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Por: Dinella García AcostaIsmael Francisco

Todos tenemos héroes. En ocasiones los tenemos en casa, otras en la tele o en libros y revistas. La mayoría de las veces estos son tan inaccesibles que soñamos, mas nunca imaginamos, llegar a conocerlos. Por eso cuando Fabrizio Chiodo estaba haciendo su tesis doctoral en vacunas sintéticas y la publicación estrella de este campo era la del científico cubano Vicente Vérez Bencomo, el italiano nunca pudo imaginar que unos años después colaboraría con su héroe y su equipo para desarrollar una vacuna durante la pandemia más grande que la humanidad ha vivido en el último siglo.

“Se habla de leyenda, es una leyenda. Se habla de una cosa impresionante, es impresionante. Pero ellos tenían un pasado científico. Esto no se hace de un día para otro”, comenta Chiodo en la oficina de su colega, la doctora Dagmar García Rivera, en la dirección de investigaciones del Instituto Finlay de Vacunas (IFV). Ambos acaban de regresar de Cienfuegos, donde se lleva a cabo el ensayo clínico Fase II con Soberana 01.

No es la primera vez que visita Cuba. Chiodo recuerda cuando estuvo en Matanzas y La Habana junto a su esposa en 2013. Un tiempo antes había conocido “al profe Vérez Bencomo y a Yuri Valdés en una conferencia internacional donde ellos eran las estrellas”, cuenta.

Aunque vino de vacaciones y como un científico nunca deja toda la ciencia en el laboratorio, no solo recorrió la ciudad, sino que llenó su maleta de muestras para empezar a hacer experimentos. Así comenzó a trabajar con Vérez Bencomo, “sobre todo en neumococos, entendiendo un poco el papel de alguna pieza de estas vacunas y cómo hablan con el sistema inmune”.

En colaboración con el Finlay, Chiodo ha estudiado el papel del sistema innato en otras vacunas como VA-MENGOC-BC, bases que sirvieron para realizar la intervención con esta al principio de la pandemia en la Isla.

No es de extrañar entonces que cuando apareció el Sars-Cov-2, el científico italiano empezara a realizar algunos experimentos preliminares en Holanda, país donde, junto con España, trabajó durante 12 años. Graduado de Química y Tecnología de los Fármacos y con una tesis de doctorado en Inmunología, el joven formó parte del equipo que ha trabajado en las vacunas y candidatos vacunales Soberana 01, Soberana 02 y Soberana Plus.

Cuenta que al principio de llegar el virus a Cuba recibía muchas preguntas relacionadas con una posible vacuna: “¿cómo se puede hacer rápidamente? ¿Qué riesgos de producción se pueden tener? ¿Qué limitaciones? ¿Y las variantes?”.

“Yo sabía que mis colegas del Finlay iban a conseguir las vacunas contra la covid-19. Sabía que iban a llegar. Sabía que iban a hacer algo, pero no podía imaginar que iba a ser algo tan grande comparado con la historia que ellos ya tenían”.

Chiodo no recuerda exactamente cuando oyó por primera vez el nombre Soberana. Han sido muchas noches en vela y horas despierto para ver en vivo las Mesas Redondas y las conferencias de prensa. La diferencia de horario acortada por la adrenalina de saber que se está haciendo historia. Historia que cambia vidas.

“Yo estaba en contacto con el Finlay cada día y me acuerdo de la reunión que el profesor Vérez Bencomo siempre cuenta que hubo con el presidente cubano. Sí que me acuerdo el día que me dijeron: ´Fabrizio, vamos a ir por la vacuna´”.

El chovinismo y la grandilocuencia quedan en nulo cuando lo escuchas. No hay nada que sobre cuando sus palabras hablan de ciencia. “Esto se hace con colegas excelentes, brillantes, trabajadores y comprometidos. Todos esos ingredientes lo hacen posible”.

Insiste en que para él “era casi obvio” que los cubanos lo lograrían y añade que así de optimistas “somos siempre los científicos”. No obstante, advierte sobre algo jamás pensado. “Lo que nunca me pude imaginar es que iban a llegar por delante de compañías como Sanofi, GSK, Merck o Novavax; que me iban a decir que 14 meses después entre el Finlay y el CIGB iban a tener ya tres vacunas y dos candidatos. Además, que iban a hacer la vacuna proteica más administrada en el mundo a día de hoy delante de todas esas compañías, eso no me lo hubiera creído ni en sueños. Esa es la fuerza de ellos”.

“Yo sabía que mis colegas del Finlay iban a conseguir las vacunas contra la covid-19. Sabía que iban a llegar”. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate

El padre de Chiodo era médico, venía de una familia pobre y estudió Medicina cuando en Italia se podía pasar gratis. Cuando falleció lo enterraron con una foto del Che. De pequeño iba en el carro con su papá y se preguntaba por qué había niños limpiándole el vidrio del coche, durmiendo en la calle y pidiendo dinero, mientras él tenía casa.

“Creciendo te preguntas por qué pasa esto, por qué en el mundo hay 800 millones de personas que no tienen agua. Cuba siempre ha sido una opción, una alternativa, sobre todo en biotecnología. Ellos te enseñan que se puede hacer biotecnología pública y de estado. En otros países, en cambio, te enseñan que un producto puede llegar a un paciente solo pasando por compañías farmacéuticas y privadas”.

Un hecho que –recalca- ya habían demostrado los científicos cubanos. “Fidel lo había entendido hace muchísimo tiempo. Y ellos lo han hecho otra vez. Cuba está demostrando que un país pobre y bloqueado puede diseñar, desarrollar y producir vacunas de estado y pueden ser la luz para muchos países pobres. Ya era la luz para muchos y creo que puede abrir un futuro en los siguientes años donde los países con menos recursos podrían producir vacunas entre ellos. Y hay un país líder en todo esto: Cuba”.

Chiodo insiste en la necesidad de que todos los países se vacunen, de que las vacunas alcancen a las naciones pobres. “No es caridad, es justicia. Si no vacunamos a toda la población, vamos a sufrir variantes”.

Le impresionan sobre todo los ensayos de pediatría cubanos. Le ocurrió con el de neumococo y le sigue ocurriendo años después con el de Soberana. “La población sabe de lo que se está hablando, el respeto por el sistema de salud pública, el respeto para la biotecnología. Cuando tú ves a una mamá con su niño ahí convencida de lo que está haciendo, sin que le estén dando ningún dinero para participar en ningún ensayo clínico, esa es la fuerza de un país. No puedo imaginar algo más fuerte que eso”.

“En Europa y Estados Unidos hacemos ciencia para jugar, publicar en revistas de impacto o para tener un buen sueldo. El científico cubano hace ciencia para la salud de su pueblo o los del mundo. Esa es la gran diferencia. ¿Qué es el impacto de una revista científica? El impacto de una revista es editorial, de negocio. El científico cubano hace ciencia para impactar en la salud pública y en lo que una sociedad necesita”.

Uno de ellos es Vicente Vérez Bencomo. “El jefe representa todo en lo que yo creo. No hay persona más brillante, inteligente y humanamente impresionante. He trabajado en muchos sitios y nadie me motiva como él. Cuando se enfada se enfada y tiene una visión a largo plazo que a veces me da miedo. Es capaz de ver inmediatamente cuáles van a ser los retos, las limitaciones y el futuro. Es el científico más brillante que conozco. Es un maestro de ciencia y de vida para mí.

Trabajar con él –asegura- es un honor. “El profe sigue siendo, sobre todo, un gran científico en los detalles y tiene la pasión de un joven. Yo he visto otros profesores en otros países que luego se dedican a la política, los negocios o la parte burocrática, Vicente sigue siendo brillante en estas cosas, pero donde sigue siendo único es en los detalles moleculares, como si fuera un estudiante que quiere entender átomo por átomo lo que pasa. Dónde busca el tiempo para eso, yo no lo sé. Es que tiene una mente impresionante”.

Cuba está demostrando que un país pobre y bloqueado puede diseñar, desarrollar y producir vacunas de estado y pueden ser la luz para muchos países pobres. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate

Chiodo pasa parte de su tiempo tuiteando sobre Cuba, sus vacunas y ensayos clínicos. No hubo noticia desde aquel agosto de 2020, donde se anunciaron por primera vez los candidatos vacunales del Finlay, que no fuera seguida por las palabras de este joven italiano de foto de perfil en blanco y negro gritando de emoción, derrochando orgullo y asegurando que la vacuna de la pequeña Isla llegaría.

Detrás de ese perfil había una obsesión por la Ciencia y la Medicina, sobre todo por las vacunas, “el instrumento que un país pobre puede tener para enfrentarse a las grandes trasnacionales farmacéuticas”. El hilo conductor de su vida han sido los carbohidratos y el sistema innato.

Fue esto lo que le terminó uniendo al profe Vicente y a Cuba. “Ha sido la ciencia que por destino o por suerte me dio la oportunidad de conectar mi ética política con una ciencia de altísimo nivel”. Antes ya lo había unido un amor de familia por esta Isla. Chiodo nació en Sicilia y ahora vive en Nápoles. Hace unos días ha recibido la categoría docente especial de Profesor Invitado por la Universidad de La Habana. “Soy un hombre del Sur”, asegura.

Actualmente en Italia se está evaluando en sueros de sujetos cubanos vacunados con Soberana Plus la capacidad de los anticuerpos de neutralizar las variantes. Al joven italiano le gusta citar una frase de Vérez Bencomo: “que primero hable la ciencia”. El mayor regalo que ha vivido en estos meses han sido las muestras de apoyo y respeto de científicos italianos y europeos para la biotecnología cubana y específicamente para el Finlay. “No he visto ningún muro por parte de la ciencia. Ha sido impresionante, profesores grandísimos que te escriben correos o te lo dicen en reuniones”.

“Lo que han hecho los científicos cubanos es algo que se quedará en los libros de historia”, asegura el científico italiano que recién se ha vacunado con Soberana. “Empezamos a contar ahora lo que pasará en 20 años”.

Tomado de CubaDebate

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