Pedro Etcheverry Vázquez y Luis Rodríguez Hernández

La Operación Jaula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias frustró la Operación Silencio y contribuyó a la derrota de la Operación Zapata dirigidas por la Agencia Central de Inteligencia, al ocupar todos los lanzamientos de armas por vía aérea y desarticular el principal foco de bandas terroristas del Escambray, lo que trajo como consecuencia que las autoridades norteamericanas desplazaran el desembarco de la Brigada de Asalto 2506 de Trinidad hacia Playa Girón, donde los mercenarios fueron derrotados por fuerzas del Ejército Rebelde, las Milicias y la Policía Nacional Revolucionaria, con el apoyo de los pobladores de la región.

Este proyecto comenzó el 17 de marzo de 1960 cuando el presidente Dwight D. Eisenhower aprobó un documento secreto denominado “Un programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”, que incluía la organización de una oposición interna en Cuba, la creación de campamentos de entrenamiento de emigrados cubanos en la isla Useppa (Florida), en Fort Benning (Panamá) y en Retalhuleu (Guatemala), donde se prepararían las fuerzas que desencadenarían la guerra irregular en toda la isla, la conformación de una red clandestina de organizaciones contrarrevolucionarias capaces de asesinar dirigentes, realizar sabotajes y desatar campañas de propaganda subversiva, y el fomento de bandas terroristas de alzados destinadas a sembrar el pánico en zonas rurales.

Pero los acontecimientos ocurridos en el territorio cubano entre septiembre, octubre y noviembre de 1960 con la captura de los agentes de la CIA Richard A. Pecoraro, William Alexander Morgan, Jesús Carreras Zayas y Armentino Feria Pérez, la detención de los principales responsables de los alzamientos en el Escambray Sinesio Walsh Ríos, Plinio Luis Prieto Ruiz y Porfirio Remberto Ramírez Ruiz, y el resultado de la primera ofensiva militar contra las bandas de alzados en esa región montañosa del centro del país, bajo el mando del comandante Manuel “Piti” Fajardo, fueron factores que influyeron en los servicios de inteligencia norteamericanos para tomar la decisión de modificar las prioridades del programa de entrenamiento militar en los campamentos de Guatemala.

El 4 de noviembre resultó electo como presidente de Estados Unidos el candidato por el Partido Demócrata John Fitzgerald Kennedy.

Ese mismo día la CIA remitió un cablegrama cifrado al jefe de su estación local en Ciudad Guatemala, con la orden de cambiar el plan de instrucción militar de los emigrados cubanos que se preparaban en los campamentos habilitados en ese país centroamericano, para llevar a cabo una guerra irregular contra Cuba. El coronel Napoleón Valeriano fue sustituido por el coronel Jack Hawkins (Frank), que comenzó a entrenar alrededor de quinientos hombres en una operación de asalto anfibia y aerotransportada, que fueran capaces de retener una cabeza de playa en algún lugar del territorio cubano donde desembarcar un denominado “gobierno provisional” que solicitara una intervención militar de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, reservaron un reducido grupo de sesenta efectivos para que entrenaran en guerra irregular y operaciones de infiltración por vía marítima.

Los planes de la Agencia Central de Inteligencia para derrocar al Gobierno Revolucionario, incluían el fomento de bandas de alzados en las tres regiones montañosas: la Sierra de los Órganos, en Pinar del Río, el macizo montañoso del Escambray, en Las Villas, y la Sierra Maestra, en Oriente, que serían apoyados por vía marítima con la infiltración de grupos armados y por vía aérea mediante el lanzamiento de armas, municiones, explosivos, medios de comunicaciones y los pertrechos de guerra necesarios para desencadenar una guerra civil, con la que pretendían desestabilizar el país, difundir en el exterior una imagen de ingobernabilidad y caos social, que justificara una intervención militar de Estados Unidos con el apoyo de países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Con la guerra irregular perseguían el objetivo de frustrar la aplicación de la reforma agraria, hacer fracasar el plan de enseñanza rural que se llevaba a cabo con la movilización de maestros voluntarios, obligar al Gobierno Revolucionario a gastar enormes recursos materiales y financieros en la defensa del territorio nacional, crear condiciones entre la población rural para que apoyara la contrarrevolución, y restarle base de apoyo social a la Revolución.

