II Congreso de la Uneac, el poeta Nicolas Guillen, dialoga con Fidel, en presencia de Alejo Carpentier y Alfredo Guevara Foto: Mario Ferrer 14/10/77 Publicada: 10/07/2002 Fide9256
II Congreso de la Uneac, el poeta Nicolas Guillen, dialoga con Fidel, en presencia de Alejo Carpentier y Alfredo Guevara Foto: Mario Ferrer 14/10/77 Publicada: 10/07/2002 Fide9256

Por: Jose Luis Estrada Betancourt

Pensar que la trascendencia de Palabras a los intelectuales quedó en el lejano 1961 es un error, Palabras… se convirtió en un mensaje para todos los tiempos, en un llamado a unirnos en la gran empresa de lograr que la cultura sea siempre la voz de la patria. Miguel Barnet contaba con 21 años cuando vivió el privilegio de estar en el mismo espacio donde se hallaban Roberto Fernández Retamar, Alfredo Guevara, Graziella Pogolotti, Lisandro Otero, Pablo Armando Fernández, Lezama Lima, Virgilio Piñera… y, por supuesto, Fidel. Seis décadas después el Presidente de Honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) recuerda aquel 30 de junio, otro viernes como lo fueron los días 16 y 23.

«Llegué muy temprano a la Biblioteca Nacional y así participé en las tres ocasiones en que se desarrollaron estos encuentros. No sé si había alguien más joven que yo, pues todos eran notables personalidades de la cultura. Para mí resultó muy impactante escuchar a Fidel, con apenas 34 años, expresarse de manera tan brillante, tan sosegada. Me sorprendió que un hombre tan joven pudiera debatir cuestiones tan complejas como el futuro de la cultura cubana, la libertad de expresión…

«Sus palabras mostraron el camino a seguir y la intención de la Revolución de poner la cultura en manos del pueblo. La tan llevada y traída frase: “dentro de la Revolución todo, contra la revolución nada” aunó el espíritu creador de todos los presentes. Aquel momento fue histórico por una razón fundamental: porque ahí se establecieron las premisas de lo que en lo adelante se convirtió en la política cultural de la Revolución que daría lugar a una cultura auténtica e inclusiva».

Según el escritor Alex Pausides, «Palabras…, que es producto de una gran reflexión colectiva, viene a hablar de la posibilidad de la creación. De la libertad como acto de justicia no solo para el intelectual, sino para el pueblo mismo. Por tanto, en Palabras… aparece un grupo de pautas que servirán para edificar el futuro de Cuba. Fidel está invitando a pensar la Revolución Cubana y a pensar la cultura, a hacerla plenamente democrática, a ponerla al alcance de todos. Ello explica el posterior fomento de la enseñanza artística, del movimiento de instructores de arte, la creación del sistema institucional…».

Para Lesbia Vent Dumois la vigencia de Palabras a los intelectuales sigue intacta; su relectura permite apropiarse de sus esencias y utilizarlas en el presente, considera. Foto: Aracelys Bedevia

Los sucesos de junio no habían tenido un precedente ni siquiera parecido. «Por primera vez en este país la alta dirección se reunía con los intelectuales. Nunca antes se había escuchado el término “política cultural”», asegura la premio nacional de Artes Plásticas Lesbia Vent Dumois. «Se vivía un período en que muchos de esos escritores y artistas tenían dudas de cuál sería el camino que iba a tomar la Revolución, y qué iba a pasar con nuestra cultura. Dejar claro cómo sería su relación con la intelectualidad y los artistas fue muy importante. Se definieron muchas posiciones.

«Parece que es inevitable referirse a Palabras… y no mencionar la frase tal vez más sacada de contexto que exista y de la cual se toma y se discute, sobre todo, el final, pero vale la pena esclarecer que ese “nada” significa que contra la Revolución ningún derecho. Como ves: su vigencia sigue intacta. Si nos ponemos a analizar nuestra realidad, habría que decir que este documento tiene cada día más importancia. Releerlo una y otra vez, de eso se trata. La relectura permite apropiarse de sus esencias y utilizarlas en el presente».

Aquellos años

«Hay que contextualizar el momento». Para el Doctor Eduardo Torres Cuevas, director de la Oficina del Programa Martiano, lo que ocurrió el 30 de junio de 1961, cuando se produjo la intervención del entonces Primer Ministro de la República no constituyó un hecho aislado. «Ese mismo enero, ya Fidel estaba hablando de la gran revolución cultural que se emprendía ese año, a partir de la Campaña de Alfabetización, la creación del sistema nacional de becas…, aunque desde 1959 había iniciado la institucionalidad de la cultura con la creación del Icaic, de Casa de las Américas… Sin embargo, lo más trascendente, meses después, fue la declaración del carácter socialista de la Revolución Cubana, tras la invasión mercenaria por Playa Girón.

«Todo lo anterior implicaba una nueva definición; nuestra sociedad tenía que cambiar radicalmente, culturalmente. Pero Cuba era un país donde al comunismo no se miraba con buenos ojos; al socialismo de entonces, muy asociado con la Unión Soviética, se le hacían las más diversas interpretaciones, y en la antigua URSS se había desarrollado un proyecto cultural llamado realismo socialista, que despertaba no pocas preocupaciones en varios círculos intelectuales, entre los que existían, además, diferencias y conflictos.

«Es decir, que lo que estaba ocurriendo en el campo de la cultura no era muy diferente a lo que había sucedido con las principales fuerzas que se enfrentaron a la dictadura de Batista. Encontrar la unidad entre el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de marzo y el Partido Socialista Popular, había sido una prioridad también para la dirección de la Revolución: una cuestión de vida o muerte, como también lo era crear una nueva cultura.

«Por tanto, el debate que se produjo en la Biblioteca Nacional se centró en el análisis de estos temas sobre los cuales había diferentes tendencias y criterios muy particulares enarbolados por personalidades muy reconocidas. A mí me gusta mucho el concepto de Palabras a los intelectuales, porque no se trató de un discurso. Durante tres jornadas, Fidel ha estado escuchando con atención los planteamientos de los escritores y artistas, muchos de los cuales no convergían en su visión de la cultura, en la labor que debía hacerse. Había modos y formas ideológicas muy diversas en aquel momento y en aquellas circunstancias.

«Cuando me refiero a este hecho esencial de nuestra Historia, siempre recurro a una frase de Armando Hart que nos ubica en las discusiones que estaban teniendo lugar entonces. Hart decía que el realismo socialista no era una escuela artística ni una tendencia literaria, sino un profundo error político. Pero allí había partidarios de ese realismo socialista. No se puede perder de vista la época que se vive, ni la visión cultural e ideológica preponderantes a partir de la formación de quienes estaban allí presentes.

«Fidel es, ante todo, un receptor de lo que se está diciendo. Cuando habla, lo hace a partir de la polémica que se ha desatado en torno al documental P.M. Por tal motivo resulta esencial tener en cuenta el contexto a la hora de interpretarlas, pues están dichas en unas circunstancias y en un espacio específico. No debemos olvidar el breve tiempo que ha transcurrido entre Girón y Palabras a los intelectuales, entre estas y la declaración del carácter socialista; e incluso, dentro del propio proyecto revolucionario había diferencias. Es decir, que el debate intelectual es grande. Por una parte, están quienes creen que lo pasado es arte vencido y que el socialismo implica un nuevo arte, un arte que hay que crear; y por otra, los partidarios del modelo de realismo socialista que solo debía ser adaptado. Para Fidel había que hacer la cultura de la Revolución. Sabía que la Revolución debía tener una base cultural, esa que ya se está creando en ese año 61. De hecho, en enero se había fundado el Consejo Nacional de Cultura, independientemente de los problemas que después tuvo, pero hasta ese momento había sido una dependencia del Ministerio de Educación, y ahora se le había otorgado jerarquía propia.

«Para mí el mayor logro de Palabras a los intelectuales es que todos asumieron que la cultura nos pertenecía, y nacía de nosotros, de nuestras bases, de una capacidad creativa sin límites. Palabras a los intelectuales es, en lo fundamental, una propuesta cultural que busca sumar, no restar, que convoca incluso. La mayor aspiración de la Revolución, decía Fidel, era avanzar con el apoyo, la contribución de la mayoría del pueblo, o sea, no solo con los artistas e intelectuales revolucionarios, sino también con aquellos que tenían dudas…

«La Revolución requería una propuesta cultural que construyera una nueva cultura basada en esa otra raigal que nos ha antecedido y se hizo más poderosa en los siglos XIX y XX; lo que nos aportaron Félix Varela, Martí, Heredia, la Avellaneda…, es decir, esa particular forma de hacer y de pensar del cubano, a partir de su realidad y las condicionantes culturales. Yo creo que ahí está la explicación de por qué la Revolución Cubana nunca fue dogmática. Porque siempre se basó en la capacidad creadora del pueblo, en la capacidad creadora de los cubanos. Ahí está la esencia de esa intervención: aquí estamos todos, porque todos formamos parte de una cultura. Y debemos hacer que esa cultura crezca y sea capaz de darle continuidad a lo mejor de la creación cultural cubana, sin trazar normas, sin trazar límites.

«Aprovecho para recordar que el Fidel que participa activamente en estas tres jornadas es el mismo de La Historia me absolverá, donde ya aparecen sus preocupaciones alrededor de la cultura en su sentido más amplio. Y yo creo que lo que viene ocurriendo desde el 59 es parte de un proceso, donde se busca consolidar cada escalón para alcanzar el siguiente. El 59 posee determinadas características que propician la fundamentación de la Revolución, pero el 61 es el año de esa gran revolución cultural que desató la creatividad. No es que empezó justo en junio de 1961, sino que en ese instante se comenzó a entender mejor por qué la cultura es espada y escudo de la nación (él después lo dirá), por qué no hay revolución sin una cultura capaz de ofrecer esa de tipo general y de tipo político necesarias para construir una sociedad más justa y equitativa. Es el mismo Fidel que como estudiante universitario busca aprender constantemente. Es un buscador perenne, un lector perenne, un hombre que oye y encuentra, que ha logrado trazarse objetivos muy definidos.

«Por tanto, Palabras a los intelectuales no es un punto de partida, sino un momento al que se llega a partir del cual la Revolución se encamina a un nivel superior. El surgimiento mismo de la Uneac, en agosto, tras el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas, fue resultado directo de estos intercambios en la Biblioteca Nacional. Fíjate que la Unión de Escritores y Artistas de Cuba no nació como “Asociación”, sino una unión de asociaciones, porque lo importante es la unidad, un espacio que propiciará la libertad para debatir, aunque el debate en Cuba siempre sea fuerte, siempre tenga sus consecuencias; aunque siempre haya criterios que no coincidan y nunca falte quien sea agresivo con el otro». 

Proyecto y realidad

Desde que se pronunciaron las Palabras a los intelectuales, sus ideas fundamentales y sus directrices trazaron los cimientos de la cultura que hoy conocemos y disfrutamos. Así lo ve el dramaturgo Rafael González Muñoz, presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). «Ese pacto que hizo la joven Revolución, el joven Fidel Castro, con los escritores y artistas de entonces, de democratizar el arte y la cultura, y llevarlos hasta las zonas más apartadas, que luego posibilitó el desarrollo de la enseñanza artística, es un pacto que ha permanecido invariable. Como los jóvenes de entonces los que pertenecen hoy a la AHS han continuado en el empeño de sumar las capacidades, las voluntades, en función de enriquecer la espiritualidad de nuestro pueblo.   

