A pesar de sus propias declaraciones durante la campaña electoral, Biden continúa la política hostil contra Cuba. Foto tomada de LA Times.

En los albores de su mandato, el 28 de enero de 2021, Joe Biden hizo pública su voluntad de corregir el legado del anterior presidente hacia Cuba. “Revisaremos las políticas de la administración Trump ―como hemos hecho en otras áreas de Seguridad Nacional― para asegurarnos de que nuestro enfoque se alinea con ellas, pero tomaremos nuestro propio camino”, aseguró Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, en una comparecencia ante los medios.

Psaki ha reiterado varias veces que Cuba no se encontraba en las prioridades de la administración demócrata. Foto: The Washington Post.

Ocho meses después, lejos de alejarse de precedentes gubernamentales, suma nuevas medidas coercitivas a su inmovilidad en torno al tema Cuba. A estas alturas, la definición política tira por tierra el optimismo de muchos sobre las relaciones con la primera potencia mundial. Todo parece indicar que Biden será uno más en la línea de hostilidad hacia la Mayor de las Antillas.

¿De dónde surgieron las expectativas de cambio en este periodo de gestión? Nada más y nada menos de las propias declaraciones del actual presidente. En abril de 2020, dijo en una entrevista volvería, en su mayor parte, a las políticas de Obama. Durante ese periodo presidencial, el actual inquilino de la Casa Blanca fungía como vicepresidente. “Estoy tratando de dar marcha atrás a las políticas fallidas de Trump que han causado daño en los cubanos y sus familias. No ha hecho nada para promover la democracia y los derechos humanos”, declaró el político del Partido Demócrata a la filial de la Florida de la cadena televisiva NBC 6, meses más tarde.

Reiteró sus intenciones varias veces durante la campaña electoral y, como línea general, en los primeros pronunciamientos oficiales. Llegada la hora de cumplir, se escuda en un supuesto “deterioro en la situación de los derechos humanos” en la Isla. Así lo afirmó Juan González, asesor de Biden y director del Hemisferio Occidental para el Consejo de Seguridad Nacional, en entrevista con la CNN. “El presidente nos dirigió a realizar una revisión total de la política hacia Cuba (…) La situación en el hemisferio, en el mundo, es muy diferente”, agregó el funcionario.

Las declaraciones del colombiano Juan González han reflejado en varias ocasiones el matiz injerencista del gobierno estadounidense. Foto: CNN

Repiten una retórica similar desde enero. Siguen hablando de “apoyo a la democracia y los derechos humanos” como pilares fundamentales, así como del papel de la heterogénea comunidad cubano-americana como “embajadores de la libertad”. Las prioridades del gobierno norteño se concentran en los esfuerzos por controlar la devastadora crisis sanitaria provocada por la COVID-19; la recuperación de la economía; el tratamiento de los conflictos sociales de diversa índole y la contención de los grupos supremacistas de extrema derecha. Así los señala una investigación del profesor e investigador del Centro de Estudios Hemisféricos sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, Rafael González Morales. Sin embargo, tras meses de excusas, ahora han sacado tiempo para hablar de Cuba.

Estados Unidos enfrenta una crisis social y sanitaria sin precedentes. Encabeza las estadísticas de contagios de Covid 19 a nivel mundial. Foto: Efe

El gabinete actual sigue la misma corriente de los anteriores, de eso no hay duda. Saltan a la vista numerosos puntos de contacto con las medidas tomadas por Donald Trump, que todavía persisten en su totalidad. Tampoco se aprecia el menor esfuerzo para desmantelarlas, a pesar de la reiterada intención de Biden de eliminar las restricciones a viajes y remesas.

Desde la retórica de la diplomacia estadounidense, su política abiertamente injerencista y el apoyo a la contrarrevolución son una potente forma de ayuda para el pueblo cubano. En palabras de la propia Jen Psaki, han “dado mucha asistencia a Cuba”.  “Desde 2009 se han asignado 20 millones de dólares al año en asistencia a la democracia. (…) Nosotros seguimos brindando asistencia y lo seguiremos haciendo”, declaró en conferencia de prensa el 12 de julio.

El bloqueo persiste, cada vez más recrudecido; siguen incluyendo a Cuba en la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo; las sanciones continúan, ahora con el último paquete de finales de julio. Estas toman como blanco a la Brigada Especial Nacional y la Policía Nacional Revolucionaria. “Habrá más, a menos que haya cambios drásticos en Cuba, lo que no anticipo”, amenazó Biden, a finales del pasado mes, en una reunión con representantes cubanoestadounidenses.

“No encontramos una sola persona que dijera que estaba bien bloquear a las familias o impedir el envío de remesas durante la pandemia”, declaró Lazo en una transmisión en vivo al servicio alternativo de noticias Democracy Now. Foto tomada de Cubadebate

El incumplimiento de promesas electorales de forma explícita ha generado descontento en parte significativa de sus electores. Carlos Lazo, coordinador del proyecto solidario Puentes de Amor había expresado su desacuerdo con las acciones de Trump con respecto a la Isla. Puso sus esperanzas en el nuevo mandatario. “Y nos encontramos que después de que obtuvo la presidencia, no hizo nada. (…) Solo pospuso y pospuso lo que dijo de aliviar a las familias cubanas”, subrayó Lazo.

Como afirmó González Morales en La política de Biden hacia Cuba: Factores determinantes, actores claves y posibles escenarios (2021), la proyección de Estados Unidos hacia Cuba es una expresión de un conflicto histórico de carácter asimétrico. Su esencia inalterable está dirigida al cambio del sistema socioeconómico y político cubano. No existe algo como un “camino propio” de la    estadounidense hacia la ínsula caribeña. La línea mantenida señala la continuidad de un enfoque abiertamente hostil, contradictorio, donde el pueblo cubano sigue pagando el más alto precio.

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