Inicialmente la CIA escogió la ciudad de Trinidad, situada al sur de la provincia de Las Villas, con costas propicias para desembarcar tropas, con un puerto y un aeropuerto, y con solo dos carreteras que la conectaban por el este con Sancti Spíritus a unos 69 kilómetros y por el oeste con Cienfuegos a unos 82 kilómetros. Ambas vías estaban ubicadas en una parte importante entre el mar y las montañas con pocos asentamientos poblacionales en su trayectoria.

Dicho plan consistía en realizar un desembarco naval por el sur y un asalto aerotransportado por el norte, mientras que una agrupación de alzados previamente ubicados en lugares estratégicos del Escambray, con la orientación precisa de mantenerse en calma sin cometer hechos terroristas que pudieran atraer a las Milicias, tendrían la responsabilidad de recepcionar los lanzamientos de armas por vía aérea que la CIA les haría llegar oportunamente, para que cuando se produjera la invasión interrumpieran el tránsito por las dos carreteras antes mencionadas evitando la llegada de refuerzos militares y dejando totalmente incomunicada a Trinidad con el resto del país.

Desde una lujosa residencia en el Reparto Siboney, en La Habana, un individuo llamado Ramón Ruisánchez y Piedad (Comandante Augusto), que respondía a indicaciones del cuartel general de la CIA en Miami, dirigía a los alzados del Escambray a través del cabecilla Evelio Duque Miyar y su segundo Osvaldo Ramírez García. Pero a finales de diciembre de 1960 el Comandante Augusto destituyó a Duque, y designó a Osvaldo Ramírez como jefe de todas las bandas existentes en esa región, con la misión de hacer sentir su presencia ejecutando actos terroristas contra la población.

En los primeros días de diciembre de 1960 el Comandante Augusto transmitió instrucciones a Osvaldo Ramírez sobre la forma en que debía prepararse para recepcionar los lanzamientos de armas. Después le enviaría 37 subametralladoras M-3 con 40 mil proyectiles, una planta transmisora y al radista Gelasio Laborit Medina, con lo que pensaba garantizar las comunicaciones entre el “estado mayor” de los alzados en el Escambray y la mansión de Siboney, sobre el desarrollo de los desembarcos aéreos de armas y otros pertrechos de guerra.

Mientras el Gobierno norteamericano avanzaba con los preparativos de los nuevos planes agresivos contra Cuba a través de la CIA y las organizaciones contrarrevolucionarias en nuestro país, los órganos de seguridad cubanos lograban importantes resultados en la neutralización de estos planes.

La CIA contactó con el comandante Antonio Santiago García un prestigioso oficial del Ejército Rebelde que había participado en la Segunda Guerra Mundial como miembro de la marina de guerra de Estados Unidos, y después como combatiente del Directorio Revolucionario “13 de Marzo” había participado en la lucha contra Batista, al que reclutaron y designaron futuro jefe de los alzamientos en el Escambray, para lo cual debía viajar a la Florida con el objetivo de recibir indicaciones. En realidad Tony Santiago era el agente “Oliverio” de los órganos de la seguridad.

Otros hombres leales a la Revolución como Benigno Balsa Batista, el agente “Patricio” había logrado penetrar al Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), una de las organizaciones terroristas más vinculadas directamente con los alzados del Escambray, Reinerio Perdomo Sánchez el agente “Cabaiguán” permanecía infiltrado en la banda principal bajo el mando de Osvaldo Ramírez, Orlando Hernández Lema el agente “Tito” y Gilberto Fontanill Pérez el agente “Tato” se encontraban alzados en otras dos bandas pertenecientes al “estado mayor” de los alzados.

Las informaciones recibidas por los órganos de la seguridad mediante estas y otras fuentes de confianza, sobre el movimiento de elementos contrarrevolucionarios en el Escambray y en algunas ciudades aledañas como Sancti Spíritus, Trinidad y Cienfuegos, y el incremento de algunas acciones subversivas, indicaban que el enemigo preparaba una operación de envergadura.

