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Intervención de Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en el Encuentro Virtual Internacional “Fidel, un hombre de ciencia con visión de futuro”, desde el Palacio de la Revolución, el 13 de agosto de 2021, “Año 63 de la Revolución”.

(Versiones Taquigráficas-  Presidencia de la República)

Querida Mónica Valente, Secretaria Ejecutiva del Foro de Sao Paulo;

Queridos hermanos Nicolás, Evo, Lugo, Zelaya, Dennis;

Queridas y queridos destacados científicos cubanos: Marta, Conchita, Agustín, Luis, Vérez;

Queridos Abel, Atilio, Ramonet y Frei Betto;

Fidelistas todos, a quienes conocí y aprendí a querer desde la admiración y el cariño que les profesaba Fidel.

Amigas y amigos de la Patria Grande, y todos los que siguen este Encuentro desde distintas latitudes:

Cuando pienso que el hombre que nos reúne nació hace 95 años, en el oriente de Cuba, muy lejos de La Habana y más lejos aún de los lugares desde donde participan los demás invitados y que ese hombre vivió 90 años, de ellos más de 60 aportando ideas y prácticas revolucionarias que son ya referentes mundiales, tengo necesariamente que comenzar por celebrar la vida de Fidel Castro Ruz, Comandante en Jefe de la Revolución Cubana y líder de la izquierda revolucionaria de Nuestra América y del mundo.

Cuando se habla de Fidel, no se puede soslayar un hecho: es el estadista contra el cual se planearon más atentados en el siglo xx.  Y no solo sobrevivió a todos los planes enemigos, sino que se ha multiplicado miles de veces en nuevas generaciones de revolucionarios.

¿Quién de ustedes no lo siente cerca, de forma constante?  ¿Quién no lo ve reaparecer por todos los caminos revolucionarios que se abren en nuestra rebelde región?  ¿Qué revolucionario verdadero puede enfrentar los enormes desafíos de esta época sin pensar en Fidel?

Agradezco por eso, al Foro de Sao Paulo, la iniciativa de organizar junto a nuestro Partido el encuentro: “Fidel, un hombre de ciencia con visión de futuro”, homenaje a uno de los fundadores más preclaros que a la vez nos permite volver a una escuela de pensamiento y acción cuyas aulas son nuestras propias sociedades contemporáneas.

El tema apunta a la obra magnífica de un político excepcional que con humanismo, inteligencia, creatividad y tesón hizo revolución en la Revolución poniendo en primer plano la educación, la salud y la ciencia.

De esa obra emprendida sin distracción durante décadas, siempre en medio de los colosales desafíos que impone el bloqueo norteamericano, han emergido, generaciones tras generaciones, prestigiosos educadores, médicos y científicos que no dudo en calificar como consagrados combatientes por la vida.

Queridas hermanas y hermanos:

Aunque muy conocida por un auditorio como este, siento la necesidad de referirme a la frase que preside nuestro encuentro: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando; lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia; ya que una parte considerabilísima de nuestro pueblo no tenía acceso a la cultura, ni a la ciencia”.

 Esas palabras fueron dichas apenas unos días después de cumplirse el primer año del triunfo revolucionario, el 15 de enero de 1960, en un contexto social marcado por el alto nivel de analfabetismo que apenas comenzaría a revertirse al año siguiente con la paradigmática Campaña de Alfabetización, deslumbrante movimiento de participación social que ni las bandas de alzados que aterrorizaban a las poblaciones rurales pudieron detener.

Para los científicos cubanos –y las científicas, que hoy son amplia mayoría–, esa fecha es la más significativa del calendario gremial. Entienden que no se trata de una frase, sino del nacimiento de una política que iba a catapultar de forma masiva el talento nacional, hasta entonces relevante solo en excepcionales figuras ilustres.

Entre lo que Fidel dijo ese día y lo que Cuba ha construido en las últimas seis décadas, se advierte un hilo inquebrantable: la coherencia de un estadista con visión estratégica de futuro y la fidelidad a un programa político centrado en el desarrollo humano como fin último, por encima de criterios economicistas.

Consciente de las profundas limitaciones de una nación pequeña, subdesarrollada y dependiente, cuyo sentido de libertad incomodaría a la poderosa potencia vecina, desde muy temprano Fidel apostó por alcanzar la soberanía tecnológica y científica; y con la activa participación del pueblo, llenó a la Isla de escuelas, instituciones de salud y centros científicos.

