El presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, aseguró este lunes en Buenos Aires que «la intelectualidad argentina, como la latinoamericana y caribeña, pueden contar siempre con Cuba para enfrentar los desafíos actuales. No hablo de esos que escriben manuales idiotas», aclaró, «a esos tenemos que combatirlos con nuestras ideas».

En un diálogo entrañable con cerca de cuarenta amigos de la Isla, quienes «han contribuido durante años al sostén moral de este gran país y su pueblo», el jefe de Estado confesó que se preguntaba de «camino al encuentro si venía a escucharlos o a hablarles… Muchos de ustedes han sido, en cierto sentido, maestros nuestros. Nos han ayudado a conocer mejor y a interpretar el mundo, sus complejidades y desafíos», aseveró.

Total certeza manifestó al recordar que «cuando planificamos nuestra visita a la Argentina, creímos imprescindible encontrarnos con ustedes».

Y es que «las relaciones entre la intelectualidad argentina y la Revolución cubana se comenzaron a edificar desde los primeros años del triunfo, antes aun de que todos los países del hemisferio rompieran relaciones con nosotros», le dijo.

Imposible ignorar entonces que las «relaciones culturales entre Cuba y la Argentina tienen su origen en la profunda visión que se abrió paso en ambas sociedades acerca del papel liberador de la cultura, del pensamiento y de las ideas».

De ahí nace también de alguna manera este encuentro de lunes, porque en Cuba, definitivamente, «hay una huella de la cultura argentina muy sólida».
Como también lo son las relaciones entre nuestras universidades, que siguen siendo intensas, especialmente entre las escuelas de filosofía, derecho y, más reciente, de economía. «Para nuestra Academia es imprescindible la Academia argentina».

Inevitable resultó en las palabras del jefe de Estado la mención a los vínculos culturales de la nación sudamericana con Casa de la Américas, que desde el año 2000, el premio que otorga a los ensayos más relevantes lleva el nombre de un argentino: Ezequiel Martínez Estrada.

Una institución —reconoció— que «fue y continúa siendo lugar de forja y abrazo de nuestras identidades y culturas para dialogar entre los pueblos hermanos del hemisferio».

La Revolución cubana, ya lo decía Fidel —subrayó Díaz-Canel— es hija de la cultura y de las ideas.

Y es esa la real fórmula para lograr la «transformación de una nación pequeña y atrasada como la nuestra y su incorporación al mapa político global»; todo gracias a la gigantesca inversión realizada en educación y cultura, en su universalización y democratización.

Precisamente la Revolución «fue la que abrió para los cubanos el acceso ilimitado al conocimiento, a la creación, al diálogo, a la formación de públicos lectores y capaces de apreciar las diferentes manifestaciones artísticas; gente que se informa y piensa, y no cree porque se lo ordenen.

«Fue la Revolución la que puso a los cubanos de a pie, tanto en versos o puntas de zapatillas de ballet, como en el camino de increíbles ingenios científicos y tecnológicos, de hallazgos biotecnológicos y bioéticos que, además, compartimos con otros».

Al hacer un recuento de los complejos tiempos que vivimos, en momentos de retroceso político y social, el presidente cubano mencionó la ocurrencia de golpes de Estado y asesinatos políticos; la imposición de sangrientas y corruptas dictaduras neoliberales; y la proliferación de ideas neofascistas.

Al mismo tiempo, aseveró que se ensayan nuevas tecnologías represivas y de contrainsurgencia; mientras, los grandes medios monopolizan y manipulan la información y se persigue a los líderes de izquierda mediante procesos políticamente motivados.

Ante tamaños retos, resulta «imprescindible producir ideas que abran caminos, que devuelvan la espiritualidad al ser humano, ideas enaltecedoras. Todos debemos pensar, sembrar ideas y valores, mostrando el sendero de la justicia, de la verdad, la unidad y la honestidad a los pueblos», insistió Díaz-Canel.

