Imagen: Razones de Cuba
Imagen: Razones de Cuba

Un hecho imposible de olvidar cuando los enemigos de la Revolución desde Miami intentan fomentar actos de violencia utilizando mercenarios internos y delincuentes comunes para desestabilizar nuestro país y solicitar una intervención militar.

Pedro Etcheverry Vázquez

Luis Rodríguez Hernández

El 26 de noviembre de 1961, alrededor de las ocho de la noche, en el humilde hogar del campesino Pedro Lantigua Ortega, en la finca Palmarito, barrio Río de Ay, en Trinidad, la vida transcurría apaciblemente. De repente, los perros de la casa comenzaron a ladrar insistentemente advirtiendo la presencia de extraños. Sin vacilar, conociendo que la zona estaba infectada de bandas terroristas de alzados, Lantigua tomó el fusil que utilizaba para las guardias de Milicias con el propósito de averiguar lo que estaba sucediendo. No imaginaba que le quedaba muy poco tiempo de vida.

Al salir al portal de su vivienda encontró a un grupo de hombres desconocidos que vestían el uniforme de las Milicias y se presentaron como si fueran milicianos. El campesino se mostró confiado y bajó el arma lo que fue aprovechado por uno de los intrusos que se encontraba oculto detrás de la puerta para desarmarlo. Al mismo tiempo, otro individuo armado lo amenazó con agredir a su familia si intentaba ofrecer resistencia.

Aquellos sujetos eran miembros de la banda del antiguo policía batistiano Julio Emilio Carretero Escajadillo, quien no tardó en irrumpir en la escena de forma grosera, y levantando la voz preguntó por el brigadista.

A pesar de estar desarmado, el valiente campesino se le enfrentó frontalmente, pero varios alzados se interpusieron entre los dos hombres y repitieron la pregunta. En ese momento Mariana de la Viña Naranjo, la esposa de Lantigua, cargando al hijo más pequeño en sus brazos les salió al encuentro, y cuando los bandidos insistieron en ver al maestro, trató de protegerlo respondiendo que allí solamente estaban sus hijos.

El joven alfabetizador Manuel Ascunce Domenech de apenas dieciséis años de edad se encontraba en el interior de la vivienda, y al escuchar la discusión salió y se enfrentó a los bandidos de manera desafiante con una frase que ha pasado a la historia del magisterio cubano como símbolo de firmeza revolucionaria: “¡Yo soy el Maestro!”

La actitud viril de aquel adolescente, representante de la más bella de las obras que realizaba la Revolución en aquel momento, la Campaña Nacional de Alfabetización, exacerbó la ira de aquellos hombres, que aprovechándose de su superioridad numérica y de sus armas, secuestraron al campesino y al alfabetizador y desaparecieron en la oscuridad de la noche.

Mariana salió desesperada en busca de ayuda y se dirigió a la casa del vecino más cercano a unos tres kilómetros de distancia. Dos horas más tarde lograron avisar al teniente Manuel Monteagudo Consuegra, jefe de una Compañía de Milicias, que movilizó a sus efectivos y partió de inmediato en persecución de los bandidos. En las primeras horas de la mañana los combatientes se encontraron cerca de la casa de Lantigua con una situación espeluznante: el campesino y el brigadista habían sido ahorcados en la rama de un árbol conocido en la zona como “bienvestido”.

De acuerdo con lo que se podía apreciar a simple vista, antes de ahorcarlos habían sido salvajemente golpeados y apuñaleados. Ahora, cuando se cumplen sesenta años de aquellos hechos, todavía ninguna descripción puede superar a la realizada en aquel momento por el juez instructor Rubén Darío Zayas Montalván:

“Cuando llegamos al árbol, miré a Manuel: pelo negro, algo caído hacia la frente; los labios ennegrecidos, la lengua con un intenso color violáceo, con coágulos en sus bordes. Me llama la atención que no estuvieran sus globos oculares fuera de las órbitas, como sucede siempre con los ahorcados; ello me convenció de que lo habían ahorcado casi muerto. Tenía también un profundo surco en el cuello, fractura del cartílago laríngeo, perceptible a la palpación del forense.

