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Defender a Cuba, atacar a Cuba. Parece que esa es la dicotomía a la que se enfrenta la Revolución. Supongamos que no aceptamos esa disyuntiva y simplemente queremos dedicarnos a buscar la verdad. No sé si se han parado a pensar que la batalla entre defensores y agresores a la Revolución es básicamente entre verdad y mentira. Por ello, un trabajo que se titule ‘Cuba: verdades y mentiras’ es lo más necesario para empezar a discutir sobre Cuba.

Cuando alguien dice “en Cuba hay presos políticos, no se celebran elecciones libres, son perseguidos los homosexuales y la Iglesia, y los cubanos y cubanas no pueden salir de su país”, está diciendo en dos frases cinco cosas que hoy son mentira. Lo grave es que no lo dice “alguien en algún momento”, es que llevan décadas repitiéndolas en todos los países, en tribunas políticas, en periódicos, en televisiones, en parlamentos, en debates…

Se pueden tener diferencias a la hora de interpretar o posicionarse sobre la Revolución cubana. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con su sistema político, defenderlo o criticarlo, pero siempre hay que partir de la verdad. Como decía Joan Manuel Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. En el caso de Cuba, y después de leer este libro, se verá que, efectivamente, la verdad no es triste, no es que sea todo perfecto en esa isla, pero triste no es, entre otras razones porque nada es triste en los cubanos y cubanas. Pero, en contra de la afirmación de Serrat, lo que sí puede tener la verdad sobre Cuba es un remedio alternativo, una oposición: la mentira. Ilícita, pero existente como alternativa a la verdad. Y es tan grande y numerosa la mentira sobre Cuba que pocas cosas y temas necesitan estar continuamente defendiéndose y esgrimiéndose como las verdades sobre Cuba. Los deshonestos atacantes de la Revolución cubana (podemos suponer que algunos no son deshonestos) intentan aplicar el principio goebbeliano de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Por eso es necesario repetir mil veces la verdad, para que la mentira siga siendo mentira y la verdad siga siendo verdad.

Ya decía Noam Chomsky que, cuando el mensaje a transmitir consiste simplemente en repetir la mentira generalizada, no hace falta mucho espacio ni tiempo ni argumentación, porque, digámoslo así, llueve sobre mojado. Es como pintar de nuevo de negro una puerta que la semana pasada ya la habíamos pintado de negro. Chomsky contaba que convencer de que Estados Unidos quiere llevar la democracia al resto del mundo, que sus elecciones son limpias o que Cuba es una dictadura es fácil porque la ciudadanía estadounidense lleva escuchándolo más de cincuenta años. En cambio, hacerles ver que todos los presidentes norteamericanos, desde los juicios de Nuremberg, merecerían ser ahorcados por crímenes contra la humanidad, que el único lugar de Cuba donde se tortura es el que está bajo jurisdicción estadounidense (Guantánamo), que por su sistema injusto y económicamente corrupto las elecciones estadounidenses son un fraude y que no es verdad que Cuba sea una dictadura, requiere más reflexión y argumentos, porque son afirmaciones que raramente se han podido escuchar. Y es que desmontar una mentira requiere más tiempo y más espacio. Por ejemplo, el espacio que ocupa el texto de este libro y el tiempo necesario para leerlo.

Ya dijo alguien que es más difícil convencer a una persona de que la han engañado que engañarla. Por eso este libro es una buena noticia. Porque ha de servir para lo más difícil: para convencer a algunos de que los han engañado con tantos embustes sobre Cuba. Porque una cosa son las críticas y otra muy diferente son las falsedades. Estamos ante un trabajo colectivo, de hombres y mujeres que, como Prometeo que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, intentan quitar los micrófonos, los platós y las páginas de los periódicos a los poderosos para ponerlos al servicio de la verdad sobre Cuba. Han ido desmontando todos los ladrillos con los que se ha construido el edificio del infundio contra la Revolución cubana y construyendo páginas de verdades, datos y razones. De este modo, el libro es una invitación a que el lector abandone el mundo de prejuicios y engaños en el que puede estar viviendo respecto a lo que sucede en Cuba y conozca la realidad, una invitación al estilo de las palabras de Antonio Machado:

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Una vez dejado claro el valor del contenido de este trabajo y su necesidad, porque nos trae las autenticidades sobre Cuba que tanto se silencian y desmonta las mentiras, hay que decir que no basta con leerlo. Este no es solo un libro para que conozcamos o aprendamos. Es un libro para combatir. Este libro es un arma, y quien en una guerra justa y defensiva tiene un arma y no la usa, además de un cobarde, es cómplice del crimen del bando agresor. Este libro debemos leerlo y hacer que lo lean y, después, ya no podrán decir que no saben la verdad, que no conocen la agresión contra Cuba, que la injusticia contra esa revolución les es indiferente. Cuando se haya leído este libro, uno dejará de ser inocente, la inocencia del ignorante, y la decencia y la honestidad le obligarán a contar la verdad, la verdad de este libro, la verdad de Cuba. O no será diferente de los criminales que mienten.

Tomado de Cuba Periodistas

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