Las nuevas generaciones hacen suyo el propósito de democratizar el arte y la cultura, afirmó Rafael González, presidente de la AHS. Foto: Cortesía de la AHS

«Es muy posible que muchos de los miembros de la Asociación no se pongan a pensar que esa obra de profundo amor hacia sus compatriotas que realizan cada día es la más pura expresión de cuán en sangre tienen los principios que estableció Palabras a los intelectuales. Lo demuestran cuando con sus creaciones alimentan cotidianamente la espiritualidad de la gente, cuando llegan a los parajes más intricados, cuando les hacen ver a aquellos que creen que un huracán se los ha quitado todo, que aún les queda su cultura para inspirarlos, para empujarlos adelante. Es esa la única manera de ser consecuentes con ese legado que hemos heredado.

«Se ha expresado con insistencia, pero no por ello deja de ser una verdad absoluta que hay que conocer la Historia para poder entender que el presente cubano es consecuencia de un proceso. Cuando uno conoce de dónde viene, sabe a dónde va. Recuerdo a Fidel diciéndonos que los proyectos, sueños, desafíos planteados en 1961 habían sido superados una y otra vez por el quehacer mismo de los creadores y por la propia impronta cultural de la nación cubana. Y tenía razón, pero de algún modo tendremos que volver siempre a Palabras… y a Fidel, que es igual que volver a nuestras esencias. Mantener nuestra identidad y las conquistas que resultaron de la labor de los intelectuales en interacción con las instituciones, es también un reto de hoy».

Nuestra misión sigue siendo librar una batalla contra la incultura y la indecencia, asegura Luis Morlote Rivas, presidente de la Uneac. Foto: Liesther Amador

El realizador audiovisual Luis Morlote Rivas, presidente de la Uneac, retoma una verdad como un templo: Palabras a los intelectuales sentó las bases de lo que sería la política cultural de la Revolución. «En esa intervención de Fidel uno puede encontrar las claves de la relación que luego se establecerá entre los escritores y artistas, y el cuerpo de instituciones de la cultura, que se crearían en los años siguientes. En ese discurso fundacional se estableció asimismo la libertad de creación como una de las premisas fundamentales de una política cultural que es la expresión de que el arte y la cultura, lo dice Fidel, tenían que llegar a ser real patrimonio del pueblo. Para ello, cada creador desde su experiencia, desde su mundo creativo, debía aportar a esa superación de nuestra gente, a ese goce estético que es un derecho, no un privilegio.

«Yo siento que el espíritu de aquellos debates que provocaron Palabras a los intelectuales ha permanecido vivo durante décadas en ese diálogo sistemático que la dirección de la Revolución ha establecido tanto con la AHS como con la Uneac. Los congresos de estas organizaciones de creadores han sido espacios para discutir con nuestros dirigentes sobre temas que preocupan a la sociedad. No han sido solo discusiones de un gremio, sino espacios para pensar en el aporte de los escritores y artistas a la sociedad que se construye. Sin dudas, el espíritu que animó aquel primer debate fundacional de la política cultural que cerró con las Palabras a los intelectuales, es el mismo que animó el 9no. Congreso de la Uneac, cuando intercambiamos con el Presidente Díaz-Canel. 

«En 1961, el líder de la Revolución insistía en que aquella era la obra de todos y que entre todos había que librar una guerra contra la incultura. En 2019, al dejar clausurado nuestro cónclave, el actual Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba recalcaba que esa Revolución que ha resistido 60 años los ataques imperialistas, en un país bloqueado con saña y alevosía, seguiría sin limitar la creación, y volvía a reiterar que nuestra misión deberá seguir siendo librar una batalla contra la incultura y la indecencia, en tiempos de complejos desafíos en los que se promueven paradigmas neoliberales. El compromiso social de los escritores y artistas cubanos tendrá que estar siempre por encima del egoísmo y la vanidad personal».

Tomado de Juventud Rebelde

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