“Examinados sus órganos genitales, se observaron contusiones, indicativos de haber sido sometidos a compresión y distorsión. Catorce heridas punzantes de distintos grados de profundidad.

“A su lado estaba Pedro Lantigua: cabellos castaños, algo rojizos; hombre fuerte, el rostro cubierto de manchas, todo rígido, muestras visibles de haber luchado contra sus asesinos y señales de haberlo arrastrado muchos hombres, golpes, un surco equitómico en el cuello”.

El Presidente acusa al Gobierno norteamericano

El discurso de despedida de duelo fue pronunciado por el Presidente de la República Osvaldo Dorticós Torrado, que entre otros argumentos expresó:

“Este es el resultado del reconocimiento médico forense: “Catorce heridas punzantes en el abdomen realizadas en vida; una de esas heridas profunda y penetrante, contusión  —escuchen compañeros— y signos de torturas en sus órganos genitales (exclamaciones de ¡Paredón!). Contusión con gran hematoma y derrame sinovial, en la región rotuliana izquierda, o sea, en la rodilla, signos de arrastre en regiones escapulares y glúteas, desgarraduras de la piel y, por fin, el surco profundo en el cuello que demuestra la muerte por ahorcamiento.”

“Si hoy se nos pidiera que definiéramos qué es la contrarrevolución y cuáles son las intenciones de la contrarrevolución y del imperialismo, si se nos preguntara qué clase de gente es esta y quiénes son los enemigos contra quienes luchamos, nos bastaría, enjugando con vigor varonil nuestras lágrimas de dolor, leer este certificado de los médicos forenses […]

“Y ¿quiénes son los responsables de este crimen? Son, en primer término, los autores materiales, mercenarios o degenerados que realizan el hecho con sus manos asesinas. Son responsables de este crimen los liderzuelos contrarrevolucionarios traidores, que inducen al crimen desde las playas veraniegas de Miami. Son responsables de este crimen los dirigentes del imperialismo, que inspiran estas acciones criminales, armando las manos de los asesinos, financian con dólares sus acciones responsables, son los dirigentes de Washington. […]

“Con sangre se ha tejido el hilo de la historia cubana, y muchos crímenes horrendos registra nuestro pasado heroico. Y ocurre una rara y significativa coincidencia: el cadáver de este adolescente es hallado justamente el 27 de noviembre, en que conmemorábamos el Fusilamiento de los Estudiantes de Medicina. ¿Cuántas generaciones de cubanos no han recordado aquel crimen y han rendido tributo al martirologio, año tras año, y seguiremos rindiendo ese tributo? […]

“Pero éste, posiblemente cometido en la misma forma, es un crimen peor, más horrendo, y que insta, e instará, a la presente y a todas las futuras generaciones cubanas, al recuerdo sin pausa y sin término.

“Aquellos fueron mártires inocentes; este ha sido un héroe consciente. Aquellos casi no supieron, antes de morir, las razones de sus muertes; este joven sabía qué estaba realizando, trabajaba conscientemente para la Patria. […]

“Desde aquí haremos un alto al trabajo cotidiano, y nos reuniremos en el Consejo de Ministros esta misma tarde, para dictar la ley que anunciara Fidel.”

La respuesta de la Revolución

El 28 de noviembre el coordinador provincial de la Campaña de Alfabetización en Las Villas, Luis González Marturelos, junto con el responsable del Bloque No.1 del Plan Escambray, Mario Rodríguez, informaban que como respuesta de la Revolución se redoblarían los esfuerzos de los brigadistas para acelerar la campaña e izar la Bandera Roja, declarando Territorio Libre de Analfabetismo al Escambray antes del 10 de diciembre de 1961.

