Internet
Internet

Por: María del Carmen Ariet García

“¿Y han de poner sus negocios los pueblos de América en
manos de su único enemigo, o de ganarle tiempo y poblarse, y
unirse, y merecer definitivamente el crédito y respeto de
naciones, antes de que ose demandarles sumisión el vecino…?”
José Martí, 1889

En el actuar y en el pensamiento del Che la urgencia de poner a prueba un proyecto de emancipación para América Latina forma parte del contenido de tesis formuladas en diferentes etapas de su vida, las que devienen referentes dentro de las múltiples acciones de grupos y movimientos que las hacen suyas.

Ese proceso ocupó la mayor parte de su vida como revolucionario, marcada sobre todo por su participación dentro de la Revolución cubana, desde la lucha hasta su condición como dirigente de la misma. Es sin dudas, la radicalización de ese proceso y su declaración como estado socialista lo que impulsa al Che a una búsqueda incesante, dentro de su entorno, así como las experiencias acumuladas en sus viajes por el continente, al promover nuevas formas de cambio y enfrentamiento a la dominación imperialista, ejercidas en toda la región.

La historia de enfrentamiento de Cuba y la valentía e inteligencia de su líder Fidel Castro para dinamizar un movimiento sin precedentes, con una visión totalizadora de transformación y de unidad, se extiende a América Latina, al formar parte de las páginas más gloriosas de ese proceso. Todo un país con su peculiar dirigencia de jóvenes revolucionarios, decididos a cambiar la historia, se convirtió en una posibilidad que, incluso hoy, pasados más de 60 años, alienta a la búsqueda de nuevas alternativas.

Esas alternativas, como fundamento de un nuevo proyecto político, radical y de cambio, sentaron los cimientos para conformar el marco teórico sustentado por el Che, al decidir ejecutar un proceso basado en las potencialidades de América Latina para alcanzar su pleno desarrollo y soberanía y tratar de cerrar el paso a la implacable expansión norteamericana que azotaba al continente en todos los órdenes posibles.

La clarinada la puso Cuba y con ello múltiples páginas que ocupan un lugar imperecedero en la historia sociopolítica de la región. Basta solo con citar los discursos pronunciados por Fidel en países de América, incluyendo a los Estados Unidos, entre el 59 y el 60, pero sobre todo ese inmenso discurso que pronunciara en la ONU, y que significó una nueva forma de expresión revolucionaria, sobre todo por las inmensas verdades, sostenidas y documentadas, acerca del poderío impuesto por Estados Unidos, con datos y hechos que, hasta esos momentos, nadie se había decidido a decir a esa escala.

Nunca, ni antes ni después, se había denunciado con total crudeza los sucesos más brutales de las relaciones despiadadas de Estados Unidos con los países de América Latina y, a no dudar, su contenido forma parte de las páginas más sobresalientes pronunciadas en Naciones Unidas desde su fundación.[1]

Es en ese contexto, demostrado desde la ética y la historia común, donde se conjuga una nueva dimensión de hacer política, basada en la necesidad de revolucionar y cambiar las caducas estructuras para hacer emerger las nuevas naciones como pedía Martí en su ensayo Nuestra América y en la Conferencia Monetaria Internacional de 1889, nunca se había lograda hasta el presente. Ese enorme reto ha marcado la evolución y desarrollo de Cuba hasta nuestros días, convirtiéndonos en “el mal ejemplo” para la fuerza dominante de los poderes establecidos y, por lógica, la más asediada y excluida de las naciones del continente por los gobernantes comprometidos y o chantajeados por Estados Unidos.

La relación de hechos que ejemplifican esos enormes retos es inconmensurable y desde todos los planos, de el económico hasta el empleo de la fuerza bruta, acompañada de una política subversiva despiadada y abarcadora en todas las disímiles variantes: actos terroristas, invasión, atentados, bloqueo y aislamiento, entre los más empleados. Cada acción, repudiada por nuestro pueblo en total apoyo a la Revolución ha sido denunciada en foros internacionales, especialmente en las Naciones Unidas, con la solidaridad de la mayoría de los pueblos del mundo, sumadas a la presencia de Cuba en organismos internacionales, incluyendo desde su fundación, al Movimiento de los no Alineados.

Para el Che, todos estos acontecimientos fueron vividos con total intensidad y analizados en su exacta dimensión, además de contar con sus reflexiones y exposiciones en diferentes eventos, en las que Cuba se levantaba, por intermedio de su voz, para denunciar y hacer valer su posición ante tanta presión por parte de la nación más poderosa del mundo.