En esa obra social sin precedentes descansa hoy la principal fortaleza del país frente a las adversidades de todo tipo, particularmente las que se derivan del obstinado, injusto y genocida bloqueo económico, financiero y comercial del Gobierno de los Estados Unidos, que es el principal obstáculo para el desarrollo de nuestro país.

“El hombre nuevo”, que fue el ideal humano de la generación histórica, definido por el Che en su indispensable ensayo El socialismo y el hombre en Cuba, hoy vive y trabaja en la Isla bajo las mayores presiones y las más agudas carencias.

Los he visto trabajando durante días, sin descanso, entregados en cuerpo y alma a la búsqueda científica de cura o en la atención a los enfermos de una pandemia terrible que mantiene en vilo al planeta entre la esperanza de las vacunas y la incertidumbre de cada cepa.

Ellos son el fruto de un sistema político distinto y de un pensamiento humanista emancipador y de vanguardia, todavía en minoría en el mundo, que coloca al ser humano por encima de las ganancias. Ese es el pensamiento de Fidel.

Retomando la idea de la fortaleza que nos aporta esa base educacional que tributa a una sólida comunidad científica y de profesionales de la Salud creada por la Revolución, puedo decirles que en ella se sustenta el enfrentamiento a la covid-19 que hemos sostenido hasta ahora con productos biofarmacéuticos, equipos médicos, protocolos de medicamentos, innovaciones y, sobre todo, el compromiso, la integración y el ejemplo de nuestros científicos y personal de la Salud.

Gracias a esos resultados hemos podido evitar que los contagios y la letalidad de la pandemia escalen a las cifras de las Américas y el mundo, aún por encima de los indicadores cubanos.

En estos momentos y a un costo incalculable, tanto en recursos materiales como humanos, estamos enfrentando el más intenso pico pandémico, con un crecimiento exponencial en contagios y lamentables pérdidas de vidas humanas, algo a lo que jamás podremos acostumbrarnos.

Compañeras y compañeros:

Hace poco más de un año, cuando ya la pandemia era un hecho y las transnacionales comenzaban a moverse en la producción de vacunas contra el virus de la covid-19, pedimos a nuestros investigadores –algunos de ellos aquí presentes– con más experiencia en el tema, buscar una solución soberana para nuestro pueblo.

Bajo la presión del mercado internacional y del acoso a Cuba, teníamos muy claro que, o creábamos nuestras propias vacunas o no tendríamos

protección garantizada, como ha pasado a varias naciones del Tercer Mundo.

Sin chovinismos ni petulancias, que están muy lejos de nuestra práctica política, nos acompañaba la más profunda convicción de que nuestros científicos podrían.  ¡Y pudieron!

Cuando las autoridades competentes confirmaron que habíamos conseguido la primera vacuna de América Latina y el Caribe contra la covid-19, Abdala, junto a otros cuatro candidatos vacunales en desarrollo con grandes perspectivas, todos pensamos en Fidel, en su visión de futuro y su fe en el hombre, que le hicieron impulsar proyectos de investigación, producción y desarrollo de las ciencias, en los momentos en que naciones poderosas arriaban las banderas del socialismo y el internacionalismo.

Pensamos en él, que avizoró muy tempranamente que frente a pandemias y otros azotes naturales seríamos los países pobres los más afectados y transformó en hechos y certezas la palabra solidaridad, la más hermosa y necesaria bandera de la Revolución. Así hemos afirmado el principio de compartir lo que tenemos y no lo que nos sobra, algo absolutamente desconocido por gobiernos regidos por el egoísmo y la avaricia que imponen las reglas neoliberales.

Cuesta mucho hablar de avances y conquistas en medio del contexto más adverso, pero no podemos esconder el éxito que ha coronado tanto esfuerzo de los mejores hijos de la Patria.

Estamos demostrando estar en capacidad de producir nuestras propias vacunas y llegar con ellas a toda la población en el menor tiempo posible, sin que nos hayan levantado ni una pulgada del bloqueo. Todo lo contrario, este se ha arreciado.

Qué hubiera significado la

covid-19 para Cuba sin esas fortalezas, nacidas del pensamiento de Fidel y sostenidas bajo las mayores presiones externas.

