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Cuba ha sido un país asediado por décadas, pero que cuenta con un expediente de respeto a los derechos humanos que en muchos aspectos pudiera devenir referencia para los gobiernos y sectores que lo denostan. Comenzando precisamente por el imperio que impone el más extendido bloqueo hacia un pueblo entero. Es asombroso el doble rasero de ese gobierno: castiga supuestas violaciones de los derechos humanos con el acto mayor de irrespeto a esos derechos. El bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos a Cuba es la mayor agresión a los derechos humanos de los cubanos. No hay justificación posible para ese proceder.

Reducir el amplísimo espectro de implicaciones de la Declaración Universal de los Derechos Humanos a una visión polémica y perfectamente debatible de unos cuantos artículos es una estrategia una y otra vez articulada por ciertos sectores del poder. La pretensión es descalificar y erosionar proyectos que no comulgan con sus intereses. No solo Cuba ha sido víctima de esas políticas.

Más le valdría al gobierno de los Estados Unidos revisar su propio historial en la materia. Hay muy poca moral para imponer estándares.

Pero de cualquier forma Cuba tiene el derecho de debatir sin presiones externas su propio modelo. Tiene que ser un debate entre cubanos, cuyos límites están marcados por la decisión unánime de preservar la soberanía y la dignidad nacional.

Mucho más se puede hacer aquí por la promoción del respeto pleno a los derechos humanos. Y se hace. Un revolucionario nuevo Código de la Familia se debate ahora. Todos los derechos para todos: es la consigna de los que lo respaldan. La idea es asumir los derechos humanos en su más amplia e integral concepción. De eso se trata. 

Adaptado de CubaSí

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