Dentro de los escenarios más representativos de su accionar se destaca su participación, junto con un grupo de delegados cubanos, a la Conferencia de Punta del Este, llevada a cabo en Punta del Este, Uruguay, en agosto de 1961. La Conferencia fue convocada por el Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la OEA, a instancias del presidente Kennedy, cuando en marzo de 1961 promueve el proyecto.

Como jefe de la delegación, el Che pronunció un discurso en el que realiza un recuento del poderío ejercido por la nación del norte en las esferas política y económica, a pesar de que se había delimitado el contenido de las exposiciones solo a lo económico para “no contaminar de ideología e ideas foráneas los debates”. Sin dudas, esas restricciones conducen al Che a presentar una intervención detallada sobre la presencia de Estados Unidos en la región y, con particular énfasis, en el papel neocolonial de la nueva potencia emergida desde el siglo XIX, la que había impuesto su poderío como una reformulación de la dominación imperialista.

El ambiente en que se efectúa el cónclave estuvo caldeado desde el principio, sobre todo por la decisión de analizar posibles cambios económicos, supuestamente dinámicos y ventajosos para la región, bajo la égida de Estados Unidos, pero con el claro propósito de excluir a Cuba. Es de suponer que la presencia de Cuba, todavía dentro de la OEA, resultaba en extremo incómoda, después de que meses antes se había derrotado a Estados Unidos, por primera vez, en la invasión a Playa Girón organizada desde su territorio contra Cuba, hecho que había sido repudiado por la mayoría de los pueblos del continente y por parte de algunos gobiernos que aún no se habían plegado a los intereses de Washington, como  México —decisión que honrosamente se extiende hasta nuestros días―, y con el respaldo de Argentina, Brasil, Bolivia y Chile.

Debe tenerse presente que para esa fecha, a apenas dos años y algunos meses del triunfo de la Revolución, se había cumplido el plan trazado en el Programa del Moncada, expuesto por el propio Fidel Castro en su alegato de defensa cuando fuera apresado, después del ataque al Cuartel Moncada.

Esas realidades explican parte de las razones expuestas por el Che en el cónclave y responden a la esencia de sus contenidos, imprescindibles en momentos tan complejos como los actuales, donde se comprueban en hechos los llamados de atención sobre el verdadero contenido del proyecto de la Alianza para el Progreso (ALPRO) y el costo económico y político para la región. Un proyecto presentado con aparentes fórmulas de desarrollo, pero con una marcada intención de frenar los cambios que algunos sectores se proponían ejecutar, defendiendo sus recursos económicos y sus tendencias políticas.

Bajo esos elementos se organizó la reunión, con el supuesto propósito de dinamizar la economía de la región y cuyos antecedentes, como citamos, se presentan en marzo de ese año ante el cuerpo diplomático del continente en Washington y con la aprobación de sus respectivos gobiernos. El presidente Kennedy junto a su equipo trató de formular una alternativa de desarrollo económico por un monto de 20 millones de pesos de ayuda, distribuida en un período de 10 años, con el compromiso de cumplir con la propuesta de declaración que se presentaría, la que fuera consultada con algunos de sus representantes hasta obtener un consenso.

Una vez más se imponía la política del garrote y la zanahoria, con temas definidos de antemano basados en siete puntos, entre los que destacan el fortalecimiento de los intereses democráticos; aceleramiento del desarrollo económico y social sostenible; el desarrollo de construcción de viviendas; el impulso la Reforma agraria; asegurar salarios justos; erradicar el analfabetismo; el aumento de la iniciativa privada y la estabilidad de los precios.

Aunque de antemano se conocía sobre el procedimiento y las supuestas dádivas ofrecidas, la efectividad estaría condicionada al resguardo de sus intereses, sobre todo con el objetivo de enfrentarse al proyecto puesto en marcha por la Revolución Cubana. No obstante, la definición de esos condicionamientos, la delegación cubana y su representante principal, Che Guevara, estuvieron de acuerdo en trabajar con armonía, siempre y cuando no se excluyera la soberanía como criterio esencial para tratar de mantener el principio de unidad.

La delegación cubana, representada por altos especialistas, elaboró documentos y ponencias con el fin de analizar los temas propuestos y dejar sentada la posición de Cuba al respecto, con total apego a la situación que se vivía en la región y marcando las posiciones y diferencias con las tesis argumentadas en los temarios elaborados por los especialistas de la organización, de claras posturas defensivas y alejados de un análisis veraz y objetivo, muchas veces pasando por alto los problemas que siempre habían frenado el libre desarrollo de la región.