No solo estamos enfrascados en combatir la presencia de la famosa cepa Delta, sino también esa otra cepa maligna, sin cura visible, que es el bloqueo, con 243 medidas adicionales implementadas por la administración Trump y que la administración Biden mantiene, en contradicción con los discursos de campaña del actual mandatario y sus cínicas demandas de respeto a los derechos humanos y a las libertades políticas para el mismo pueblo cubano al que insiste en asfixiar a golpe de sanciones económicas.

Esa es, sin dudas, la naturaleza del imperio yanqui, que nació robándose la libertad de otras naciones. Viendo lo que hacen hoy contra nosotros, se comprende

mejor aquel mensaje de José Martí en su carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado, donde declara la consagración de todos sus esfuerzos “para impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Y se entiende mejor aún el mensaje de Fidel a Celia, que observábamos hoy en una exposición fotográfica que en su conmemoración inauguramos en horas tempranas de la mañana, que Celia guardó con suma discreción en un pequeño papel que la historia convirtió en documento valiosísimo, por cuanto el líder de la Revolución declara en él que su guerra definitiva, después de la victoria contra la dictadura batistiana, sería contra el imperio que abastecía de armas al ejército que masacraba al pueblo.

Foto: Estudios Revolución

Hermanas y hermanos:

Aunque los enemigos de la Revolución Cubana se empeñen en desacreditar la extraordinaria obra humanista y solidaria de nuestro pueblo para con otras naciones del continente y del mundo, hoy es preciso concretar un acto de reconocimiento a los trabajadores de la Salud, cuya consagración a salvar vidas les ha ganado el respeto y la consideración de millones de personas en todo el mundo.

En otra clara expresión de continuidad, en este caso de la vocación internacionalista del pueblo de Cuba, el Contingente Internacional para situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, creado por Fidel para ayudar al pueblo norteamericano cuando fue azotado por el huracán Katrina, en un gesto, por cierto, negado a priori por las autoridades estadounidenses de entonces, ha cumplido honrosas misiones solidarias en numerosos países del mundo golpeados por huracanes, terremotos, el ébola, deslaves, intensas lluvias, sin importar gobiernos o ideologías.

Nos enorgullece mucho este ejército, único en el mundo por sus orígenes, que se propuso salvar vidas y no lanzar bombas, como dijo Fidel.

Estimadas amigas y amigos:

De Fidel aprendimos a perseguir los sueños que por difíciles que parezcan son alcanzables si confiamos en el pueblo, lo involucramos y nos armamos de compromiso, perseverancia y dedicación, cambiando permanentemente todo lo que deba ser cambiado, en función de la sagrada justicia social, la independencia, la soberanía, el antimperialismo y la integración.

Por justa, por noble y por ser la más valiosa herencia de una historia de más de 100 años de lucha, nuestra causa nos inspira y compromete profundamente como leales continuadores de la Generación del Centenario.

En el aniversario 95 del natalicio del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, vemos su inmenso legado en la vanguardia desafiándonos. Pero apreciamos también la enseñanza permanente que más de una vez nos ha recordado el General de Ejército Raúl Castro, su hermano de sangre y de ideas, y cito: “…el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios.”

Bajo esa convicción seguimos impulsando el desarrollo económico y social del país, apostando a la ciencia, a la tecnología y a la innovación, como se aprobó en el Octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba. 

Pero nuestro enemigo histórico se empeña en interrumpir esos esfuerzos; a su política injusta, cruel y genocida de bloqueo, el Gobierno estadounidense incorpora hoy una feroz campaña de desestabilización, diseñada y financiada desde ese país, cuyas autoridades aprovechan de manera deliberada, brutal y oportunista el impacto de la pandemia y las enormes dificultades que ello genera.

Incitando abiertamente a la violencia y el desorden social, desde plataformas digitales que presumen de rechazar tales contenidos y hacen de la vista gorda con las incitaciones a delinquir e incluso asesinar en Cuba, los laboratorios de iv Generación construyen una realidad paralela desde la cual intentan mostrar un clima de ingobernabilidad y promover la intervención, bajo falsa bandera humanitaria, como antes lo hicieron en Yugoslavia, Iraq y Libia.

Medios de comunicación tradicionales, abiertamente orientados contra Cuba, y plataformas globales dispuestas a emplear la hegemonía que ostentan en los flujos de información, potencian la generación de noticias falsas, tergiversan y manipulan los hechos, apuntan a denigrar a las autoridades del país y promueven acciones vandálicas como si fueran actos pacíficos de desobediencia civil.

