Los malagones, pioneros de las Milicias Revolucionarias de Cuba.
Los malagones, pioneros de las Milicias Revolucionarias de Cuba.

Por Pedro Etcheverry Vázquez y Luis Rodríguez Hernández

A principios de enero de 1959, un grupo de militares batistianos se encontraba retenido en el Escuadrón de Bahía Honda, en Pinar del Río, a la espera de que se definiera si tenían responsabilidad en los crímenes cometidos al servicio de la tiranía batistiana en esa región. Uno de ellos era Luis Lara Crespo (El Cabo), conocido en la zona de Cabañas por las horribles torturas a que sometía a sus víctimas, generalmente campesinos y trabajadores agrícolas que sufrían las injusticias del régimen.

Cuando algunos de los soldados comenzaron a revelar los desmanes cometidos por sus superiores, El Cabo Lara escapó y organizó un grupo de antiguos confidentes de los aparatos represivos y elementos antisociales, con los que comenzó a desplazarse por la costa norte de Pinar del Río, con el propósito de abandonar el territorio nacional.

Inmediatamente empezaron a ser perseguidos por fuerzas del Ejército Rebelde bajo el mando del comandante Antonio Sánchez Díaz (Pinares) y el capitán Manuel Borjas Borjas.

Por aquellos días la emisora radial La Voz de Santo Domingo difundió que El Cabo Lara se encontraba al frente de todos los alzados en la Sierra de los Órganos, y anunció que el presidente Rafael Leónidas Trujillo le había concedido el grado de comandante. La noticia llenó de entusiasmo al cabecilla y a sus seguidores, y los estimuló a continuar adelante.

Durante las semanas siguientes, a esta banda se incorporaron varios soldados del recién derrocado Ejército batistiano, y como no lograban materializar su objetivo de huir hacia la Florida, se dedicaron a quitarle a los campesinos todo lo que necesitaban para sobrevivir en condiciones de campaña y resistir el mayor tiempo posible, en espera de una intervención militar del Gobierno de los Estados Unidos.

El 14 de agosto los efectivos de El Cabo Lara saquearon y quemaron la tienda del pueblo de Pan de Azúcar. Al día siguiente, en la Sierra Derrumbá, en Viñales, las fuerzas del comandante Pinares capturaron cuatro alzados y dispersaron al resto, pero estos lograron reagruparse y se desplazaron hasta la región de Pica Pica, San Carlos y El Punto.

Ante las dificultades que se presentaban para capturar a estos elementos, dado que conocían muy bien el terreno por donde se movían y evadían el enfrentamiento a sus perseguidores, el Comandante en Jefe Fidel Castro contactó con el capitán del Ejército Rebelde Antonio Núñez Jiménez, un reconocido espeleólogo que durante sus investigaciones científicas en las montañas pinareñas se había auxiliado del campesino Leandro Rodríguez Malagón por el amplio conocimiento que este hombre tenía de ese territorio.

El 24 de agosto se produjo el encuentro entre Fidel, Núñez Jiménez y Malagón en el interior de la Gran Caverna de Santo Tomás, donde el máximo líder de la Revolución planteó la misión de capturar la banda de El Cabo Lara. En ese momento estaban presentes además la compañera Celia Sánchez Manduley,  los comandantes Dermidio Escalona Alonso y Antonio Sánchez Díaz (Pinares) y el capitán Manuel Borjas Borjas.

Malagón seleccionó once campesinos residentes de la región, que fueron trasladados a un campamento del Ejército Rebelde en Managua. Allí, durante un mes fueron entrenados en el acatamiento de la disciplina militar y en el uso de diferentes tipos de armas. En el momento de su despedida Fidel les dijo una frase que pasaría a la historia: “Malagón, tienes tres meses para la captura de la banda contrarrevolucionaria. Si ustedes triunfan, habrá milicias en Cuba.”

Mientras transcurría la preparación de Los Malagones, el 22 de septiembre, en Pinar del Río, alrededor de las cuatro de la mañana, un grupo de combatientes del Escuadrón 63 rodeó la Cueva de La Lechuza y una casa de curar tabaco en el barrio de Lajas, propiedad de Antonio y Luis López Lemus, colaboradores de una banda encabezada por Fernando Pruna Bertot y el norteamericano Austin Frank Young. En la operación resultó capturado un bandido y fueron ocupadas varias mochilas.

