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Discurso de Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República de Cuba, en la inauguración de la XX Cumbre del ALBA-TCP, en el Palacio de la Revolución, el 14 de diciembre de 2021, “Año 63 de la Revolución”

Versiones Taquigráficas – Presidencia de Cuba

Estimados Jefes de Estado y de Gobierno, Jefes de delegaciones que nos acompañan;

Compañero Sacha Llorenti Soliz, secretario ejecutivo del ALBA-TCP:

Sean todos bienvenidos y reciban un caluroso y afectuoso abrazo del General de Ejército Raúl Castro Ruz.

Es realmente estimulante volver a verlos personalmente. Retomar nuestros encuentros presenciales en La Habana es doblemente inspirador. No solo porque nuestra cercanía es señal de que vamos superando una crisis sanitaria sin precedentes, sino por la feliz circunstancia de que lo hacemos para celebrar la XX Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP) y conmemorar el decimoséptimo aniversario de su fundación por los líderes históricos de las revoluciones Cubana y Bolivariana, Fidel Castro Ruz y Hugo Rafael Chávez Frías.

Hoy damos una cálida y afectuosa bienvenida a Santa Lucía, nuevamente sentada en torno a esta mesa de hermanos de la que nos enorgullece ser anfitriones (Aplausos).

Nos congratulamos de modo especial con la victoria lograda por el Partido Socialista Unido de Venezuela y el Gran Polo Patriótico en las recientes elecciones regionales (Aplausos).  Los resultados de esos comicios fueron un contundente mentís a todas las campañas que el imperio lleva años levantando contra la noble Patria de Bolívar y Chávez.  La Revolución Bolivariana no solo ha resistido todos los embates: ¡Ha vencido!

De manera certera, bajo la eficaz conducción de Nicolás Maduro y gracias a la unidad cívico militar, las fuerzas revolucionarias y chavistas demostraron que la razón y la verdad están de su lado, y que el destino de Venezuela lo decide el pueblo venezolano y no los intereses y aspiraciones de dominación que se tratan de imponer desde el extranjero.

Hermano Nicolás, una vez más, te ratificamos nuestro apoyo, solidaridad y el firme compromiso de lealtad con tu pueblo y Gobierno.

Igualmente, extendemos una especial felicitación al Comandante Presidente Daniel Ortega Saavedra por la victoria alcanzada en las más recientes elecciones (Aplausos). Una vez más y a pesar de las fuertes campañas de descrédito el pueblo nicaragüense cerró filas al lado del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional.

A ese valiente pueblo nicaragüense y a sus líderes, que desafían juntos la política injerencista y amenazadora del Gobierno de Estados Unidos y sus aliados, les reafirmamos permanente respaldo y la mayor solidaridad.

El reciente intento de desestabilización en el Estado Plurinacional de Bolivia recibió la firme respuesta del pueblo boliviano en cerrada unidad junto al hermano presidente Luis Arce Catacora, a quien le reiteramos nuestro más firme acompañamiento y compromiso. ¡Estamos contigo, hermano Lucho! (Aplausos.)

Estamos también con los hermanos del Caribe, apoyando su derecho a recibir un trato justo, especial y diferenciado, tan necesario para enfrentar los retos derivados del cambio climático, los desastres naturales, el injusto sistema financiero internacional y las nuevas y difíciles condiciones que nos impone la pandemia de la COVID-19.

Estimados hermanos:

Con la pandemia crecieron los índices de pobreza, desempleo y desigualdad en América Latina y el Caribe.  El injusto orden económico internacional y el papel secundario reservado dentro del mismo para la región han agravado este panorama para nuestros pueblos.

Lo más terrible es que la emergencia global de salud no impidió que se continuaran tomando decisiones neoliberales que favorecen el saqueo de recursos de las empobrecidas naciones del Sur.

La cooperación internacional quedó relegada y fueron privilegiados los intereses nacionales en aquellos países que disponían de mayores recursos para enfrentar la pandemia.

De modo criminal se aplican medidas proteccionistas que obstaculizan e incluso impiden a los más necesitados el acceso urgente a insumos médicos, respiradores artificiales, vacunas, medicinas, personal de Salud y pruebas de diagnóstico.

Por puro egoísmo político y frío cálculo económico se desaprovechó la velocidad con la que los científicos encontraron vacunas para inmunizarnos contra el virus SARS-COV-2.  Bajo esas condiciones resultan lógicamente insuficientes los planes globales para enfrentar la COVID-19 y la crisis económica y social que la pandemia provoca.  Los objetivos trazados no han podido cumplirse.

