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Este es un informe técnico realizado por un equipo multidisciplinario de investigación creado por la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) sobre los “incidentes de salud no identificados” reportados en La Habana. Algunos empleados de los Estados Unidos se quejaron de varios síntomas cuando estuvieron ubicados en La Habana. Al parecer, aparecieron síntomas similares en algunos ciudadanos canadienses y, posteriormente, en empleados estadounidenses en otros países.

Una narrativa que llamamos «síndrome misterioso» asume que la causa de estos incidente son ataques con algún arma de energía no identificada. Esta narrativa se basa en las siguientes afirmaciones -no verificadas-:

1) Un síndrome novedoso con síntomas y signos centrales compartidos está presente en los empleados afectados;

2) Es posible detectar en estos empleados daños cerebrales originados durante su estancia en La Habana;

3) Existe una fuente de energía dirigida que podría afectar a los cerebros de las personas desde grandes distancias tras traspasar las barreras físicas de los hogares o las habitaciones de hotel;

4) Es realizable y está identificada un arma capaz de generar dicho agente físico; 5) Se descubrieron pruebas de que se produjo un ataque;

6): Las pruebas disponibles descartan explicaciones médicas alternativas.

En este informe examinamos críticamente la plausibilidad de estas afirmaciones y las pruebas en las que se basan. Concluimos que la narrativa del «síndrome misterioso» no es científicamente aceptable en ninguno de sus componentes y que solo ha sobrevivido debido a un uso sesgado de la ciencia.

Aunque carecemos de información crítica, podemos ofrecer interpretaciones plausibles que se ajustan a los hechos disponibles mejor que el relato del «síndrome del misterio», basándonos en los informes publicados en Estados Unidos y Canadá y en los estudios de campo realizados en La Habana.

En este informe detallamos los argumentos de estas interpretaciones, que se enumeran a continuación.

Posiblemente algunos empleados estadounidenses mientras estaban ubicados en La Habana se sintieron enfermos debido a una colección heterogénea de condiciones médicas, algunas preexistentes antes de ir a Cuba y otras adquiridas debido a causas sencillas o bien conocidas.

Muchas enfermedades prevalentes en la población general pueden explicar la mayoría de los síntomas. Por lo tanto, no existe un síndrome novedoso (algo evidente en los informes oficiales de Estados Unidos). Sólo una minoría de personas presenta una disfunción cerebral detectable, la mayoría debido a experiencias anteriores a su estancia en La Habana y otras debido a condiciones médicas bien conocidas.

Ninguna forma de energía conocida puede causar selectivamente daños cerebrales (con una precisión espacial similar a un haz de láser) en las condiciones descritas para los supuestos incidentes de La Habana.

Las leyes de la física que rigen el sonido, los ultrasonidos, los infrasonidos o las ondas de radiofrecuencia (incluidas las microondas) no lo permiten. Estas formas de energía no podrían haber dañado los cerebros sin ser sentidas u oídas por otros, sin perturbar los dispositivos electrónicos en el caso de las microondas, o sin producir otras lesiones (como la rotura de los tímpanos o las quemaduras en la piel).

En ningún momento se informó de nada de eso. Aunque hay armas que utilizan sonido o microondas son de gran tamaño y no hay posibilidad de que este tipo de arma no pase desapercibida (o deje rastro) si se hubiese desplegado en La Habana. Ni la Policía Cubana, ni el F.B.I., ni la Real Policía Montada de Canadá, han descubierto pruebas de «ataques» a diplomáticos en La Habana a pesar de las intensas investigaciones.

Por último, las explicaciones psicogénicas y tóxicas para muchos síntomas en algunos casos fueron rechazadas investigación adecuada. Específicamente, todas las condiciones para la propagación psicógena del malestar estaban presentes en este episodio, incluyendo probablemente una respuesta médica inicial inadecuada, el temprano respaldo oficial del gobierno estadounidense a una teoría de «ataque» y la cobertura sensacionalista de los medios de comunicación, entre otros.

La ACC está dispuesta a revisar sus conclusiones si surgen nuevas evidencias. Invita a que se hagan los esfuerzos para refutar sus interpretaciones en un clima de colaboración científica abierta. Sin embargo, rechaza firmemente  como «verdad establecida» una narrativa construida sobre bases endebles y una práctica científica defectuosa. Un ejemplo es la idea de que se produjo un
«atentado, que se acepta sin pensamiento crítico».

Algunos artículos científicos – y la mayoría de las noticias que hemos leído- aceptan como un axioma que se produjeron atentados en La Habana, por lo que lo toman como una idea sobre la se construir teorías. Sin embargo, después de cuatro años, no ha aparecido ninguna evidencia de atentados. Es hora de replantearse la narrativa.

La ACC reitera su disposición a colaborar con cualquier otra contraparte estadounidense o internacional, con el objetivo de comprender mejor los incidentes de salud que afectaron a los diplomáticos estadounidenses y sus familias en La Habana (o en cualquier otro lugar).

En última instancia, esperamos que esto ayude a aliviar el sufrimiento de las personas afectadas y contribuya a restablecer lazos más estrechos entre las dos comunidades científicas y, eventualmente, entre los dos países.

  • Informe Técnico de un Grupo de Expertos de la Academia de Ciencias de
    Cuba (PDF 549 KB)
  • An Assessment of the Health Complaints during Sojourns in Havana
    of Foreign Government Employees and their Families (PDF 4,5 Mb)

Tomado de CubaDebate

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