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Pasaron los años y sucesivas administraciones en Estados Unidos siguieron sin reconocer, que los cubanos tenían derecho a disfrutar de la libertad y la independencia por las que varias generaciones habían luchado con ejemplar heroísmo.

En 1923, en su conocido Mensaje lírico civil, Rubén Martínez Villena expresó: Hace falta una carga para matar bribones / para acabar la obra de las revoluciones; / para vengar los muertos que padecen ultraje, / para limpiar la costra tenaz del coloniaje; / para poder un día con prestigio y razón, extirpar el Apéndice de la Constitución; / para no hacer inútil, en humillante suerte, el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte; / para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí.

En horas de la noche del 10 de enero de 1929 en la calle 2da. del reparto Abraham González, en Ciudad México, el militante comunista cubano Julio Antonio Mella, de 25 años de edad, recibió dos disparos por la espalda, dio unos pasos y cayó al suelo, expresando: “Machado me mandó matar”.En ese instante su acompañante Tina Modotti logró acogerlo entre sus brazos y pudo escuchar sus últimas palabras: “Muero por la Revolución… Tina me muero”.

Mella fue trasladado al hospital Juárez, de la Cruz Roja, donde resultó sometido a una intervención quirúrgica, pero falleció en la mesa de operaciones. Su trágica muerte, a manos de dos pistoleros pagados por el dictador cubano Gerardo Machado, causó una profunda conmoción en Cuba, en México y a escala internacional.

Entre 1930 y 1933 fueron frecuentes las manifestaciones de protesta donde trabajadores y estudiantes marchaban juntos por las calles gritando “¡Abajo Machado!” y “¡Revolución ¡Revolución! ¡Revolución!”.

El 1ro de abril de 1934 Antonio Guiteras Holmes publicó un artículo en la revista Bohemia, que en uno de sus párrafos expresaba: “Yo, —que tengo la satisfacción de haber llevado a la firma del Presidente Grau los decretos que atacaban más duro al imperialismo yanqui—, los vi retroceder, porque acudían a mí —Carbó, Lucilo de la Peña, Batista y otros— para convencerme de la necesidad de disminuir el ataque, de variar nuestra conducta.” “[…] Un estudio somero de la situación político económica de Cuba, nos había llevado a la conclusión de que un movimiento que no fuese anti-imperialista en Cuba, no era una revolución. Se servía al imperialismo yanqui o se servía al pueblo, pues sus intereses eran incompatibles.”

En 1936 las Brigadas Internacionales acudieron desde disímiles latitudes a luchar contra el fascismo en España bajo la consigna “¡No pasarán!”. En distintosmomentos alrededor de un millar de cubanos se incorporaron a esta contienda en apoyo del pueblo español.

Uno de aquellos cubanos, el estudiante de medicina Rodolfo de Armas Soto, que comandaba una compañía integrada por comunistas y guiteristas, expresó enardecido a sus subordinados: “Recuerden muchachos, ni un paso atrás, caiga quien caiga, la batalla será dura, las líneas enemigas compuestas en su mayoría por alemanes están bien equipadas y van a recibir apoyo de la aviación, esta es la oportunidad que se nos presenta de demostrar que la Centuria Antonio Guiteras, puede ser destruida, pero no se rendirá ante las tropas fascistas.”

Unas horas después, en pleno combate, hirieron a uno de sus hombres y al tratar de rescatarlo De Armas fue herido gravemente en una pierna.  El jefe del batallón le ordenó retirarse, pero él no podía acatar una orden como aquella. Para controlar la sangre se hizo un torniquete por encima de la herida y siguió adelante, disparando contra un nido de ametralladoras. Murió en el acto, pero su ejemplo de valentía y heroísmo continuó inspirando a sus compañeros de armas en futuras contiendas.