Al día siguiente fue aprobada por el Consejo de Ministros la Ley 988, que establecía la pena de muerte para los que organizaran grupos armados, los responsables de incendios y otros estragos, y los que cometieran delitos de asesinatos con propósitos contrarrevolucionarios.

El asesinato del alfabetizador y el campesino no constituyó un hecho aislado, fue uno de los 196 asesinatos cometidos por los bandidos bajo la presión de los agentes de la CIA con los que se mantenían en contacto. Además, al enfrentar pugnas entre sus propias filas, los bandidos cometieron otros 18 asesinatos.

Primeros antecedentes

La historia había comenzado mucho antes, durante el verano de 1960, cuando los servicios de inteligencia norteamericanos comenzaron a reclutar y entrenar apátridas de origen cubano residentes en la Florida y a individuos comprometidos con el régimen batistiano que permanecían en nuestro país con el propósito de fomentar bandas de alzados en zonas rurales de todas las provincias, sembrar el terror, desestabilizar la nación, y proyectar una imagen de ingobernabilidad que permitiera lanzar una invasión.

El 22 de junio, en Ciudad México, bajo el control de los oficiales de la CIA E. Howard Hunt y Gerry Droller (Frank Bender) fue suscrito el «Pacto de México” y creado el Frente Revolucionario Democrático (FRD), un bloque de organizaciones contrarrevolucionarias integrado por la Organización Auténtica (OA) de Manuel Antonio de Varona y Loredo, el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) de Manuel Artime Buesa, el Movimiento Demócrata Cristiano (MDC) de José Ignacio Rasco Bermúdez, la Agrupación Montecristi de Justo Carrillo Hernández, la Triple A de Aureliano Sánchez Arango y el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) de Manuel Ray Rivero. En realidad estas organizaciones constituían una pantalla para hacer creer a la opinión pública internacional que un grupo de emigrados cubanos en Miami dirigían la subversión en Cuba, cuando era una unidad paramilitar de la CIA la que se encargaba de estas actividades.

Un grupo de agentes de la CIA que actuaban de manera encubierta dentro de nuestro país comenzaron a fomentar los primeros alzamientos en el Escambray que fueron encabezados por Luis Santana Gallardo, Rafael Aragón Liriano, Joaquín Bembibre Vázquez, Edel Montiel Lorenzo, Ismael Heredia Roldán, Zacarías García López, Julio Emilio Carretero, Osvaldo Ramírez García, Alejandro Lima Bárzaga, Juan Cajigas Hernández, Plinio Prieto Ruiz, Evelio Duque Miyar, Sinesio Walsh Ríos y Porfirio R. Ramírez Ruiz ,entre otros.

El 10 de septiembre el agente CIA Ramón Ruisánchez y Piedad autotitulado “Comandante Augusto” (cuñado del cabecilla contrarrevolucionario Antonio Varona y Loredo) firmó un documento al que llamaron “Pacto Provisional” con Evelio Duque, Sinesio Walsh y Porfirio Ramírez, a quienes consideró los principales cabecillas de alzados en el Escambray, donde acordaron mantener absoluta discreción para evitar darse a conocer en la etapa de asentamiento. Pero una semana después como Sinesio Walsh y Porfirio Ramírez no cumplieron el compromiso contraído anteriormente, el “Comandante Augusto” y Evelio Duque firmaron otro documento denominado “Pacto de Unidad”, donde se convocó a integrar un denominado Ejército de Liberación, a unirse a organizaciones contrarrevolucionarias representadas en el exterior por el FRD y a constituir un estado mayor. En la práctica ambos documentos concluían con la misma retórica de acatar las órdenes de Tony Varona.

