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A punto de alcanzar sus primeros 100 días en la Casa Blanca, Joe Biden parece estar asesorado por el propio expresidente Donald Trump, pues la línea política asumida así lo evidencia.

Con Cuba prometió en campaña que eliminaría parte de las crueles medidas impuestas por Trump, entre ellas permitir las remesas familiares y los viajes de cubanos residentes en Estados Unidos, además retomar otras de las aprobadas bajo la presidencia de Barack Obama, en las que participó como vicepresidente, pero sus declaraciones más recientes indican que continuará con las sanciones, aunque no está del todo claro si es por decisión propia o por las presiones del grupo de mafiosos anticubanos sentados en el Congreso.

En cuanto a las relaciones con China y Rusia su retórica es la misma de Trump, debido a que tanto demócratas como republicanos temen al desarrollo económico de ambas potencias, que en alianza estratégica enfrentan las sanciones yanquis.

La hostilidad irracional solo perjudica a Estados Unidos, situación que los asesores de Biden no alcanzan a sopesar, porque el odio les ciega la razón y exponen al presidente a sostener una posición muy incómoda frente a sus aliados europeos, quienes no comparten totalmente la política de guerra económica, por las afectaciones que eso conlleva para sus ciudadanos.

Las acciones contra China en el tema de Hong Kong y Taiwán, demuestran una continuidad a la torpeza de Trump, al pretender desconocer el poderío chino y su sabiduría milenaria, entrometiendose en sus asuntos internos, situación que Estados Unidos no tolera en el caso de Puerto Rico, elemento por el que siempre se oponen a que Cuba apoye su independencia, incluso es un tema de discusión histórica en las conversaciones entre Washington y La Habana, discutido en reuniones privadas entre el propio Fidel Castro y altos funcionarios de Estados Unidos, como las sostenidas en enero de 1980 con Peter Tartoff, Robert Pastor y Wayne Smith.

¿Por qué se oponen los yanquis a la descolonización de Puerto Rico y pretenden la separación de Hong Kong del territorio de China?

¿Permitirán los yanquis que Beijing estimule protestas populares entre los boricuas y apoyen con dinero las campañas para su independencia, similares a las que sufragan en Hong Kong?   

Los asesores de Joe Biden impresionan estar reclutados por Trump, con el objetivo de ponerlo en ridículo ante el mundo, impulsandolo a una guerra fría con Moscú, como se constató recientemente en la entrevista concedida a la cadena de noticias norteamericana ABC, en su programa Good Morning America, donde el presidente Biden, sin pensar lo que decía, se dejó provocar por el del periodista George Stephanopoulos, quien de forma mal intencionada acusó directamente al presidente ruso de “haber autorizado una campaña de injerencias digitales en las elecciones, para perjudicar a Biden”.

De inmediato el mandatario respondió: “Rusia pagará las consecuencias por esa acción”, y como si el guión de preguntas fuese diseñado personalmente por Trump para impedir una distención entre las dos potencias, Stephanopoulos arremetió con otra pregunta provocativa: ¿Cree usted que Putin es un asesino?  

Biden, a pesar de una vasta experiencia política cayó en la trampa tendida y quizás por su avanzada edad no pudo analizarla y evadirla.

Su respuesta fue políticamente fatal para su imagen y la de su propia nación, al asegurar ante las cámaras de la televisión:

“Él no tiene alma, lo es”.

Pero los errores no se detienen, proyectan la impresión de que el propio Donald Trump le susurra al oído lo que debe decir públicamente.

Ahora Joe Bidel y sus funcionarios reafirman lo que decía el expresidente, de que “hubo fraude en el proceso electoral y le robaron las elecciones”, porque en su obsesión por manchar, a todo costo, la imagen de Rusia, Irán, Cuba y Venezuela, dicen, sin una sola prueba legal, que un informe de las agencias de inteligencia estadounidense asegura que “existieron campañas de injerencias digitales en las elecciones para perjudicar a Biden, y Putin es el responsable”.

¿No se ha puesto a pensar Biden que alegar tal cosa, fortalece más la imagen de Trump y lo debilita a él ante su propio pueblo? ¿Tenía razón Donald Trump en sus acusaciones de fraude?

¿Quiénes pueden estar detrás del supuesto informe elaborado por el Consejo Nacional de Inteligencia, integrado por siete agencias y otros ministerios, responsabilizados en procesar la recolección de información, para que el presidente esté al tanto de lo que sucede?

Ni una sola prueba muestran los yanquis sobre la inventada interferencia, método que repiten como parte de su estrategia de acusar a los demás y así justificar las sanciones que imponen, creyéndose los amos del mundo con potestad de castigar a quienes no se doblegan.

Putin, más joven e inteligente que Biden, ante la calificación de asesino le respondió de forma magistral:

“Cada uno ve a la otra persona tal y como se ve a sí mismo. Le deseo a Biden mucha salud”.

Su respuesta ante esto fue llamar a consultas al embajador ruso en Washington, para analizar con calma el camino del mejoramiento de las relaciones entre los dos países, porque como declaró María Zajárova, portavoz de la Cancillería rusa:

“Moscú está interesado en evitar una degradación irreversible de esas relaciones y espera que los estadounidenses se den cuenta de los riesgos relacionados con esto”.

Pésimo camino el elegido por Biden, sin percatarse que pudiera facilitarle el regreso a Trump a la Casa Blanca e incluso recuperar el Congreso, si antes no revisa con lupa su cuerpo de asesores, pues tal parece estarle cavando su tumba política, al mostrase con esas reacciones irracionales, propias de un presidente sin el talento suficiente para dirigir a una potencia nuclear, que avivan los comentarios de estar padeciendo cierta demencia senil.

Iluminado fue José Martí cuando afirmó:

“El que degrada a los demás se degrada a sí mismo”.

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