El objetivo es quebrar la voluntad, fracturar a las instituciones y socavar la unidad nacional. A ese fin se consagran millonarios recursos y programas de manual.

Seguramente es en este grupo de compañeros y amigos donde menos necesitaría explicar los modos en que se actúa. Lugo, Zelaya, Lula, Maduro, Daniel, Evo han pasado por similares experiencias y aún las padecen. Atilio, Ramonet y Frei Betto las han estudiado desde sus orígenes y las han expuesto a la luz pública con seria y abundante evidencia.

Ustedes sufren en carne propia los zarpazos del podrido manual de acciones que producen los laboratorios de la Guerra No Convencional para derrocar gobiernos legítimos, los mismos que rigurosamente se han ejecutado con anterioridad en varios países del Medio Oriente, Europa y también en América Latina y el Caribe.

Poderosas plataformas tan populares como Twitter y Facebook  han permitido y hasta respaldado, sin un ápice de ética, las acciones de odio contra Cuba. Semanas después de los desórdenes del 11 de julio se mantiene el bombardeo de imágenes cargadas de violencia, protestas, vandalismo, amenazas y acoso, como si fueran en tiempo real.

Las cubanas y los cubanos, en estas horas de prueba, se enfrentan al doble desafío del pico pandémico y del pico del bloqueo. La resistencia creativa, lo que seamos capaces de avanzar a partir de nuestros propios esfuerzos  y la dignidad son nuestros escudos.

No vamos a renunciar a nuestros derechos al desarrollo, al progreso, al conocimiento. No vamos a renunciar a Internet que, como dijo sabiamente Fidel, parece inventada para nosotros, los pobres de la Tierra, pues pone infinidad de conocimientos al alcance de un click.

Tampoco vamos a dejar que nos roben las esencias de conceptos como democracia, libertad, derechos humanos, conquistas de los revolucionarios de todas las latitudes y de todas las épocas, de quienes nos consideramos genuinos herederos.

Con las más valiosas enseñanzas de Fidel y una inspiradora juventud que cuestiona, empuja y defiende nuestra plaza sitiada, estamos convencidos de que es posible derrotar esta nueva ofensiva imperialista.

No habrá pandemias, ni bloqueos, ni presiones imperiales que cambien nuestra marcha hacia un socialismo soberano e independiente, próspero y sostenible.

Queremos aprovechar la ocasión para agradecer profundamente las acciones de respaldo y solidaridad a Cuba recibidas de gobiernos, personalidades, organizaciones políticas, movimientos de solidaridad, sociales y populares en el mundo y especialmente en nuestra región.

La posición digna y soberana de la mayoría de las naciones latinoamericanas y caribeñas hizo fracasar los intentos de los Estados Unidos de acusar a Cuba, utilizando para ello su desprestigiado “ministerio de colonias” que representa la OEA.

Cuba se solidariza con los pueblos y gobiernos progresistas y de izquierda de la región, que se esfuerzan por llevar adelante el mejoramiento de las condiciones de vida de sus pueblos, en especial en el enfrentamiento a la pandemia y a las secuelas del neoliberalismo salvaje.

Agradezco al Foro de Sao Paulo, que se nutre del legado antimperialista y de unidad de los próceres y líderes de Nuestra América, su decidido apoyo y compromiso en la organización de este homenaje al invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Seguiremos junto al Foro contribuyendo a la unidad e integración de América Latina y del Caribe, sueño pendiente de nuestros próceres y garantía definitiva de la prosperidad por conquistar.

Ante la difícil y compleja batalla que libramos todos los días, y que nada indica será más fácil en lo adelante, permítanme concluir rememorando un aleccionador pensamiento de Fidel cuando expresó: “¡Fue la unión la que nos hizo triunfar, fue la unión la que nos dio capacidad de vencer, fue la unión la que nos dio fuerzas para resistir exitosamente al más poderoso imperio que haya existido jamás! ¡Y aquí está la Revolución, y aquí seguirá estando la Revolución!”

Fidel es presente y futuro, como lo es la Revolución a la que su pueblo da continuidad.

Gracias, Fidel, tu magnífico legado nos guía.

¡Unidos venceremos!

¡Hasta la Victoria Siempre! (Aplausos.)

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