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EXPRESIONES, CONCEPTOS Y CONSIGNAS

Reflejo de nuestras tradiciones de luchas y de victorias

Pedro Etcheverry Vázquez

Tomás Gutiérrez González

Generalmente, a lo largo de nuestra historia los cubanos hemos tenido que enfrentarnos a fuerzas enemigas muy poderosas, y en esas confrontaciones han surgido expresiones, conceptos y consignas que han ido enriqueciendo el patriotismo y la combatividad de los cubanos, formando parte de hermosas tradiciones de lucha. Durante estos enfrentamientos, en diferentes etapas, personalidades e incluso hombres y mujeres sencillos, desenvolviéndose en circunstancias muy difíciles han coincidido en su forma de actuar, tomando decisiones y trazando pautas en las que nuestra nación siempre ha salido fortalecida.

A principios de 1822 apareció en la fachada de la Iglesia de Paula, en La Habana, un letrero con evidentes faltas de ortografía donde se leía: “Biba la independencia/ por la razón o la fuerza/ Señor alluntamiento de trinidad/ independencia o muerte”.

La historia, que ha calificado este hecho como el primer cartel político exhibido en un lugar de acceso libre al público cubano, también reconoce que en sí mismo constituyó una incipiente expresión del espíritu de lucha que comenzaba a sedimentarse entre los trinitarios.

Un año más tarde comenzó a aparecer la frase “¡Independencia o Muerte!” en las paredes y las puertas de algunos establecimientos existentes en La Habana.

En 1826, respondiendo a un individuo que trataba de demostrar que cuando impartía clases de filosofía su pensamiento no contenía la carga independentista que expresaba en el periódico El Habanero, Félix Varela y Morales respondió: “Cuando yo ocupaba la Cátedra de Filosofía del Colegio de San Carlos de La Habana pensaba como americano; cuando mi patria se sirvió hacerme el honroso encargo de representarla en Cortes, pensé como americano; en los momentos difíciles en que acaso estaban en lucha mis intereses particulares  con los de mi patria, pensé como americano; cuando el desenlace político de los negocios de España me obligó a buscar un asilo en un país extranjero por no ser víctima en una patria, cuyos mandatos había procurado cumplir hasta el último momento, pensé como americano, y yo espero descender al sepulcro pensando como americano”. Con estas palabras puso de manifiesto el sentido latinoamericanista de su pensamiento, donde los conceptos que defendía estaban encaminados a la salvaguarda de su patria grande: América.

El 23 de enero de 1843 el abogado camagüeyano Joaquín de Agüero y Agüero concedió la libertad a sus esclavos, distribuyó entre ellos algunas de sus tierras y se alzó en armas, pero por falta de organización y experiencia militar el movimiento fracasó y tuvo que emigrar.

El 4 de julio de 1851 Agüero se volvió a alzar, esta vez bajo el grito “¡Viva Cuba libre!” y leyó un documento titulado “Acta de la Declaración de Independencia”. El 13 de julio, víctima de una delación junto con los veintitrés hombres que lo acompañaban, fue sorprendido por fuerzas españolas en la hacienda San Carlos, en Guáimaro, donde se batieron con ejemplar heroísmo a los gritos de “¡Viva la Patria!” y “¡Viva la Libertad!”, en lo que está considerado como el primer combate entre tropas españolas y cubanos en la historia de la nación.El 12 de agosto de 1851 Agüero fue fusilado junto con tres de sus compañeros.

El 23 de julio, en Trinidad, se alzó el teniente coronel de Milicias españolas José Isidoro Armenteros Muñoz al frente de unos cincuenta patriotas y al grito de “¡Cuba Libre e Independiente!”. En el enfrentamiento con las fuerzas colonialistas Armenteros resultó prisionero junto con el escritor y poeta separatista Fernando Hernández Echerri y Rafael Arcís. El 18 de agosto de 1851 fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento en la zona de Mano del Negro, en Trinidad.

El 10 de octubre de 1868 en su ingenio Demajagua, a los gritos de “¡Independencia o Muerte!”, ¡Viva Cuba! y ¡Muera España! el hacendado Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo al frente de un grupo de patriotas, concedió la libertad a sus esclavos y se alzó en armas contra el poder colonial español, dando inicio a una guerra que se extendió durante diez años para alcanzar la independencia de la nación y sacar de la esclavitud a más de un millón de esclavos blancos y negros.