Se puede afirmar que, a pesar de conocerse el objetivo esencial de la conferencia, la delegación trató de debatir con inteligencia y dejar espacios para la negociación si se decidía incorporarnos o, cuando menos, exponer nuestras opiniones:

[…] Cuba está dispuesta a sentarse a discutir en pie de igualdad todo lo que la delegación de Estados Unidos quiera discutir, nada más que sobre la base estricta de que no haya condiciones previas […]. Sin embargo, Cuba no viene, como pretenden algunos periódicos o muchos voceros de empresas de información extranjeras, a sabotear la reunión. Cuba viene a condenar lo condenable, desde el punto de vista de los principios, pero viene también a trabajar armónicamente, si es que se puede, para conseguir enderezar esto, que ha nacido muy torcido […], para enderezarlo y hacer un bonito proyecto.[2]

Parte de los contenidos presentados se centraban en los problemas presentes por décadas en la región, imposibles de saldar con la cifra propuesta para respaldar las necesarias e imprescindibles soluciones, tal y como formularon los grupos de expertos nombrados. Por nuestra parte, cada temario se amplió con pleno conocimiento y se examinaron sus contenidos para presentar las consideraciones propias, como, por ejemplo, la Educación, donde se planteaba la extensión de la educación primaria hasta sexto grado, aspecto que se consideró insuficiente si se aspiraba a un alto nivel educacional, cultural y de desarrollo tecnológico, argumentos en extremo difícil para los países de la región, agobiados por su atraso en todos los órdenes, en particular por la enorme cifra de analfabetismo existente, los que requerían cambios más profundos desde lo  estructural, capaces de impulsar una participación sostenida y que con la cifra propuesta quedaba en una aproximación a la solución del problema.

Otros temas de interés se centraron en la Reforma Agraria y el desarrollo de la industrialización, con claras determinaciones de frenar cualquier acción radical capaz de enfrentar lo que en apariencia llamaban “la persistencia de formas anticuadas e injustas de tenencia de la tierra”, aspecto que aún está por cambiar dentro de las arcaicas estructuras establecidas y los intentos cosméticos que nunca se han comprometido a cambiar el mal de raíz, ni mucho menos la explicación de que “en el mundo moderno el desarrollo económico y social es sinónimo de industrialización” cuando siempre impusieron fórmulas secundarias y nunca de pleno perfeccionamiento autónomo, al menos desde lo regional; al igual que otros aspectos nunca cambiados o eliminados, como la independencia total de las colonias en el continente donde persiste el caso de Puerto Rico como estado libre asociado; el programa de ayuda para los países más subdesarrollados y otro de vigencia absoluta, como es el tema de la Información internacional, cuyo contenido es conocido sin pudor alguno, basado en la información que reciben los países de la región a cargo de las agencias de poder, encargadas de deformar la realidad acorde con sus intereses. De ahí, la propuesta de Cuba de que, “dondequiera que sea posible se constituyan agencias de noticias que sirvan al desarrollo nacional independiente”[3], avizorando la posible fuerza e influencia que adquirirían.

Pasados 60 años de la Conferencia, puede afirmarse categóricamente que Estados Unidos no ha variado ni un ápice los argumentos utilizados, manteniendo los objetivos diseñados para recrudecer más las medidas de asfixia hacía Cuba y cerrar las puertas a cualquier entendimiento, con la única razón esgrimida por Cuba en defensa de su soberanía y como nación con derechos plenos. Insistir en que el diferendo se extiende al presente es más que sabido, acompañado de medidas más violentas y en extremo intransigentes. Muy a su pesar, el “mal ejemplo” de Cuba persiste, aunque no han sido pocos los inconvenientes por los que se ha tenido que transitar y se puede aseverar que la posición de Cuba no ha cambiado respecto a los principios que desde los primeros momentos se sostuvieron en la defensa de nuestras convicciones.

Sin dudas, los discursos del Che y las exposiciones de sus compañeros se sostienen en el tiempo con total claridad y validez, además de poder demostrar la inteligencia y valentía en que fueron defendidos con tesis y argumentos que trazaron y mantienen el camino decidido por el pueblo y su revolución y por su persistencia han logrado influir en proyectos comunes.

Principios y tesis expuestas por el Che en la Conferencia

El Che Guevara en su histórico discurso en Punta del Este, Uruguay. Foto: Archivo de Cubadebate

Como cuestión de principios, el Che deja establecida la necesidad de definir la significación de lo latinoamericano, aspecto que identificaría de manera común a todos los participantes. Aboga por analizar los problemas de la región no solo bajo un prisma económico, sino también político, al no poder separarlos, si lo que supuestamente se pedía era un desarrollo armónico. En ese aspecto, se tuvo que emplear un lenguaje directo porque se sabía, como se ha expuesto, que detrás de la convocatoria se encontraba la posición de Estados Unidos respecto a Cuba y la separación de la OEA, lo que finalmente se produjo al año siguiente.

