La manipulación política y la selectividad en el tratamiento del tema de los derechos humanos por parte de los EE.UU, revelan el carácter injerencista de su falsa moral acusatoria.

En realidad Estados Unidos es una de las naciones que menos garantiza la vida, la propiedad y la seguridad individual de sus ciudadanos, contando con la tasa de crímenes por habitante más alta del planeta.

El gobierno de Estados Unidos habla mucho de las violaciones de los derechos humanos en otros países, pero no se trata más que de pura hipocresía, porque en su propio país se violan masivamente estos derechos así como en su política exterior.

El autoproclamado líder del mundo exige el respeto de los derechos humanos para el planeta, en cambio hace la guerra, viola tratados internacionales, pisotea los derechos humanos hasta de sus mismos ciudadanos y de otros países.

Según Jamil Dakwar, director de programas de derechos humanos de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, en inglés): “En muchos ámbitos —incluidas la seguridad nacional, el sistema penal, los derechos socioeconómicos y la política migratoria—, los EE.UU. presentan un historial pésimo en comparación con otras muchas naciones.”

Entre las 348 recomendaciones hechas recientemente por el CDHNU a Washington, pide en su informe que ponga fin a la detención de niños y familias inmigrantes y que abra pesquisas a partir de los datos conocidos sobre las torturas practicadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).

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El informe forma parte del mecanismo de revisión periódica universal de la situación de los derechos humanos en los 193 Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU). El informe incluyó numerosas y apropiadas recomendaciones para abordar la brutalidad policial y el uso excesivo de la fuerza, así como para poner fin a la discriminación racial contra las minorías y los inmigrantes.

EE.UU. ya ha sido blanco de las críticas del CDHNU por sus infracciones a los derechos humanos.

Se le imputaron a Washington la extensión de la brutalidad policial, la injusticia racial, la retención de presos al margen de toda ley en la ocupada bahía de Guantánamo y la persistente aplicación de la pena capital.

El amplio dossier presentado hace “numerosas y apropiadas recomendaciones para abordar la brutalidad policial y el uso excesivo de la fuerza, así como para poner fin a la discriminación racial contra las minorías y los inmigrantes”, escribe Dakwar sobre el informe.

El miembro de ACLU estima que la publicación del CDHNU representa una diáfana muestra de desconfianza en el respeto de los derechos humanos por EE.UU.  “Demuestra con claridad que a EE.UU. le queda mucho camino por recorrer para cumplir con sus obligaciones y compromisos en materia de derechos humanos”, dice Dakwar.

Por su parte China publicó no hace mucho un informe en el que registra la situación de los derechos humanos en Estados Unidos, en respuesta a los constantes informes del país norteamericano sobre las prácticas de otros países en esa materia.

El informe titulado «Registro de derechos humanos en Estados Unidos en 2017» fue publicado por la Oficina de Información del Consejo de Estado de China y en él se rechaza que EE.UU. se presente como «juez de los derechos humanos», pese a que aún le queda mucho por resolver en ese ámbito como nación.

Algunos casos puntuales que señala el informe: y fuera de sus fronteras contra los ciudadanos año tras año.

Un historial tenebroso

En marzo de 2014, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuestionó a ese país por la violación a los derechos humanos dentro de sus fronteras. La ONU instó a la Casa Blanca a castigar a los responsables de torturas, frenar el espionaje gubernamental y revisar su política de uso de aviones no tripulados (drones).

En EE.UU mueren alrededor de 11.000 personas anualmente por arma de fuego.

Según cifras del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), en 2016 se usaron armas en un 73,3 % de los asesinatos, un 47 % de los robos y un 31,8 % de las agresiones graves. En ese país son muy comunes los tiroteos en lugares públicos como universidades, cines, plazas, hospitales, debido, entre otras cosas, a la facilidad del acceso del armamento.

En los últimos años, los afroamericanos han sido víctimas de asesinatos raciales. En febrero de 2012 fue asesinado en Sanford, Florida, el joven Trayvon Martin, de 17 años por un guardia de seguridad que lo consideró «sospechoso». El 30 de abril de 2014, el policía Christopher Manney disparó 14 veces contra Dontre Hamilton, de 31 años, quien estaba desarmado. En julio, Eric Garner, de 43 años, murió luego de ser estrangulado por el policía blanco Daniel Pantaleo. Un mes después, el agente Darren Wilson asesinó al joven estadounidense Michael Brown, de 18 años, en Ferguson, Missouri, San Luis.