Pero los estrategas del Pentágono y la CIA que concibieron estos planes no habían tenido en cuenta la situación objetiva existente en Cuba, la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro al frente de la nación y del comandante Raúl Castro como ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el apoyo masivo de la población al proceso revolucionario cubano y sus principales líderes, y el enorme potencial combativo que se comenzaba a estructurar bajo el mando de oficiales del Ejército Rebelde, con el entrenamiento acelerado de obreros, campesinos, trabajadores manuales e intelectuales integrados a las Milicias Nacionales Revolucionarias.

Para puntualizar los últimos detalles de esta operación militar, Fidel visitaba con frecuencia los posibles escenarios de un futuro enfrentamiento con el enemigo. En estos recorridos se hacía acompañar por algunos de oficiales y asesores de las FAR entre ellos el comandante Francisco Ciutat de Miguel (Ángel Martínez Reozola) combatiente de la Guerra Civil española, que asesoraba a las Fuerzas Armadas en la lucha contra la guerra irregular, desatada por la CIA.

Fidel sostuvo un encuentro en Topes de Collantes con los compañeros que tenían tareas importantes que cumplir en interés de una operación militar que comenzaría a realizarse en los próximos días, para enfrentar los planes enemigos. Informó que el comandante Manuel “Piti” Fajardo actuaría como jefe de las operaciones militares y el comandante Félix Torres sería el director del recién creado Plan Especial Escambray, quien debía acelerar la constitución de granjas del pueblo y cooperativas con sus respectivas escuelas rurales, servicios médicos, centros culturales y deportivos, y vías de comunicaciones.

En noviembre, un grupo de trabajo para llevar a cabo las complejas labores de contrainteligencia quedó integrado por Aníbal Velaz Suárez como representante del Ministro del Interior en Las Villas y Luis Felipe Denis Díaz como jefe de Operaciones de la Seguridad del Estado en el Escambray, ambos apoyados por jóvenes combatientes seleccionados entre los más experimentados del territorio.

Como tarea priorizada se planteó la realización de un estudio riguroso sobre las familias de los alzados que por estar muy comprometidas con el apoyo a las bandas debían ser trasladadas para otros lugares de la provincia y la reagrupación del resto de los núcleos familiares que vivían aislados en todo el lomerío, para asentarlos en las nuevas comunidades que la Revolución estaba construyendo.

El 29 de noviembre en medio de una complicada situación, cerca del entronque de Topes de Collantes, cayó mortalmente herido el comandante “Piti” Fajardo, durante la persecución de un grupo de elementos contrarrevolucionarios de Trinidad, que en las primeras horas de la noche habían asaltado la casa del comandante Alfredo Peña, y se habían apoderado de cinco fusiles para alzarse contra la Revolución.

En ese momento a “Piti” Fajardo lo acompañaban los combatientes de la seguridad Luis Rodríguez Hernández, Justo Herrera Morales y José Antonio Amado Vasallo (Cheo Pistola), y un reducido número de milicianos quienes lograron capturar dos de los contrarrevolucionarios involucrados en el robo de las armas.

La caída en campaña de “Piti” Fajardo significó un duro golpe para todos sus compañeros. Inmediatamente Fidel designó como nuevo jefe de las operaciones militares en el Escambray al comandante Dermidio Escalona Alonso, que en ese momento era jefe militar en la provincia de Pinar del Río y había participado en la organización y desarrollo de la experiencia de Los Malagones durante la captura de la banda de Luis Lara Crespo (El Cabo).

Escalona se trasladó a Topes de Collantes donde debía esperar a Fidel, que se encontraba en Manzanillo participando en los funerales de “Piti” Fajardo, pero se produjo un desembarco de armas por el norte de Las Villas con destino a la banda de Benito Campos Pírez (Campito), hacia donde se dirigió Fidel con la Columna No. 1 del Ejército Rebelde. Dermidio Escalona, Aníbal Velaz y otros compañeros mediante una operación relámpago recuperaron las armas y capturaron una parte de estos individuos.

De regreso a Santa Clara donde pensaba descansar unas horas, Escalona conoció que el capitán del Ejército Rebelde Clodomiro Miranda Martínez se había alzado en la Sierra de los Órganos con armas y algunos hombres de su unidad. Fidel decidió que Escalona regresara a esa provincia para enfrentar aquella situación antes de asumir el mando en el Escambray. En varias ocasiones esta banda logró evadir a sus perseguidores, pero el 7 de diciembre al amanecer, Fidel se presentó en el lugar y dirigió personalmente una operación en la loma de La Faragua, que capturó gravemente herido al cabecilla y liquidó la banda.

