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La historia de dos niños ucranianos, entre los 26 000 acogidos por Cuba tras el trágico suceso de Chernobyles el hilo conductor del documental Tarará, presente desde este martes en la semana del cine documental argentino.

La octava edición de la cita, organizada por la Asociación de directores y productores de cine documental, arrancó este martes y se extenderá hasta el venidero lunes con nueve largometrajes en calidad de preestreno y 10 cortometrajes, entre los que figuran esta emocionante obra, dirigida por el argentino Ernesto Fontán.

Con acceso gratuito a solo un click desde la página https://vivamoscultura.buenosaires.gob.ar/, el audiovisual retrata la vida de Alexandr y Vladimir, dos niños ucranianos que sufrieron la radiación por la explosión de la central nuclear de Chernobyl en abril de 1986 y viajaron miles de kilómetros para sanarse.

Tarará es el reflejo de la vida de dos de los otros 26 000 menores de edad que llegaron a La Habana a partir de 1990 con diversas patologías tras la explosión, sobre todo oncohematológicas, que de a poco fueron recuperándose en aquel histórico campamento.

“A través de los protagonistas de este programa inédito reconstruimos una apasionante historia”, señala la ficha técnica de esta cinta, que cuenta con los testimonios de los dos niños sobrevivientes, hoy adultos.

También hablan de personalidades como la médica Aleida Guevara, hija del guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, del trovador Silvio Rodríguez y del fallecido escritor Roberto Fernández Retamar, entre otros.

Era un momento duro para Cuba, en pleno período especial que golpeó con crudeza a su economía, pero el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, le abrió las puertas a esos niños ucranianos y a sus madres desesperadas porque en muchas ocasiones le negaban la atención en su país de origen.

“No podía levantarme de la cama, estaba sangrando y el médico le dijo a mi madre, no debe preocuparse que el niño no va a sobrevivir”, cuenta en el documental Vladimir Rudenko, quien aún conserva en la memoria aquel momento que lo marcó para siempre.

Los médicos ucranianos nos dijeron que iban a morir, relata por su parte Lidia Savchenko, la madre de Alexandr.

Fontán recrea en su obra, de poco más de una hora, cómo desde una pequeña isla los cubanos en trabajo voluntario, acomodaron y alistaron lo que otrora era el campamento de pioneros José Martí para convertirlo en el hospital pediático Tarará, y el 29 de marzo de 1990 en un vuelo de Cubana de Aviación llegaron los primeros niños.

“Allí, en Tarará se nuclearon los ideólogos que desarmaron lo que había sido Cuba y empezaron a armar lo que iba a ser Cuba”, se escucha al trovador Silvio Rodríguez.

Para los padres era la única posibilidad de que sus hijos, con tumores, leucemia, viajaran a la isla a salvarse. Unos llegaron con sus familiares, otros sin ellos, pero todos recibieron la atención médica día y noche a través de un programa integral de salud gratuito de la mano de los galenos cubanos.

Llegada niños de Chernobyl, 1990. Archivo diario Juventud Rebelde.

Fidel recibiendo a niños de Chernobyl. Foto: Orlando Cardona/ Archivo de Granma.

Tomado de CubaDebate

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