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Por: Gladys Leidys Ramos López

Su estatura promedio tal vez lo ayudó a disfrazar su grandeza por más de dos décadas y la bata blanca que lleva puesta, orgullosamente hasta cuando recibe un reconocimiento en el barrio, no solo simboliza las vidas de niños y ancianos que ha salvado de una enfermedad oncológica, también le ha servido para salvaguardar la integridad de nuestro sistema de Salud que, como logro importante de esta Revolución, siempre ha sido el blanco más codiciado para desacreditarla.

El doctor Carlos Leonardo Vázquez González es un hombre de origen humilde, cuyos ojos –aunque por mucho tiempo tuvieron que mentir– son más transparentes que las lágrimas que le salen cuando habla de su otro yo, el agente Fernando.

Hijo de obreros, dice, nacido en Holguín, Carlos Leonardo no puede comenzar su conversación con Granma sin hablar de su paradigma, la persona que le enseñó a amar a esta Revolución: su madre. Cuenta que gracias a Vilma sus valores patrióticos son los de hoy, porque fue quien le enseñó a sentir la historia.

Más que leerla en un libro –comenta–, a su mamá le gustaba enviarlo a Santiago de Cuba, a la tierra de héroes y heroínas, a la necrópolis Santa Ifigenia, donde descansan tantos mártires, pues más que saberla o leerla, a la historia hay que apreciarla desde las sensaciones que provoca.

Este fue su inicio como patriota, a pesar de ser todavía un niño, que luego se convertiría en un héroe anónimo, y que solo hasta hoy descubrimos con grata sorpresa.

«Esos valores fueron fortalecidos en el andar de mi enseñanza, porque me convertí en un amante de la historia, sobre todo de mi país, considero que es la biblia de cualquier revolucionario», acota el doctor Carlos, agradecido y nostálgico por esos tiempos.

Y luego de saber que sus cualidades de estudioso y disciplinado serían sus herramientas más importantes para graduarse como médico en 1991, se impone una pregunta necesaria: ¿Cómo llega el joven médico a convertirse en un agente de los Órganos de la Seguridad del Estado?

«Luego de mi graduación, en ese año, tuve la oportunidad de trabajar en un campamento de lisiados de guerra, que se denominaba 26 de Julio, ubicado en el Cacahual. Allí Cuba recibía a los lisiados del conflicto interno, que estaba ocurriendo en El Salvador.

«Esa fue mi primera experiencia sobre lo que podía significar un conflicto y me abrió el camino a darle una interpretación real, a actuar para evitar cosas así en el futuro de Cuba. También allí conocí a muchos hombres, que dieron sus vidas por una causa justa», responde sin dudarlo.

«En el año 1997 se produce en el país cierto auge de la disidencia, pues aunque ya desde antes se estructuraban grupúsculos contrarrevolucionarios, impulsados desde el proyecto Democracia, del expresidente norteamericano Ronald Reagan, o de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), también se veía un crecimiento de los fondos, de direcciones para atender a Cuba, organizaciones subcontratistas de la NED en América Latina y en Europa, etcétera.

«Todo eso generó que dentro del país fueron surgiendo los líderes de manuales, simulando a aquellos que habían existido en Europa del Este en la década de los 80 del siglo pasado. Ya había muchos grupos, que atendían temas de derechos humanos, manipulaban, hacían presiones diplomáticas en el exterior, porque supuestamente eran relatores de la situación de los derechos humanos en Cuba».

Según Carlos, en medio de todo eso surge un movimiento importante en el que empieza a colaborar. Comienza a desarrollar actividades, le dan tareas y protege a los cabecillas, de esa forma fue ganando espacio y confianza.

Con esa trayectoria como antecedentes, señala, logró establecer los vínculos recientes con Yunior García Aguilera.

El doctor Carlos aclara que él no está directamente vinculado con la contrarrevolución, pero lo toman en cuenta y, por su condición de médico, muchos de estos cabecillas acudían a él para realizarse diagnósticos y chequeos, sobre todo quienes se iban como exiliados políticos aprovechaban esa ventaja para hacerlos gratuitamente y no tener que pagar a su llegada al exterior.

Explica que fue preparado para hacer en el sector de la Salud, lo mismo que Yunior ha estado realizando en la cultura. «La misión es provocar una revolución de colores en nuestro país, se suponía que yo debía movilizar el gremio sanitario, ganar simpatizantes», refiere Vázquez González.

–Desclasificarlo, luego de tantos años de labor, no debió ser una decisión tomada a la ligera, y también debió tener un impacto en usted, ¿cuál fue su posición al respecto, cómo lo tomó?

–Ya la posibilidad de que eso podría ocurrir estaba prevista, solo se estaba esperando el momento adecuado para hacerlo, pero mi decisión siempre ha estado en coordinación con mi preocupación por mis niños oncológicos, mis ancianos, y en la guía de la figura del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en cuya tumba, en el año 2019, antes de salir para España, hice el juramento de defender a la Revolución hasta las últimas consecuencias.

Su firmeza en la voz al decir estas palabras confirma que la denuncia pública sobre las verdaderas intenciones de los promotores de la ilegal marcha del 15 de noviembre, en especial de Yunior García Aguilera, fue una tarea más, una de las más importantes del agente Fernando.

Saber que se esperaba hacer en la Salud lo mismo que intentan en la cultura, fue lo que hizo que mi mente estuviera abierta a la idea de que mi última misión era salir a la luz, y lo asumí como una tarea más por este pueblo, que merece la tranquilidad alcanzada en estos años de Revolución, destaca.

–En medio del zarpazo sorpresa a los planes de la contrarrevolución y el reconocimiento del pueblo a la labor de años del agente Fernando, ¿cuál ha sido la reacción de familiares y amigos más cercanos?

–Mi familia, mi hijo específicamente, no vive en Cuba, pero me apoya y me dijo claramente que vive orgulloso de los ideales que defiende su padre. Mis amigos y colegas también han sido un gran apoyo, aunque muchas personas, inclusive vecinos que me vieron crecer, durante todos estos años opinaban que yo no merecía la bata de médico.

Por desmentir públicamente las manipulaciones de estos líderes de manuales, aclara que no necesita ningún reconocimiento, solo la salvaguarda del pueblo que no merece ser engañado, de una juventud que no debe ser confundida por lenguajes de sirenas.

El doctor Carlos Leonardo trabaja actualmente en el Instituto Nacional de Oncología, es especialista de Primer Grado en Medicina General Integral y en Oncología, también es máster en Ciencias; pero esta vida y la del agente Fernando son las mismas, porque no importa cuál sea su nombre, la misión sigue siendo salvar vidas y a la Patria, pura heroicidad en ambos casos.

Tomado de Granma

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