Desde hacía algún tiempo el Comandante en Jefe Fidel Castro estaba apreciando la peligrosa situación que se cernía sobre el Escambray y para adelantarse a los planes del enemigo, decidió asestar un contragolpe estratégico dirigido contra las bandas de alzados existentes en esa región.

El 8 de diciembre de 1960, por orden de Fidel se desencadenó la “Operación Jaula” en el Escambray, cuyo principal objetivo estaba encaminado a neutralizar el peligroso foco de alzados que estaba formado por alrededor de setecientos hombres e impedir que recibieran cualquier tipo de apoyo por vía aérea o marítima, y al mismo tiempo concentrar en esa región montañosa una fuerza militar tan poderosa que fuera capaz de derrotar rápidamente una invasión militar por donde quiera que se produjera.

Esta gran operación militar consistió en tender un enorme cerco estratégico alrededor del Escambray, dividir esta amplia región en cuatro cercos tácticos, de manera que en cada uno las bandas de alzados quedaran aisladas de las restantes, no permitir entrar ni salir a nadie de la zona sin la correspondiente autorización, y designar batallones de milicianos que peinaran constantemente cada territorio, protegiendo a las familias campesinas que residían en la región y colocando emboscadas en los lugares por donde pudieran moverse los alzados.

Fueron movilizados 80 batallones de milicianos, con aproximadamente 60 mil efectivos de todas las provincias, dirigidos por comandantes y capitanes del Ejército Rebelde con amplia experiencia combativa durante la guerra contra el ejército batistiano y sus aparatos represivos.

El cerco alrededor del Escambray fue cerrándose por sectores según iban arribando las diferentes fuerzas. Primero entraron los 25 batallones de Milicias de Las Villas. Posteriormente en la medida que se incorporaban las tropas procedentes de las restantes provincias, se fueron incorporando 20 batallones reforzados de La Habana, 10 de Oriente, 10 de Camagüey, 10 de Pinar del Río y 5 de Matanzas, de forma tal que en enero de 1961 el cerco alrededor del Escambray quedó totalmente cerrado.

Durante los días finales del año 1960 Osvaldo Ramírez ubicó lo que él llamó la “comandancia general” del denominado “Ejército de Liberación Nacional”, en un lugar conocido por San Ambrosio perteneciente al barrio de Caracusey, en el municipio de Trinidad, con alrededor de trescientos hombres de los cuales un centenar estaban bien armados y el resto recibirían las armas que la CIA les mandaría en vuelos nocturnos como parte de la Operación Silencio.

En este intrincado lugar el cabecilla ubicó la planta transmisora con su radista Gelasio Laborit Medina y ordenó que se construyera una pista aérea con todo lo necesario para recibir el primer vuelo procedente de la Florida.

Desde La Habana, el llamado Comandante Augusto trasmitía el siguiente mensaje a Osvaldo Ramírez en su campamento de San Ambrosio. Laborit: Informe motivos para proceder Operación Silencio. Recuerde que sobre eso hay órdenes especiales. Cualquier cambio en cuanto a lugar sería un trastorno. Recuerde mapas con referencias están en manos de nuestros amigos. […] Importante no dejarse ver ni enfrentarse al enemigo, puede entorpecer Operación Silencio. […] Amigos señalaron día de reyes y tres días más, o sea, 7, 8 y 9 fin proceder Operación Silencio. Confíen si no, yo voy a Miami y resuelvo. Comandante Augusto.

A partir del 3 de enero de 1961 varias compañías de Milicias al mando de los comandantes Antonio Sánchez Díaz (Pinares), Orestes Guerra González, Eddy Suñol Ricardo y otros oficiales avanzaron sobre la llamada “comandancia general” de los bandidos.

Osvaldo Ramírez no se había preparado para enfrentar un ataque tan poderoso y aunque intentaba mantener sus posiciones en el terreno hasta recibir el primer cargamento de armas, debido a la composición de sus hombres que actuaban como terroristas al servicio de una potencia extranjera, no pudieron resistir la combatividad de los milicianos dirigidos por experimentados oficiales del Ejército Rebelde que si sabían por qué luchaban.

El 5 de enero cuando era inminente la llegada de las Milicias a la zona de San Ambrosio donde se encontraba su “estado mayor”, antes de emprender una huida en desbandada Osvaldo Ramírez ordenó el asesinato de dos prisioneros que se encontraban en su poder desde hacía varios días, el maestro voluntario Conrado Benítez García y el campesino Eliodoro Rodríguez Linares (Erineo).

Cuando se produjo la retirada de los alzados, el agente “Cabaiguán” aprovechó la confusión y se presentó ante un grupo de milicianos, con el libro donde estaba reflejada la composición de las bandas con los datos personales de sus integrantes, incluida su dirección particular y otros detalles de interés operativo.

Unas horas después las Milicias tomaron el área total del campamento ocuparon numerosos documentos, una planta eléctrica, reflectores, un radiotransmisor y víveres. Durante esta operación y en los días posteriores fueron capturados más alzados.

El 6 de enero el primer lanzamiento de armas de la “Operación Silencio” se realizó como había sido previsto por el cuartel general de la CIA, pero ocurrió algo inesperado cuando todo el cargamento de armas fue ocupado por las Milicias con el apoyo de los campesinos de la región.

Al día siguiente en medio de una gran confusión llegó a los alzados el siguiente mensaje: Periódicos hoy sacaron fotos, armas capturadas tiradas por avión en el Escambray. Supongo que sean de la Operación Silencio, si cayó la Operación Silencio, manos enemigas, estamos perdidos, estoy confundido investiguen e informen. Comandante Augusto.

La respuesta de Osvaldo Ramírez no se hizo esperar: Situación ha variado. Intentan cercarnos todos los paquetes de operación silencio cayeron en manos del enemigo. Enemigo prepara la ofensiva con miles de milicianos. La Operación Silencio resultó un fracaso, parece todo se perdiera, incluso la vida. Comandante Osvaldo Ramírez.

Al concluir el primer enfrentamiento entre un destacamento de milicianos de la Operación Jaula y la flamante “comandancia general” del llamado Ejército de Liberación, el balance fue altamente positivo para las fuerzas revolucionarias al capturar más bandidos con sus armas y sus pertrechos, y ocupar numerosos documentos comprometedores.

La Operación Jaula continuó su desarrollo, se fueron perfeccionando todos sus componentes, el cerco grande, los entrecercos, los peines, las emboscadas, la vigilancia de todos los lugares donde los alzados pudieran abastecerse de agua y alimentos, fueron detenidos los principales colaboradores, la entrada y salida de las zonas cercadas continuaban totalmente controladas por las Milicias y se comenzó la aplicación del Plan Campesino 1 que consistía en el traslado de las familias más comprometidas con la ayuda a los alzados para las comunidades previamente preparadas en las cercanías de Santa Clara, Aridanes en el municipio de Yaguajay, y en la localidad de Bartolomé, en el municipio de Remedios.

La Operación Jaula y el conjunto de medidas aplicadas como parte del Plan Escambray, convirtió esa región montañosa en una fortaleza de la Revolución y en un infierno para los alzados y sus colaboradores.

Durante la Operación Silencio de la CIA tuvieron lugar seis sobrevuelos, cada uno lanzando entre trece y veinte paracaídas con huacales cargados de armas y otros pertrechos bélicos. El 6 de enero de 1961 entre Condado y Magua, el 6 de febrero en Santa Lucía, el 13 de febrero en El Naranjo, el 17 de febrero en La Sierrita, y el 4 de marzo uno en Charco Azul y otro en El Mamey, todos sobre el Escambray. Esta operación, dirigida por el general de la Fuerza Aérea Charles P. Cabell como subdirector de la CIA, concluyó con un resultado totalmente adverso para el enemigo porque todos sus lanzamientos de armas dirigidos a fortalecer a los bandidos cayeron en poder de los milicianos.

Entre los pertrechos de guerra correspondientes a la Operación Silencio, fueron ocupadas armas de distinto calibre incluyendo morteros, bazucas, ametralladoras pesadas, municiones, granadas, explosivos, pistolas, y grandes cantidades de medicamentos y alimentos en conserva, así como plantas transmisoras y otros equipos de uso militar propios para desarrollar una guerra más prolongada con la que pensaban derrocar la Revolución, pero todo fue ocupado por las fuerzas revolucionarias porque el Escambray estaba prácticamente tomado por las Milicias.

Osvaldo Ramírez con su “estado mayor” se retiró del teatro de operaciones y se escondió en la zona de Las Delicias cerca del central FNTA próximo a la costa donde era protegido por un grupo de colaboradores.

El 2 de marzo fue capturado por las Milicias el radista Gelasio Laborí Medina, enviado por la CIA hacia el Escambray para garantizar las comunicaciones con Osvaldo Ramírez antes y durante la invasión.

El 14 de marzo, la prensa cubana dio a conocer que en el Escambray habían sido capturados 381 alzados y 39 habían resultado muertos en los cercos. Añadió que habían sido capturados seis de los doce cabecillas principales, que fueron ocupadas 945 armas, y que las Milicias continuaban operando. Hasta este momento en todo el país las bandas habían cometido más de veinte asesinatos de civiles y una docena habían resultado heridos.

Unas jornadas más tarde el Gobierno norteamericano desaprobó la propuesta de la CIA de realizar  la invasión prevista por Trinidad, debido a que las bandas del Escambray habían sido prácticamente liquidadas por las Milicias. (Investigaciones históricas posteriores demostraron que solo quedaban unos 150 alzados dispersos y en fuga, que no estaban en condiciones de realizar ninguna acción en apoyo de los invasores de la Brigada 2506). La presencia de miles de milicianos preparados para continuar combatiendo en el Escambray, fue una poderosa razón que debe de haber influido para tomar la decisión de cambiar la zona del desembarco de la Brigada 2506 para la Ciénaga de Zapata, unos noventa kilómetros al oeste de Trinidad.

El 9 de abril, ante la posibilidad de una inminente invasión, el Comandante en Jefe ordenó concluir la Operación Jaula y envió de regreso a los batallones de Milicias a sus respectivas provincias, para enfrentar la agresión por donde quiera que se produjera.

La Operación Jaula que transcurrió entre principios de diciembre de 1960 y el 9 de abril de 1961, coincidió con un período muy tenso, donde la actividad enemiga en todo el país se hizo sentir con más violencia que nunca antes, mientras se llevaba a cabo la Campaña Nacional de Alfabetización y estaba en pleno desarrollo la aplicación de importantes leyes revolucionarias como la Reforma Agraria, sin embargo, el Comandante en Jefe no descuidó en ningún momento la dirección estratégica de aquella gran contienda, donde el enemigo fue derrotado por donde quiera que atacó.

El 15 de abril, bombarderos ligeros B-26 con falsas insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria, tripulados por contrarrevolucionarios cubanos y procedentes de Puerto Cabezas, en Nicaragua, atacaron el aeropuerto internacional “Antonio Maceo”, de Santiago de Cuba y los aeródromos de San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad. En este último lugar se reportaron 7 muertos y 53 heridos. Al día siguiente Fidel despidió el duelo de las víctimas y declaró el carácter socialista de la Revolución cubana.

En las primeras horas de la madrugada del 17 de abril comenzó la invasión de la Brigada de Asalto 2506 por Playa Girón, con alrededor de mil quinientos emigrados cubanos entrenados en los campamentos de la CIA en Guatemala, con la autorización y el apoyo de su gobierno.

Al amanecer, cuando se conoció que se había producido una invasión, los órganos de la seguridad desencadenaron una operación en la que fueron prácticamente desmantela­das las direcciones de las principales organizaciones contrarrevolucionarias en las ciudades, con la detención de los cabecillas y una buena parte de sus integran­tes, otros se introdujeron en algunas embajadas y los que no pudieron escapar optaron por esconderse.

El 19 de abril, alrededor de las seis de la tarde, la Brigada de Asalto 2506 preparada por la CIA durante largos meses, era derrotada por nuestro pueblo en apenas 66 horas de intensos combates. Cumpliendo indicaciones de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, una representación de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias celebró la victoria mojando las esteras de sus tanques en las aguas de Playa Girón.

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