Ejemplificó luego cómo la Red en Defensa de la Humanidad —incluido su combativo capítulo argentino—, Telesur y otros proyectos culturales contrahegemónicos creados en los últimos años demuestran que «si nos unimos en toda nuestra diversidad, hallamos los recursos, las formas y las fuerzas necesarias para enfrentar esta guerra de símbolos y vencerla».

De tales reflexiones nace también su certeza de que «tenemos que ser auténticos y mostrar con orgullo quiénes somos para que se abran puertas y se favorezcan entendimientos que podrían parecer imposibles. Tenemos que ser solidarios para combatir el paradigma neoliberal y conservador y defender el derecho humano a la cultura».

Con el poderoso arsenal de la intelectualidad argentina compartió preguntas imprescindibles, cuyas respuestas nos ayudarían a entender mejor el momento que vive América Latina.

¿Es reaccionario o revolucionario ese momento? ¿Quiénes marcan la tendencia? ¿Cómo leer las manifestaciones más recientes? ¿Quiénes son y dónde están sus líderes? ¿Por qué generan tantas y tan elevadas expectativas y una vez que se apaga el ruido de las cacerolas, el statu quo vuelve a instalarse?

Reflexiones que en el escenario actual que vive la región nos demuestran cuánto«nos urgen los análisis y nos urge el compromiso de los intelectuales con las causas justas que hoy se están dirimiendo en las calles bajo fuerte represión y un preocupante avance de prácticas que nos retrotraen a los años más oscuros de las dictaduras, cuyas huellas aún pueden verse y sentirse en el alma de pueblos como el argentino».

Desde la emoción de quienes durante años han visto también en la Revolución cubana inspiración y luz, nacieron palabras como las del cineasta Tristan Bauer, marcado para siempre por la obra revolucionaria de la nación caribeña, en la cual aseguró ha encontrado un gran aprendizaje.

Él, que nació en el mismo año 59, confesó que la Revolución lo marcó para siempre, «fue bandera y ejemplo».

El recién nombrado ministro de Cultura del nuevo Gabinete de Fernández dijo que «en nuestro Ministerio tienen que estar presentes las ideas de José Martí si queremos ser cultos para ser libres». De manera particular y muy sensiblemente agradeció a Cuba el cuidado y desvelo con que ha sido tratada allí Florencia, hija de Cristina Fernández, «con cariño, protección y humildad, como lo hacen los hijos de Fidel».

También felicitó a Cuba por la ejemplar transición de Fidel a Raúl y luego de este a Díaz-Canel, «nos dejan una vez más el ejemplo de cómo hacer las cosas en tiempos difíciles».

Para Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, Argentina espera este martes «un nuevo amanecer, con esperanzas, será difícil revertir la situación, pero tenemos que unirnos en la diversidad».

Cuba nos ha dado el ejemplo, ha resistido todos los embates, sigue de pie, construyendo, desde la perspectiva de la solidaridad, llevando médicos y educadores por todo el mundo.

En tanto, el politólogo Atilio Borón consideró que el 2020 será un año interesante, con cambios de signos en América Latina y disertó entonces sobre el caso de la resistencia chilena «que no lo paran más» y el de Colombia, que parecía inconmovible y ya suma varios paros nacionales.

Finalmente, la presidenta de Madres de la Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, dijo que la Revolución cubana nos ha enseñado de solidaridad, lealtad y amor. Tenemos confianza en el nuevo Gabinete pero todos los argentinos tenemos la obligación de ponernos al servicio de la Patria «la paz se consigue de pie y con fusil en mano», aseguró la valiente mujer.

«Hebe, no sabes cómo en Cuba celebramos cada vez que ustedes obtienen una victoria», le respondió Díaz-Canel, quien al terminal el entrañable encuentro —de escaso tiempo para que todos hablaran por la apretada agenda del programa— les confió que «Cuba había venido a ofrecer su corazón».

Tomado de Vanguardia

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