Desde sus inicios los bandidos se dedicaron a asesinar maestros voluntarios, brigadistas alfabetizadores, campesinos, obreros agrícolas, administradores de granjas y tiendas del pueblo y milicianos aislados, y a destruir objetivos económicos y sociales de la Revolución, mientras evadían el enfrentamiento con las fuerzas revolucionarias, en espera de una intervención militar de Estados Unidos con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En octubre fue capturado en el Escambray el agente de la CIA Richard A. Pecoraro cuando trataba de contactar con los principales cabecillas de bandas con el propósito de comprobar en el terreno sus necesidades materiales e impartirles instrucciones sobre la forma de actuar para evadir a las fuerzas que los perseguían y los hechos terroristas que debían cometer. También fue detenido el agente de la CIA William Alexander Morgan por fomentar y abastecer varios focos de alzados en ese macizo montañoso.

A finales de diciembre de 1960 el “Comandante Augusto” destituyó al cabecilla Evelio Duque Miyar al frente de las bandas del Escambray. Hasta ese momento Duque era responsable de 8 asesinatos pero sus patrocinadores en la CIA consideraban que no era suficiente. En su lugar fue designado Osvaldo Ramírez García con la advertencia de que para continuar recibiendo apoyo material y financiero había que acabar de sembrar el pánico en toda la región.

El 5 de enero de 1961 Osvaldo Ramírez asesinó al maestro voluntario Conrado Benítez García y al campesino Eliodoro Rodríguez Linares (Erineo). A lo largo de ese año las bandas subordinadas a Osvaldo Ramírez, Tomás Pérez Díaz (San Gil) y Julio Emilio Carretero se dedicaron a hostigar a las familias de los campesinos que apoyaban los planes de la Revolución.

En abril fue capturado el agente de la CIA William Patten Tabares, cuando intentaba fomentar un foco de alzados en Camagüey y crear un frente que se llamaría Unidad Revolucionaria Democrática (URD), cuyos integrantes actuarían en apoyo a las fuerzas que se preparaban para invadir nuestra patria en los campamentos de la CIA en la Florida y Centroamérica.

A esta altura las bandas en el Escambray habían sido prácticamente liquidadas por la Operación Jaula dirigida por oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El 17 de abril se produjo la invasión de la Brigada de Asalto 2506, entrenada durante un año y medio en campamentos de la CIA en la Florida y Centroamérica que fue derrotada por nuestro pueblo en menos de 66 horas en las arenas de Playa Girón.

El reinicio de nuevas agresiones

Inmediatamente el presidente John F. Kennedy remitió una carta al general Maxwell Taylor para que encabezara una comisión encargada de analizar las causas de la aplastante derrota, con el propósito de reiniciar las actividades subversivas contra Cuba.

El 5 de mayo el coronel Jack Hawkins, de la Sección de Personal Paramilitar de la Fuerza de Tarea en la División del Hemisferio Occidental de la CIA, confeccionó un memorando sobre el papel de las bandas de alzados durante la invasión titulado “Acción paramilitar contra el Gobierno de Castro en Cuba”.

Durante los próximos meses Osvaldo Ramírez se dispuso a reagrupar a los alzados dispersos en los lugares más intrincados y como la CIA se percató de que la base de apoyo de las bandas estaba intacta, se dio a la tarea de promover nuevos alzamientos.

Cumpliendo indicaciones del general Edward Lansdale jefe de Operaciones del Plan Mangosta y especialista en Contrainsurgencia, los bandidos incrementaron su accionar terrorista contra objetivos civiles.

El 16 de abril de 1962, en la zona de El Mamón, al sentirse rodeado por los milicianos, Osvaldo Ramírez mandó al grueso de sus hombres a romper el cerco, mientras él se hizo acompañar de un guía para tratar de evadirse. Al escapar por una cañada chocó con el miliciano Ángel Pérez Harrison y en el intercambio de disparos, resultó muerto. Hasta ese momento, el principal cabecilla de esa región montañosa era responsable de 27 crímenes.

A inicios de julio los batallones de Lucha Contra Bandidos bajo el mando de oficiales del Ejército Rebelde intensificaron los cercos, los peines y las emboscadas que causaron numerosas bajas al enemigo entre muertos y heridos.