Alrededor de las nueve de la noche, un grupo de combatientes cercó a varios colaboradores de esta banda, pero solo pudieron capturar a dos que quedaron bajo custodia. El resto continuó persiguiendo a los fugitivos. En ese grupo marchaba el soldado Manuel Cordero Cruz Rodríguez quien fue enviado a reforzar la vigilancia de los prisioneros, pero cuando avanzó unos trescientos metros se escuchó un disparo y resultó muerto, constituyendo la primera baja de esta guerra en todo el territorio nacional.

El 28 de septiembre Los Malagones[1] regresaron a Pinar del Río armados con carabinas M-1 y comenzaron a operar en busca de su objetivo.

Al atardecer del 9 de octubre, el colaborador de alzados Máximo Izquierdo Armenteros encendió una hoguera en la zona de Aguacatales, cerca del pueblo de Minas de Matahambre. Unos minutos después, una avioneta dejó caer cinco paracaídas con armas y parque, pero solamente se abrió uno, los restantes cayeron en un área rocosa de la cordillera, donde fueron ocupados por el Ejército Rebelde con el apoyo de varios campesinos.

Los efectivos del Cabo Lara solo lograron apropiarse del paracaídas que se abrió, ocupando cuatro fusiles Springfield y abundante parque. La sincronización con que se había realizado esta operación ponía de manifiesto que la Agencia Central de Inteligencia o la Inteligencia Militar trujillista, resentidas con la derrota sufrida en los alrededores de Trinidad, en agosto anterior, estaban apoyando a los alzados.

El 18 de octubre de 1959 una parte de la patrulla de Los Malagones, integrada por los milicianos Juan Paz Camacho (Juanito), Luis Camacho Ríos (El Niño), Alberto Pérez Lledía, Juventino Torres Véliz (Jovo) y Antonio Gómez González (El Negro), acompañados por el combatiente del Ejército Rebelde Isidro Ramos, arribaron a la bodega de Pons, en Viñales, donde se detuvieron a descansar. Una niña que se había acercado a curiosear les comentó ingenuamente que en la casa de “Mingo” Quintana también había un grupo de hombres con unas escopetas parecidas a las de ellos.

Inmediatamente los seis combatientes decidieron acudir al lugar para verificar la información. Pero al llegar a una casa situada a ochocientos metros de la herrería de Pons, fueron recibidos a tiros y se entabló el combate.

Al cabo de veinticinco minutos, en medio de la balacera a Luis Camacho se le ocurrió gritar: “¡Capitán, prepare la ametralladora!”. Aquel ardid surtió el efecto esperado. Viendo que no tenían escapatoria, El Cabo Lara salió de su escondite y se entregó junto con los tres hombres que le quedaban. El único herido fue el combatiente Isidro Ramos.

Los Malagones con esta operación habían cumplido en solo veinte días la misión asignada por Fidel para un plazo de tres meses, lo que propició que el 26 de octubre fueran creadas las Milicias Nacionales Revolucionarias, una institución popular que desempeñaría un papel decisivo en el enfrentamiento al enemigo y en la vigilancia y protección de objetivos económicos y sociales.

El Cabo Lara fue procesado mediante la Causa 2 de 1959, acusado de haber cometido 17 crímenes entre los que se encontraban los hermanos Bernardino y José Isabel Miranda Aguirre, Celestino Moreno, Domingo Álvarez, Vicente Álvarez, Marcos Antonio López, Octavio Montano, Remigio Díaz, Gonzalo Rivera, Isidro Roque, y los hermanos Modesto y Leovigildo Trujillo Negrín, entre otros, por lo que fue condenado a la pena máxima y ejecutado el 19 de diciembre de 1959.

Fidel convocó a Los Malagones a su despacho en el edificio del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), donde el comandante Camilo Cienfuegos entregó un revólver calibre 45 a cada uno, y a Malagón le obsequió una montura. En ese momento el máximo líder de la Revolución les dio la tarea de preparar pelotones de milicianos para continuar combatiendo a los bandidos en todo el territorio nacional.