Al anochecer de ese mismo día, Céspedes entró en el poblado de Yara con escasos hombres y solo treinta y seis armas, donde se volvió a escuchar el grito de “¡Viva Cuba libre!” Pero poco antes había ingresado en el poblado una columna española procedente de Bayamo. La inexperta caballería cubana chocó con la tropa española y ante la sorpresa recibida se dispersó en varias direcciones. En ese momento Céspedes logró reagrupar once hombres, pero en aquella difícil situación alguien exclamó: “Todo se ha perdido”. A lo que Céspedes respondió con energía y convicción: “Aún quedamos doce hombres: ¡bastan para hacer la independencia de Cuba!”

En la madrugada del 12 de octubre, cuando conoció el levantamiento ocurrido dos días antes, Mariana Grajales Cuello convocó en su hogar a su esposo y sus hijos para expresarles: “De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella.” Al amanecer su esposo y los tres hijos mayores partieron hacia la manigua redentora y se incorporaron a una lucha armada en la que derrocharon valentía y heroísmo sin límites.

El 20 de octubre, en Bayamo, el patriota Pedro Figueredo Cisneros (Perucho) cruzó una pierna sobre la montura de su caballo y escribió la letra del Himno Nacional que fue cantada por los allí presentes. Desde entonces en una de sus estrofas se puede apreciar la frase “¡Morir por la Patria es Vivir!” como símbolo del carácter patriótico de nuestro pueblo.

El 26 de octubre, a los gritos de “¡Al Machete!” y “¡Viva Cuba libre!”, cerca de un kilómetro al oeste del poblado de Pinos de Baire, sobre el camino real, tuvo lugar la primera carga al machete a las órdenes del mayor general Máximo Gómez Báez, derrotando a un fuerte contingente español que trataba de recuperar Bayamo bajo el mando del coronel Demetrio Quirós Weyler.

El 4 de noviembre de 1868, al grito de “¡Viva Cuba Libre!” un grupo de setenta y seis  patriotas camagüeyanos se alzó en armas en El Paso del río Las Clavellinas, cerca de la ciudad de Puerto Príncipe.

El 21 de enero de 1869 en el teatro Villanueva, de La Habana, cuando se representaba la pieza “El Perro Huevero, aunque le quemen el hocico”, de Juan Francisco Valerio, al guarachero Jacinto Valdés se le ocurrió gritar: ¡Viva Carlos Manuel! Acto seguido la frase fue coreada por una parte del público asistente, en su mayoría jóvenes de familias criollas.

Al día siguiente miembros del Cuerpo de Voluntarios se emboscaron en los fosos de las murallas muy cerca del teatro. En medio de una de las escenas un personaje llamado Matías expresó: “No tiene vergüenza ni buena ni mala, el que no diga conmigo ¡Viva la tierra que produce la caña!” Acto seguido desde las gradas respondieron con aplausos y gritos de ¡Viva Cuba Libre! Al escuchar aquella ovación los voluntarios asaltaron el teatro a punta de bayoneta y dispararon en todas direcciones, causando varios muertos y numerosos heridos.

El 20 de mayo de 1869, las fuerzas del teniente coronel Antonio Maceo y Grajales atacaron el ingenio Armonía, ubicado a unos treinta kilómetros al este noroeste de Palma Soriano, fuertemente custodiado por tropas españolas. Casi al final del combate, cuando los mambises habían alcanzado su objetivo de tomar el ingenio e incendiarlo, Maceo sufrió su primera herida de guerra y fue trasladado de inmediato hacia donde se encontraban algunos de sus familiares.

Cuando varias mujeres lo vieron llegar en estado de gravedad, comenzaron a llorar y a lamentarse. Ante aquella situación Mariana Grajales reaccionó expresando: “¡Fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas! Y volviéndose hacia Marcos el menor de los hijos, añadió: “¡Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas para el campamento!”.

El 7 de febrero de 1870 Carlos Manuel de Céspedes respondió a una campaña contra el Ejército Libertador, leyendo un manifiesto que en uno de sus párrafos expresaba: “Al lanzarse Cuba en la arena de la lucha, al romper con brazo denodado la túnica de la monarquía que aprisionaba sus miembros, pensó únicamente en Dios, en los hombres libres de todos los pueblos y en sus propias fuerzas. Jamás pensó que el extranjero le enviase soldados ni buques de guerra para que conquistase su nacionalidad”. Alguien preguntó qué harían los cubanos si triunfaban los españoles; y Céspedes respondió: “Caer sobre ellos con el sable en una mano y el revólver en la otra, y morir matando”.

El 26 de mayo de 1870, en el rancho El Idilio, a varias leguas de Puerto Príncipe, la señora Amalia Simoni Argilagos, esposa del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, fue capturada junto con su hijo, su hermana Matilde y otros integrantes de su familia. Un general español, que conocía la identidad de los prisioneros, le solicitó a Amalia que escribiera a su esposo, pidiéndole que por amor a ella y a su hijo renunciara a la Revolución. Amalia no tardó en responder: “General, primero me cortará usted la mano, antes que le escriba yo a mi esposo que sea traidor.”

A principios de 1871, cuando el Mayor General Ignacio Agramonte ejercía sus funciones como jefe del Distrito Camagüey, dirigió a los camagüeyanos una enérgica proclama. Algunos pensaron que los esfuerzos de su jefe serían infructuosos y le solicitaron una entrevista. Proponían hacerle ofertas de paz “ventajosas para los cubanos y convenientes para él mismo”.

Agramonte los recibió en la finca La Redonda donde la entrevista se realizó sin bajarse de los caballos. Permaneció callado y muy serio escuchando a los comisionados, quienes pretendían convencerlo sobre la inutilidad de su sacrificio y la conveniencia de una capitulación que llamaban “honrosa”.

Agotados todos los argumentos, uno de los visitantes expresó: “¿Qué elementos tienes para continuar la guerra, Ignacio?” “¿Con qué van a seguir tus hombres esta lucha sangrienta, sin armas ni municiones? El Mayor recorrió con una profunda mirada de desprecio los rostros de sus interlocutores y antes de volver grupas para regresar al campamento, replicó: “¡Con la vergüenza de los cubanos!”

El 15 de marzo de 1878 en los Mangos de Baraguá, el Mayor General Antonio Maceo comunicó al General español Arsenio Martínez Campos que “los orientales no estaban de acuerdo con lo pactado en El Zanjón, porque con ese tipo de paz no se lograba la independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud.”

Su interlocutor respondió que no era posible que ningún español que se respetara a sí mismo les concediera la libertad a los cubanos. Y en cuanto a la abolición de la esclavitud expresó que era un asunto que las Cortes tenían que decretar. Acto seguido añadió: “Pero es que ustedes no conocen las bases de lo acordado en El Zanjón”.A lo que Maceo respondió: “Y porque las conocemos es que no estamos de acuerdo con ellas”.

Cuando Martínez Campos ordenó a uno de sus asistentes que le entregara un documento para tratar de explicarse, Maceo respondió con energía: “¡Guarde usted ese documento! ¡No queremos saber de él!”

Entonces Martínez Campos expresó: “Es decir, que no nos entendemos” y Maceo respondió: “¡No, no nos entendemos!” En clara alusión a los ocho días acordados para reiniciar la contienda, que para los cubanos significaba continuar luchando por la independencia y la abolición de la esclavitud, Martínez Campos agregó: “Quiere decir que el 23 se rompen las hostilidades” y Maceo respondió: “El 23 se rompen las hostilidades”.

Martínez Campos intentó realizar un último esfuerzo para que Maceo se reuniera en asamblea con la oficialidad presente y que por mayoría resolvieran la complicada situación. Pero Maceo recalcó: ¡Es inútil, soy el eco de los jefes y oficiales que me rodean! Cuando Martínez Campos se retiraba, Florencio Duarte uno de los oficiales que acompañaban a Maceo gritó emocionado: ¡Muchachos, el 23 se rompe el corojo!

Al cabo de dos meses concluyó la Guerra de Independencia pero la simiente emancipadora y antiesclavista quedó latente en el ánimo de los patriotas cubanos.

El 13 de junio de 1884, en San Pedro Sula, Honduras, el Mayor General Antonio Maceo remitió una carta a José Dolores Poyo, director del periódico independentista El Yara, de Cayo Hueso, que en uno de sus párrafos expresaba: “Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha. Cuba tiene muchos hijos que han renunciado a la familia y al bienestar por conservar el honor y la Patria. Con ella pereceremos antes que ser dominados nuevamente; queremos independencia y libertad.”

El 28 de noviembre de 1891, en el Liceo de Tampa, en ocasión de conmemorarse el vigésimo aniversario del fusilamiento de los Ocho Estudiantes de Medicina, José Martí leyó las “Resoluciones de la emigración cubana de Tampa”, proclamando la necesidad de unir a todos los revolucionarios en una acción común. Cuando concluyó la lectura, los emigrados presentes bajo el compás del Himno de Bayamo gritaron “¡Viva Cuba Libre!”.

