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La distancia que separa de Cuba a determinado tipo de cubanos que viven en otros países, no es geográfica; es una medida insalvable, de años luz. La determina una construcción falseada de la realidad y es la que buscan y no encuentran quienes regresan alguna vez, o la que seguirán aceptando como cierta los que jamás han regresado.

De cierto modo es entendible en quienes faltan desde hace veinte o treinta años y están absolutamente desligados de la vida cotidiana aquí; pero es menos entendible en los que apenas hace uno o dos años sí estaban.

Creer que “el pueblo” (que tanto nombran y tan poco les importa) prefiere el caos, antes que retomar la vida, con las instituciones, fábricas, hoteles, centros de trabajo y servicio abiertos, y abiertos los negocios particulares grandes o pequeños, y las escuelas funcionando y las perspectivas de nuestras vacunas y todo lo demás, es expresión de esa distancia ignorante que los separa de Cuba hoy.

Estemos preparados para la continuidad del show, que al dinero invertido en él tienen que sacarle beneficios. El telón sube y baja para las escenas diarias: escandalillos que sepulten el gran fracaso, una ignominia tras otra, nuevas medidas contra Cuba, cualquier vía para impedir mejorías al país, lo que sea del calibre que sea que pueda dar vida a lo que está muerto. Para muestra: estas dos joyas de insulto a la historia y a la humanidad, de entre miles: los judíos ¿en serio? ¿qué tenían, pasaportes para volar a los crematorios? ¿Y los miles de asesinatos en Cuba? Sin palabras.

Cada día más lejos de lo que alguna vez los hizo cubanos.

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