A partir de 1944, en Cuba, durante las luchas del movimiento obrero, del campesinado y de los estudiantes, contra los gobiernos de turno que respondían a los intereses de la oligarquía criolla y las compañías norteamericanas, se conocieron muchas consignas revolucionarias, pero las más frecuentes eran: “¡Abajo la dictadura!” “¡Abajo la tiranía!” y “¡Abajo Batista!”

El 26 de julio de 1953, en las primeras horas de la madrugada, antes de partir de la granjita Siboney rumbo al cuartel Moncada, el joven abogado Fidel Castro Ruz dirigió las siguientes palabras a sus compañeros: “¡Jóvenes del Centenario del Apóstol, como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de Libertad o Muerte!”

Tras los sucesos ocurridos en Santiago de Cuba, unos cuarenta combatientes que habían sido capturados por la soldadesca, cumpliendo órdenes de Fulgencio Batista fueron conducidos al campo de tiro del Moncada donde resultaron ametrallados mientras gritaban ¡Viva Cuba libre! ¡Viva la Revolución! ¡Viva Fidel Castro!

A partir de estos hechos, durante las manifestaciones que se producían a lo largo del país, era frecuente escuchar frases como “¡Viva Fidel!”, “¡Viva el Movimiento 26 de Julio!” y “¡Viva la Revolución!” que continuaron inspirando a los cubanos durante los próximos acontecimientos.

Al amanecer del 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco del yate Granma, alrededor de cuatrocientos jóvenes vestidos de verde olivo con brazaletes rojinegros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, inundaron las calles de Santiago de Cuba. José Tey Saint Blancard (Pepito), que avanzaba a la vanguardia, levantó su fusil gritando “¡Viva Cuba libre!” y sus acompañantes corearon la consigna. No muy lejos de allí, Frank País exclamaba emocionado la misma frase.

Gritando “¡Viva la Revolución!” y “¡Abajo Batista!” un grupo de jóvenes atacó la estación de policía ubicada en la Loma del Intendente, en Santiago de Cuba, lanzando cocteles Molotov y disparando sus armas. Al cabo de unos minutos el edificio estaba ardiendo. En el levantamiento de esta ciudad perdieron la vida numerosos combatientes, incluyendo Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada, pero el heroísmo de los santiagueros estremeció al régimen batistiano y demostró que el pueblo cubano estaba dispuesto a luchar.

En horas de la madrugada del 5 de diciembre, en Alegría de Pío, durante el enfrentamiento contra una tropa del Ejército batistiano, los soldados enemigos conminaron a los expedicionarios del Granma a rendirse. Inmediatamente y en medio de una intensa balacera, el combatiente Juan Almeida Bosque respondió con energía “¡Aquí no se rinde nadie! ¡Cojones!”, una expresión que formulaba la irrevocable voluntad de un pequeño grupo de hombres decididos a ser libres o mártires. Y es que los términos “rendición” y “derrota”, nunca han existido en el vocabulario de los revolucionarios cubanos.

Al final de la medianoche del 18 de diciembre de 1956, en Purial de Vicana, Fidel y Raúl se encontraron debajo de unas palmas que crecían en el cañaveral del campesino Mongo Pérez. Después del abrazo emocionado Fidel preguntó: — “¿Cuántos fusiles traes?”. — Cinco, respondió Raúl. “¡Y dos que tengo yo, siete!” “¡Ahora sí ganamos la guerra!” una frase que en aquellas difíciles circunstancias ponía de manifiesto el optimismo de Fidel y su convicción en la victoria.

El 13 de marzo de 1957, poco antes de morir en un enfrentamiento con la policía batistiana, el líder de la Federación Estudiantil Universitaria José Antonio Echeverría expresó a sus compañeros en lo que se considera su testamento político: “Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo”.

El 16 de abril de 1958 como premio a su lealtad, valor a toda prueba, talento militar y dotes de jefe, Camilo Cienfuegos Gorriarán recibió el ascenso a Comandante, máximo grado militar otorgado por el Ejército Rebelde. Entonces se encontraba en los llanos del río Cauto, cumpliendo misiones estratégicas asignadas por Fidel en el triángulo Bayamo, Manzanillo, Las Tunas. Siete días después Camilo remitió una carta a Fidel en la que expresó: “Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza”.

A partir del Primero de Enero de 1959 con el triunfo de la Revolución expresiones como “¡Viva Fidel!” y “¡Viva la Revolución cubana!” se hicieron cada vez más intensas ante cada amenaza y frente a las constantes agresiones del gobierno estadounidense y sus servicios de inteligencia y subversión.

El 5 de marzo de 1960 durante el sepelio de las víctimas del sabotaje al vapor francés La Coubre en el puerto de La Habana, donde se reportaron 101 muertos y unos 400 heridos, Fidel denunció al Gobierno de Estados Unidos y la Agencia Central de Inteligencia como responsables del hecho, y expresó espontáneamente por primera vez la frase “¡Patria o Muerte!”.

El 1ro de mayo, durante el desfile popular en la Plaza de la Revolución, una representación de estudiantes, obreros y campesinos venezolanos pasó frente a la tribuna portando su bandera nacional y cantando el himno de Venezuela. Al ser invitados a subir a la tribuna, todavía sin tomar asiento comenzaron a gritar ¡Cuba sí, yanquis no! expresión que encontró eco en todos los asistentes.

El 7 de junio de 1960, durante la clausura del Primer Congreso de la Federación Nacional de Trabajadores de Barberías y Peluquerías, que se celebraba en el teatro de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), donde tres meses antes habían sido expuestos los restos mortales de los caídos en la explosión de La Coubre, Fidel agregó a la frase “¡Patria o Muerte!” la convicción de “¡Venceremos!”.

En ese momento el máximo líder de la Revolución cubana argumentó: “Para cada uno de nosotros, individualmente, la consigna es ¡Patria o Muerte!, pero para el pueblo, que a la larga saldrá victorioso, la consigna es ¡Venceremos!”. En ese instante quedó bien definido para el futuro, que los cubanos solo tenemos una opción ¡luchar hasta la victoria! Desde entonces, al finalizar sus discursos Fidel siempre concluyó con la expresión “¡Patria o Muerte!” “¡Venceremos!” seguida de los aplausos de nuestro pueblo.

El 2 de enero de 1961 durante una concentración popular  que tuvo lugar en la Plaza de la Revolución, cuando Fidel expresó que la Embajada de Estados Unidos en La Habana no podía tener ni un funcionario más de los once que Cuba tenía en Washington, el pueblo comenzó a exclamar: “¡Que se vayan! ¡Cuba sí, yanquis no! ¡Pin pon fuera, abajo la gusanera!”.

El 15 de abril, en la base aérea de Ciudad Libertad, el miliciano Eduardo García Delgado, de 25 años, herido mortalmente por la metralla de la aviación mercenaria, utilizando sus últimas fuerzas escribió con su sangre sobre la superficie de una puerta un nombre que contenía un significado especial para él y para todo nuestro pueblo: FIDEL.

Entre los días 17 y 19 abril de 1961, con la consigna de “¡Patria o Muerte!” “¡Venceremos!” nuestros combatientes del Ejército Rebelde, las Milicias y la Policía Nacional Revolucionaria derrotaron en Playa Girón a la Brigada de Asalto 2506, organizada, financiada y armada por el Gobierno estadounidense, entrenada por oficiales del Pentágono y la CIA y escoltada hasta nuestras aguas territoriales por buques de la flota norteamericana.

En horas de la noche del 23 de octubre de 1962, ante las cámaras de la televisión cubana, en el escenario de la Crisis de los Misiles, Fidel Castro impugnó los argumentos utilizados por el Presidente norteamericano para implantar el bloqueo total contra Cuba. “[…] ¿Quién ha dicho que tenemos que rendir cuentas a los imperialistas, a los agresores, de las medidas y de las armas que tenemos? […] Nunca seremos agresores. […] Por eso nuestras armas nunca serán ofensivas. […] rechazamos todo intento de fiscalización […] ¡Cualquiera que intente inspeccionar a Cuba debe saber que tiene que venir en zafarrancho de combate! […]”

El 30 de noviembre de 1964, en ocasión del octavo aniversario del alzamiento de Santiago de Cuba en apoyo al desembarco de los expedicionarios del yate Granma, el comandante Ernesto Che Guevara, en su condición de ministro de Industrias pronunció las palabras centrales y tras reconocer la heroicidad de los santiagueros, rememoró los recientes sucesos ocurridos en el Congo, donde mercenarios belgas habían destruido la estatua del revolucionario Patricio Lumumba y expresó: “[…] la bestialidad imperialista, que no tiene fronteras, ni pertenece a un país determinado, y la estatua a Lumumba, hoy destruida, pero mañana reconstruida, nos recuerda […] que no se puede confiar en el imperialismo, ni tantito así, nada.”

El 3 de octubre de 1965, cuando Fidel anunció la integración del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y leyó la carta de despedida de Ernesto Che Guevara, al final se pudo apreciar la frase “Hasta la Victoria Siempre. ¡Patria o Muerte!” con la que el Guerrillero Heroico selló su eterno compromiso de lealtad a Fidel y a la Revolución cubana. Su ejemplo de combatiente internacionalista inspiraría a movimientos revolucionarios de naciones como Angola, Argelia, Etiopía, Guinea Bissau, Mozambique, Namibia, Nicaragua y Vietnam, que supieron enarbolar nuevas consignas y luchar hasta la victoria.

En 1975, cuando Cuba acudió en defensa de la Independencia de Angola, los combatientes internacionalistas cubanos junto con los oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FAPLA) derrotaron a poderosas fuerzas integradas por el Ejército de África del Sur, por el Ejército zairota, por bandas terroristas del Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA) y la Unión para la Independencia Total de Angola (UNITA), apoyadas por los gobiernos de Estados Unidos, Sudáfrica y Zaire, y a otras fuerzas integradas por mercenarios europeos y norteamericanos. En esta misión, que concluyó al cabo de dieciséis años, los internacionalistas cubanos asumieron las consignas angolanas de “¡La lucha continúa! ¡La victoria es cierta!”.

El 6 de octubre de 1976 se produjo el sabotaje en pleno vuelo de una aeronave civil de Cubana de Aviación sobre las costas de Barbados, donde perdieron la vida las 73 personas que viajaban a bordo, incluyendo el equipo juvenil de esgrima.

El 15 de octubre, al despedir el duelo de las víctimas del acto terrorista en la Plaza de la Revolución Fidel expresó: “Nuestros atletas sacrificados en la flor de su vida y de sus facultades serán campeones eternos en nuestros corazones; sus medallas de oro no yacerán en el fondo del océano, se levantan ya como soles sin manchas y como símbolos en el firmamento de Cuba; no alcanzarán el honor de la Olimpiada, pero ¡han ascendido para siempre al hermoso olimpo de los mártires de la patria! ¡Una patria cada vez más revolucionaria, más digna, más socialista y más internacionalista será el grandioso monumento que nuestro pueblo erija a su memoria y a las de todos los que han caído o hayan de caer por la Revolución!”

El 14 de noviembre de 1983 durante la despedida de duelo de los cubanos caídos en Granada afrontando el ataque imperialista yanqui Fidel expresó: “Con relación a Cuba, si en Granada necesitaron una división élite para combatir contra un puñado de hombres que luchaban aislados en un pequeño reducto, sin fortificación alguna, a mil millas de su patria, ¿cuántas divisiones necesitarían contra millones de combatientes en su propio suelo, junto a su propio pueblo? Nuestro país podrá ser barrido de la faz de la Tierra, pero jamás podrá ser conquistado y sometido”.

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