Se resalta la definición sobre la política de desarrollo a sustentar, al resaltar que debe ser de tipo social con una concepción integral en interés de todos los países en su conjunto, mediante el empleo racional de los recursos naturales y humanos a su servicio, con la eliminación de los poderes económicos impuestos por los esquemas dominantes y excluyentes, sobre todo, hacer hincapié en la solución del problema crucial: alcanzar la plena soberanía e independencia de los pueblos con una integración en todos los órdenes.

Transcurridas seis décadas de lo expuesto, el tema del desarrollo en la región se ha mantenido de manera recurrente a lo largo de todos estos años. Se puede afirmar que una parte de los cambios se han producido con el objetivo de frenar aspiraciones justas de los pueblos en luchas permanentes para reclamar lo que históricamente les pertenece, pero nunca con la pretensión de ejecutar cambios profundos y radicales que permitan mayores libertados en los procesos económicos y, cuando se han introducido como excepciones, unas han estado sujetas a su destrucción por métodos en su mayoría violentos y, en otros casos, han presionado y atacado para evitar su expansión.

Lamentablemente, la historia y el recuento de esos hechos son expresión de lo que no se está dispuesto a ceder cuando de poner en juego el poder se trata y se recurre a la eliminación de todos los que estén dispuestos a defender sus recursos, incluyendo a generaciones de jóvenes comprometidos con su tiempo y promoviendo poderes dictatoriales, militares y fascistas, aun presentes en países de la región.

A partir de enunciados comunes, el Che esboza un conjunto de tesis, con el interés de delimitar las políticas futuras de desarrollo y la verdadera independencia de los pueblos como ejes relevantes, presentes en cualquier debate que se pronuncie por tratar de crecer y alcanzar la paz futura. Revisten vital importancia esos fundamentos, porque desde esos momentos esboza los componentes del proyecto de cambio que se proponía alcanzar en acciones posteriores y que, a su juicio, debía asumir América Latina, con el principio de eliminar la distorsión de nuestras economías, analizadas desde su multiplicidad sociológica.

Dentro de los elementos que resalta se destacan:

  • La eliminación de los consorcios internacionales que atan nuestras políticas a dictados exteriores dada nuestra condición de países en vías de desarrollo o subdesarrollados, reforzándose nuestra dependencia a los mecanismos económicos internacionales, liderados por las principales potencias. En la actualidad, a pesar del avance sostenido en los organismos multilaterales y el desarrollo alcanzado en rubros específicos, tiene un gran peso la presión de los grupos de poder que continúan aferrados a sus posturas de imposición y dominio internacional, sin cambiar las esencias de sus políticas y la distorsión de los auténticos métodos a emplear.
  • La real independencia y el enfrentamiento al poder económico, cuyo propósito es frenar políticas que impedían nuestro propio desarrollo, es un principio defendido por el Che desde esos momentos, los que encontraron derroteros mayores en otros eventos y conferencias, como los discursos de Ginebra y Argelia[4], donde explicó la necesidad de ampliar proyectos alternativos nítidos para reforzar el poder económico, acompañado de posiciones políticas de verdadera emancipación. Se pronuncia, como una medida de contención, elaborar planes racionales de desarrollo y la coordinación de asistencia técnica y financiera sin distinciones ideológicas para tratar de salvaguardar los intereses de los países más débiles. La exactitud de lo expuesto, sin tratar de forzarlo ni dejar de considerar la distancia con los cambios del presente, no restan las formas ni los argumentos empleados por el Che en sus análisis, los que, lejos de perder dinamismo, impulsan a la búsqueda de nuevas variantes bajo los principios considerados en su pensamiento y acción, relativos a la industrialización, a la diversificación y a la eliminación de una única sujeción de poder internacional.
  • Frenar el papel de los organismos financieros internacionales, cuya función sigue siendo la misma, es premisa necesaria para delimitar fronteras al poder hegemónico y a la toma de conciencia de gobiernos subordinados a esos poderes.
  • El reto principal se centra en la independencia económica desde posiciones políticas consecuentes, con la advertencia expresada por el Che de la posibilidad de los cambios acorde con las particularidades de cada cual, pero con la premisa de garantizar una redistribución equitativa.

