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Han pasado ya 44 años, pero parece que fue ayer. El remozado teatro Karl Marx parecía brillar en la multitud de sonrisas de hombres y mujeres, pues en minutos comenzaría el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba. Sentados ya todos los delegados e invitados la espera era tensa por la emoción, cuando un resorte puso a todos de pie en medio de una cerrada ovación, al entrar los dirigentes históricos de la Revolución, con Fidel Castro al frente, acompañados por personalidades de varios países.

Comenzaba así, en la mañana del 17 de diciembre de 1975, el máximo evento de los comunistas cubanos que, a 16 años del triunfo de las armas rebeldes sobre la dictadura de Fulgencio Batista, y a diez de constituido su primer Comité Central, significaba un paso trascendental en la institucionalización de la Revolución y de su fuerza motriz encargada de dirigirla, como consagraría al Partido en 1976 la primera Constitución aprobada en un referendo nacional.

Muchas emociones sacudirían a unos 5 000 delegados e invitados hasta su clausura el 22 de diciembre en un multitudinario acto en la Plaza de la Revolución, aunque tal vez una de las mayores fue cuando Fidel dio la noticia de la muerte en combate, como internacionalista en Angola, del comandante Raúl Díaz Argüelles. Unos días antes, el 11 de diciembre, en defensa del hermano país africano invadido por tropas sudafricanas y en apoyo al Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) y a su pueblo, cayó Díaz Argüelles.

El extenso informe central leído por Fidel, sin que en un solo minuto se perdiera la concentración de los delegados, empezó por el análisis histórico de la Revolución como continuidad de las primeras luchas por la independencia, y siguió con la reseña del desarrollo económico logrado en distintas ramas. No podía faltar en este Congreso el análisis de los errores cometidos en esos años, la proyección del Sistema de Dirección de la Economía, el rumbo previsto para el futuro en los planes quinquenales, y se discutió ampliamente sobre el desarrollo social, educación, cultura, deporte, salud, investigaciones científicas, atención a la infancia, seguridad social, política laboral y el sistema judicial.

Explicó Fidel la trascendencia en el orden político, institucional y jurídico de la próxima Constitución de la República, como base de un ejercicio superior de la legalidad socialista, y destacó el papel en el proceso de las organizaciones de masas y sociales, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del Ministerio del Interior, de la Unión de Jóvenes Comunistas y del Partido.

En cuanto al funcionamiento del Partido, se aprobaron los Estatutos y la Política de formación, selección, ubicación, promoción y superación de cuadros, y en el ordenamiento del país se aprobaron la nueva División Político-Administrativa, los órganos del Poder Popular y la Plataforma Programática. Subrayó Fidel también el importante papel de la política exterior de Cuba, basada en la firmeza de principios y la subordinación de las posiciones cubanas a las necesidades internacionales de la lucha por el socialismo y la liberación nacional de los pueblos, al tiempo que llamó a la unidad de las fuerzas progresistas.

Al terminar esos seis días, el sentir compartido por los que tuvimos el privilegio de estar fue que habíamos crecido  como revolucionarios, y que lo que correspondía durante el resto de nuestras vidas era hacer realidad la letra y el espíritu de lo acordado en ese histórico e inolvidable Primer Congreso.

Con información del Granma

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