Erin Schaff / AFP

Más como una despedida del tema Venezuela, el ya retirado halcón Elliott Abrams, nombrado por Trump como representante para asuntos sobre Venezuela de la Casa Blanca, ha decidido contar cómo fue el estrepitoso fracaso del intento de ‘transición’ en Venezuela, a qué se debió dicha derrota y cuál fue la verdad detrás de todo esto.

Lo central a resaltar es que la amenaza de la Administración Trump de «todas las cartas están sobre la mesa» nunca fue así. Fue una vil mentira del expresidente, ya que, según Abrams, los militares estadounidenses nunca estuvieron de acuerdo con ensayar algo parecido, según relató en entrevista con EVTV, un canal opositor de Miami. 

Dice el halcón desde su casa: «Trump demostró que era muy cuidadoso con el uso de la fuerza. Estaba tratando de regresar a las tropas de Irak y Afganistán y, en algún punto, tomó la decisión de no usar la fuerza en Venezuela. Creo que la mayor influencia en ello no fue el Departamento de Estado, sino los militares estadounidenses, que decían: ‘Mire, nosotros tenemos una guerra en Afganistán e Irak y estamos haciendo cosas allí como lo de Soleimani, pero la principal amenaza es China, entonces no nos metamos en una guerra en Latinoamérica’. Mira, Venezuela es un país de 35 millones (…), pero no es Granada, entonces tardaría semanas hacerlo (…) los militares no estaban de acuerdo en hacerlo».

Con una revelación como la anterior, se comprueba que lo que hubo fue un engaño general a toda la oposición haciéndoles creer que una invasión militar estadounidense era inminente, cuando no era una opción real de los militares.

Bajo la idea de «todas las cartas están sobre la mesa», el liderazgo opositor declaraba ‘el abstencionismo’ y desistía de presentar un candidato contra Nicolás Maduro, por lo que terminó perdiendo todo el terreno que había ganado.

Abrams ha decidido hablar desde el invernadero donde lo arrojó el traumático fin del Gobierno de Trump, donde era uno de los halcones, del sector más radical, aunque ahora lo niega y se promociona como alguien que estuvo de acuerdo con la mediación.

Era el «invierno de 2019» y Noruega intentó acercar a las partes (Gobierno y oposición venezolana). En ese momento, cuenta Abrams, hubo una división de criterios entre él y John Bolton, asesor de seguridad del Departamento de Estado, quien decía que la negociación con el Gobierno de Venezuela «era una mala idea y que era demostración de debilidad». «Yo decía que sí y él decía que no, y el resultado fue que no hicimos nada (…) Yo pensaba que las negociaciones eran una vía útil», afirma.

Después de estas revelaciones, se entiende que los que desmontaron la apuesta electoral en las presidenciales de 2018 vivían de un espejismo. Estuvieron engañados en sus proyecciones y así provocaron una insurrección durante 2019 que dejó un saldo de centenares de presos y decenas de muertos y que atendía a un espejismo electoral de Trump, que vio a Venezuela como una buena oferta electoral a los latinos de Miami para ganar Florida, como finalmente la ganó, aunque perdiendo las elecciones de su país.

Bajo la idea de «todas las cartas están sobre la mesa», el liderazgo opositor declaraba ‘el abstencionismo’ y desistía de presentar un candidato contra el presidente Nicolás Maduro, por lo que terminó perdiendo todo el terreno que había ganado en la política y los poderes públicos.

Tratando de representar la percepción actual de la oposición, Abrams dice que «está claro (que) no habrá rescate de Washington». Allí el histórico funcionario, que ha sido sentenciado por el caso Irán-Contras, se anima y, casi como un político, se atreve a usar el español por primera vez durante la entrevista para convocar a «reanimar la vía política», diálogo incluido: «Y yo creo que esa es la conducción correcta porque la alternativa es sentarse a esperar y eso es un error».

«En la oposición hicieron una evaluación de que no tienen manera de remover a Maduro del poder por ahora y, además, que la mayoría de la oposición activa quiere participar y postularse para un cargo», argumenta. Así que la negociación facilitada por Noruega es «lo mejor que pueden hacer», sentencia Abrams. 

Guaidó ya en pasado y no como presidente

Finalmente, en este atragantamiento de sinceridad, habla de Guaidó en pasado: «Nosotros respetábamos a Guaidó como presidente interino e hicimos un plan de transición estadounidense que planteaba un gobierno de coalición, amnistía, una representación de los militares en ese gobierno de coalición». Además, dice que el ‘interinato’ del exdiputado «finalmente» va a desaparecer y que su figura ya es más la de un liderazgo. 

Lo que sí es seguro es que la presión está bajando: «En estos ocho meses como presidente, Biden no ha hablado de Venezuela, ni el secretario de Estado, [Antony] Blinken. Ya no tienen representante especial, han eliminado oficinas sobre Venezuela, todo esto reduce el nivel de presión», dice Abrams, que atribuye la situación a que los esfuerzos estaban en Afganistán. 

Política interna

Asumido el fracaso de la estrategia, Abrams busca intervenir en la política interna venezolana indicando quién es el más representativo de los políticos de oposición.

El exfuncionario, que ya en 2020 había entrado en diatriba contra la opositora radical María Corina Machado calificando de «realismo mágico» su propuesta de intervención internacional, ahora carga contra el líder opositor Henrique Capriles, de quien se dice un «crítico» y condena al fracaso su estrategia.

Por el contrario, Abrams no oculta su favoritismo hacia Leopoldo López. De hecho dice que la mesa de negociación de México fue una derrota para Capriles y el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, en tanto el venezolano Gerardo Blyde representa a Guaidó. 

Abrams ya se sabe fuera de la política y ante el desastre que significó su política, para sus propios aliados, ha decidido ventilar el por qué de su fracaso y así nos permite ir entendiendo con claridad su incapacidad política para imponer un gobierno en América latina.

Ociel Alí López

Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

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