Para nadie es un secreto que las bases de las ideas del Che se centran y defienden bajo la concepción socialista, tal y como Cuba lo había hecho, sin embargo, promovía los cambios con justeza y efectividad bajo el principio de que los pueblos fueran capaces de decidir por su futuro como protagonistas de su destino. Ese emplazamiento y las limitaciones de la burguesía nacional para defender un proyecto propio no solo permanece, sino que se proyecta con mayor intensidad, supeditado al chantaje del poder imperial y a la imposición de las trasnacionales, bajo la indicación de combatir el comunismo como un fantasma que, aunque no existe materializado, le temen por la composición de las nuevas fuerzas que emanen.

Quedó claro, en las palabras del Che, que la Alianza no defendía, en sus formulaciones, el favorecer al pobre, mientras que la burguesía nacional se encontraba atrapada y temerosa por perder sus riquezas. Denuncia con claridad que, detrás de la ayuda ofrecida, estaban los mecanismos de la dependencia actuando e imponiendo su poder, contrarios a toda noción de desarrollo que implicara cambios en sus estructuras, por tanto, su supuesta efectividad quedaba condenada al fracaso.

Como se aprecia, la propuesta diseñada por el imperialismo y sus aliados, para aquellos momentos, ha sido y es la del empleo despiadado de la fuerza, ahora con nuevas variantes después de la desaparición del sistema socialista, pero convencidos, muy a su pesar, de que siempre emergen nuevas fuerzas capaces de agruparse para dar cara y enfrentarlos, ya bien sea bajo el rótulo de la izquierda, de las fuerzas progresistas y de los movimientos sociales.

  • Como colofón precisa la manera de entender el verdadero sentido de la integración y su eficacia para América Latina, concebida bajo el prisma de cambios estructurales que permitan resistir la penetración despiadada y frenar las apetencias de las grandes potencias, única forma de alcanzar una política de desarrollo independiente. En definitiva, su actuación se limitaba a ejecutar los mandatos recibidos de la Alianza como verdadero programa de Estados Unidos para América, quedando en evidencia que lo latinoamericano quedaba solo en lo formal y apartado de lo real.

El fracaso de la Alianza, sin que hubiera que inculpar a Cuba, fue explicado por el presidente Nixon 10 años después de haberse formulado. En realidad, su desaparición, no confesada, se debió a su carácter insostenible desde lo económico y a coyunturas presentes, en una confrontación que los rebasó por los fondos empleados, como fue la guerra de Vietnam.

El balance ha quedado reducido a componentes necesarios para frenar cualquier tendencia o movimiento revolucionarios, como fue la implantación de mecanismos regionales para extender la Doctrina de la Seguridad Nacional, encargada de reforzar las Fuerzas Armadas con la misión de garantizar el orden interno, el enfrentamiento a las guerrillas y como fuerzas intervencionistas. Solo quedaron los remanentes de una imagen de integración de bajo costo, como la ejecutada para Centroamérica, sin excluir la fuerza bruta y la mano esclava para sostenerlas.

Consideraciones a destacar y vigentes en la actualidad

  • Aunque se han experimentado avances en el desarrollo científico y tecnológico, unido al desarrollo industrial con polos de desarrollo y competencias en los mercados internos, regionales e internacionales, estos están sujetos a los centros de poder dominantes y la competencia desigual propia de su condición dependiente. Es una realidad en la que solo se avanzaría bajo el impulso de todos como región.
  • La necesidad de una ruptura con la dependencia debe estar acompañada de reflexiones más incisivas para hacer valer la condición de país soberano y la necesidad de avanzar en su desarrollo científico y cultural, bajo la premisa de la integralidad y la unidad, bases que fortalecerían el desarrollo nacional y el aseguramiento de su sostenibilidad.
  • El fortalecimiento integral de los principios del derecho de soberanía y de equidad socioeconómica conduciría a una verdadera integración en la región y cambiaría la subordinación en las relaciones bilaterales e internacionales., condición para adentrarse en el verdadero proceso de emancipación y de verdadera transformación mundial, a través de la plena participación de los pueblos en la lucha por su liberación.

Una vez más, como lección de historia viva, queda el legado del Che, donde su pensamiento y sus posiciones sobresalen para contribuir a la comprensión de los caminos a tomar, los retos a enfrentar y las formas que permitan una verdadera integración dentro de la visión actual de los nuevos cambios que han de surgir como una necesidad insoslayable, acompañados de las variaciones propias de la historia y de las verdades objetivas que enriquecen el poder político. Es la verdad de Cuba por más de 60 años y la persistencia en el empeño de formar parte de una región unida en sus ideales comunes.

Tomado de CubaDebate

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí