Foto: Razones de Cuba

«La única esperanza de la contrarrevolución para conquistar el poder, como sabe que no tiene el menor chance de conquistarlo con el pueblo, es con la ayuda extranjera; luego, los contrarrevolucionarios son, antes que nada, traidores a su patria, sonsacadores del extranjero, celestinas que hablan al oído del extranjero poderoso, para ver si con todos los recursos implantan aquí de nuevo en el suelo de la patria la contrarrevolución.»

Discurso pronunciado por Fidel en el Palacio Presidencial, 22 de marzo de 1959

Los despistados personeros del régimen fascista de Donald Trump, que por cierto está en sus últimos estertores, deberían recordar que un sabio refrán reza que: “no hay mayor tonto que el que ignora las lecciones de la historia.

A pesar de esta verdad incuestionable, la Casa Blanca sigue apostando a promover y apoyar en Cuba diferentes variantes de la contrarrevolución, enmascaradas esta vez bajo los artificios de los golpes blandos de la llamada “Guerra de Cuarta Generación”, olvidando que, contra un pueblo de Patria o Muerte como el cubano, estas maniobras están llamadas al fracaso más rotundo.   

En consonancia con estos agresivos planes, desde hace un tiempo, el gobierno de Estados Unidos viene dirigiendo una nueva campaña de calumnias y descrédito contra Cuba como parte de su política de creciente hostilidad contra nuestro país.

Como se ha publicado, esta vez ha utilizado como pretexto la supuesta huelga de hambre y de sed montada por un pequeño grupúsculo de apátridas que exigían la liberación del ciudadano Denis Solís González, detenido y condenado a 8 meses de privación de libertad por la comisión de un delito de desacato que quedó claramente probado ante el tribunal con todas las garantías del Debido Proceso. El delito de desacato está previsto en el artículo 144.1 del Código Penal. Denis aceptó los cargos y no apeló.

Este sujeto de baja catadura moral, cuya indecente agresión a un agente de la autoridad se muestra a las claras en el video difundido por las redes sociales por el mismo, y que afirma con desparpajo que Trump es su único presidente, había recibido con anterioridad varias multas administrativas por alteración del orden y dos advertencias oficiales por asedio al turismo.

 Denis Solís, el presunto “artista censurado” no ha podido ser más explícito al decir que lo único que le interesaba de cuanto hacía para denigrar la imagen del gobierno cubano era el dinero. Lo dejó claro: recibía instrucciones de Jorge Luis Fernández Figuera, miembro de la organización terrorista Lobos Solitarios, radicada en Miami, que financian los círculos de poder de aquel país.

Otro repudiable integrante de este show mediático anticubano que viene moviéndose desde hace mucho más tiempo es Luis Manuel Otero Alcántara, a quien identifican como cabecilla del grupúsculo que han dado en llamar Movimiento San Isidro. Como carta de presentación para quien no lo conoce, baste decir que se trata de un aberrado personaje cuyos performances consisten, básicamente, en ultrajar la bandera cubana, presentarse medio desnudo y denigrar públicamente la Ley de Símbolos Nacionales.

Otero Alcántara y otros de su misma catadura han involucrado a menores en actos deleznables, a cambio de dinero. Unos allá —culpables de financiar acciones contra instalaciones y establecimientos en Cuba— y otros acá hablan, en sus publicaciones delirantes que han devenido reality shows, de agresión armada, de cocteles Molotov y de crear un caos total que termine con el derrocamiento del gobierno de la mayor de las Antillas.

Es de señalar que cada vez que el gobierno norteamericano se percata con desesperación, como sucede ahora, que el cúmulo de agresivas medidas adoptadas para poner de rodillas a nuestro heroico pueblo no dan resultado, montan un show con un personaje de esta naturaleza para tratar de lograr sus maquiavélicos fines.  

A lo largo de la historia, una vergonzosa lista de farsantes sin escrúpulos, entre los que no faltan ejemplos de descarados estafadores, fingidos paralíticos en sillas de ruedas, huelguistas de hambre que cuando no los ven se hartan de comida y simuladores de enfermedades inexistentes, han sido los mercenarios que se han prestado para estos sucios fines “por unos miserables dólares más”.      

Que nadie se llame a engaño, el desinflado Movimiento San Isidro no es más que un burdo intento de lo expuesto.

¡No son artistas incomprendidos, son mercenarios contrarrevolucionarios!

El arte es luz, y no el odio y las tinieblas que destilan por los poros estos antisociales.

En realidad, esta tenebrosa fauna es rica en repugnantes especímenes, pero todos ellos tienen un factor denominador: ¡ser infames lacayos al servicio del imperialismo yanqui!

No en balde dijo José Martí:

“Son algunos los vendidos y los muchos los venales; pero de un bufido del honor puede echarse atrás a los que por hábito de rebaño o el apetito de las lentejas se salen de las filas en cuanto oyen el látigo que los convoca o ven el plato puesto.”

La Casa Blanca ha impulsado esta nueva provocación de forma genocida en medio de la pandemia, frente al fracaso político de intentar rendir a los cubanos con el fortalecimiento del bloqueo económico y las medidas para privarnos de combustible, de las remesas familiares y sabotear el turismo, soñando ponernos de rodilla por hambre y desesperación.

Una política nada novedosa de Washington contra Cuba

No es nuevo que el Gobierno de Estados Unidos utilice a personas de estas características para su actividad política subversiva contra Cuba y para campañas de descrédito con el apoyo inescrupuloso de los grandes medios de difusión.

Está más que probado que la fabricación, o la creación, o el fomento de la llamada disidencia en Cuba, ha sido el centro de los planes de la agresión de los gobiernos de Estados Unidos en estos 60 años.

A las administraciones norteamericanas no les ha quedado otra alternativa que tratar de fabricar una oposición a la Revolución, y digo que no le ha quedado otra alternativa porque, realmente, ninguna fuerza patriótica se aliaría jamás a Estados Unidos; ninguna fuerza patriótica —eso está probado a lo largo de toda la historia de la Revolución Cubana desde 1868— se aliaría contra el programa de la Revolución, la independencia nacional, la justicia social, el derecho al desarrollo, a la unidad nacional que ha sido el componente principal para resistir los embates de Estados Unidos, que ha sido el enemigo natural de la existencia de la nación cubana en estos 200 años.

Eso está probado por la historia y, en el caso de la fabricación de la supuesta oposición, está probado por los elementos mismos que se han descubierto al respecto; y cada vez que Estados Unidos desclasifica documentos, aparecen cosas nuevas, como pasó en el año 1998 cuando se desclasificó el informe del Inspector General de la CIA y se conoció en detalle el programa de acción contra Cuba que había aprobado el presidente Eisenhower el 17 de marzo de 1960, y donde en uno de esos aspectos medulares de orientación a las agencias del gobierno se planteaba crear la disidencia hacia el interior de Cuba, para lo cual en 1960 asignaron inicialmente 4 millones de dólares, pero ya para 1961, al año siguiente, lo incrementaron inmediatamente a 40 millones.

Por su parte, en el Programa de Santa Fe de 1979, una de las recomendaciones en el programa de gobierno de Ronald Reagan es la promoción de la disidencia en Cuba a partir de supuestos grupos de derechos humanos.

“El objetivo decía es desarrollar presiones públicas contra Cuba, y para ello delineó como estrategia el multipropósito de desgastar a la Revolución con procesos de disidencia interna para propiciar la imagen de que la situación cubana no se debía a su enfrentamiento histórico con Estados Unidos, sino a la incapacidad e intolerancia del Gobierno Revolucionario cubano por buscar “una solución entre cubanos”, al negarse al supuesto diálogo como solución para instrumentar una llamada apertura política. 

Uno de los centros de ese “Proyecto democracia” fue estimular a algunos grupúsculos o individualidades que, en el seno de la sociedad cubana, con disímiles objetivos y aspiraciones, aunque con una buena dosis de oportunismo y resentimiento, decidieron guardar distancia del proyecto revolucionario. 

Desde posiciones críticas hacia el proyecto nacional cubano, estos individuos se han estado moviendo en todos estos años en el espacio de una campaña internacional dirigida por los sectores más conservadores de la derecha contra Cuba, son visitados por cuanto extranjero quiere mostrar una supuesta imagen de imparcialidad ante el caso cubano y se han convertido en una fuente permanente de información para algunos medios de prensa extranjeros, sobre todo estadounidenses, y miamenses en particular, con los cuales mantienen una comunicación bien fluida.

Con las supuestas acciones “pacíficas” de esa oposición, el 14 de agosto de 1990, se empezó a desarrollar una nueva estrategia, una operación concebida durante el mandato de George Bush (padre) y se dio a conocer públicamente el surgimiento de lo que se llamó la Plataforma Democrática Cubana, como una coalición de tres organizaciones y otras figuras del llamado exilio cubano que habían decidido unir esfuerzos para contribuir a una “transición pacífica hacia la democracia” en Cuba y, en esencia proponían una negociación entre el gobierno cubano y la oposición interna que condujera a un proceso de elecciones que debería observar todas las reglas de la democracia burguesa, celebrarse bajo supervisión internacional, y que desembocaría en un sistema pluripartidista y de economía de mercado.

Es decir, ya desde principios de los noventa estaba en marcha esta gran operación que se marca mucho más con el proyecto de Ley Torricelli y el llamado Carril II. 

Se marca mucho más el 6 de octubre del año 1995 cuando Clinton va a Freedom House y le da medio millón de dólares, públicamente, a esta organización para el financiamiento de los grupúsculos internos en nuestro país.  Se marca también el 28 de enero del año 1997, cuando el propio presidente Clinton da a conocer su famoso Programa de transición política en Cuba, donde está el mismo elemento:  multipartidismo, economía de mercado, elecciones libres, etcétera, etcétera; es la misma gastada prueba que después se va a ver de nuevo en el proyecto de Ley Helms-Burton, la esencia del Título II, que es lo mismo: devolver las propiedades, crear un “gobierno democrático”, desbaratar las instituciones revolucionarias y crear un gobierno supuestamente democrático con los representantes de la mafia cubano-americana y, por supuesto, con su oposición fabricada.

Según este programa “lo que hay que cambiar es el gobierno revolucionario de Cuba.”

Ese es el propósito asignado a esa “oposición” y es lo que hemos estado viendo aquí de cómo la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos) le entrega dinero, así como el acuerdo del propio Congreso norteamericano, después de la Ley Helms-Burton, de asignar no menos de 20 millones de dólares a esa “oposición”.

En las actas del Congreso de Estados Unidos —esto no se oculta— se pueden encontrar testimonios sobre ese apoyo logístico y la cobertura política del gobierno norteamericano hacia estos grupúsculos contrarrevolucionarios que actúan en nuestro país. suministran fondos a diversas fundaciones e instituciones de otros países para que sirvan también de canal para ese financiamiento.

Está obsoleta y perversa política continúa hasta nuestros días, siendo incrementada notablemente por la administración de Donald Trump.

En realidad, la administración de Donald Trump está pagando un precio muy alto por su desquiciada política de amenazar y agredir constantemente a Venezuela, Nicaragua y Cuba. No es sólo el costo económico de sus acciones que de por sí ya es muy oneroso para el contribuyente estadounidense, sino sobre todo moral y político, ya que a medida que el tiempo va pasando, el gobierno del corrupto oligarca se hunde cada vez más en el pantano de un estrepitoso descrédito.

No es extraño que los aliados cercanos, e incluso los lacayos más incondicionales del Imperio norteamericano, miran desde hace tiempo con desconfianza a Washington, pues las “maquiavélicas ideas” que generan los perversos cerebros de Pompeo, Marco Rubio, Mike Pence, Luis Almagro y sus acólitos, los están sumiendo en el mayor de los ridículos. 

Injerencia de la Embajada Estadounidense en La Habana

Es de señalar que la Embajada de los Estados Unidos en Cuba ha sido el vehículo fundamental de atención, orientación y financiamiento de la conducta de Denis Solís y su pandilla, en clara manifestación de intromisión en los asuntos internos de Cuba y de abierta instigación a la violencia, a la perturbación del orden y al desacato de las fuerzas del orden por parte de estos ciudadanos.

Es conocido que, lejos de dedicarse a la promoción de los vínculos bilaterales, a velar por los intereses del pueblo estadounidense y de su Gobierno, y al impulso de las relaciones pacíficas entre los Estados, la Misión Diplomática de ese país en Cuba se ha concentrado en los últimos meses en el fallido propósito de reclutar mercenarios, de promover la división y la confusión en nuestro pueblo, de identificar las áreas de la economía contra las cuales dirigir las medidas coercitivas, y en tratar de calumniar y desacreditar la gestión del Gobierno cubano y a la Revolución.

Sobre todo, esto existen pruebas suficientes.

Así en la tarde noche del sábado 28 de noviembre de 2020, el Director General a cargo de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, convocó al Encargado de Negocios de Estados Unidos Timothy Zúñiga-Brown, a quien trasladó que “Cuba no permite a Estados Unidos, ni a estado alguno la injerencia en los asuntos internos del país”.

Le pidió, además, que reiterara esa afirmación al Departamento de Estado.

Fernández de Cossío señaló al diplomático que haber acudido en varias oportunidades a San Isidro, donde su Embajada conocía que se desarrollaba un evento de provocación política y social, y prestarse a transportar personalmente y apoyar a quienes estaban violando las normas sanitarias de protección contra la pandemia de COVID-19 constituían graves violaciones de sus funciones como diplomático y como jefe de misión, una intromisión flagrante y desafiante en los asuntos políticos internos de Cuba y violaciones incontestables de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.

Enfatizó que Cuba no acepta ese comportamiento, y que no le tolerará a él y su Embajada que se conduzcan en Cuba en desacato de la ley y las normas, en violación de sus obligaciones como diplomático.

El Director General aclaró que el gobierno de Cuba “tiene pleno conocimiento del involucramiento del gobierno de los Estados Unidos en el financiamiento, la orientación y la incitación a grupos e individuos en Cuba para que desafíen la autoridad del gobierno, tanto por vías pacíficas como por vías violentas”, que conoce “el esfuerzo insistente pero fracasado en tratar de sumar a esos propósitos a los sectores más representativos de arte la cultura y la intelectualidad en el país”.

Enfatizó que Cuba también tiene conocimiento de la poderosa maquinaria que desde Estados Unidos maneja, manipula y acosa en las redes sociales, con un soporte tecnológico y financiero inigualable, en aras de difundir información falsa, incitar al odio, dividir a la población, fomentar el resentimiento y llamar a la ilegalidad.

Aclaró que, como en el resto del mundo, se tiene en Cuba “cabal conocimiento de la trayectoria del gobierno de los Estados Unidos en el derrocamiento de gobiernos legítimos, en la ejecución o promoción de golpes de estado, en el fomento de la inestabilidad social al costo de muertes y sufrimiento”.

Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez denunció a través de un mensaje publicado en su cuenta en Twitter que quienes diseñaron la farsa de San Isidro se equivocaron de país, se equivocaron de historia y se equivocaron de cuerpos armados.

De igual forma el mandatario cubano agregó que la isla no admite injerencias, provocaciones ni manipulaciones. «Nuestro pueblo tiene todo el valor y la moral para sostener una pelea por el corazón de Cuba», señaló.

Díaz- Canel aseguró que hay un grupo empeñado en lastimar a un país, haciendo todo para que este año, marcado por la pandemia y las mil vueltas de tuerca del bloqueo termine mal para Cuba.

El presidente enfatizó a través de la red social que nada podrá ante la desafiante resistencia cubana.

Cuba soberana no acepta injerencias. Algunos se empeñan en protagonizar shows mediáticos contra la Revolución, envenenando y mintiendo en las redes. El pueblo revolucionario cubano dará el combate.

Asimismo, destacó que Cuba reafirma a Estados Unidos que no le permite injerencias en asuntos internos. «Esa será siempre la respuesta ante los perversos planes contra la isla», expresó el jefe de Estado.

En resumen, como se demuestra hoy con la farsa anticubana del vulgar delincuente común Denis Solís y la pandilla de sus trasnochados compinches,, la Casa Blanca tiene necesidad, en fabricar una supuesta oposición, porque no tienen base realmente que los apoye en el interior de Cuba para acabar con el país, y llevan decenas de años con estos fallidos propósitos.

Pero la inversión yanqui es cada vez menos rentable pues, mientras las cifras monetarias suben en dígitos, los resultados de sus planes subversivos contra la nación cubana fracasan estrepitosamente. 

Los amos yanquis de Denis Solís y Otero Alcántara, al igual que éstos y su reducido grupúsculo de mercenarios baratos, deberían tener muy presente que: ¡en Cuba nunca habrá espacio para la contrarrevolución!

Como ocurrió en la tángana del Parque Trillo de La Habana, a lo largo i ancho de nuestro país, la sociedad cubana con la juventud al frente, reafirma la vigencia de este principio.

fin

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