El 24 de febrero de 1895 cuando comenzó la Guerra Necesaria convocada por José Martí al frente del Partido Revolucionario Cubano, el grito de ¡Viva Cuba Libre! alcanzó una mayor connotación al responder a un avanzado programa de luchas que aglutinaba a todos los ciudadanos.

El 5 de mayo de 1895, después de la histórica reunión de Maceo, Martí y Gómez en La Mejorana, cerca del poblado de Dos Caminos de San Luis, a causa de las contradicciones surgidas Maceo abandonó el lugar. Al amanecer, abrumados Gómez y Martí escoltados por unos veinte hombres mal armados cabalgaron rumbo a Bayamo.

En el trayecto fueron interceptados por una avanzada de las fuerzas de Maceo, que los condujeron hasta el campamento, donde los mambises los acogieron espontáneamente y con sumo entusiasmo. Al conocer la cercana presencia de sus compañeros Maceo partió al galope seguido de su estado mayor para darles la bienvenida que se merecían. Durante el paso de revista el Titán de Bronce exclamó visiblemente emocionado “¡Viva Gómez!” y “¡Viva Martí!”, dejando atrás el mal momento vivido en la jornada anterior.

El 19 de mayo de 1895, alrededor de las cuatro de la madrugada, Martí partió para reencontrarse con Bartolomé Masó y Gómez llegó a Vuelta Grande cerca de las diez de la mañana. Alrededor de la una de la tarde fue improvisado un acto patriótico ante las fuerzas mambisas allí acantonadas.

El primero en hablar fue Gómez, seguido por Masó y Martí hizo las conclusiones. En una parte de su discurso nuestro Apóstol expresó: “Sobre las filas heroicas la bandera de Cuba abatirá al opresor”, a lo que los combatientes respondieron “¡Viva la Independencia!” y “¡Viva el Presidente!”. Unas horas después nuestro Apóstol cayó en Dos Ríos, de cara al sol, como él había previsto en uno de sus versos.

El 14 de julio de 1896, en carta al coronel Federico Pérez Carbó quien se encontraba cumpliendo una misión en Nueva York, el Mayor General Antonio Maceo reveló su agudeza política cuando expresó: “De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado, y será indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide: mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deuda de gratitud con un vecino tan poderoso”.

El 7 de diciembre, cuando Maceo cayó en el combate de San Pedro, en Punta Brava, su ayudante el capitán Francisco Gómez Toro (Panchito), de apenas veinte años de edad, que se encontraba en el campamento con un brazo en cabestrillo a causa de una herida en combate, corrió a su encuentro dispuesto a recuperar el cadáver de su jefe. El coronel Alberto Nodarse le ordenó retirarse del lugar, pero Panchito rehusó cumplir la orden. Unos minutos después balas enemigas lo hirieron en un costado impidiéndole moverse. Aún con vida, una guerrilla de cubanos al servicio de las fuerzas colonialistas lo mató a machetazos.

En la medianoche del 16 de diciembre de 1896, cuando Gómez conoció las muertes de Maceo y Panchito, mandó a buscar a su ayudante Bernabé Boza quien dudó de la noticia. El Generalísimo negó con la cabeza y expresó: “Es una esperanza compañero. Pero si el corazón de un amigo puede engañarse, el de un padre es difícil que se equivoque, el mío me dice que la noticia es cierta. […] Y yo que creía que ahora se me facilitaría descansar y es todo lo contrario […] ¡Más firme  aún al trabajo!”

El 11 de abril de 1898 el presidente norteamericano William McKinley presentó en el Capitolio un mensaje con el que trató de sellar el destino de Cuba y solicitó al Congreso la facultad de emplear las fuerzas militares y navales de Estados Unidos en la forma que fuera necesaria.

Al ser consultado sobre el tema, el conocido jurista y diplomático norteamericano Horatio Seymour Rubens afirmó que el Gobierno de Estados Unidos debía declarar sus intenciones respecto a la intervención, y acto seguido añadió: “El cubano está luchando por su independencia absoluta, independencia de todo yugo extranjero. Tiene un solo propósito: su independencia, y un solo lema: “¡Independencia o Muerte!”

El 1ro de enero de 1899, en virtud del Tratado de París firmado entre los gobiernos de Estados Unidos y España el 10 de diciembre anterior, los sueños de nuestro Apóstol quedaron truncos con la intervención norteamericana en la Isla, pero el espíritu de independencia continuó fértil en el pensamiento de los patriotas cubanos.

El 8 de enero Máximo Gómez escribió en su diario. “[…] los americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores, y no supieron endulzar la pena de los vencidos. La situación pues, que se le ha creado a este pueblo; de miseria material y apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía.”

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