Funcionarios de la policía de Utah, asesinaron de seis disparos al afroamericano Darrien Hunto, de 22 años de edad. Tamir Rice, de 12 años, fue tiroteado por la Policía en Cleveland, estado Ohio (norte), cuando el niño se encontraba en un parque de la ciudad y sacó una pistola de juguete. Y luego fue asesinado Antonio Martin, de 18 años de edad, por agentes de la Policía en la región de San Luis, cerca de Ferguson.

En el país norteamericano es usual el confinamiento solitario en las cárceles.

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Alrededor de 80.000 prisioneros estadounidenses están actualmente en régimen de aislamiento, en calabozos con pobre ventilación y poca o ninguna luz natural, una situación que perjudica su salud física y psíquica. Algunos han permanecido en él más de 40 años, denunció China, en el informe Registro de los Derechos Humanos en Estados Unidos.

De acuerdo con este documento, Estados Unidos es una de las naciones que menos garantiza la vida, la propiedad y la seguridad personal de sus habitantes, ya que cada año una de cada cinco personas es víctima de un crimen, la tasa más alta del planeta.

Las cifras de desempleo y miseria -otro atentado a los derechos humanos- han ido en aumento en EEUU. La firma Marotta Wealth Management publicó un informe que revela que la tasa de personas sin trabajar en ese país alcanza el 37,2 %; mientras que la miseria está por encima de 14 %. El Departamento de Agricultura de EEUU dijo que uno de cada cinco hogares en EEUU, es decir, el 20% de las familias estadounidenses, sobrevivieron gracias a cupones de alimentos que encuentran en revistas, diarios y páginas web.

Además, los estadounidenses están sometidos a vigilancia constante por parte del Gobierno.

En 2013 se conoció el uso de programas como Prism o Xkeyscore para el espionaje y recogida de datos de personas a través de celulares, correos electrónicos y hasta la interceptación de llamadas. Con estos datos, las agencias de inteligencia crean perfiles y registran el modo de vida, país de origen, edad, sexo, ingresos de los ciudadanos, violando su privacidad.

A estos crímenes se suman ataques contra libertades básicas. En ese país, manifestar en las calles puede ser penado con seis meses a 35 años de prisión. Asimismo se encarcela a quien amenace, vía redes sociales, al presidente.

Fuera de las fronteras

El espionaje se extendió a nivel global. EEUU vigiló a Gobiernos, Ejércitos, sistemas financieros de diferentes países.

Washington además ha sido el autor intelectual y material de intervenciones militares en diferentes países del mundo. Casi todas estas acciones se han llevado a cabo sin la aprobación de la ONU.

En los últimos 15 años se cuenta la invasión a Afganistán (2001). EEUU lanzó una operación para buscar a Osama Bin Laden, acusado por Washington del derribamiento de las torres gemelas de Nueva York. La invasión permanece y ha dejado un saldo de casi 5.000 soldados muertos, de los cuales 3356 son estadounidenses, según cifras no confirmadas, así como decenas de miles de civiles asesinados y más de 50.536 heridos desde que la ONU empezara a recopilar datos estadísticos sobre el asunto.

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Irak fue invadida en 2003 bajo el pretexto de la búsqueda de «armas de destrucción masiva” que nunca existieron. En ese país, al que EEUU entró supuestamente para darle a su pueblo “libertad”, “democracia” y “seguridad”, han muerto o sido heridos millones de víctimas inocentes.

Pakistán, Yemen y Somalia son víctimas de ataques estadounidenses desde 2002, bajo el pretexto de acabar con «grupos terroristas». En estos países es común el uso de drones (aviones militares no tripulados con poder de fuego), que han dejado miles de civiles asesinados, entre ellos niños y ancianos.

Libia fue escenario de una invasión en 2011, bajo el argumento de detener una supuesta»represión» por parte del Gobierno de Muammar Gaddafi. Además de asesinar al presidente, los invasores destruyeron y dividieron al país.

Aún no ha llegado la prometida «democracia» y «libertad».

Siria, como hemos visto recientemente con el ataque con misiles contra su territorio,es otro de los escenarios de los ataques de EE.UU y aliados. Desde marzo de 2011, esta nación es atacada por grupos terroristas, financiados desde el exterior.  Cientos de miles de personas han sido asesinadas y 12,2 millones requieren de ayuda humanitaria. Antes del 2000, EE.UU invadió Granada (1983), Panamá (1989), Irak (1991), Somalia (1993), Yugoslavia (1995 y 1999), Afganistán y Sudán (1998).

El bloqueo contra Cuba: una brutal violación de los Derechos Humanos

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El pueblo cubano es  víctima de un crimen similar al cometido contra él a finales del siglo XIX con la infame reconcentración  decretada por el capitán General español Valeriano Weyler, si no ¿cómo calificar el brutal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto durante 6 décadas por los Estados Unidos contra Cuba?

Es el más prolongado y cruel que haya conocido la historia.

Al respecto , se debe subrayar que el bloqueo a Cuba entraña una conducta criminal por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que por su alcance y contenido puede ser calificada de genocidio, ya que es ejercida con total violación del Derecho Internacional, para someter intencionalmente a nuestro pueblo a condiciones de existencia que le han acarreado enormes daños humanos, materiales, económicos y financieros totales o parciales, para debilitar su decisión de luchar y vencer y llevarlo a claudicar de su decisión de ser soberano e independiente.

En lo que a ello respecta, nadie duda que el bloqueo norteamericano contra Cuba es la expresión más elevada de una política cruel e inhumana, carente de legalidad y legitimidad y deliberadamente diseñada para provocar hambre, enfermedades y desesperación en la población cubana. 

Como se observa, no hay muchas diferencias entre las consecuencias de la macabra reconcentración de Weyler y los nefastos resultados que Donald Trump espera lograr recrudeciendo en la actualidad el bloqueo contra nuestro país.

En particular, la ley Helms–Burton muestra, con más claridad que nunca, los reales propósitos de la política de hostilidad de los EE.UU contra Cuba desde el triunfo de la Revolución y que dicha política responde a los intereses de la oligarquía fascista norteamericana afectada por una Revolución dedicada a la independencia nacional y la justicia social.

Como objetivos principales, los promotores de esta genocida legislación, se han propuesto, desde el punto de vista político, perpetuar el clima de hostilidad en la política de los Estados Unidos hacia Cuba, para forzar la destrucción de la Revolución Cubana.

Desde el punto de vista económico, intimidar por todos los medios posibles a los empresarios extranjeros para tratar de evitar las inversiones y el comercio internacional con Cuba.

Ante la inmoral decisión de Washington de aplicar el título III de la Ley Helms-Burton Cuba ha rechazado esa amenaza del modo más enérgico, firme y categórico. 

La asume como un acto hostil de extrema arrogancia e irresponsabilidad, a la vez que repudia el lenguaje irrespetuoso y calumnioso del Departamento de Estado sobre esta genocida política.

En contraposición con esta horrenda realidad, Cuba, a pesar de ser un país pobre y subdesarrollado sobre el que se ejerce desde hace más de cinco décadas un genocida bloqueo económico, ha ponderado el derecho al desarrollo, a la vida, a la alimentación, al empleo, a la educación, la salud, los derechos de las mujeres de los niños y en sentido general los de todos los habitantes del planeta.

Como expresara el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, al presentar en Ginebra, Suiza, el informe nacional de la Isla al tercer ciclo del Examen Periódico Universal (EPU) del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas:

La protección del derecho a la vida en Cuba se ha mantenido como la mayor prioridad. Se garantiza con el reconocimiento del derecho, a la integridad física y a la inviolabilidad de la persona; el cumplimiento de las garantías del debido proceso; y nadie es privado de su libertad sino conforme a la ley y con amplias garantías.

Las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley realizan su labor con apego a la legalidad, y están sujetas a rigurosos procesos de control y al escrutinio popular.

No hay impunidad ante los muy pocos casos de abusos por funcionarios o agentes del orden, ni leyes o reglamentos que la amparen.

No hay venta ni tráfico de armas de fuego. Las tasas de homicidios son muy bajas lo que contribuye a que sea uno de los países más seguros del mundo.

Además, son incuestionables los resultados alcanzados en nuestro país  en la salud y la educación, el desarrollo logrado por la mujer cubana, el bienestar de nuestros niños, sobre la base de valores de igualdad y bienestar colectivo, lo que muestra que no basta con el reconocimiento, la promulgación y ofrecimiento de los derechos mencionados desde el punto de vista constitucional, sino que las garantías materiales de los mismos son las que en última instancia consolidan la obtención real de la dignidad plena del hombre.

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