A mediados de 1960 la experiencia de Los Malagones fue utilizada en la persecución y captura de una banda encabezada por el traidor Manuel Beatón Martínez en la Sierra Maestra, en las primeras “operaciones de peine hasta chocar con el enemigo” en el Escambray dirigidas por los comandantes Manuel “Piti” Fajardo y Vitalio Acuña Núñez entre septiembre y noviembre de 1960, y después durante las operaciones realizadas en 1961 y la primera mitad del año siguiente en casi todo el país.

El 10 de agosto, alrededor de las dos de la tarde, en Topes de Collantes la banda de Edel Montiel Lorenzo emboscó a un grupo de combatientes integrados por el sargento Carmona del Ejército Rebelde, Salvador Carbonell Valle (Güititío) del Escuadrón de la Policía Rural Revolucionaria de Trinidad, Juan Milián Padrón de la Policía Militar Revolucionaria, destacado en el sanatorio de Topes de Collantes, y un miliciano. De inmediato los combatientes ripostaron el fuego. Carmona fue herido, pero Güititío con un certero rafagazo liquidó a Felipe Lara, el primer bandido capturado en el Escambray.

El 8 de septiembre de ese mismo año, al amanecer, Fidel con su escolta y un pequeño grupo de combatientes rodearon una finca en la zona de La Sierrita, y después de un fuerte tiroteo, capturaron a Leandro Alberto Walsh Ríos junto con sus tres efectivos, hecho que marca la primera banda de alzados neutralizada en esa región.

El 11 de septiembre de 1960 en la zona de Pico Tuerto resultó muerto en combate el teniente Obdulio Morales Torres, primer oficial del Ejército Rebelde caído durante la persecución de los bandidos en el Escambray.

El 26 de febrero de 1961 Bernardo Arias, jefe del G-2 en Sancti Spíritus acompañado de otros dos combatientes y tres milicianos, se dirigió a la finca La Esperanza, zona de Pelayo, con la misión de detener a un agente de la CIA. Alrededor de las ocho y treinta de la mañana llegaron a una casa y procedieron a hacer un registro. Entraron a la sala, se escuchó un ruido, Bernardo montó su pistola y avanzó decidido, pero desde el interior de una de las habitaciones dispararon una ráfaga con una carabina M-3 y cayó mortalmente herido. Desde el suelo ripostó haciendo varios disparos, pero unos minutos después había muerto. La caída en combate de Bernardo Arias constituyó una pérdida irreparable para el G-2 en Sancti Spíritus. Su sepelio constituyó una manifestación de duelo popular y de apoyo a la causa por la que él ofrendó su vida.

El 15 de octubre de 1961 comenzó a perfilarse una nueva concepción del enfrentamiento a los bandidos, cuando el Departamento de Seguridad del Estado en Las Villas creó el Buró de Lucha contra Bandas Armadas (Buró de Bandas) con el objetivo de complementar las operaciones de enfrentamiento. 

A partir de las experiencias adquiridas se hizo indispensable desarrollar una actividad sistemática de contrainteligencia, por lo que la Seguridad en esta provincia bajo el mando de Aníbal Velaz Suárez y Luis Felipe Denis Díaz empezó a acercar sus agentes a los colaboradores de los bandidos, quienes constituían su base de sustentación y apoyo, para conocer sus características, su situación interna, sus necesidades y sus planes.

El 3 de julio de 1962, mediante una orden militar del comandante del Ejército Rebelde Juan Almeida Bosque, fue creada la Sección de Lucha Contra Bandidos del Ejército del Centro (Las Villas y Camagüey) bajo el mando del comandante Raúl Menéndez Tomassevich.

Los batallones de LCB comenzaron a integrarse con campesinos y obreros agrícolas oriundos de la zona donde iban a operar, que habían sufrido directamente las consecuencias de la actividad terrorista de las bandas, conocían las irregularidades del teatro de operaciones donde actuaban, estaban adaptados a la vida en el campo, y eran movilizados por tiempo indefinido.

Con ello se logró dar el salto cualitativo que se necesitaba para llevar la efectividad de las operaciones militares hasta los niveles que requería este tipo de enfrentamiento contra grupos terroristas que conocían muy bien el terreno donde se movían, evadían constantemente a las fuerzas que los perseguían, se ensañaban con la población rural asesinando maestros, alfabetizadores, ancianos, mujeres y niños, mientras los servicios de inteligencia norteamericanos les enviaban apoyo material y financiero.

La Sección LCB se fue creando paulatinamente en el resto de las provincias. La Directiva 00023, del 31 de agosto de 1962, del jefe del Estado Mayor General de las FAR, dejó establecida oficialmente la creación de las Tropas de Lucha Contra Bandidos (Unidad Militar 2364).

Al concluir el año 1962 el  Ejército del Centro había realizado unas 145 operaciones militares, y había desplegado una sistemática labor política e ideológica con los habitantes de las regiones donde operaban. Al mismo tiempo, los médicos militares atendían a los enfermos, y los combatientes apoyaban a las familias campesinas en sus tareas agrícolas y en la construcción de escuelas, hospitales rurales y caminos.

En marzo de 1963, con el objetivo de centralizar el mando a nivel nacional, mediante la Directiva 000009 del Ministro de las FAR comandante Raúl Castro Ruz, fue creada la Dirección Nacional de las Tropas de LCB (UM 3216) en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

El 14 de abril de ese mismo año, en un paraje conocido por Echenique, entre Cabaiguán y Jíquima de Peláez, un miliciano llamado Ricardo López-Castro Mora, de 13 años de edad, resultó herido grave en un enfrentamiento con los bandidos. Los médicos hicieron todo lo posible por salvarle la vida, pero falleció el 29 de abril en presencia de su madre. Este niño-héroe es el miliciano más joven entre los caídos en la lucha contra bandidos en todo el país.

Las operaciones militares de las fuerzas de Lucha Contra Bandidos, fueron complementadas con la labor de contrainteligencia desplegada por el Buró de Bandas de la Seguridad del Estado en el territorio donde vivían y actuaban los colaboradores de las bandas, con lo que se alcanzó un mayor conocimiento sobre la ubicación de estos terroristas y su situación interna, lo que permitió operar con mayor eficiencia.

El cumplimiento de la estrategia política, militar y de contrainteligencia conducida por Fidel y Raúl, que siempre contaron con el apoyo de nuestro pueblo, permitió ir destruyendo a cada una de las 299 bandas terroristas de alzados integradas por unos 4,328 bandidos que actuaban apoyados por alrededor de 11,445 colaboradores, quienes contaban con el apoyo material y financiero de la Agencia Central de Inteligencia y el Servicio de Inteligencia desde la ilegal Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo.

El 24 de mayo de 1965, en el río La Gallina, municipio de Manatí, en Las Tunas el joven Alberto Arcos Luque, de 19 años, instructor político de una unidad de Lucha Contra Bandidos, murió en un enfrentamiento con una banda de alzados. Ese día en la misma operación perdieron la vida los miembros de la Unidad Militar 1124 Rigoberto Batista Chapman, Ramón Rodríguez Solarana, Andrés Leyva, Felipe Gutiérrez López, Radiel Rodríguez Rodríguez y Miguel Expósito González, considerados los últimos combatientes caídos en esta guerra.

El 5 de julio concluyó la Lucha Contra Bandidos en todo el territorio nacional con la captura de la banda de Juan Alberto Martínez Andrade en la zona de La Cuchilla, ubicada en Los Ramones, a tres kilómetros de Perea, cerca del río Jatibonico, en el territorio de Las Villas.

El 12 de julio fue capturado en la zona de Miradero, barrio Cauto el Paso, en Oriente, el cabecilla de bandidos Eliodoro Cebasco Barrero. El día 19 cayeron Margenis Martínez de la Cruz y Baloy Domínguez Gaínza.

El 25 de julio la jefatura de LCB decidió operar en coordinación con el jefe del Buró de Bandas Felipe García Casanovas (Freddy) y su segundo Mario Jacinto Yanes Cidrón (Darío), contra los cabecillas José A. Cossío Vázquez y José Fernández Chávez (Pepe Chávez) con fuerzas que radicaban en San José de las Lajas. El Primero fue capturado en el teatro de operaciones y el segundo fue detenido en Madruga por el combatiente del G-2 Pedro Idalberto Fadraga Pérez (Arroyo).

El 26 de julio, en Santa Clara, durante el acto conmemorativo por el XII aniversario del ataque al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, Fidel anunció al mundo la victoria de nuestro pueblo sobre las bandas terroristas de alzados apoyadas por el Gobierno de Estados Unidos y sus servicios de inteligencia y subversión, pero advirtió que todavía quedaban algunos alzados prófugos que no tardarían en ser capturados.

En efecto, quedaban algunos cabecillas y bandidos dispersos y en fuga, que fueron perseguidos durante el resto del año 1965 y a lo largo de todo el año 1966 mediante pequeñas operaciones militares y medidas de contrainteligencia.

El 28 de julio fue capturado en la zona de Trinidad, en Las Villas, el cabecilla Efraín Manso Brizuela.

Durante los días 6 y 7 octubre cerca de un paraje conocido por La Grúa 44, barrio José Miguel Gómez, al sur de Ciego de Ávila, fueron detenidos los alzados Manuel Moreno Martínez (Ninga), Rafael Labrada Martínez y Clemente Aragón Aragón (La Mula).

El 1ro. de noviembre fue detenido José L. Alemán Machado perteneciente a la banda de Vale Montenegro.

El 3 de diciembre de 1965 fue arrestado Luis Santana Gallardo (Luis Vargas), cuando intentaba abandonar el país por Varadero, mediante la Operación Exterminio del DSE, en la que desempeñaron una labor decisiva los agentes Santiago Gutiérrez Oceguera (Sergio) y Ramón Arrechea Zayas (Ramonín).

El 1ro. de octubre de 1966 mediante otra operación de contrainteligencia llamada “Exterminio II” en la que se destacó el agente Eddy Pérez Martín, resultó detenido en Santa Clara el cabecilla José Reboso Febles (Pepe), ayudante de Luis Vargas y considerado el último alzado del Escambray.

El 1ro. de diciembre de 1966, en Santa Isabel de las Lajas, fue detenido el bandido Victoriano Cardoso Reyes, cuando se encontraba escondido en un hueco que había preparado en su propia casa.

Unos días más tarde, en Oriente, se reportó la captura Pedro Miguel Lastre Cifre (La Grulla), un antiguo miembro del grupo paramilitar conocido como Los Tigres de Masferrer que se había alzado contra la Revolución, con lo que nuestros campos quedaron limpios de bandidos.

Un total de 618 combatientes y milicianos cayeron en la persecución de los alzados, en los cercos y en los peines, murieron en distintas circunstancias relacionadas con las operaciones militares, o fallecieron como consecuencia de las heridas recibidas. Además unas 196 personas resultaron asesinadas por las bandas en distintas circunstancias, incluyendo 8 ancianos, 2 mujeres y 15 niños.

Unos 635 alzados resultaron muertos durante la persecución a que fueron sometidos por las fuerzas revolucionarias y al menos 18 alzados fueron asesinados por sus propios compinches a causa de pugnas internas.

Los bandidos capturados fueron sometidos a los tribunales revolucionarios con todas las garantías procesales, donde tuvieron que responder por sus delitos. Aquellos que cometieron crímenes fueron sancionados a la pena de muerte por fusilamiento.

El 18 de octubre es celebrado en nuestro país como el Día del Combatiente de la Lucha Contra Bandidos, en reconocimiento a aquellos primeros campesinos pinareños que cumpliendo órdenes del Comandante en Jefe Fidel Castro, capturaron una banda terrorista de alzados, y en homenaje a los miles de hombres y mujeres que demostraron que era posible la idea de armar al pueblo, organizarlo en compañías de milicias campesinas, en unidades de milicias obreras y en batallones de Lucha Contra Bandidos dirigidos por jefes y oficiales de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias, y vencer al enemigo en cualquier circunstancia.


[1] Leandro Rodríguez Malagón, José Álvarez Camacho, Hilario Fernández Martínez, Juventino Torres Véliz, Luis Camacho Ríos, Antonio Gómez González, Alberto Pérez Lledía, Gerardo Rodríguez Malagón, José María Lledía Camejo, Eduardo Serrano Martínez, Jesús Padilla González y Juan Paz Camacho.

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