Consciente de la dramática situación generada por la confluencia de esos factores, el imperialismo estadounidense no solo no detuvo, sino que reforzó sus planes de dominación y hegemonía sobre nuestra región.

Pero también las fuerzas progresistas y los movimientos sociales y populares respondieron con una mejor articulación para resistir la arremetida.

Varios de los miembros de este mecanismo de integración que tanto nos enorgullece somos víctimas de la aplicación de medidas económicas coercitivas unilaterales, que se recrudecieron en los peores momentos de la pandemia apelando a   maniobras políticas y operaciones mediáticas apoyadas en la mentira y en poderosos resortes tecnológicos que el imperialismo no ha dudado en utilizar sin sombra de pudor.

Como enemigo más antiguo del imperio en la región, Cuba sigue siendo el principal objetivo de la obsesiva política de persecución por parte del Gobierno de los Estados Unidos que, de forma oportunista y vil, utilizó la pandemia como aliada en los intentos, jamás abandonados, por derrocar a la Revolución Cubana.

Atacó y dañó, con falaces campañas y presiones de todo tipo, la cooperación que prestamos a decenas de países, incluidos los de esta Alianza, aunque no logró mucho con esas viles maniobras. Hoy quiero agradecer las reiteradas muestras de solidaridad y la oportuna ayuda recibidas, especialmente de muchos de ustedes, durante los momentos más duros de la pandemia en nuestro país, justo cuando más se recrudeció la hostil política estadounidense contra Cuba.

Por esos y otros motivos, resulta un acto profundamente hipócrita la convocatoria de la actual administración estadounidense a una mal llamada Cumbre de la Democracia, de la que han sido excluidos varios de los Estados representados aquí.  Increíble democracia que excluye y niega otros modelos de desarrollo socioeconómico.  Para no faltar a la verdad, debería llamarse la Cumbre de la No democracia.

Nuestras democracias no basan sus fuerzas en el poder del dinero o las armas.  Quienes hemos nucleado nuestras energías y potencialidades en torno al ALBA-TCP no cabemos en los moldes diseñados por el imperio para sus súbditos o sus cómplices.

El ALBA-TCP nació de la unidad, se alimenta de solidaridad y cooperación y se afirma en el poder de los pueblos para transformar la historia.

En medio del peor vendaval que haya enfrentado el mundo, el ALBA-TCP no perdió el rumbo.  Ajustó la práctica de la solidaridad, principio fundacional de la Alianza, a las condiciones y posibilidades de cada parte y la cooperación mutua no se hizo esperar.

El volcán que, coincidiendo con el peor momento epidemiológico, afectó a San Vicente y las Granadinas nos dio también la oportunidad de mostrar el poder de esa solidaridad dentro del ALBA.

Venezuela lo ha probado.  Bajo el rigor de la guerra económica que enfrenta estuvo lista para compartir todo lo que podía y así lo hizo con otros Estados miembros de la Alianza, particularmente con Cuba.

Nicaragua, Bolivia, San Vicente y las Granadinas, Granada, San Cristóbal y Nieves, en circunstancias difíciles, enviaron donativos al pueblo cubano que les agradecemos profundamente.

Las vacunas que nuestros abnegados científicos crearon se comparten con otras naciones de la Alianza, al tiempo que destacados profesionales y técnicos cubanos de la Salud cooperan en la asistencia sanitaria.

Esta Cumbre es el colofón de un año de arduo trabajo de la Alianza y de su revitalización.  Una decena de reuniones realizadas en el año 2021, así como la celebración de la decimonovena Cumbre de nuestro mecanismo el pasado 25 de junio, en la hermana República Bolivariana de Venezuela, sirvieron para impulsar múltiples acciones.

Queda mucho por hacer y somos conscientes de ello, por eso el llamado a seguir fortaleciendo la Alianza.

En ese camino, ahora los animo a compartir ideas.

Les ratifico el compromiso de Cuba con la unidad y la promoción de la cooperación y la integración regional, con el desarrollo de la celac y la aplicación de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Frente a los desafíos que enfrentamos, Cuba no cesará en su afán de construir una sociedad socialista cada vez más justa y humana, más solidaria y más internacionalista.

Y hacia ese horizonte solo podemos marchar “en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”, según frase muy gráfica de José Martí en su magistral ensayo Nuestra América.

Fidel y Chávez avanzaron más que nadie en ese camino de integración. Sus humildes seguidores, sus leales discípulos tenemos el deber y el honor de impulsar y fortalecer esa obra magnífica.

Muchas gracias (Aplausos).

Tomado de Granma

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