, porque no es lo mismo comprar mercancías a un país cercano, que tener que darle la vuelta al mundo para buscarlas en China, por culpa de las restricciones norteamericanas», sostuvo.

En este país, dijo a su vez la vecina Virgen Cruz Salas, un desorden no es una vía para solucionar nada.

«Creo, sinceramente, que el tema de la pandemia, por ejemplo, se ha manejado bien. Estoy muy agradecida, porque dos de mis familiares se contagiaron, y los atendieron bien, y los salvaron. También estoy muy agradecida porque dentro de poco podré ponerme la tercera dosis de Abdala. Eso es gracias a un país como el nuestro», afirmó.

Malo o bueno, expresó Virginia Cuesta Benítez, otra residente del lugar, lo que tenemos es más de lo que tienen muchas personas en otros países, donde amanecen muertos en la calle, y no solo ahora por la pandemia; la violencia tiene millones de rostros.

«Muchas cosas se han unido en esta situación y tal vez llevaron a que sucediera esto, pero vi que muchos lo tomaron como un carnaval. Allí, una gran parte no lo estaba tomando en serio, se unieron por embullo; pero otros no», manifestó.

Precisamente, la Central de Trabajadores de Cuba y los sindicatos nacionales, en una declaración enviada a Granma, expresaron que rechazan «de forma enérgica los actos de desorden que tuvieron lugar en varias ciudades, sustentados en una campaña mediática que trata de imponer una matriz de opinión dirigida a deslegitimar la gobernabilidad de la Revolución Cubana».

Denunciaron que el Gobierno de EE. UU. está empeñado en provocar un estallido social en Cuba, a partir del recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero y la adopción de 243 medidas dictadas durante la administración de Donald Trump, «las que obstaculizan el avance de los programas de desarrollo del país, afectando sensiblemente el bienestar de los trabajadores y su familia».

«El movimiento sindical expresa su firme respaldo a la respuesta revolucionaria y patriótica de nuestro heroico pueblo y ratifica el compromiso con la defensa de la Revolución, maximizando el crecimiento de la eficiencia en la producción de bienes y servicios que permitan satisfacer las demandas del pueblo».

EN ESTA TIERRA NO HAY PÁNICO

Un nudillo fracturado, los ligamentos de dos dedos desgarrados y varias magulladuras fueron algunas de las consecuencias de la agresión sufrida por Oscar Delgado Lorenzo. Foto: José Manuel Correa

Entraron a San Miguel del Padrón tirando piedras y blandiendo palos, mientras gritaban ofensas a nuestros héroes nacionales y buscaban incorporar a sus desorganizadas filas a los vecinos de este municipio habanero, pero se encontraron a un pueblo que salió a las calles a defender la Revolución, relató Oscar Delgado Lorenzo, coordinador de los programas del Consejo de la Administración Municipal. Él fue otro cubano más de los tantos que salieron a defender su nación y la soberanía que con tanto sacrificio se ha alcanzado.

Dijo que ese día se encontraba junto a un grupo de compañeros preparando dos círculos infantiles del territorio para convertirlos en centros de aislamiento y destinados a niños de cinco a 17 años de edad, afectados por la COVID-19, cuando les informaron de un grupo de personas que se acercaba, ingiriendo bebidas alcohólicas, cometiendo hechos vandálicos y ofendiendo a los transeúntes.

«Ese tipo de comportamientos no son tolerables en Cuba, salimos a detener a ese grupo y conversar, llegar a un entendimiento o, al menos, para lograr evitar que continuaran dañando la propiedad social», expresó.

Sin embargo, aquellos individuos no atendieron a razones, lo que provocó un conflicto en el cual resultaron heridos varios compañeros.

Delgado Lorenzo comentó que estos elementos subversivos tenían como estrategia adentrarse en zonas con cierta desventaja social para que se les sumaran más personas, pero el pueblo de San Miguel del Padrón no se les unió.

«Llegaron a La Cuevita, al reparto Juanel y a otras localidades, pero ningún vecino salió a apoyarlos», significó.

Un nudillo fracturado, los ligamentos de dos dedos desgarrados y varias magulladuras fueron algunas de las consecuencias de la agresión que sufrió Delgado Lorenzo por defender lo que creía justo como cubano, aunque su intención no fuera otra que aplacar el tenso ambiente.

El dolor de las lesiones no impidió a este patriota salir junto al pueblo de San Miguel del Padrón hasta la Calzada de Güines y Calle Rita, para, una vez más, disuadir a los protagonistas de estos limitados desórdenes en ese territorio.

«El pueblo salió con banderas, y ¡Viva la Revolución!, ¡Viva Fidel!, ¡Viva Díaz-Canel!; y junto a la Policía Nacional Revolucionaria y trabajadores de los centros laborales de la zona, dieron el paso al frente por la Patria y cantaron el Himno Nacional con valentía».

Lo que más le duele a Oscar Delgado Lorenzo no son sus heridas, sino las injusticias de aquellos que no reconocen que Cuba vela por el futuro y el bienestar de esos vándalos.

Es difícil convencer a alguien de que lo ocurrido el 11 de julio no fue intencionado, manipulado y pagado, cuando escogieron un domingo para hacer estos actos, un día en que el pueblo está descansando, indicó. «No escogieron un lunes, porque sabían que los trabajadores de las tiendas, de las escuelas o cualquier otro centro de trabajo saldrían incondicionalmente en defensa de su Revolución», acotó.

Por su parte, Yanet Alarcón Gutiérrez, una vecina de esta localidad habanera, calificó de inauditos los acontecimientos de las últimas jornadas, no concibe que se lleguen a cometer tan condenables actos; mientras que para Sandra Mendiandús, directora jurídica de la empresa Geominera S.A., ubicada en este municipio, Estados Unidos y sus grupúsculos internos no lograrán desestabilizar a la Revolución Cubana ni sembrar pánico en esta tierra, pues los revolucionarios no lo permitirán.

tomado de Granma

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