Durante una reunión de cabecillas en Hoyo del Naranjal, tras intensas pugnas por el poder, Tomás San Gil fue reconocido al frente de todas las bandas del Escambray. A partir de este momento comenzó a producirse un nuevo incremento de la violencia de las bandas contra la población rural.

El 30 de noviembre el agente de la CIA y representante del bloque de organizaciones contrarrevolucionarias Resistencia Cívica Anticomunista (RCA) Luis David Rodríguez González (Nelson Mier), contactó con San Gil para estructurar un Frente Nacional de Alzados e intensificar aún más las acciones terroristas, pero nuevamente insistió en que para continuar recibiendo apoyo material y financiero había que incrementar el pánico con nuevas y cada vez más intensas acciones terroristas.

El 5 de diciembre de 1962 fue detenido en la capital el agente de la CIA John Meckpless Espíritto cuando se disponía a abandonar el país clandestinamente, después de realizar tareas de espionaje y fomentar varios focos de alzados en el Escambray. Durante sus declaraciones reveló las características de numerosos planes y del modus operandi utilizado por la CIA contra Cuba.

Una lección de valentía y patriotismo

El 25 de enero de 1963 durante el ataque de varias bandas de alzados encabezadas por Tomás San Gil y Julio Emilio Carretero, al poblado de Polo Viejo, en Río de Ay, Trinidad, los campesinos Maximiliano García, Félix Pasos García y Julio del Sol integrados en las Milicias, con el apoyo de Petrona del Sol con su pequeña hija de meses y su hijo Marcianito de solo nueve años de edad, se defendieron heroicamente y en el intercambio de disparos lograron darle muerte a Rafael Lema Hernández (Felucho Lemus) uno de los asesinos de Manuel Ascunce.

Debido a la férrea defensa presentada por unos pocos pobladores del lugar, y temiendo que al ruido de los disparos acudiera alguna fuerza de las Milicias, los bandidos decidieron retirarse sin lograr sus propósitos, pero antes de abandonar el caserío ametrallaron a los ancianos Eustaquio Calzada Ponce y Rubén Trujillo (Vizcaya).

El comienzo del fin de los bandidos

El 28 de febrero fue liquidada la banda de Tomás San Gil en el sumidero del río Caracusey, durante un cerco reforzado con ametralladoras, dirigido por el comandante Raúl Menéndez Tomassevich, el capitán Joaquín Quintas Solá y Gustavo Castellón Meliá (El Caballo de Mayaguara). San Gil era responsable de 21 asesinatos y de causar numerosos daños en escuelas rurales y en objetivos de la economía agrícola.

El Memorando CM-437 de 1963 del Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor señalaba la necesidad de…“construir una potencial resistencia cubana, comenzando con la intensificación de la recolección de inteligencia y los sabotajes, y la creación de un contexto para la actividad guerrillera”. Pero ya era demasiado tarde, porque los principales cabecillas comenzaban a pensar en abandonar el territorio nacional y partir rumbo a la Florida, con el pretexto de recuperar fuerzas y recibir un entrenamiento que los pusiera en condiciones para continuar alzados. Generalmente los que tomaban este camino nunca regresaban.

El 10 de abril durante una reunión de cabecillas de bandas en la zona de Magua, Carretero, que ya superaba la cifra de asesinatos de San Gil, ocupó su lugar y continuó tejiendo su larga cadena de crímenes.

Un año más tarde, el 28 de marzo de 1964 la banda de Carretero fue capturada mediante la Operación Trasbordo de la Seguridad del Estado, y sus integrantes tuvieron que responder ante los tribunales revolucionarios por los crímenes cometidos. Según las investigaciones realizadas este cabecilla era responsable de 28 asesinatos incluyendo el de tres miembros de la familia Romero y unos 116 actos terroristas contra objetivos económicos y sociales.

