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En su desesperado pataleo por mantener la hegemonía mundial que se le escapa de las manos, el régimen fascista de la Casa Blanca recurre a las mentiras y difamaciones más descarnadas acusando a medio mundo de las purulentas lacras que corroen a su país, tratando de ocultar que no es más que un sanguinario imperialismo en decadencia.

Desde el surgimiento de la nación norteamericana e incluso desde mucho antes, las fuerzas imperialistas que han existido en su seno han alimentado los deseos de apropiarse de las riquezas y gobernar a su antojo a América Latina, de lo cual la resucitada Doctrina Monroe es un claro ejemplo.  

En particular, la malévola intención de apoderarse de Cuba al precio que sea, se ha convertido en una obsesión paranoica.

Para entender las raíces ocultas de este fenómeno, vamos a centrarnos en el análisis del imperialismo yanqui como un sistema opresivo y explotador de los pueblos que basa su decadente poder en la trata de personas, el narcotráfico, el lavado de dinero y la corrupción, cuya perniciosa actividad, se traduce en guerras y conflictos por todo el mundo.

Forjar un imperio siempre implica querer dominar grandes dimensiones. En el caso del Imperio estadounidense, está claro que el tablero donde se juega la partida es el planeta. Ningún rincón se escapa. Desde países grandes como Rusia y China, hasta países pequeños y desconocidos, como la isla de Granada. Todos han sufrido, sufren y pueden sufrir alguna agresión del imperialismo yanqui.

El Imperio yanqui se tambalea.

Estados Unidos, en su farisaico camino hacia la hipócrita “protección” del mundo y la eliminación de los supuestos enemigos de la democracia y la libertad, ha forjado un ejército que se extiende por todos los continentes de la Tierra. El gobierno estadounidense tiene incluso una serie de ‘Comandos de combate’ que se reparten el mundo y lo tratan de controlar.

Sin embargo, el mundo ya no es unipolar como soñaban los norteamericanos hace 20 años después de la caída de la URSS. Una China cada vez más poderosa económicamente y una Rusia retadora armada hasta los dientes con los más sofisticados medios bélicos que recuerda la historia, desafían abiertamente a los EE. UU capitaneando el movimiento de los BRICS haciendo tambalear al otrora todopoderoso Tío Sam. A ello se une las voces de una humanidad cada vez más contestataria que reclama y defiende sus derechos ante los Estados Unidos en diversos foros internacionales.

Todo ello lleva a la conclusión de que el imperialismo yanqui está en decadencia, lo que no quiere decir que deje de ser muy peligroso.

Es sintomático que las encuestas de los últimos años sugieren que cuando se les pregunta si su país está «en declive», entre el 60% y el 70% de los estadounidenses dicen que sí.

En los últimos tiempos, cientos de miles de libros han sido vendidos en Estados Unidos con un mensaje similar, lo que llevó a un crítico a comentar que «el declive tiene la misma fascinación para los historiadores que el amor para los poetas líricos».

De acuerdo con algunas estadísticas, este debate puede resolverse rápidamente: China se lleva la victoria en cuanto a la economía y Estados Unidos alza el trofeo cuando se trata del número de portaaviones.

Todos los historiadores involucrados en el debate sobre el declive están de acuerdo en que la época del Imperio Estadounidense no puede seguir por siempre. Después de todo, los grandes poderes surgen y caen. Muchos intentan establecer dónde creen que Estados Unidos se encuentra ahora en términos del pasado imperial británico.

Los más pesimistas tienden a ver analogías con la primera parte del siglo XX, después de la guerra de los Boer y antes del cataclismo de 1914. Es claro que hay similitudes entre el debate británico sobre el declive durante ese periodo y la actual introspección estadounidense.

Algunos analistas por ejemplo se muestran preocupados por el fracaso para controlar el déficit presupuestario y la posible aceleración de este proceso. Dicen que si los billones continúan subiendo, simplemente atender la deuda desplazará tipos más productivos de gasto, lo que crearía un espiral nacional descendente.

La clara incompetencia de la administración Trump para enfrentar la pandemia de coronavirus, la explosiva situación interna de protestas contra el racismo y la brutalidad policiaca, el creciente desempleo y desequilibrio de la economía de una enajenada sociedad de consumo, la galopante pérdida de valores morales de su población, así como los vergonzosos fracasos en tratar de poner de rodillas a Irán , Corea del Norte, Cuba, Nicaragua y Venezuela, demuestran entre otros factores que los EE.UU no es más que un imperio  en decadencia.

Un Imperio financiado por dinero sucio.

Pero esto no es lo peor. Estados Unidos basa su poder imperial no solo en la rapiña y explotación de otros pueblos sino fundamentalmente en la permanente inyección en su economía de dinero sucio proveniente de todo tipo de actividades criminales.

Como se sabe, entre los tres productos que más se intercambian a nivel internacional están: el petróleo, las armas y las drogas. Hoy día, la producción y comercialización de estos productos los controla prácticamente un solo país, Estados Unidos.

EL PETRÓLEO: La demanda mundial de petróleo se ubica entre los 94 millones de barriles por día, según la Agencia Internacional de Energía, siendo Estados Unidos el mayor consumidor petrolero a nivel mundial con 11.500.000 barriles de petróleo diarios.

LAS ARMAS: Estados Unidos es el primer país productor y exportador mundial de armas. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, EE.UU. controla el 31 % del mercado internacional de las armas.

LAS DROGAS: Estados Unidos es el segundo productor de marihuana a nivel mundial. En cuanto a la heroína, Afganistán (invadida por Estados Unidos desde 2001) se constituye como el primer productor mundial de esta droga; y la cocaína sigue siendo Colombia (donde Estados Unidos opera desde el año 2000 con el «Plan Colombia») el primer país productor de este cultivo ilícito en el mundo, superando su producción este último año.

La droga impidió la debacle económica del Imperio.

Es sabido que las drogas estimulan, deprimen y perturban el sistema nervioso, entorpecen el cerebro y producen distorsiones en las personas que las consumen. Millones de familias en el mundo han sido destruidas a causa de las drogas, ya que de su consumo se desprende la delincuencia, violencia intrafamiliar, y la muerte en muchos casos.

Según las Naciones Unidas en su Informe Droga 2015, 246 millones de personas consumen drogas en el mundo, de las cuales 182 millones consumen solo la marihuana, otros 48,9 millones de personas heroína, 17 millones cocaína y el resto de las personas consumen anfetaminas, éxtasis, entre otros tipos de drogas. Según la ONU, por año fallece un promedio de 187.000 seres humanos por consumo.

Sin embargo, la droga ha sido una de las ramas más importantes de la economía estadounidense, de acuerdo a un Informe publicado por la Subcomisión del Senado de los Estados Unidos en el año 2016. «cada año entre 300 mil millones de dólares y un millón de millones de dólares de origen criminal son lavados por los bancos a través del mundo y la mitad de esos fondos transitan por los bancos estadounidenses».

Ello se une a la afirmación realizada en el año 2008 por el director de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito quien expresó que «Los miles de millones de narco dólares fueron los que impidieron el hundimiento del sistema norteamericano en el peor momento».

A pesar de ello, Washington y los medios de comunicación pintan a Estados Unidos en la vanguardia de la lucha contra el narcotráfico, el lavado de dinero proveniente de las drogas y la corrupción política. La imagen es de limpias manos blancas luchando contra el «dinero sucio» proveniente del Tercer Mundo (o de los países ex comunistas).

La verdad es exactamente la opuesta. Los bancos de Estados Unidos han desarrollado un bien elaborado sistema de políticas para transferir fondos a Estados Unidos para invertir esos fondos en negocios lícitos o en bonos del gobierno norteamericano y, de este modo, legitimarlos. El Congreso norteamericano ha realizado numerosas audiencias, entregando detallados informes de las prácticas ilegales ilícitas de los bancos, ha aprobado diversas leyes y ha reclamado un endurecimiento de la regulación pública y del control de los banqueros privados. Sin embargo, los principales bancos continúan con sus prácticas, las cantidades de dinero sucio crecen exponencialmente, ya que ni el Estado ni los bancos tienen la voluntad y el interés de terminar con estas prácticas que les significan grandes ganancias y fortalecen a un imperio crecientemente frágil.

Hay consenso entre los investigadores parlamentarios norteamericanos, los ex banqueros y los expertos bancarios internacionales que los bancos estadounidenses y europeos lavan entre 500 mil millones y un billón de dólares en dinero sucio anualmente. La mitad de esa suma es lavada por los bancos norteamericanos. El senador Levin sintetiza así el problema: «Las estimaciones indican que entre 500 mil millones y un billón de dólares de origen criminal se mueven y depositan anualmente en los bancos. Se estima que la mitad de ese dinero viene a dar a Estados Unidos».

En toda la década entre 2.5 y 3 billones de dólares de origen criminal han sido lavados por bancos norteamericanos y se mueven en los circuitos financieros norteamericanos. Sin embargo, la afirmación del senador Levin solamente se refiere a los dineros considerados de procedencia criminal, según las leyes norteamericanas. No incluyen transferencias ilegales ni flujos de capital hechos por dirigentes políticos corrompidos ni provenientes de evasión tributaria cometida en países extranjeros.

Un distinguido académico norteamericano, experto en finanzas internacionales y asociado al prestigioso Instituto Brookings, estima que el «flujo de dinero sucio desde los países en desarrollo (Tercer Mundo) y las economías en transición (ex comunistas) a las arcas occidentales es de 20 a 40 billones de dólares al año y el flujo estimado por concepto de simulación de precios en operaciones internacionales de comercio es de 80 billones al año o más. Mi cálculo más bajo es de 100 mil millones al año por ambos conceptos lo que representa un billón de dólares en el decenio y la

Los alegatos de la Subcomisión del Senado se confirman cuando una Corte Federal de Nueva York hizo público en el año 2012 la participación de los bancos estadounidenses HSBC, JP Morgan, Wells Fargo y Banks of América en el lavado de dinero proveniente del narcotráfico. En el caso del Banco HSBC se confirmó que en el año 2008 lavó 1100 millones de dólares del Cartel de Sinaloa con destino a Estados Unidos. En algunos de estos casos la Corte impuso multas, pero ninguno de sus directivos o personal fue encarcelado.

Es evidente que en Estados Unidos existe una sociedad de cómplices, donde a través de las multas el Estado termina de legalizar el dinero del narcotráfico.

LA CIA y la DEA actúan de la mano.

El criminal negocio de la droga también le ha servido a Estados Unidos para subsidiar las actividades subversivas de la CIA en contra de otros Estados.

LA CIA y la DEA han actuado de la mano y como ejército de apoyo en el tráfico mundial de la droga, para financiar sus actividades secretas en el mundo, convirtiendo así a ese país en el coordinador mundial del Narcotráfico.

Cabe recordar que, en los años 80, Estados Unidos financió a la organización liderada por Osama Bin Laden y el Talibán en Afganistán con el dinero obtenido de la heroína sacada de ese país hacia Europa Occidental.

Así mismo ocurrió en Centroamérica, cuando Estados Unidos financió a la contra nicaragüense con el dinero de la cocaína que extraían de Colombia, Perú y Bolivia.

La creciente polarización del mundo está anclada en este organizado sistema de transacciones financieras criminales y corruptas que sustentan al decadente imperialismo yanqui. Mientras la especulación y el servicio de los pagos de la deuda externa cumplen un papel en el deterioro de los estándares de vida en las crisis regionales, el lavado de muchos billones de dólares sucios y la función de los bancos al servicio de la corrupción de gobernantes y altos funcionarios, sustentan la prosperidad occidental, el fortalecimiento del imperio norteamericano y su estabilidad financiera.

La escala, amplitud y oportunidad de las transferencias y lavado de «dinero sucio», la centralización de las mayores empresas bancarias y la complicidad de los gobiernos lacayos de la región indican con fuerza que las dinámicas de crecimiento, de imperio y recolonización, están íntimamente ligadas a una nueva forma de capitalismo construida en torno al saqueo, el crimen, la corrupción y la complicidad.

Responsablemente podemos afirmar que desde la intervención estadounidense en Afganistán se tenía prácticamente erradicada la producción de heroína, informes de la ONU así lo confirman, y es a partir del 2002 que ese país reinicia su producción, solo en el 2014 se produjo un estimado de 6500 toneladas de opio. Los mercados de Canadá, Estados Unidos y Europa son abastecidos desde el país invadido.

Igual ocurre con la producción de cocaína en Colombia, país que desde el año 2000 Estados Unidos implementa el Plan Colombia para palear el cultivo de este producto ilegal y la colocación de 7 bases militares, contrario a ello se ha incrementado la producción y abastece al mercado estadounidense y europeo.

Según la ONU, ese país incrementó en 2015 un 52m % la producción de esta droga, contando ahora con la producción de 442 toneladas métricas por año.

Valdría la pena preguntarnos: ¿Por qué podemos pensar que Estados Unidos ha dejado de servirse de este producto tan jugoso económicamente para financiar sus fechorías?

Un ejemplo de esta sucia política es acusar a Venezuela de ser un narcoestado, cuando todo el mundo sabe que EE. UU es el mayor consumidor de cocaína procedente de Colombia.

Estos escandalosos datos demuestran la hipocresía de Estados Unidos en su supuesta lucha contra la droga, y revelan que no es más que un peligroso narco-Estado ¡que se hunde cada vez más en el pestilente pantano de su decadencia!

fin

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