por Martha Andrés Román

Los demócratas parecen apuntar hoy hacia la próxima etapa de la investigación de juicio político contra el presidente estadounidense, Donald Trump, después de otra semana de malos resultados para el gobernante en esa pesquisa.

El jefe de la Casa Blanca mantiene su postura de que no hubo nada inadecuado en sus interacciones con Ucrania y que no presionó al país europeo con el fin de que lanzara indagaciones sobre el exvicemandatario Joe Biden y las elecciones norteamericanas en 2016.

Pero en las audiencias públicas celebradas en días pasados en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, varios funcionarios vincularon a Trump y a miembros de su administración con una búsqueda de intercambio de favores en el país europeo para beneficiar políticamente al presidente.

El embajador de Estados Unidos en la Unión Europea (UE), Gordon Sondland, una figura que donó un millón de dólares a la campaña de Trump antes de ser nombrado para ese puesto, dijo que sí hubo quid pro quo en las interacciones con Kiev.

Los miembros de este Comité con frecuencia han enmarcado estos problemas complicados en la forma de una simple pregunta: ¿hubo un quid pro quo? La respuesta es sí, manifestó el miércoles ante legisladores y las cámaras de televisión del país.

Ese comentario puede ser visto como el reconocimiento más claro de que el ejecutivo condicionó la entrega de asistencia militar a Ucrania, y la celebración de un encuentro entre Trump y su homólogo Volodymyr Zelensky, a que Kiev lanzara las indagaciones deseadas por el mandatario norteamericano.

Durante su declaración, Sondland añadió que la naturaleza de las solicitudes a Ucrania era ampliamente conocida en la administración, y que las interacciones se llevaron a cabo bajo la ‘dirección expresa’ del presidente.

Por otra parte, los republicanos han tratado de argumentar que Rudy Giuliani, abogado personal del presidente y quien encabezó una política en la sombra sobre Ucrania, estuvo trabajando por su propia cuenta, sin indicación del jefe de la Casa Blanca.

Al respecto, Sondland testificó que él; el secretario de Energía, Rick Perry; y otros altos funcionarios, se vieron obligados a tratar con Giuliani, a pesar de que no querían hacerlo, ‘porque el presidente nos lo ordenó’.

Un día después, Fiona Hill, antigua experta en Rusia del Consejo de Seguridad Nacional, dejó en claro que vio la campaña sobre Kiev como un esfuerzo político que no tenía nada que ver con enfrentar la corrupción en la nación europea, pese a lo dicho por Trump y los republicanos para defender el comportamiento del mandatario.

La exfuncionaria manifestó que llegó a advertir a Sondland acerca de la existencia de intereses internos diferentes a los objetivos de política exterior. ‘Le dije, embajador Sondland, Gordon, yo creo que todo esto va a explotar. Y aquí estamos’, apuntó.

Por su parte, David Holmes, uno de los principales funcionarios de la embajada norteamericana en Ucrania, afirmó también el jueves que escuchó un diálogo telefónico en el cual Trump preguntó a Sondland si Zelensky accedería a abrir la pesquisa sobre Biden, a lo que el diplomático le respondió que el presidente ucraniano ‘hará cualquier cosa que le pidas’.

Frente a la naturaleza de esas declaraciones, Trump ha tratado de desestimarlas con diferentes pretextos, ha puesto en duda la veracidad de los testimonios y ha atacado a los testigos.

Pese a sus esfuerzos por mostrarse como víctima de un acoso político, muchas fuentes consideran que la evidencia en su contra es devastadora, y los demócratas están listos para determinar sus próximos pasos en los días venideros.

De acuerdo con la publicación The Hill, los comités que lideran la fase de indagación sobre los hechos -Inteligencia, Supervisión y Reforma, y Asuntos Exteriores- tienen programado escribir un informe acerca de sus conclusiones.

Luego, el centro de atención se trasladará al Comité Judicial, el cual liderará el proceso de elaboración de artículos de juicio político o de acusación contra el gobernante, para después someter esas imputaciones a votación en el pleno de la Cámara Baja.

Si ese órgano de mayoría demócrata aprueba la acusación formal, se realizará un juicio político en el Senado controlado por los republicanos, donde es muy poco probable que se avale la destitución del presidente, dado que los miembros de la fuerza roja se niegan a apoyar este proceso a pesar de la creciente evidencia incriminatoria.

Tomado de Prensa Latina

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