Después los dos hombres que seguían en la jerarquía de los bandidos —establecida por su antigüedad en las lomas y por los delitos cometidos— eran José León Jiménez (Cheíto) y Blas Tardío Hernández, pero ya no tenían ninguna posibilidad de asumir esa responsabilidad. El primero resultó muerto en un cerco el 25 de mayo de 1964 y el segundo se mantuvo huyendo hasta su captura el 11 de marzo de 1965 en la zona de Cabagán.

La última banda que conservaba su estructura estaba encabezada por Juan Alberto Martínez Andrade y el 5 de julio de 1965 resultó capturada en La Cuchilla, Los Ramones, a tres kilómetros de Perea, cerca del río Jatibonico, en el territorio de Las Villas, con lo que concluyó la Lucha Contra Bandidos en todo el territorio nacional.

La victoria sobre las bandas fue anunciada por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro el 26 de julio de 1965 durante el acto que se celebró en Santa Clara en conmemoración del XII aniversario del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.

Reconstrucción de los hechos ocurridos el 26 de noviembre de 1961

En 1969 el oficial de la Seguridad del Estado Manuel de Jesús Zamora realizaba una investigación en el Escambray y cuando conoció que el ciudadano Amado Turiño García, de Limones Cantero, quien había cumplido siete años de prisión como confidente de la Guardia Rural y la Policía batistiana, también podía estar implicado en el asesinato de Ascunce y Lantigua, decidió indagar en el asunto.

Zamora y el oficial Abilio Riquelme Casañas se entrevistaron en Casilda con Mariana y juntos comenzaron a reconstruir los hechos ocurridos aquella trágica noche del 26 de noviembre de 1961. En esta ocasión la viuda de Lantigua recordó que unos minutos antes de irrumpir los alzados en su casa, la había visitado un vecino que se llamaba Amado Turiño y ella lo había invitado a tomar café, pero el hombre estaba tan nervioso que se le cayó el jarro de las manos. En aquel momento ella no se percató de esa situación, pero ahora  comprendía por qué estaba tan alterado.

Con esta información la Seguridad del Estado arrestó a este individuo, quien no tardó en revelar que cumpliendo órdenes de Carretero aquella noche él había ido a la casa de Pedro Lantigua para averiguar si éste se encontraba en su interior y si había algún miliciano protegiendo el lugar. Añadió que al comprobar que no había ningún peligro, regresó junto a Carretero y le informó que el brigadista se encontraba dentro de la casa. En este interrogatorio Turiño también dio a conocer la ubicación de otros tres alzados prófugos que todavía se encontraban escondidos en Camagüey.

Refrescar la memoria del enemigo

Hoy, cuando la tranquilidad en que vive nuestro pueblo trata de ser amenazada por mercenarios residentes en la Florida, que actuando al servicio del Gobierno norteamericano y financiados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Fondo Nacional para la Democracia (NED) intentan utilizar a delincuentes comunes para desestabilizar nuestro país y solicitar una intervención militar, debemos refrescarles la memoria a nuestros enemigos para que sepan a qué atenerse si intentaran agredirnos.

La historia de luchas de nuestros compatriotas es muy larga. Entre 1778 y 1781, del muelle habanero donde radicaba el denominado “Arsenal de la Democracia” partieron criollos nacidos en Cuba para luchar por la independencia de Estados Unidos. Durante esta guerra La Medley, La Carolina y otras naves de la escuadra del comodoro Alexader  Guillón fueron reparadas, armadas y abastecidas en ese astillero y de ahí salieron las expediciones dirigidas por Juan Manuel de Cajigal de la que formaron parte los milicianos que combatieron en la Louisiana y las Floridas.

El 10 de octubre de 1868 y durante largos años nuestro Ejército Libertador combatió en condiciones muy desventajosas contra el Ejército colonialista español, una de las fuerzas más poderosas de Europa en aquella etapa. A partir de 1898 con la intervención militar de Estados Unidos en nuestro país, el movimiento obrero y comunista, la intelectualidad revolucionaria y los estudiantes universitarios y de la enseñanza media, mantuvieron en jaque a los gobernantes de turno que dirigieron la nación al servicio de las oligarquías criollas y los intereses norteamericanos, pero al costo de numerosas vidas de jóvenes revolucionarios que fueron perseguidos, torturados, asesinados y desaparecidos.

