Foto: Razones de Cuba

Habría que haberlo visto con sus botas de guerrillero desandando la Sierra, con su voz de trueno bajo la lluvia, en la plaza. Quién acompañara en vuelo a esa paloma posada sobre su hombro, en increíble presagio simbólico; o fuera parte del abrazo devoto de aquel pueblo.

Algunos nunca tendremos el privilegio de conocerlo en persona, pero lo llevamos grabado en el corazón y la memoria. El poder evocador de su palabra mantuvo cautivado un país durante horas, recuerdan algunos. “Yo le estreché la mano”, cuentan muchos con emoción vibrante. Odiado por unos, idolatrado por otros, figura entre las leyendas contemporáneas. Cada rincón de Cuba guarda la historia sobre Fidel. Cada cubano es parte de su obra, que al final es la de todos.

En la Sierra Maestra, 1959. Foto: Prensa Latina

El niño de Birán, después revolucionario impetuoso y soñador empedernido, nunca caminó solo. Otros muchos, Raúl el primero, anduvieron junto a él. La suya no fue una vida sin amor, dijo una vez, y tuvo razón. El odio no venció.

La entrañable relación entre Fidel y Raúl se ha convertido en un paradigma en la Historia de Cuba.

Abundan las razones para volver a Fidel hoy. Calcular la dimensión de su legado sería imposible, o al menos sumamente complejo. Está en los proyectos sociales, en las calles en la cuales puso su pie. Se alza en las manos de los que lo ayudaron a construir una nación y quienes todavía la llevan en brazos.

“La lucha debe ser implacable contra nuestras propias deficiencias y contra el enemigo insolente que intenta apoderarse de Cuba”, escribió en una de sus Reflexiones, el 31 de julio de 2007. La vigencia de su pensamiento es innegable. Salvando las diferencias de contexto, su discurso sobre Cuba y América sorprende por su actualidad. Habló de la seducción con dinero, “una de las armas predilectas de Estados Unidos para destruir la resistencia de Cuba”.

Fidel Castro pronuncia un discurso ante la juventud con una paloma posada en su hombro el 8 de enero de 1989. Foto: AFP.

“Nadie se haga la ilusión de que el imperio, que lleva en sí los genes de su propia destrucción, negociará con Cuba. Por mucho que le digamos al pueblo de Estados Unidos que nuestra lucha no es contra él —algo muy correcto— este no está en condiciones de frenar la condición apocalíptica de su gobierno ni la turbia y maniática idea de lo que llaman ‘una Cuba democrática”, también manifestó en La llama eterna. Parece que habló ayer.

A 95 años de su nacimiento, Fidel sigue levantando pasiones. Fue un hombre extraordinario dentro de la imperfecta condición humana. Nadie podría discutir con fundamento la dimensión de su autoridad moral o el valor de su presencia en el panorama sociopolítico de la Isla.

El legado de Fidel seguirá marcando a futuras generaciones de cubanos. Foto: Cubadebate

“Fidel es un hombre que plasma la Revolución en sí misma como tal: como dirección, orientación, fisonomía. Es evidente que para el conjunto del pueblo cubano, al margen de sus cualidades, de su eficacia como dirigente, es ya un símbolo que adquiere un valor fuera de lo humano, fuera de lo cotidiano”, dijo el escritor Julio Cortázar sobre el gigante cubano. Se enfrentó a los huracanes de igual a igual, de huracán a huracán, opinó de él el uruguayo Eduardo Galeano, en su libro Espejos. Una historia casi universal:

(…) sus enemigos no dicen que no fue por posar para la Historia que puso el pecho a las balas cuando vino la invasión;

(…) que sobrevivió a 637 atentados;

que su contagiosa energía fue decisiva para convertir a una colonia en Patria

y que no fue por hechizo de Madinga ni por milagro de Dios que esa nueva patria pudo sobrevivir a diez presidentes de Estados Unidos, que tenían puesta la servilleta para almorzarla con cuchillo y tenedor.

Ese fue, es, nuestro Fidel, el eterno hidalgo caribeño que todavía nos guía.  Y nos acompañará siempre, para pesar de nuestros enemigos.

infografía: Razones de Cuba

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