En 1936 cerca de mil voluntarios cubanos acudieron al llamado de los republicanos españoles y participaron en el enfrentamiento a los militares golpistas y a las fuerzas de la Alemania nazi y la Italia fascista que acudieron en su ayuda, constituyendo la nación que más hombres aportó a las Brigadas Internacionales y donde perdieron la vida alrededor de 200 combatientes.

El 1ro de Enero de 1959 tras dos años de intensas luchas, el Ejército Rebelde brazo armado del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, bajo el mando de Fidel y Raúl derrotó al Ejército batistiano que contaba con miles de efectivos y todo el armamento necesario, además del apoyo material y financiero del Gobierno de Estados Unidos. En abril de 1961 nuestro pueblo unido junto a sus líderes históricos fue capaz de combatir y derrotar a unos 1,500 mercenarios de la Brigada de Asalto 2506 en las arenas de Playa Girón, que contaron con el apoyo de aviones y buques de guerra norteamericanos.

En octubre de 1962 cuando se desencadenó la Crisis de los Misiles nuestro pueblo se mantuvo firme frente a las amenazas de una guerra nuclear. En julio de 1965 fue capturada por las Milicias la última de las 299 bandas terroristas integradas por unos 4,328 alzados dirigidos, abastecidos y financiados por la CIA. Entre 1975 y 1991 a solicitud del Movimiento Popular para la Liberación de Angola más de 300 mil combatientes internacionalistas cubanos participaron en la defensa de la soberanía de esa nación africana, contra fuerzas regulares de Zaire (Congo Belga) y de Sudáfrica, y bandas terroristas de la Unión para la Independencia Total de Angola (UNITA) y el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), que contaron con el apoyo del Gobierno de Estados Unidos.

Durante el tiempo transcurrido desde el triunfo de la Revolución cubana nuestro pueblo ha enfrentado todo tipo de agresiones, incluyendo ataques piratas contra nuestras costas, infiltraciones de grupos armados por vía marítima, secuestros de pescadores, lanzamientos de armas por vía aérea, sabotajes contra objetivos económicos y sociales, actos terroristas contra nuestros hoteles, agresiones contra nuestras representaciones diplomáticas y oficinas comerciales, planes de asesinatos contra nuestros principales dirigentes, redes de espionaje, agresiones biológicas, campañas de propaganda subversiva, y la guerra económica más prolongada de la historia de la humanidad, y por encima de esos enormes obstáculos, ese mismo pueblo ha mantenido la estabilidad de la nación, defendiendo su derecho a la libertad, la soberanía y la independencia. Esta estabilidad no la van a romper ni mercenarios ni terroristas ni agentes de la CIA ni delincuentes comunes.

Un día como hoy, cuando recordamos a un alfabetizador y su alumno que constituyen un símbolo de la obra educacional de la Revolución, las palabras pronunciadas por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro el 19 de abril de 1962 adquieren mayor vigencia que nunca cuando expresó: “[…] nuestro muertos mandan, más no los llamemos muertos. Digamos como el poeta Nicolás Guillén: que viven más que nunca, que vivirán eternamente en el latido del corazón de cada cubano, que viven en nuestra sangre, en nuestra devoción, en nuestro esfuerzo. Que viven en cada estudiante que marcha con sus libros a la Universidad, que viven en cada niño que juega en nuestros parques infantiles, en cada pionero que marcha a la escuela. Que viven en cada soldado de la Patria, en cada centro obrero, en cada batallón, en cada unidad, en cada división; que viven en cada ciudadano de la Patria, y que nos mandan a cumplir nuestro deber.”

Dejar respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí